miércoles, 8 de mayo de 2013

La Trampa del ego

            En la mañana del Lunes me levante 20 minutos antes de lo normal, no tenía prisa por llegar a la oficina, así que decidí quedarme a meditar en mi cama. “El poder del ahora” de Eckhardt Tolle me enseñó una técnica maravillosa y sencilla. Simplemente te quedas quieto, en una posición cómoda, vacías la cabeza de pensamientos, y te concentras en los latidos del corazón, en la propia respiración y percibes, sin juzgar, los sonidos que te vienen del exterior.

            Desde que aprendí esa técnica, mis meditaciones eran frecuentes y productivas, vaciar la cabeza de pensamientos es un lujo invaluable en un mundo diseñado para distraernos. La meditación es un medio excepcional para alcanzar la paz interna.

            Sólo contaba con 20 minutos, tiempo suficiente para tener una buena sesión de relajación pero, para mi desgracia, no podía dejar de pensar. Me relajaba un minuto ¡y de inmediato venía un pensamiento! Me apresuraba a desecharlo y volvía a iniciar pero ¡de pronto me invadía otro pensamiento! Reinicie el proceso más veces y siempre con el mismo resultado: mi cabeza no podía estar tranquila (y eso que estaba recién levantado).

            Esto me llamó la atención, sobretodo porque era una técnica que tenía dominada. Me quedo claro algo que ya sabía desde hace un par de meses: no estoy en paz. No necesito pensar mucho en la razón de mi intranquilidad espiritual, ya que la experimento a diario.

            Ayer en la noche entre al mentado Facebook, ví que mi amada cambió su foto del perfil y estaba con un hombre. No es la primera vez que aparece con un hombre en su perfil, pero en esta ocasión sentí un malestar en mi estómago: sólo una vez vi a su exnovio, y estaba seguro que era el de la imagen.

            Aunque estaba tranquilo escribiendo otro ensayo, la imagen me incomodaba bastante ¿Qué demonios significaba eso? ¿Acaso una invitación a reiniciar una relación? Me empecé a contar muchas historias al respecto y llegue a la conclusión que debía finiquitar el asunto a la brevedad.

            Afortunadamente, se me había olvidado mandar un mensaje y regrese a dicha red social. En un impulso de curiosidad, vi con atención la foto y empecé a leer los comentarios. Gracias a ello me dí cuenta que el de la foto era uno de sus amigos de Guadalajara, que estaba próximo a cumplir años.

            Honestamente, me sentí muy avergonzado al saber la verdad, me daba una pena enorme haber hecho mi pancho interno por suponer algo y darlo como un hecho irrefutable. Además, no tengo derecho a celarla porque, a fin de cuentas, no somos nada.

            No me gustaron nada estos dos hechos que les acabo de compartir, sé que el estar enamorado es una especie de locura aceptada por la sociedad, pero estas reacciones de mi parte son inaceptables, sobre todo para mí que, en teoría, he trabajado mucho en mi ser.

            Mientras manejaba al trabajo me dí cuenta de las actitudes tan desgastantes que he adoptado en los últimos días: a veces me visualizo a su lado con la actitud convencida de enamorarla, a veces me digo que es mejor dejarla ir y que la vida nos reencuentre si es el caso. En un mundo tan abarrotado de información, uno encuentra filosofías que justifican cualquier actitud y siempre se verá muy “cool”.

            Por ejemplo, una frase que me encanta de Robert Fischer es “Cuando aprendas a aceptar, en vez de esperar, te llevarás menos decepciones”, lo cual me indica que no debo hacer olas, fluir con la vida y dejar que las cosas se vayan dando (para bien o para mal).

            Por otro lado, la teoría que dicta “El Secreto” es que uno visualice lo que quiere, que todo el tiempo enfoque sus pensamientos en lo deseado y que, eventualmente, el Universo va a “conspirar” a tu favor y te va a conceder lo que deseas. Eso me dice que constantemente debo imaginarme a su lado, nuestra vida en pareja y hasta el nombre de las niñas (porque hasta el género me debo imaginar).

