sábado, 4 de mayo de 2013

Semana 18

            No sé si esta semana que pasó estuve más sensible de lo normal o acontecieron muchas cosas, pero creo meritorio hacer un recuento de estos días pasados:

Egoísmo e incomprensión

            Inicie la semana anunciando que ya no iba a promover el blog, ya no quiero escribir para ser leído, sino hacerlo para mí. Esta acción causó muchas reacciones: por un lado hubo quién me felicitó y me agradeció por haber compartido mis escritos. Por otro lado hubo quien me llamó “Wey”, “Cobarde” y “Traumatizado” por dejar de anunciarlos.

            Sin embargo, hubo dos tipos de reacciones que me sorprendieron: la primera fue de un puñado de gente (cada cual por su lado), que en resumen me decían “A mí no me importa, quiero seguir recibiendo tu escrito de manera semanal”. De este grupo me impactó la egolatría o egoísmo. Claro que me sentí halagado porque me quieran seguir leyendo pero, si es tanto su interés ¿por qué no entran al blog directamente? ¿Tanto esfuerzo les implica? ¿Por qué debo anunciarme? “¡Ey! ¡Ya escribí algo nuevo! Léanme por favor”

            El segundo grupo que me impactó, éste sí más numeroso, es de las personas que me pedían que no dejará de escribir “No voy a dejar de escribir” les aclaré “sólo voy a dejar de enviarles el mail para que me lean. De hecho ahora voy a escribir más que antes” pero tampoco sabían escuchar y me pedían que siguiera escribiendo. Esta reacción me frustró bastante “¿Estos eran mis lectores? ¡Si ni siquiera saben leer!” Chequé el mail en que anuncie que sólo dejaba de publicitar, no de escribir ¡y está bastante claro! Si no pueden comprender un mail ¿Qué entendían de un ensayo mío? Me da miedo preguntarles.

            El caso es que muchos me dijeron que me van a seguir leyendo. Sé que algunos lo harán, la mayoría de ellos irán perdiendo interés a la segunda o tercera semana; alguien se acordará esporádicamente de mis escritos y me regalará alguna visita. Sé que al final voy a perder toda la popularidad que gané, pero me he dado cuenta que escribir no se trata de ser popular, sino de expresar algo en lo que crea.

Dudas sobre mi ausencia y Apoyo vedado

            Como ya explique en escritos anteriores, tome el Jueves y Viernes libres de semana 17 (que fueron en verdad muy útiles). Al regresar el Lunes, empezaron algunos cuestionamientos, ya que no era una ausencia planeada. Muchos se acercaban con algo de morbo, otros se acercaban con auténtica preocupación.

            Afortunadamente podía quitármelos de encima siendo amable al dar respuestas vagas, así que entendieron que no les iba a decir nada y dejaron de insistir. Algunos ya saben qué pasó (todo está publicado), pero respetan mi decisión de no querer hablar al respecto (es curioso, no quiero hablar, pero me explayó escribiendo en un lugar público).

            Me enternece la actitud que veo en los que ya saben lo que pasa, lo siento en la forma honesta y tranquila con la cual me hablan, esa actitud que trae un mensaje “Estoy contigo aunque no quieras hablarlo”. No voy a permitir que nadie me trate como víctima (porque no lo soy, ya que me he ganado lo que tengo hasta el momento), pero sí puedo aceptar una solidaridad silenciosa y el apoyo moral en mi cruzada.

            Los que no saben qué demonios pasa conmigo me han dicho que me sienten distinto, demasiado tranquilo y muy sospechoso, lo cual no ayuda a la causa porque es un reclamo que se ha ido incrementando (casualmente) desde hace un par de meses. Hablemos de ese punto.

Cambiando de hogar y reclamo sobre mi humor

            Desde que me fui de la Disposición, cada día he pasado religiosamente a saludar a mis amistades, además de que casi siempre como con alguien de mi antiguo departamento. Desde que cambió mi vida hace unos meses, definitivamente ya no es lo mismo.

            Creo que iba mucho a Dispo, porque necesitaba ese arraigo a algo conocido, ese contacto con mi hogar de doce años, esa identificación que siempre necesitamos como humanos. Desde que la conocí, he notado muchos cambios en mí: uno de los más importantes es una especie de calma interior, pareciera que necesito de menos interacción con los demás, necesito cada vez menos de ellos para nutrirme de energía, y por lo mismo me estoy alejando, no sólo de Dispo, sino del mundo en general. Creo que no está bien, pero es algo que está pasando y no puedo negar lo obvio.

