viernes, 24 de mayo de 2013

¡Por favor ya no!

            Llegue puntual a clase y, cosa rara, nadie más había llegado, un par de minutos después llego ella. En lo que esperábamos al resto le pregunte sobre el examen de alemán que había tenido esta semana. Me dijo que le fue mal, porque había sacado 9 (exigente la señorita) a pesar de que estaba sencillo.

            Me dijo que se le dificulta la conversación, así que nos pusimos a platicar auf deutsch. Me contestaba con una actitud tímida y una sonrisa inocente, la misma que no había visto en unos días, la que extrañaba, y la que me llegó al corazón. Por un momento tuve la ilusión de que nada hubiese cambiado en los últimos días, sólo fueron cinco minutos, pero fueron de una felicidad inmensa ¿Por qué no nos podemos quedar así para siempre?

Pero tarde o temprano tenía que llegar alguien a acabar con nuestra intimidad y nos concentramos en la clase. Me dolía verla, es la primera vez que me pasaba esto, a diferencia del Martes pasado, me lastimaba verla. Siento que me evitaba la mirada e, increíblemente, ¡yo hacía lo mismo! No es que la haya dejado de amar, pero ese mismo sentimiento se me clavaba en lo más profundo, y se acrecentaba con la indiferencia que captaba. Es increíble como el ver a alguien te puede hacer, al mismo tiempo, feliz y miserable, es algo totalmente desconcertante.

 “¡No Hebert! ¡Por favor ya no! ¡Me hiere mucho verla!” Es lo que me repetía desde el fondo de mi ser, en una solicitud de clemencia para acabar con mi sufrimiento “¡Por favor! ¡Ya vámonos!”

Soy un farsante, un fantoche, toda esa madurez que predico es una vil falacia, en verdad no puedo quedarme así porque al verla la amo más, pero entonces recuerdo que sólo me puede ofrecer una amistad.

Sí, lo admito, no sé esperar, soy un impaciente de primera. No sé ser amigo de alguien a la cual amo de verdad. Juro que lo he intentado, pero me duele mucho, y ya no me puedo lastimar más. En verdad admiro a quienes pueden ser amigos de alguien a quien aman o amaron: deben ser excelsos o no les corre sangre en las venas.

Me he terapeado en estos días, me hago coco wash, trato de convencerme con frases bonitas y lecturas que me tranquilicen, pero esto está masacrándome a nivel sentimental. Por mero instinto de superviviencia, debo alejarme, tal vez me tranquilice y, algún día pueda intentar ser su amigo. En este momento me es imposible, admito que me desborde y ya no puedo regresar todo lo que saqué.
  
Siento por mí algo de pena y asco, es increíble que no pueda soportar este dolor pero, verdaderamente, está más allá de mi resistencia, ya no quiero hacerme daño, debo acabar con esto.

¿Estoy cometiendo la estupidez más grande de mi vida? Es probable ¿Estoy siendo irracional e inmaduro? Seguramente ¿Tengo alguna otra alternativa? Así lo creía pero, al parecer, me equivoque.

Todas las frases que puse en el escrito anterior demuestran mucho temple, mucha madurez y decisión, pero fácil copiar una frase y agregarla a un texto. Los autores de las mismas son seres excepcionales a los cuales respeto, pero eso no borra el dolor de verla. Las frases que puse fueron muy bonitas pero, a pesar de ellas, no me puedo quedar.

Lo mejor es irme y tratar de regresar a una especie de “normalidad”, tal vez ya no tenga acceso a esta felicidad tan intensa, tan completa y tan única. Sé que en el escrito anterior plantee la idea de desenamorarme pero, cada vez que la veo, me enamoro más, así que esa idea resultó bastante ingenua al verla dos veces por semana.

Veo que está por entrar la Luna llena, lo cual me afecta siempre, además de que faltan cuatro días para que la vuelva a ver, mismos que sirven para tranquilizarme. Pero si el siguiente Martes pasa algo igual, creo que la decisión estará clara. Mientras tanto debo seguir con el plazo acordado, y ya pasó la primera de las dos semanas pactadas.

