domingo, 12 de mayo de 2013

Insatisfacción endémica humana


            La razón del título de este escrito viene al final.

            La ví en clase en Lunes, el Martes la deje en su casa y nos quedamos platicando hasta los primeros minutos del Miércoles, también la fui a dejar a su casa el Jueves, en una de las noches más maravillosas de mi vida, la cual acabó a las 2AM del Viernes; ese mismo día chateamos por dos horas. Después de este resumen semanal, es obvio que para el Sábado la estuviera extrañando horrores, sé que está mal que uno esté apegado a alguien más, pero cuando has disfrutado de su compañía por tantos día seguidos, uno se da cuenta que le hace falta esa presencia.

            Nuestra plática cibernética estaba tan amena el Viernes, que se me salió decirle: “Si por ahora no tienes acceso a What’s app, no tiene ningún caso que me compre un Smartphone” y sabiamente me contestó “No Hebert, no debes hacer las cosas para complacer a alguien más” y ahí no acabó la cosa “Además, recuerda que ya platicamos” ya sabía lo que me iba a decir “No quiero que malinterpretes nuestra amistad” así que sólo me quedo admitir mi falta justificándome “Perdón, sé que ya platicamos el punto, pero es que a veces se me olvida”.

            Como platicamos tan ameno, es fácil que se me olvide la realidad, ya estábamos viendo cuándo íbamos a ir a Kripi Kréme o a algún Buffete de Postres, y es que la plática fluye tan natural que no creo que hubiera tanta diferencia cuando lleguemos a ser novios (tengo que empezar a decretarlo desde ahora mismo). Al estar con ella, me siento muy “yo”, creo que ni estando solo me siento tan natural y auténtico, con ella no “soy”, simplemente “siento”, por lo mismo me siento alejado de poses, me siento tan bien con ella porque, de alguna manera, me libera.

Aunque seguramente sí habría alguna diferencia si fuésemos novios, de entrada podría agarrarle la mano, la podría besar y abrazar y, en lugar de desahogar todos mis sentimientos con un impersonal blog, podríamos platicarlo de forma íntima en cualquier lugar solitario.

            Ya acepte el rol de amigo pero, cuando me dice que no malinterprete nuestra amistad, me siento herido, no por ella (que ha dejado muy clara su postura), sino por mis propios anhelos. Aceptar ser su amigo no quiere decir que puedo anular mis sentimientos, por lo que fácilmente se me olvida que lo que soy. Me la paso tan bien con ella, sin la necesidad de besarla o desbordar todos mis sentimientos, que me siento muy pleno y feliz, lo cual me resulta un auténtico gozo; por toda esa felicidad es que se me llega a olvidar el status de nuestra relación.

            Creo que en mi inconsciente estoy engañándome y me cuento que la sigo pretendiendo sin que sepa mis intenciones de manera abierta, como si no hubiera metido la pata aquella noche agridulce. Cuando me recuerda que no “malinterprete nuestra amistad”, me duele, no por lo que dice, sino por recordar lo que hice. Es muy linda, sin rencores y con un alma excelsa, pero no creo que olvide lo que hice. Así que ya estoy marcado con una especie de estigma, soy el amigo PERO hay que tener cierta precaución conmigo, “no vaya a malinterpretar”.

            A veces baja un poco la defensa, que no tenía antes de esa noche, y cuando nota que la plática ya está subiendo un poco de tono, es cuando me recuerda el status de nuestra relación. Es lo que me gane y ahora tengo que luchar contra ese hándicap, el cual hará más heroico mi recorrido cuando logre mi objetivo.

            No me molesta ser su amigo, puedo serlo por mucho tiempo pero, en caso de que llegara alguien más, ¿tendría el valor de apartarme de su lado? Me encanta estar con ella, por lo que su ausencia me lastima demasiado ¿qué haría si tuviera novio? ¿Me atrevería a dejarla sabiendo toda la felicidad que recibo tan solo con verla? Como me dio a entender en el chat, está mal que base mi plenitud en alguien más pero, si significa la máxima felicidad que he experimentado en mi vida ¿Cómo podría dejarla atrás?

