miércoles, 22 de mayo de 2013

Paciencia y aprendizaje


            ¿Saben? A veces es difícil ser yo, aunque creo que estuvo bien que me tocara serlo, porque cualquiera se sentiría desgastado de tantos cambios de ideas. Pero vayamos por partes.

            El Sábado estuve a punto de publicar un ensayo llamado “Dilemas”, en el cual expresaba el desgaste emocional por no recibir respuesta a mi petición de llevarla al mentado show de nieve que viene en Junio. Justo antes de publicarlo, mi instinto me dijo que entrara al Facebook y ¡ahí estaba! Conforme a lo que presentía, ella había rechazado la invitación.

            Me sentí cimbrado por su respuesta pero por otro lado, aunque no me gustó la negativa, me sentí feliz porque tuvo el suficiente respeto para contestarme, algo de lo cual me quejaba en el escrito que jamás llego a verse publicado.

            De alguna manera me sentí aliviado, ya que podía iniciar mi proceso de despedida y así encaminarme a una vida sin ella. El hecho de que me sintiera aliviado no quiere decir que no me sintiera inmensamente triste y sensible, así que le escribí una carta en donde desahogaba todo lo que traía en mi ser, sin guardarme nada. Quería que se enterara de todo lo que provocó en mí, aunque no tuviera ni idea de ello.

            Uno de mis más grandes defectos es que, durante gran parte de mi vida, el orgullo y la dignidad significaban exactamente lo mismo, es por ello que siempre me ha costado diferenciar en qué momentos hay que ser digno y en cuáles hay que aplicar el orgullo. Con el paso de los años he ido separando de a poco ambo conceptos, pero la zona gris en la cual convergen es aún amplia y me cuesta diferenciarlos.

            ¿Por qué menciono esto? Porque, según mi sentir del Sábado, estaba justificada mi postura, por lo que la considere digna. Hace unas semanas había puesto como indicador, ya sea para seguir o hacerme a un lado, el que aceptara o rechazara mi invitación. Pero ahí está el detalle, YO había puesto ese límite de manera arbitraría, esperando que reaccionara de tal o cual manera, sin tomar en cuenta los factores alrededor.

            Como buen ingeniero, me gusta diseñar planes, tomar previsiones, hacer estrategias y todo lo necesario para que mis proyectos salgan tal cual están planeados. En casi todos los aspectos de mi vida esta actitud me ha traído resultados excelentes, lo malo es que las personas no somos como los números, así que no tenemos una manera única y lógica de cómo reaccionar (¡y vaya que soy unejemplo de ello!).

            En fin, el caso es que me regía por la neurosis por el control y, como ella no había reaccionado de la manera que calculaba, opté por tomar mi postura boicoteadora y empecé con los preparativos de mi graciosa huida, para lo cual he sido experto a lo largo de los años.

            Es algo muy cómico, pareciera que esta mujer requiere alguna especie de sacrificio en horas de sueño ya que, desde que la conocí, mi promedio ha disminuido bastante (entre ataques de insomnio, bellas platicas a media noche, escritos que no puedo dejar hasta terminar, etc.) Acabe la carta de despedida a las 3AM, entre lágrimas, recuerdos, correcciones y recriminaciones el proceso se alargó bastante, así que el Domingo me levante un poco cansado por las escasas horas de descanso y esa imposibilidad biológica mía de no poder dormir de día.

            Después de mi ejercicio matinal, entré al Facebook y vi que posteo un lindo mensaje sobre el ser paciente, el seguir avanzando y ver cómo va cambiando la vida. Me quede desconcertado “¿Por qué demonios publicó eso? ¿Acaso es un mensaje para mí? ¿Acaso no se da cuenta que leo sus post?” Estaba molesto, no entendía por qué había publicado ese mensaje en tal momento. Sé que su vida no gira alrededor mío pero ¿no tiene algo de compasión?