            Y así me la pasó, entre los pensamientos de dejarla ir y los que me hagan atraerla, entre ideas de dejarla ser e ideas que me ayuden a asegurarla. Cuando vas del tingo al tango sólo hay un resultado seguro: el desgaste.

            Ese Lunes comí con unas amigas en la empresa, platicamos de temas existenciales, de relaciones personales y de desarrollo espiritual. Por mi forma de pensar fui alabado profundamente, en cualquier día me sentiría orgulloso por los comentarios, pero no era el caso. Sólo me limitaba a decir “Me falta mucho por aprender”, lo malo es que ellas tomaban mi actitud con aún mayor aceptación y admiración.

            Me hice consciente de que el ego está a todo lo que da. Me encanta postear imágenes en el Facebook de que el amor es libre, es dejar ser a la amada, es no limitar, no tener apegos y demás cosas bonitas que es fácil pregonar pero difícil acatar.

            El Ego es su demanda constante, quiere ser amado, quiere ser reconocido, quiere sentirse único, quiere ser visto y que no hay nadie más importante que él, quiere ser objeto del deseo y receptor de toda la atención.

Mi Haiku favorito de todos los tiempos es de Bashou y dice:

“Nada indica
En el canto de la cigarra
Que pronto morirá”

Es esa ausencia de ego que a la Cigarra le permite “ser” no “estar”, por lo que toma a la muerte como parte de la vida. Los humanos deberíamos aprender a simplemente “ser”, debo aprender a ser mi esencia, no estar anhelando algo o alguien más que me complemente. Debo agradecer la oportunidad que tengo de verla, el maravilloso sentimiento que significar enamorarse y, sobretodo, sentir. Los animales no saben la bendición que tienen, ya que desde que nacen hasta que mueren simplemente “son”, no pretenden nada, nunca actúan ni forzan las cosas, simplemente van fluyendo con la naturaleza y existen a su modo.

            En los últimos días, siempre  pensando primero en mí y mis necesidades de manera egoísta. ¿Quiero amar o ser amado? ¿Quiero trascender a través de mí o a través de alguien más?

            ¿Cuántas personas son capaces de amar de forma verdadera? Me refiero como se ama a una luciérnaga por su brillo, pero ésta brilla porque es libre. Cuando uno comete el crimen de encerrarla porque queremos que sólo brille para nosotros, tal vez lo haga por unos momentos más pero, eventualmente, ya no tendrá razones para hacerlo.

            Sólo hay una especie de amor: el libre. Ese que respeta la libertad del otro. No estoy proponiendo algo así como las comunas o los swingers, pero debe de haber una relación sana en dónde uno deje ser al otro, sin tener que controlarlo o limitarlo en su manera de ser, pensar, sentir o hablar. Cuando te enamoras de alguien, lo haces porque la conociste de una forma, ¿Por qué esa estúpida necesidad de querer poseer a alguien cual si fuera un objeto? ¿Por qué esa necesidad de cambiarla(o) a nuestra manera?

            Regreso nuevamente a mi “necesidad” de amar y ser amado. ¿Qué tan honesto es mi sentimiento? ¿Quiero amarla o quiero que me ame? En realidad he amado mucho en mi vida y me han amado Han habido quienes me han amado intensamente de distintas maneras y, admito, lo que siento de regreso no corresponde en la misma forma, ya que no son tan importantes para mí como lo soy para ellas. Por otro lado, he amado mucho, me he brindado en todo mi ser, pero nunca he sido correspondido de la misma forma, a veces ni siquiera soy amado de vuelta.

            ¿Soy egoísta por querer amar y ser amado en la misma intención e intensidad? ¿Cómo pretendo llegar a niveles superiores de amor cuando no he experimentado algo tan lindo como ser correspondido de la misma forma?

