domingo, 26 de mayo de 2013

Fin de semana de luna llena

            Mi fin de semana se puede resumir en seis momentos que están ligados a seis sentimientos. Creo que la Luna llena hizo de las suyas conmigo (sobre todo con la vivencia final).

            Momento gregario

            Ayer fui con mi amiga Moni a ver “El Reino Secreto” (“Epic” en su título original). La película me encantó, más que por el argumento (que es sobresaliente), por ciertas frases que me llegaron al alma, en especial una.

            “Nadie está solo . . . . ni siquiera él”, siempre escucho frases que me dicen que no estoy solo o que nadie lo está, algo se activa en mi interior y me siento profundamente conmovido. Me gustaría creer que eso es cierto, y muchas veces así lo siento pero, al final del día, acabo solo.

            Alguna vez lo platique en terapia, el problema que tengo cuando convivo mucho tiempo con alguien, y me la paso muy bien,  es que al despedirnos me siento triste. Tal vez por eso cuido tanto mi soledad, para no embarcarme en momentos cálidos que luego me pueden hacer falta.

¿Cuándo dejaré de padecer “El dilema del Puercoespín”? El día que abandone la seguridad de mi isla de soledad, me integre por completo a la sociedad e “inclusive yo” deje de estar solo. Como dicen en la película “Todos somos hojas únicas, pero estamos conectados al mismo árbol”, lo que interpreto como “Todos somos seres únicos, pero estamos conectados por la misma vida”.

Momento Snob

Cómo me siento viejo cuando recuerdo cosas que pasaron 15 ó 20 años atrás, pero en fin. Hace dos décadas, si la memoria no me falla, se abrió el primer Sam’s Club (¿o acaso era Price Club?) en Puebla, ubicado en La Noria. Recuerdo que mi papá nos llevaba a comprar cosas “bonitas” y, de paso, freseábamos un poco y nos sentíamos de la High Society (cosa que nunca fuimos, pero a nadie le hacíamos daño con fresear un par de horas). Afortunadamente mis papás nos hicieron muy sensatos, así que las visitas al mercado eran mucho más frecuentes que las esporádicas visitas al Sam’s.

Poco después de que empecé a trabajar en VW (año 2000) abrieron Costco en Puebla y al año siguiente me hice socio. Definitivamente soy una persona muy curiosa porque me encanta comprar en dicha tienda, pero lo hago en horas en que no va mucha gente, ésa que no me agrada por ser “demasiado nice para este mundo”.

¿Por qué comento todo esto? Después de la película, acompañe a Moni a comprar unas galletas al Sam’s de Plaza San Diego. Tenía como seis años que no me paraba en un Sam’s y me resultó extraño. En mis recuerdos el lugar era algo así como Costco pero ahora me resultaba menos “nice”.

Hace un par de años comente ampliamente este tema: aunque en esencia sigo siendo sencillo, ya me he cachado con ciertas actitudes mamonas que normalmente me torturan pero que he aprendido a aceptar.

El caso es que no me sentí a gusto en el Sam’s, creo que soy “totalmente Costco”, en definitiva no soy gente “nice” pero me gusta ir ahí a comprar ciertos productos. Me siento mal por escribir esto pero Sam’s no me gusta por no ser bonito como Costco (por favor, si alguien me ve en la calle, no dude en darme un buen zape).

Momento empático

Ayer por la noche, leí un par de capítulos de “Choque de Reyes” la siguiente entrega de la Saga de Juego de Tronos. Así que leí uno de Tyrion (mi personaje favorito) y otro de Arya (que me cae muy bien).

Tyrion es exquisito en su lenguaje, en sus modales, en su sarcasmo, en su inteligencia, en su astucia y en casi todo su ser, en verdad que fue compensado en exceso por el autor debido al físico tan patético.

En el capítulo que leí, Tyrion tenía una charla genial con Varys (la araña e informante de la Corte). Primero hablaron por el asesinato de una prostituta y su hija, la cual era bastarda del difunto Rey. A Tyrion le molestó bastante el hecho ya que todo el amor carnal que había recibido había sido por parte de meretrices, así que les tenía un afecto especial. Así que Tyrion mando desaparecer al asesino de la prostituta, en un acto de justicia fría; fue cuando empezó a extrañar a Shea, su propia “asistente” y anhelar su presencia.

