miércoles, 19 de junio de 2013

El Smartphone

Cuando empecé a usar el “What’s app” mi amiga Lesly me escribió “Bienvenido a la tecnología” a lo que le conteste “Por más que me resistí e intente escapar, la maldita tecnología acabó por alcanzarme”

            Honestamente no pensé que este iba a ser el año en que me iba a encadenar a un Smartphone, de hecho era muy feliz con mi Nokia viejito, el cual me dio cinco años de excelente servicio y, era tan bueno, que seguramente me hubiera durado otro lustro.

            Las razones para tener un teléfono inteligente las he explicado aisladamente en otros ensayos, y ya está aquí, ya no hay vuelta atrás, así que vamos a analizar los pros y los contras que he experimentado con este cambio radical en mi vida cotidiana.

            Mi primera queja es la pila ¡Demonios! ¡Qué poco dura! Dicen que es por la pantallota que tiene mi teléfono. Recuerdo que con mi Nokia viejito tenía que cargar la batería cada tres o cuatro días, con este maravilloso Smartphone debo cargarla a diario, y eso es algo a lo que no estoy acostumbrado.

Depende de todo lo que tenga activado: la rotación de pantalla, el Wi-Fi, el Bluetooth, el Gps, la sincronización, el internetaear y hasta el mismo monitor de ahorro de energía van consumiendo energía, así que tengo activo lo mínimo indispensable. Como no soy muy paciente, voy a acabar comprándome una pila adicional para no andar con el “Jesús en la boca” cada vez que se me vaya acabando la batería y no tener cómo cargarla.

Algo que, admito, es una maravilla es el “What’s app”, un chat instantáneo que vino a acabar con la necesidad de los SMS, de hecho la mayoría de mis “conversaciones” son mediante esta aplicación. Sólo he escrito como tres mensajes de texto en un mes, con quienes no tienen dicha aplicación, además casi no jala nada de Internet, lo cual lo hace muy conveniente.

Ya que tome el tema del ahorro, sé que gasta mucha energía el teléfono pero, al tenerlo en plan de prepago, ahora voy a almacenar un buen de crédito. Casi no hago llamadas y recibo muy pocas, además de que Telcel me regala el Facebook y el Twitter por dos meses si deposito $200. Así que ahora tengo mucho crédito que no sé cómo demonios quemármelo; voy a tener que comprar Internet con ello para no acumular demasiado crédito detenido en el aparato.

            Algo que me ha encantado del nuevo celular es Twitter, mismo que es divertido y ocurrente. Dicen que la única diferencia entre Twitter y Facebook es que el primero limita tu estupidez a 140 caracteres. Al limitarte en la extensión de mensajes, la versatilidad y genialidad son obligatorios para tener un buen Tweet. Honestamente me gusta más Facebook porque no me limita tanto, pero el Twitter es muy bueno y, personalmente, encuentro gente más interesante que en el Facebook.

            Y ya que menciono al famoso “Libro de caras”, eso es algo que lamento de tener Smartphone: parece que mi chance de dejar las redes sociales ya ha quedado en el pasado. Parte del glamour de tener un teléfono inteligente es el acceso inmediato a las redes sociales, porque el uno fue hecho para las otras.

            Por cierto, hay algo que me indigna del nuevo teléfono a comparación del anterior. Con mi Nokia viejito, la alarma sonaba siempre, así podía tener apagado el aparato, y sonaba sin limitaciones. Este nuevo teléfono estará muy bonito y moderno, pero la alarma sólo suena si está prendido, algo que me parece increíble para todos los avances que tiene.

Algo que sí reconozco es que, para quemar los tiempos de espera, el Smartphone es genial. Ya que en cualquier situación (Esperando una junta, que te atiendan, a que te cobren, antes de que empiece la película y demás), ya checaste tus actualizaciones y ni se siente la espera.

Por cierto, descubrí que no es conveniente comer tacos y checar un teléfono con pantalla Touch, ¡porque queda asqueroso por la grasa! Así que es mejor comerse los tacos en paz o traer la franela para limpiar el cristal.

Algo que extraño de mi antiguo celular es la tranquilidad, como era tan viejito, a nadie le interesaba robárselo, algo que no pasa con este nuevo aparato. Además la preocupación de las caidas, el otro se me cayó infinidad de veces y hasta se desarmaba, pero lo volvía a armar con toda tranquilidad y seguía funcionando como si nada.

Con la cuestión de los tacos y las caídas, es cuando los accesorios del celular se hacen necesarios, así que le compre una mica protectora (para mancharla en lugar de la pantalla) y una funda para que amortigüe cualquier golpe que se lleve mi aparato.

            Todo lo anterior es insignificante a comparación del tema que más me enoja: la atención a los demás. El teléfono es tan bonito y tiene tantas aplicaciones que casi se hace un vicio estar en él todo el tiempo, lo cual hace que oigas (mas no escuches) a tu interlocutor mientras estás idiotizado con la pantalla. Ya me he cachado con un par de esas actitudes y, aunque las corregí de inmediato, estoy muy atento para que no se vuelvan a repetir.

            Esa era la principal razón para posponer la compra de un aparato de estos: el Zombie en que te vuelves, y eso es algo que no voy a permitir. A pesar de todas las ventajas, la razón por la cual lo compre no se está llevando a cabo así que, debo admitir, fue una mala decisión. El problema es que ya no lo puedo regresar, así que sólo me queda adaptarme al cambio y tratar que el aparatejo este no me consuma más vida de la necesaria.


            Hebert Gutiérreaz Morales

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