            En fin, apague la compu y salí a caminar en búsqueda de algo para comer, además aproveche para cortarme el pelo y que me rasuraran la barba, porque quería verme radiante para el momento de la despedida, no quería que me viese desaliñado y derrotado, quería que viera a alguien pleno (aunque me estuviera cargando la chingada por dentro).

            Desde ese momento iniciaron las cavilaciones, para las cuales soy excelente, sobre mi tema favorito en estos días: “¿Estoy actuando por orgullo o por dignidad? ¿Es esto amor propio o vil ego? ¿El miedo está tomando otra vez el control o es un acto de madurez?” Voy a resumir todo lo que pensé en dos párrafos.

            Para irme: Sólo me ve como amigo, no tiene caso seguir. Si la sigo viendo en clase voy a sufrir (por mis propios anhelos de no ser su pareja). He sufrido demasiado con tanto altibajo emocional (que yo mismo me he inflingido), si me quedo más tiempo sólo se va a acostumbrar a mi amistad y jamás lograré ser su pareja y, finalmente, al entregarle los escritos se daría cuenta de todo el amor que le tengo y, es factible, que en el futuro me volviera a contactar cuando estuviese lista.

            Para quedarme: Perdí una batalla, no la guerra. Ella aún no tiene novio, así que sigo en la pelea. Puedo posicionarme como amigo para que le llegue a ser muy importante (el plan anterior). Ella ha sido una influencia muy positiva para mi vida, tal vez sí pueda ser su amigo y, probablemente, en el futuro se dé algo por sí sólo.

            Cavilaciones más, cavilaciones menos, su post en el Face me seguía resonando, así que opte por preguntarle si su mensaje iba para alguien en particular o sólo quería compartir su sabiduría con el mundo. Me dijo que era un pensamiento que se repetía a sí misma y me preguntó por qué quería saberlo, a lo que le conteste que me había gustado y me despedí de ella, pero continuó la conversación argumentando que me sentía extraño. Chateamos un rato, aunque no con la fluidez acostumbrada, pero fue agradable tener contacto con ella.

            Después del chateo, me puse a leer algunos de mis escritos anteriores dedicados a ella, ¡y me dí en la torre! Me propine una serie de argumentos que me hicieron poner en tela de juicio mi decisión: “A la primera derrota huyes” “La base de cualquier relación es la amistad” “No puedes controlar su manera de sentir y actuar” y demás ideas.

            Entre su post, el chat que tuvimos y mis propios argumentos, las dudas en mi cabeza estaban desbordándose. ¿Debía despedirme al entregar mis escritos? Ó ¿Debía ser paciente y seguir perseverando? Ya hubo un punto en donde me dio una jaqueca y opté por distraerme en otra cosa. La única decisión a la cual llegue fue no tomar ninguna decisión, me iba a dar tiempo porque nadie me estaba correteando más que yo mismo con mis neurosis.

            Como Alemania no trabajo este Lunes, no había motivo para que llegara temprano a trabajar, así que salí a correr e intentar llegar a una resolución. Como la noche anterior había llovido, la corrida madrugadora resultó una auténtica maravilla y, de entrada me dí un par de semanas más para decidir, nadie se iba a morir porque no actuara rápido además, como siempre, si me precipitaba en algo tan importante, podría lamentarlo posteriormente.

            Con esa decisión me sentí más tranquilo, además ya había pensado demasiadas estupideces en día y medio, así que requería algo de retroalimentación, la cual conseguí con Lesly y en Terapia.

            Como siempre, platicar con Les es muy productivo, por su visión tan ecuánime de las cosas, me hizo preguntas que no me había planteado y me compartió algunas experiencias similares. Ahí ví que posponer todo fue lo correcto, si entregaba mi escrito dos semanas después lo iba a hacer desde un lugar más digno y maduro, pero aún no estaba del todo satisfecho.