            Al mismo tiempo, y es difícil admitirlo tras una docena de años en otro lugar, creo que cada día que pasa me integro más a mi nuevo departamento. Antes huía a la primera oportunidad a Dispo en busca de consuelo o risas, algo que cada vez encuentro más en mi propio lugar de trabajo. Eso creo que sí es positivo, difícil de admitir pero positivo a fin de cuentas, porque ya no trabajo para Disposición sino para Central de Pedidos y, tarde o temprano, debía integrarme a mi departamento.

            Esto no quiere decir que vaya a dejar de querer o visitar a mi antiguo hogar, pero ya no puede ser como antes.

Lesly

            Lo que no cambia, estemos o no en el mismo departamento, es mi valiosa amistad con Lesly. En estos días tan sui géneris, he estado muy cercano a Les, eso no quiere decir que estemos juntos todo el tiempo, a veces sólo platicamos 10 minutos en el día, pero es tiempo de una calidad impresionante.

            Creo que, de alguna forma, Les está fascinada con el hecho de verme enamorado. La primera vez que lo estuve no éramos amigos, a pesar de que sólo nos separaba una mampara en aquel entonces. Así que ahora estoy contando con su apoyo, lo cual no quiere decir que me dé por mi lado.

            Ayer estábamos hablando de esas canciones que nos llegan al alma, algunas de las cuales ya conocíamos de tiempo pero que nunca les habíamos puesto atención. Ella me está mostrando canciones que reflejan lo que siento en estos momentos y ese interés me conmueve bastante.

            Mientras platicábamos me soltó a rajatabla: “Independientemente que se logre o no tu relación, me da gusto que te hayas enamorado. Eso te demuestra que no puedes estar cerrado al mundo y que puedes darte otra oportunidad de vivir”. Debido a que estábamos en medio de todo su departamento contuve las lágrimas de tan bonito comentario, además sé que fue dicho desde un lugar muy honesto y limpio.

            Tal vez por ello anoche soñé que ella publicaba en el Facebook que estaba lista para embarazarse de nuevo, nos anunciaba que a pesar de todo el dolor que había experimentado antes, ella y Alex estaban listos para intentarlo otra vez. Ese sueño me dio mucho gusto y me encantaría que fuese realidad (aunque Les nunca publicaría eso en el Facebook, porque es prudente).

            Es factible que nunca quiera embarazarse de nuevo, y estaré bien con su decisión. Lo que me gustaría es que sea por un convencimiento propio, por tener otras prioridades, y no por el miedo y dolor de la vez anterior. Así como Lesly desea lo mejor para mí, yo le deseo lo mejor a ella, porque se lo merece más que nadie.

Frustración y perdón

            Desde que mi madre se regresó a Veracruz, debo depositarle su dinero en Banorte (justo el único banco que no tenemos en Planta), así que debo salir a alguna sucursal cercana (tengo mis razones para no tener banca en línea).

            Cuando llegue a Banorte de Plaza San Diego, la cola era como de 25 personas, así que me forme pacientemente, ya que no había dejado ningún tema pendiente en la oficina. Cuando sólo quedaban tres delante de mí ¡suena el celular! Es mi jefa que quiere que vaya a verla por un tema urgente, le pido media hora pero no me la da, así que regreso enojado a planta. Como no llegaba, atendió otro tema con alguien más y nos acabó explicando el tema, por el cual me hizo regresarme, una hora después. O sea todo pasó: gaste tiempo, gasolina y esfuerzo y no hice el depósito.

            ¿Me enoje? ¡Claro! Pero no me enganche demasiado tiempo. Me pagan por trabajar y por estar disponible en horas laborales. Claro que tuve mala suerte pero era algo que no pude evitar. Para que no pase lo mismo, ya empecé a negociar con mi madre posibles alternativas de solución. Por cierto, el tema por el cual me habló mi jefa fue descartado al día siguiente ¬_¬U

            Ese mismo Jueves, salí una hora tarde a lo planeado, quería nadar, me hacía falta para relajarme. Por la hora y el clima me decía “¿Nado? O ¿Mejor hago Spinning en la casa?” Como ya llevaba mis cosas para nadar, opte por la alberca. Llegue a la USDTAC, me cambie y, al dirigirme a la piscina, noté que no traía los gogles ni los tapones de oídos. Sé que se puede nadar aún así, pero para 2000 metros, en una alberca turbia y llena de gente, esos aditamentos me son imprescindibles. Así que, fúricamente, me regresé al coche y me dirigí a casa, donde acabé haciendo spinning en la bici fija.