            A veces me pregunto ¿todo esto vale la pena? ¿Me estoy embarcando a la máxima felicidad de mi existencia? O ¿me estoy encaminando de regreso a un lugar que jure nunca regresar? Ese rincón de sufrimiento, de dolor y vacío existencial fue terrible de experimentar y, como ya explique en otro escrito, sólo una acción irresponsable que sacó de ahí. ¿En verdad me verá tan sólo como amigo? De manera honesta siento que también se la pasa bien a mi lado y, podría jurar, no le soy indiferente; pero me ha expresado claramente que sólo me puede dar su amistad (por el momento, me gustaría agregar)

            El problema de llevarla a los lugares que frecuento es que ya habita su recuerdo en esos mismos sitios. La semana pasada fui con los de la oficina a comer y, como postre, pasamos a Baskin’ Robbins. No ordene nada, pero mientras ellos pedían me senté a visualizar aquella primera noche que compramos nuestros helados y la primera cita tan bonita que tuvimos. Casi tan rápido como surgió, me enjugue la lágrima que salió, para que nadie se diera cuenta de mi nostalgia.

            Ayer fui a Flautlán a comer con otros amigos, y ella estaba ahí, no físicamente, sino en el recuerdo de la vez que fuimos a cenar y que platicamos tan amenamente (aunque no tenemos otra forma de hacerlo). De hecho, cada vez que voy a dicho lugar, siempre tienen Salsa como música ambiental, y me doy cuenta que, la primera imagen cuando escucho dicha música es su hermoso rostro. Y lo mismo pasa en donde nos echamos nuestros tacos, a donde fuimos al cine, en donde compramos el café o los mazapanes, ella ya habita todos esos lugares además de hacerlo en mi corazón.

            Pero no sólo habita en mi corazón, sino en la cabeza, en mis recuerdos, en mis anhelos, en mi alma y en mi esencia. No me preocupa si no nos vemos dos o tres días, si no nos contactamos o no la voy a dejar a su casa porque sé que, eventualmente, la voy a volver a ver. Pero ¿si un día ya no la volviese a ver? Ella tiene razón, no debo basar mi felicidad en una persona, lo cual concuerda con lo que analice de mi ego hace un par de días. El problema es que no puedo engañar a mis sentimientos.

            Regresando al Flautlán, las últimas veces que he ido, siempre tienen Salsa o bachata como música de fondo. Como me recuerda a ella, estaba sintiendo el ritmo, así que estaba marcando (en chiquito) los remates, los acentos y encontrando el fraseo de la canción, así que Augusto me dijo “¡Cálmate tú! ¡No estás en ninguno de tus eventos salseros!”

            Me sorprendí porque mi comportamiento era inconsciente, así que ofrecí una disculpa. La verdad es que me sorprendí porque tenía mucho tiempo que no fluía tan natural con la salsa, reaccionando inconscientemente a la música y me pregunte “¿Qué es esto? ¿Está renaciendo mi amor por la Salsa? ¿Ella lo está logrando?” Según yo, el gusto por la Salsa murió hace tiempo, y sólo voy a clase por ella. No me sorprendería, el amor que siento por ella es infinito, así que alcanza y sobra para revivir cosas que consideraba muertas en mi ser, como revivió conceptos que estaba inertes en mí: como tener esperanza, creer en el amor o encontrarle el gusto al simple hecho de estar vivo.

            Cuando supere el duelo de mi primer amor hace una década, nunca pensé que volvería a experimentar una época en la cual estaba propenso a llorar sin aparente motivo. A veces mi parte Grinch, misma que está en estado agónico desde que fui flechado, grita amargamente: “¡Maldición! ¿Por qué me tenía que enamorar?”. Pero son patadas de ahogado, porque toda la felicidad que me regala con una sonrisa, una mirada o unas palabras, valen infinitamente la pena por la incertidumbre que estoy padeciendo.

            Después de comer con mis amigos, regrese a la casa como llegue: caminando. Pasaba por un negocio y vi como salía una pareja, cada cual subiéndose por su puerta del coche y me pregunte “¿Dónde quedó la caballerosidad?”. Un kilómetro después, ví a otra pareja dirigiéndose a su auto, y él le abrió la puerta a ella y me dije “Así debe de ser”. Cuando fuimos el Jueves pasado a nuestro recorrido por los seis Oxxos en busca de un cierto sabor de café, me dijo “Hebert, no es necesario que me abras la puerta en todo momento” a lo que le respondí “Para mí es algo muy padre tener una atención hacia ti, es como una muestra de esa caballerosidad que se va perdiendo con los años”, ella sonrió y me dijo el “Gracias” más bello que jamás haya sentido.

            Sólo somos amigos pero, en momentos como el anterior, me preguntó “¿Pasará tanto tiempo con otros amigos como lo pasa conmigo? ¿Tendrá la misma comunicación?” En realidad me da miedo preguntar, y es algo que no me incumbe, así que mejor me siento afortunado por el tiempo que pasa a mi lado y todos los sentimientos que me regala.