El diálogo entre Varys y Tyrion fue una maravilla, llegando al punto en que el Enano le dice “Lord Varys, por extraño que parezca, os estoy tomando cariño. Aún es posible que os mate, pero lo lamentaré de verdad” a lo que Varys responde con gracia “Consideraré eso como un cumplido”

Después de la plática, Tyrion sostiene un diálogo con Bronn (su mercenario y guardaespaldas), sobre el hecho de asesinar bebes indefensos. Bronn da una respuesta que satisface a Tyrion y así se describió su sentir: “Tenía ganas de reír. Tenía ganas de llorar. Sobre todo, tenía ganas de estar con Shea”

Esta última línea me llego a lo más profundo del corazón. Tyrion es un humano como cualquiera, sin importar la calidad moral de sus acciones, tiene sentimientos. Sabe que es enano y está feo, sabe que es despreciado en todos lados (incluido su propio clan), sabe que su única forma de acceder a una mujer es a través del dinero, pero acepta su vida.

Dentro de su existencia ha encontrado momentos felices, momentos en que no cuestiona esa breve plenitud que encuentra y simplemente la disfruta. Él esta consciente de su hándicap, está consciente del estigma que carga, ¿Acaso se lamenta por ello? ¡No! Simplemente juega con las cartas que le tocaron y hace un trabajo soberbio. ¡Amo a Tyrion! Lo admiro con devoción y quiero ver qué es de su vida a lo largo de la saga.

Momento de felicidad retroactiva

Al levantarme hoy ví algo que me ocasionó una felicidad instantánea: el cielo estaba nublado. Mi felicidad era mayor porque me tocaba salir a correr, y no hay nada mejor que hacerlo con un techo de nubes e inclusive con lluvia.

Además de ocultar al sol ¿Por qué me gusta correr con este clima? Me encanta la humedad que prevalece. Tal vez no está bien de la cabeza por escribir esto, pero en verdad amo sudar. Pero hay otra razón.

La alta humedad me recuerda a Veracruz, siempre que hay mucha humedad en el ambiente, me pongo de buenas. Sostengo que prefiero el clima frío que el cálido, pero eso no quiere decir que el clima húmedo no lo ame también.

Cuando siento la humedad en mi piel, es como estar en casa, en ese constante anhelo por el mar, por los días de mi niñez en el playón jarocho, en esa vacaciones familiares que eran muy sencillas pero que para mí eran de una felicidad máxima, el lujo de andar con chanclas en la calle y todo el tiempo de shorts, de ir al Chedraui (cuando sólo existía en Veracruz) y sentir que hacíamos cosas distintas pero parecidas a nuestra vida cotidiana en el DF.

Tal vez nunca vuelva a vivir a la orilla del mar (aunque nunca se conocen las vueltas que da la vida), pero cada vez que visite el mar o que haya un día húmedo en el cual correr, mi alma siempre será feliz de sentir toda esa nostalgia que perpetuamente siento por el Atlántico.

Momento de envidia

Desde hace un par de años, he incorporado a la pirámide de Cholula en mi ruta, la cual subo y bajo en par de ocasiones. Cuando ya iba de salida, ví a una mujer que le gritaba a alguien, pero no alcanzaba a ver a quién.

De pronto, de entre las hierbas, salió un pequeño perro (creo que era Schnauzer) corriendo a toda velocidad, como si el alma se le fuera en ello y con una alegría desbordante que se contagiaba con tan solo verlo.

Baje un poco el ritmo para ver con calma la escena, ella le hablaba y lo chuleaba mientras el canino llegaba con toda su buena vibra y felicidad. Aunque ya han pasado casi tres años de la mudanza de Osa y Dori, creo que hoy las volví a extrañar con intensidad.

Desde que mi madre se regresó a Veracruz, a mis perras las cuida una familia mexicojaponesa que las trata de maravilla. Cada mes paso a visitarlas, les llevo su alimento y demás accesorios y me quedo un rato con ellas. Nunca en mi vida las había visto tan cuidadas ni tan felices, ni siquiera cuando me dedicaba en cuerpo y alma a ellas.

Definitivamente los japoneses son una cultura más serena, y eso ha permeado en Osa y Dori, a las que se les ve plenas. Me hace feliz que ellas estén bien y, no lo niego, también me pone un poco triste, porque ya han dejado de ser “mías”, y eso me hace un poquito menos feliz, porque ellas fueron mi sostén emocional durante algunos años.

Por eso envidie un poco a la señora del Schnauzer, porque no sé si sepa el gran tesoro que es el tener una pequeña alma que te idolatra como su Dios personal y no duda en darte todo su ser con tal de que seas feliz.