Hace un par de años leí “El Museo de la Inocencia” de Orhan Pamuk. Recuerdo que odie casi toda la historia en la cual Kemal dedica toda su vida e ilusiones por obtener el amor de Füsun, el libro fue bastante largo, y aún más con el desgaste emocional del protagonista; en verdad me fastidiaba la actitud tan poco digna que Kemal sostuvo a lo largo de la historia. No voy a contar el final, pero no fue uno feliz. Sin embargo, el libro me gustó por las palabras finales de Kemal “Por favor, que todo el mundo sepa que fui feliz” recuerdo que cuando leí eso rompí en llanto por toda la carga emocional que traía.

En psicología se dice que lo que te choca, te checa. Es obvio que me molestara la actitud de Kemal, porque soy capaz de pasar el resto de mis días adorando a alguien sin tener alguna señal de vuelta, con todo el dolor que eso implica. Él sacrificó todo por las migajas de amor que obtenía de Füsun. En verdad lo odie por su actitud. Al igual que Kemal, soy de los que pueden adorar a alguien y dedicarle toda su existencia. Y algo en mí me dice “¡NO! ¡NO! ¡NO HEBERT! ¡No te atrevas! Si te vas a relacionar, que sea de un lugar productivo y, si no puedes, mejor aléjate por el bien de ambos”.

Hace unos días, a la hora de la comida, nos acompañó el pretendiente de una de mis amigas y, al parecer van bien las cosas entre ellos. El trato de ella lo percibo normal, pero el de él está muy cuidado, la procura con amabilidad, dulzura y ternura, a diferencia mía que la trato con toda la franqueza y honestidad que nos caracteriza. Al ver cómo la trata él me digo a mí mismo “¡Maldición! ¡Así soy yo con mi amada!”

Sé que es muy bonito consentir y dejarse consentir pero, a la larga no es tan productivo: al ser tan complaciente uno deja de resultar interesante y acaba dando hueva ¡y ya no quiero eso! No quiero que me perciba como un perrito fiel, yo quiero la vacante de pareja. A pesar de que mi amada es la mejor persona que he conocido, todos somos susceptibles a esas actitudes que acarrean codependencia. No quiero eso ni para ella ni para mí., prefiero alejarme en espera de que nuestros caminos se vuelvan a encontrar en lugar de seguir por este sendero, en que tanto me he equivocado, y en que los errores me están trayendo tanto sufrimiento.

Si no se vuelven a cruzar nuestros trayectos, tendré que guardarla en mi memoria como una especie de sueño: tanta perfección y belleza que me haga decirme “Creo que la soñé, porque no puede existir alguien tan maravillosa”. Así habitaría en mi memoria, como un sueño que se hizo realidad durante tres meses y medio.

Escribí esto el mismo Jueves por la noche y al acostarme, mi amiga Moni quiso chatear por el “What’s App” a las 23:30, así que la tuve que mandar a la goma: “Moni, sé que quieres platicar pero el hecho de que tú lo quieras no quiere decir que quiera lo mismo” cuando aplico esa misma frase con mi amada, es algo que me entristece pero que entiendo a la perfección.

“Un mes más Hebert ¡un mes más!” Viene su maestro, va a estar muy estresada como para aguantar estos panchitos. “Todo es cuestión de timing. Sólo un mes más”. En el grupo de baile se nos han ido dos parejas, por lo que el grupo no es tan robusto, de hecho estamos los justos para sostenerlo. Si aunamos a esto que la encargada me dijo que ya se está cansando, creo que no es buen momento para irme.

Así que sigo en esta dinámica de freakearme, reflexionar los pros y los contras, tranquilizarme y optar por seguir esperando.

"Cada uno somos nuestro propio demonio y hacemos de este mundo nuestro infierno" - Oscar Wilde.

Van dos “rounds” de los cuatro acordados, y después de ambos me ha surgido el sentimiento de irme, ya veremos cómo me va en los siguientes dos episodios.

Hebert Gutiérrez Morales

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