            A pesar de que mi imprudencia e impaciencia ya hicieron de las suyas, ya las he controlado, como puse en otro escrito, debo ser adulto para ser maduro y sereno, sembrar mientras me gano una oportunidad. Estoy preparado para soportar el tiempo que le quite el entrenamiento intensivo que tiene programado con su maestro, e inclusive si se va una estancia de meses al extranjero con él. Lo único que no sé si podría aguantar es que tenga novio de nuevo (a menos que ese novio sea yo). Si recuerdo bien, la conocí con novio y no duro mucho con él. Todo es cuestión de paciencia y, pareciera que me persigue “In your Own Time


“Things are going to change, you know
The battles you have fought won't go to waste, you know
The things are gonna change,
It just takes time” – “In your Own time” (Keane)
            Cada vez que escucho el “It just takes time” en el tono largo de Tom Chaplin, se me llena el alma de algo entre esperanza y angustia. Todo es cuestión de tiempo, tanto si se logra como si sanas, ¡pero no desesperes!

            Tanto tiempo forjándome una vida a solas y, de pronto, la misma carece de sentido. Mis planes futuros ya no los puedo visualizar sin ella. Estoy planeando algunos viajes para este año y, honestamente, me siento culpable por no incluirla. Nunca me ha quitado el sueño que me manden alguna estancia larga a Alemania y ahora lo anhelo, pero por visualizarme a su lado, dando clases de baile a los teutones, mientras la apoyo. También visualizo el futuro, en donde pondríamos una escuela de baile en la cual ella pueda desarrollar todo su talento y, por las noches, la apoyaría igualmente en lo que se necesitara.

            De pronto regreso al presente y me doy cuenta que estoy pachequeando otra vez, porque sólo somos amigos y todas estas proyecciones son mi responsabilidad, ya que ha dejado en claro su postura. Por más que intento distraerme y ver la vida como la veía antes de su llegada, ya no me es posible, siempre está presente en mí.

            Me encantaría tener contacto con el futuro, tal vez hablar por teléfono y contactarme dentro de 10 años para que me diga mi versión futura: “Hebert ¡Mantente! ¡Mantente!” o que huya desde ya. Tal vez me diría “¿Acaso no puedes ver lo obvio?” Y me contestaría “¡Nop! ¡No puedo verlo! ¡Por eso mismo te estoy hablando!”. Pero supongo que la vida perdería interés y el aprendizaje que estoy destinado a recibir, no lo obtendría y dejaría de ser ese “yo” del futuro.

            Por algo estoy pasando por esta maravillosa situación, algo voy a aprender, a experimentar y a cambiar. Pase lo que pase, ya no voy a volver a ser el mismo de antes y eso me queda claro, ya no puedo regresar a la zona de confort que disfrutaba hace tres meses.

            Si todo lo que vale la pena es esta vida fuera fácil, cualquiera lo haría. Y ella es lo más valioso que he encontrado en mi paso por este planeta, por lo tanto, vale la pena que me esfuerce como nunca antes lo he hecho, ya no vale irme al primer fracaso (que ya lo experimente), tengo que superar orgullos, anhelos, miedos, expectativas y demás cosas que me están volviendo loco cuando no estoy a su lado.

La postura más sana y productiva que puedo adoptar en estos momentos es la de amigo, además es el único camino que me dejó abierto, y lo está haciendo con una generosidad que me conmueve profundamente y, para mi fortuna, es un camino que domino a la perfección, ya sólo será (llegado el punto) que brinque en el momento indicado si me abre otro camino en el futuro.

Voy bien, voy bien. La verdad es que nunca había conocido a alguien con la pureza de su corazón a la edad de 25años. Es tan generosa y sin rencores que es algo que le admiro y que le debo aprender. Ahí está mi oportunidad de ganarme un lugar en su ser, sin desesperarme, debo ser persistente, sabio, paciente, observador y maduro.

Soy demasiado sentimental, así que estos ataques de romanticismo, incertidumbre, nostalgia retroactiva, expectativas y demás pueden seguir viniendo, eso pasa cuando se es tan cursi, pero debo aprender a amainarlos para enfocar esas fuerzas en mi objetivo de vida: alcanzar su corazón.

Veo todo lo que le he escrito, porque le he impreso cada ensayo que le he dedicado por si algún día me veo en la necesidad de entregárselos. Me pregunto “¿Cómo los leerá? ¿Siquiera los leerá? ¿Tiene caso que escriba todo esto? ¿Por qué escribo todo esto? ¿Los leeré yo en un futuro? ¿Qué sentiré? ¿Me  reiré de mí? ¿En qué tono me reiré de mí? ¿Sentiré dolor o me saldrá una nostálgica sonrisa porque todo valió la pena? ¿Me recriminaré o me felicitaré?”