            Ofrezco una disculpa por ser tan egoísta, ególatra o egocéntrico. Seguramente soy demasiado vanidoso para desvirtuar el amor que he recibido y sólo anhelo lo que nunca he tenido. Mi ego se ha expresado todo este tiempo en esa necesidad endémica de ser tan importante a ella como ella lo es para mí. Soy egoísta por querer “espejearme” con ella, sentirme importante porque me ama ¿Acaso es tan grave el pecado que he cometido? Pareciera que al final soy tan común y corriente como el homínido al cual censuro constantemente en mis escritos y del cual, ilusamente, me siento superior.

            Ahora entiendo de dónde viene el reclamo de la imprudencia que cometí hace unos días, desde el Ego “¡Es tu culpa! ¡Es por ti que ella no está a mi lado (aún)!” No importa que el Ego mismo es el que me motivo a cometer la imprudencia, como buen Ego, nunca va a reconocer su responsabilidad en mis actos, sólo manifiesta la constante e insaciable exigencia de “¡Satisfáceme! ¡Dame! ¡Compláceme!” ¡Ego! ¡Ego! ¡Ego!
        
            Sin embargo, analizando la naturaleza humana, ¿puede el humano bastarse a sí mismo? ¿Acaso no llega el momento en dónde necesita abandonarse a los brazos de alguien? Creo que todos tenemos algún momento en donde necesitamos ser apapachados, comprendidos y apoyados por alguien más. ¿Acaso no somos animales sociales con la necesidad de un cómplice que nos acompañe en nuestro camino?

            Al final, todos tenemos necesidades, aún no llegamos a ese nivel de desarrollo para bastarnos nosotros mismos. ¿Acaso me estoy exigiendo demasiado al ignorar mi naturaleza gregaria que, me guste o no, forma parte de mi esencia? ¿No será que aspiro a dar/recibir un amor que está más allá de las posibilidades humanas? No lo sé.

            He trabajado con mi persona, intentando ser un mejor ser humano y lo más productivo posible para mí y el mundo. En días así me doy cuenta que, a pesar de que el resto me digan que he avanzado mucho, en verdad me falta mucho por aprender. Es muy bonito sentirse alguien iluminado, sobretodo al estar rodeado de tanta gente a la cual le gusta sufrir y creer que una fuerza superior es la que dicta sus destinos y que ellos son simples víctimas de la fortuna (¡Por favor!).

            Puede que me cueste trabajo, pero debo tomar una tercera postura entre el deseable progreso de mis planes y la temida partida de su lado: debo dejar de estar pensando en pendejada y media. No importa qué tanto me flagele o que tanto me viaje con fantasías futuras que pueden o no ser. Todo lo que pase dentro de mi ser no implica que esté avanzando en esta situación.

            Lo único que me queda es seguir con mi plan, dar los pasos planeados y esperar a ver su reacción. No puedo hacer más, sé que el Ego me pide desbordarme, que ataque, que me muestre sin pudor, pero no puedo dejar que el Ego tome el control. No puedo extirparlo de mi ser (porque inevitablemente moriría), sólo puedo integrarlo.

            ¿Es digno este amor que le estoy ofreciendo? Contestando de manera auténtica, creo que no le puedo ofrecer uno más limpio. Sé que mis motivos pueden resultar egoístas, pero sólo quiero hacerla feliz, y ése es lo más honesto que puedo ofrecer.

            Gracias a que tranquilice a mi ego, el Lunes en la noche la pude ver de una forma más terrenal, más humana y más objetiva. Definitivamente los límites que puso me sirven para desmitificarla, eso no quiere decir que la ame menos, al contrario, siento que la amo más, porque es la mejor mujer que pude encontrar en mi vida. Poco a poco siento que me tranquilizo, lo cual ayuda bastante y es que, si seguía con la intensidad que estaba manejando hasta antes, definitivamente no iba a lograr nada.