            Obviamente también me enoje por mi distracción, había preparado las cosas con antelación y una omisión me fastidió la sesión de nado. ¿Me enganche con mi enojo? ¡Para nada! Al final acabe haciendo ejercicio y la culpa fue toda mía, así que no valía la pena recriminarme por algo que ya había pasado.

            Si puedo librarme tan fácilmente de estas situaciones tan inoportunas y desagradables, ¿por qué me empecinó en recriminarme por el error que me hizo pedir dos días libres la semana pasada? Es claro que la magnitud no se compara a estas minucias, pero hasta que aprenda a enfocarme en el presente en lugar de flagelarme con el pasado, podré avanzar en mi objetivo futuro.

San Francisco

            En la semana, ví una imagen del Golden Gate e instintivamente me surgió la necesidad de ir. Dice mi hermana Rosa Elena que me late mucho ir a Estados Unidos, le argumentó que sólo voy para ver a mis Delfines jugar. Pero en esta ocasión es distinto, porque necesito ir a San Francisco, no sé por qué, pero debo ir.

            Algo que he aprendido en mi vida es a escuchar a esa voz interna que tengo. Igual y no encuentro nada en la Bahía californiana, o igual encuentro algo que me hace falta. El caso es que debo empezar a organizar mi viaje a San Pancho pronto.

El Poke

            ¡Cómo me cae bien el Pokemón! Ya tenía años de conocerlo de vista e intercambiar algunas palabras pero, cuando me cambie de departamento, me dí cuenta que lo Caballero no sólo lo lleva en el apellido sino en su esencia, ya que es una persona a la cual admiro por su nobleza, capacidad y buen humor.

            Estábamos en junta de Staff y, mientras Manuela nos hablaba de los nuevos proyectos por venir, nos pusimos a mensajearnos vía celular. El Pokemón es muy ocurrente y me sacó unas sonrisas que buena falta me hacían, así que siguió nuestro diálogo por SMS hasta que nuestra jefa se dio cuenta y nos reprendió por la misma vía “¡Ya dejen de estarse mensajeando!”.

            Sé que no fue algo tan significativo, pero agradezco esa alegría breve que el Pokemón me regaló en junta interna.

Peso

            Ya llevo 8 kilos perdidos en un par de meses. Cada vez son más los comentarios que me hacen notar que la ropa se me cuelga, que la cara se me ve muy delgada y que me veo muy bien. Por otro lado, también ya empezaron los comentarios que ya le debía parar, que iba a desaparecer o que iba a verme muy mal de seguir así.

            Recuerdo que algo así pasó hace cuatro ó cinco años, en esa época llegue a pesar hasta 78 kilos, y los comentarios respecto a mi peso y apariencia comenzaron a ser insoportables. Recuerdo que caí en una profunda depresión al respecto, porque me frustraba que todo el mundo me criticara por estar delgado cuando era algo que había anhelado durante toda mi vida.

            Eso lo platique en terapia y llegamos a la conclusión de que la gente está acostumbrada a tus desgracias “¿Cómo te atreves a bajar de peso cuando nosotros no podemos? ¿Cómo te atreves a salir delante de tus desgracias y dejarnos a nosotros atrás?” A la mayoría de los mexicanos, les molesta que alguien más sobresalga (es muy conocida la historia de los cangrejos japoneses y los cangrejos mexicanos). Por eso mismo seguimos infradesarrollados en muchos aspectos, porque estamos acostumbrados a reconocer las desgracias ajenas y a censurar sus logros.

            Actualmente peso 84kilos y sigo con sobrepeso (datos de la nutrióloga, no percepciones ajenas), así que voy a intentar bajar un par de kilos más para mantenerme con un peso que me haga sentir a gusto.

¿Vendiendo mi alma al diablo?

            Cuando me cambie de área, me jefa me dijo que hay posibilidad de hacer proyectos, que estaba a consideración de cada cual el hacerlo o no. Cuando me dijo eso respondí mentalmente “Ya tengo un proyecto: trascender a través del blog”.