Osa y Dori van a cumplir 10 años en Septiembre y Octubre (respectivamente), por lo que su tiempo en este planeta se va acortando. Aunque ya no sean propiamente mías, las voy a visitar y hacerme cargo de sus gastos hasta el día de su muerte, sólo hasta que eso pase, podrá surgir en mi cabeza volver a tener mascota, mientras tanto tendré que conformarme con el amor de mis peludas a la distancia.

Momento de catarsis

Al ser Domingo en la mañana, el flujo de autos es leve en Camino Real. Iba pasando frente a la UMAD cuando de pronto un sonido cálido e inesperado llego a mis oídos y mi corazón.

“¡Una flauta!” me dije “¿Dónde está sonando esa flauta?” voltee a todos lados hasta que localice el origen del hermoso sonido: en la otra acera iba caminando un viejecillo, con aspecto bastante deplorable y con muchos más años encima de los que seguramente tiene.

El señor iba cargando sus pertenencias en un costal a la espalda o, mejor dicho, en la joroba, porque caminaba muy encorvado. Me pareció que tenía orígenes indígenas por sus ropas o tal vez era un campesino perdido en la ciudad.

A pesar de su aspecto tan poco pleno, la melodía que tocaba era indescriptible, era algo muy bello, creo que nunca en mi vida había escuchado algo tan auténtico, tan hermoso y tan profundo.

La flauta no era la gran cosa, me parece que estaba hecha de caña, pero el señor la hacía sonar magistralmente. Me dí cuenta que no era el único en notar este concierto íntimo: frente a mí venía caminando una chica que también se volteó a escuchar al viejecillo.

No recuerdo en qué iba pensando (bueno, sí lo recuerdo, porque mis pensamientos han sido monotemáticos en los últimos tres meses), el caso es que iba distraído, traía las defensas psicológicas bajas al ir con mis constantes cavilaciones ¡y ahí entró la melodía como cuchillo en mantequilla!

Era algo increíble, era bastante sencilla, pero el sentimiento con que interpretaba el anciano era soberbio. Transmitía una especie de alegría vital combinada con una nostalgia profunda, todo estaba matizado con una inocencia infantil pero, al mismo tiempo, parecía que estaba llena de una sabiduría milenaria.

Sé que nada de lo escrito tiene sentido, pero hay cosas que la cabeza no puede explicar, sólo se pueden sentir, y la melodía del señor me caló profundamente y las lágrimas empezaron a brotar. No sabía por qué estaba llorando, por mí, por ella, por el futuro, por el pasado, por todo y por nada. Tal vez me estaba afectando la luna llena, lo único que sabía era que la melodía me estaba conmoviendo en lo más profundo de mi alma.

Por primera vez lamente correr sin dinero, así que no tenía nada que darle al señor: él me había dado tanto y yo no tenía nada para agradecerle. Así que sólo se me ocurrió cruzar la calle y decirle “¡Muchas gracias!” y seguir mi camino en lo que las lágrimas seguían fluyendo.

El señor siguió tocando, y a lo lejos lo seguí escuchando y el sentimiento en mi corazón seguía vigente. No sé qué pasó o por qué pasó todo esto, pero en verdad me siento muy agradecido por haber estado ahí en el momento preciso para vivirlo y sentirlo.

Esos breves momentos en los que agradeces estar vivo para experimentarlos.


Hebert Gutiérrez Morales.

1 comentario:

miguel cañedo dijo...

Te vas soltando, eso es lo que pasa y en las mañanas de nubes, de humedad, de lluvia, sencillamente vuelves ser quien siempre has sido; Dice Jaime Sabines: "pero en las mañanas, en la respiración del buey,
en el temblor de las plantas,
en la mansedumbre de los arroyos,
en la nostalgia de las ciudades,
serás como la niebla intocable, hálito de Dios que despierta..."

Nunca he tenido el buen habito de correr, he albergado por repetición el mal habito del tabaco, del cual tengo una larga despedida, la puerta pronto debe cerrarse, para abrir otra, quizá iluminada por la luna, "Un pedazo de luna en el bolsillo es mejor amuleto que la pata de conejo:
sirve para encontrar a quien se ama,
para ser rico sin que lo sepa nadie
y para alejar a los médicos y las clínicas..." también de Jaime Sabines.

Tienes y anuncias anticipadamente tu ser mas libre y te he de confesar que me agrada, gracias como siempre por compartir.