            Al estar más sereno, gracias a la distancia tomada, creo que me puedo portar de forma natural para cuando volvamos a salir o, por lo menos, cuando la deje en su casa. Extraño perderme en sus ojos y en su sonrisa pero, tal vez, si estoy más con ella en vez de estar fantaseándola, creo que podría alcanzar un lugar en su corazón; si la asusto, al presionarla con todos mis anhelos, no lograré nada. Debo ser inteligente, recuperar mi tranquilidad y serenidad si quiero estar a su lado.

            A pesar de ello, me idiotice cuando nos empezó a cantar en clase, quede hipnotizado por su dulce voz, esa misma que ame desde la primera vez que escuche, me encanta ese tono tan dulce y tierno que caracteriza, no sólo a su voz, sino a toda su persona, y espero escucharla en vivo lo que me resta de vida.

Hubo un momento en donde ignore esa voz que me alegra la vida, un instante en el que nos estaba explicando algo y simplemente me quede contemplándola sin escuchar lo que decía, ¿Cuántas veces se puede enamorar uno de la misma mujer sin dejar de estarlo? ¿Acaso cada vez que la veo me enamoro más? ¡Sé que suena ridículo! ¡Sé que suena ilógico! Pero es exactamente lo que siento.

Tal vez mi corazón esté blindado o tal vez esté más consciente, porque no me deje llevar por su belleza y me obligue a regresar a este plano existencial con la consigna “Concéntrate, sé inteligente. Sé que te encanta y que la amas más que a tu vida misma, ¡pero no puedes perder (de nuevo) la cabeza! Ya estuviste cerca de arruinarlo todo y debemos aprovechar esta oportunidad”

La gran potencia de mis sentimientos no me asegura nada con ella, me la tengo que ganar de manera inteligente. Debo ser como el Ave Fénix para resurgir de las cenizas de lo que eche a perder ¡pero con consciencia! Debo evitar relacionarme desde el ego, desde el anhelo, desde el miedo ni demás lugares improductivos. Debo ser adulto desde ya, debo dejarme de pendejadas adolescentes, ya basta de victimez; la consciencia es obligatoria para avanzar. Ya basa de amores juveniles, es hora de actuar como adulto para ofrecer una relación de adulto.

            ¡Ego! ¡Ego! ¡Ego! Debo conocerme aún más, rascar en mi ser y encontrar razones más productivas y honestas desde las cuales desarrollarme. Según yo he avanzado mucho, pero cuando mis anhelos infantiles de amar y ser amado por la pareja adecuada no se han cumplido ¿Alguien tiene derecho a juzgarme? ¿Acaso no merezco un poco de ese sentimiento idílico? ¿Cómo puedo aspirar a más si no he conocido el nivel anterior de trascendencia? ¿No será que estoy pretendiendo morder más de lo que puedo masticar? Tal vez hablo de una trascendencia que sólo creo entender y que está mucho más lejos de mi razón.

            Hebert Gutiérrez Morales.

3 comentarios:

VENEZUELA dijo...

tenias razon, ya habias tomado en cuenta eso de regocijarse por haber conocido el amor aunq no sea correspondido

Anónimo dijo...

muy emotiva tu redacción y más aún en estos momentos en los que vivo una gran guerra entre lo que bien descríbese como amor y la potencialidad de mi ego que me pide a gritos sentirme amado forzando las relaciones y haciéndolas realidad con el único fin de agrandar el ego. muchas gracias por tu publicación en verdad que ayuda mucho en momentos tan dificiles

Hebert Gutiérrez Morales dijo...

Muchas gracias por la lectura y el comentario. La satisfacción del ego nos distrae del verdadero amor, ése que representa dejar ser a nadie. El ego necesita ser amado, no ve más allá. El amor verdadero radica en dejar ser al objeto/persona amada. No podemos obligar a nadie a sentir algo que no le nace. Un lección difícil que aún estoy tratando de aprender. Un abrazo a la distancia y espero que encuentres una solución que te devuelva la paz interna.