No sé si podré entregárselos, si ella los vaya a aceptar o en qué circunstancias deje de escribirlos, o cómo vaya a ser nuestra relación en un futuro. Aun así, siento que tiene mucho caso escribir todo esto. Lo hago para constatar el cómo me sentía en estos días de incertidumbre en los cuales sentía que la vida me pendía de un hilo.

Lo que es un hecho es que estoy escribiendo con una facilidad que me impresiona, contando un ensayo que publique en mi blog clandestino, esta semana (contando este) publique OCHO ensayos, lo que normalmente me echaba en dos meses me lo eché en una sola semana. Ninguno de estos ensayos existía la semana pasada, obviamente ella está contribuyendo impresionantemente, ya a estas alturas sus escritos van a alcanzar el 10% de todo lo que he publicado en este blog, con la observación que los de ella se han escrito en poco menos de tres meses y el 90% restante en dos años y medio.

Desde que la conocí y desde que deje de promocionar el blog, la libertad que siento para escribir es imponente. Sé que cualquiera puede ver lo que escribo (incluso ella), pero aún así me siento libre y es un sentimiento muy valioso.

Pero hay otro hecho que me preocupa, por alguna razón he empezado a tomar consciencia de la muerte, no es que la desee, nunca me había preocupado por ella, tal vez porque no sentía que hubiese alguien por la cual quisiera realmente vivir (con ésta ocasión, sólo me ha pasado dos veces). Igual y pasa dentro de 50 años o dentro de 50 horas, pero siento una necesidad apremiante de escribir, a ver cuánto tiempo más soporto este ritmo tan brutal de publicaciones que me he impuesto.

Obviamente, lo último que deseo en estos momentos es la muerte, si con el simple hecho de ser su amigo me está dando una felicidad que tenía 11 años sin sentir, ¡claro que no me quiero ir!

No me puedo morir por ahora, debo entregarle el regalo que le compre por el día del Maestro, debo llegar a Junio para que veamos el Show de nieve que quedamos por ver, tenemos una infinidad de pláticas por sostener, además de todos los postres que debemos degustar, tenemos que festejar su cumpleaños, tengo que enseñarle a manejar (se lo voy a ofrecer en estos días) y, sobretodo, tengo que ver cómo sigue esta historia, no puedo partir ahora, aún tengo muchas cosas que compartir con ella. Tal vez pueda irme el día que ya no tenga ningún contacto con ella, definitivamente ese día podría irme con calma pero, por lo mientras, es un lujo que no puedo darme, desperdiciar tanta vida que tengo por experimentar a su lado.

Y vuelvo a divagar, así que cuando entro en desesperación y siento que voy a llorar, me digo a mí mismo “Hebert, respira profundo ¡y acepta!” Muchas personas no te hubieran dado ese chance, y ahora debes aprovecharlo, te está yendo muy bien y estás avanzando mucho. Sé que tengo esencia de terapeuta, porque muchas mujeres por eso me aprecian, porque las escucho. ¡Ni modo! Es el camino que me queda, lo acepto y lo estoy disfrutando. No sé si voy a ganarme otra opción en el futuro, así que toma lo que te dan, respira y ¡acepta!

Esta semana la admire y ame aún más. Me he enterado de por qué toma tantas clases: obviamente quiere mejorar en todos los aspectos de su persona pero, además, está viendo las técnicas didácticas de sus distintos maestros, así ella puede mejorar al impartir sus propias clases. Me sorprendió y pensé “Independientemente que esté enamorado, esta mujer es impresionante y única”. Tengo que hacer todo lo que esté a mi alcance, sin importar el tiempo que me eche de amigo (que lo quiero ser toda la vida, pero no “sólo” eso). En verdad vale la pena como mujer, me sorprende que esté sin pareja en estos momentos (claro, con un montón de pretendientes), pero no sé si vean más allá de su belleza física, todo lo que vale este mujerón.

Después de leer todas estas divagaciones sólo me queda darme vergüenza a mí mismo: he pasado una de las semanas más maravillosas de toda mi vida ¿y qué hago? ¡Quejarme por lo que no tengo! Recuerdo cómo estaba hace un par de semanas, en donde no me quedaba nada, no tenía esperanza alguna y estaba a punto de mandar todo al demonio. Ahora he vivido unas noches (porque sólo nos hemos visto de noche) increíbles, gracias a que no es rencorosa, y es algo que le debo aprender. Ha pasado por cosas fuertes y sigue manteniendo la pureza en su alma, por eso mismo la amo más.

            Así que me tranquilizo, respiro profundamente y acepto mi realidad actual (con vistas a mejorarla).

            Hebert Gutiérrez Morales.

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