            Hubo una época en la que quería que me desarrollaran, quería ser jefe en la empresa. Cuando deje de ser trabajopata, mis prioridades cambiaron y ese anhelo proyectado desde mi más tierna infancia, quedó atrás.

            No sé si es por orgullo o por sentido común, pero veo a los candidatos que pretenden desarrollar y sé que tengo más capacidad que ellos, pero eso no me parece un motivo de peso para vender mi alma por unas cuantas monedas.

            Por alguna razón que aún no alcanzó a comprender, le dije a mi jefa que estoy interesado en hacer un proyecto, y ya me dio un par de ideas a desarrollar. Hacerlo no implica vender mi alma, puedo seguir con mi estilo de vida sin complicaciones. Sí me preocupa que éste podría ser el primer paso de un camino que me prometí no recorrer y eso es algo que no me gusta porque el paso lo dí de manera voluntaria. Ya veremos qué pasa.

Reflejos

            En psicología se dice que “Lo que te choca, te checa”.


            En la semana recibí un par de comentarios en el blog, por parte de un desconocido,  que me hicieron sentirme un escritor soberbio. Como correspondía, agradecí el detalle con la humildad que ameritaba. El señor de 60 años confirmó su comentario y me invitó a leer su blog, lo cual hice en muestra de gratitud.

            Leí un par de escritos y me parecieron muy buenos, pero le recalque que había mucha “paja” en ellos, así que si se podría liberar de toda la “grasa” y dejar la “carne” y sus escritos serían aún mejores. Ese mismo comentario va para mí, porque es un error en el cual caigo mucho, en el que creo que un escrito “largo” es por ende bueno pero no hay razón para que unto corto deje de ser interesante y nutritivo.

            Otro hecho que me llamó la atención se dio en el Facebook. Como mencione hace un par de escritos, tengo unos amigos que recientemente se hicieron novios. Es probable que sea mi imaginación, pero al ver los posts de ella, siento que él ha empezado a agobiarla, ya que le comenta todas y cada una de publicaciones que hace. “La va a cansar” fue el pensamiento que me surgió. Ahí recordé que no tengo la calidad moral para calificarlos, porque también tengo mucha cola que me pisen.

            Entendiendo a mi amigo, quiero suponer que es una explosión inicial de júbilo, el ver todos sus anhelos cumplidos durante meses de cortejo. Así que espero que las aguas retomen su nivel ya que hacen bonita pareja.

A veces el dinero sí da Felicidad

            Ya para terminar este pergamino. Soy el primero en criticar este sistema capitalista que nos programa para encontrar la felicidad a través del consumo. Por eso mismo, a pesar de mis características socioeconómicas, en realidad llevo una vida austera de manera cotidiana. Dentro de mis pocos vicios se encuentran los libros.

            Hace unas tres semanas, acabe de leer “Juego de Tronos” y me quedé muy picado (ya viene el ensayo al respecto). Por precaución sólo me había comprado el primer tomo (por si no me gustaba), así que me frustre al terminar y no tener el tomo dos para iniciarlo de inmediato.

            Ya que cada tomo es caro ($400), prefiero comprarlos en la librería del CCU, en donde son 20% más baratos ($320) ¡pero aún no les habían llegado! Así que pacientemente espere, mientras tanto me entretuve leyendo a Coelho (“Veronika decide morir”) y “El Gran Gatsby” (De F. Scott Fitzgerald, del cual también viene un ensayo).

            Ayer hable a la librería ¡y ya habían llegado mis libros!, así que fui en la tarde por mis cuatro ladrillos faltantes para completar la saga. Normalmente soy muy mesurado con mis gastos pero, no voy a negar, cuando hago uso de mi poder adquisitivo de forma gozosa (4 libros de $320 c/u) es una sensación padre.

            El gusto viene de adquirir los libros, no por comprar en sí. Pero no puedo dejar de agradecer que pueda permitirme estos gastos. En días así me siento muy feliz.

            Bueno, después de una serie de escrito monotemáticos, es bueno ver que aún puedo escribir de temas diversos, aunque sigo en la dinámica ególatra de escribir sobre mí pero sé que vendrán escritos de otros temas que no giren alrededor mío.

            Hebert Gutiérrez Morales.

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