            Más tarde, cuando llegue al consultorio, Ana (mi terapeuta) vió con alegría lo tranquilo que llegue (ya le había dado un avance de lo que había acontecido el Sábado, con todo el dolor que eso me ocasionó). Al ver que estaba más relajado, me tupió bastante poniendo otra vez mi orgullo y miedo en su lugar, argumentando que otra vez lo impaciente y extremista que me encanta ser.

            Así que, después de la retroalimentación, llegue a la siguiente conclusión: Dos semanas para ver qué pasa. Quiero ver su interacción conmigo los siguientes quince días. No espero que salgamos al cine o a tomar un café, nop; de hecho en esta semana no la voy a llevar a casa, lo haré hasta la siguiente.

            Quiero ver sus actitudes hacía mi ¿me trata igual o está tomando distancia? ¿Me sonríe igual o se está restringiendo? ¿Es natural conmigo o ya voy a tener alguna especie de estigma? Si veo que no hay cambio alguno, puedo bajarle a las revoluciones de mi corazón y tomarme las cosas con más calma, dejar que se enfrié el asunto y seguir con la amistad algunos meses más sin desbordarme (esto ya parece Déja Vú ¿acaso no había escrito algo igual hace un mes?) Si la veo diferente hacia mí de manera negativa, la decisión está clara, entregaré mis ensayos y seguiré adelante. Voy a tomar una idea del escrito que no alcance a publicar la vez pasada (siguientes tres párrafos)

El problema es que me ha dicho (por lo menos) tres veces: “Hebert, sólo te veo como amigo, por favor no malinterpretes las cosas porque no te quiero lastimar”. Por las en múltiples ocasiones que lo ha repetido, tengo dos lecturas: ella capta que soy necio y que no entiendo razones (lo cual es cierto tratándose de algo irracional como el amor) o, cabe la posibilidad, que se lo esté repitiendo a ella misma, ¿Para qué? No lo sé ¿Sería tan malo relacionarse conmigo? Honestamente no lo sé, creo que no, pero mi opinión no cuenta.

            Trato de ponerme en sus zapatos. Con casi todas mis amigas, la relación de amistad está bastante clara, no niego que encuentro a algunas atractivas, pero nada que no pueda manejarse, así que la llevamos muy bien. Sin embargo, hay una que sí siento que me ve distinto, cuyas atenciones me llegan a incomodar un poco. Con esa amiga sí tengo algo de cuidado y trato de no dar señales que pueda malinterpretar, porque noto en sus ojos un anhelo que no estoy dispuesto a cumplir.

            Si mi amada me ve así, entonces no hay nada que hacer y tengo que largarme de inmediato, PERO aquí hay una ligera diferencia. Con mi otra amiga nunca he aceptado sus invitaciones, me cuido bastante de no darle alas, con mi amada he salido en algunas ocasiones y, creo, nos la pasamos bien, así que no creo que le resulte tan indiferente y mucho menos que sienta una especie de repele hacía mí (por lo menos eso creo).
  
            Hay algo obvio que el Lunes me hizo notar Ana respecto a mi amada (bien se dice que no hay nada más engañoso que un hecho obvio): “Ella no está en el mismo lugar que tú. Sabe de tu interés, pero no sabe la intensidad que tienes. No te conoce del todo, no la puedes juzgar como si te conociera de toda la vida. Está herida de su relación pasada y está en proceso de sanación, aunque tú estés listo, ella aún no lo está”

            En fin, por ahora no creo conveniente ver tan a futuro así que, a la usanza de los alcohólicos, voy a ir juramento por juramento: Dos semanas. En estos quince días voy a evaluar la situación, sin esperar nada, ni exigir nada, sólo observar.

            Por lo menos avance en algo, podré pensar en actuar impulsivamente pero, de a poco, he aprendido a tranquilizarme y, si la decisión no me convence del todo, pues tomarme más tiempo ¿Estaré madurando o sólo estaré envejeciendo?

            Hebert Gutiérrez Morales

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