jueves, 6 de junio de 2013

¿En verdad necesitas una pareja?

            ACLARACIÓN: Después de todo lo que he escrito desde hace un par de meses, sé que carezco de la calidad moral para publicar esto, SIN EMBARGO, en mi defensa debo decir que lo redacte el año pasado, cuando gozaba de tranquilidad y congruencia. Como el mensaje me parece importante, he dejado la mayoría del texto tal cual fue concebido, sin importar lo autogoles que me asesté en el proceso.

Todos tenemos derecho a tener sueños, ilusiones y proyectos pero no todos ejercemos el derecho a elegir. Hay quién va por la vida y elige con quién estar, a veces de manera errónea a veces con éxito, pero lo eligió; y eso es distinto cuando uno se conforma: No es lo mismo decir “No es lo que buscaba pero pasa” a decir “¡Wow! Ésta es la que merezco y me quedo con ella”.

Se nos educa con el cuento de que todos somos iguales y tenemos los mismos derechos, lo cual es una mentira. En esta selva que vivimos se libra una guerra diaria y sin cuartel entonces, cuando uno quiere algo, se debe de pelear porque la justicia divina no te lo va a dar. Esto es válido para las parejas, los trabajos, los proyectos, etc. El éxito es de quién lo busca, no es cuestión de justicia, sino de astucia al aprovechar las oportunidades.

Nadie se va a apiadar de nosotros, todos tenemos exactamente lo que merecemos. No se trata de que alguien venga a descubrir tus cualidades; si no fuiste por lo que quieres, tendrás bien merecido lo que recibiste en su lugar. Si uno no se da el valor que tiene, nadie lo va a hacer.

Era el vivo ejemplo de esa actitud del “pobrecito” en donde me autocompadecía porque  sabía lo que valía, aunque no me daba a respetar, pero vivía con la idea que un día alguna “buena mujer” se iba a dar cuenta de todo lo valioso que hay en mí. Hoy no han cambiado mis virtudes pero sé que si no las muestro, nadie tiene la obligación de venir a descubrirlas

Se es perdedor, feo, acomplejado, gordo y demás porque así lo quieres. Todo tiene una solución, pero si no la deseas no la vas a encontrar. Podrás culpar a la cultura, a la sociedad, a la educación o a la familia pero para que haya alguien que somete debe de haber alguien que se deje someter. Y tal vez uno no se dé cuenta de estas dinámicas pero, si lo hace, ¿tendrá el valor de cambiarlo? Si no las cambia es que está feliz con ello, así que no se quejen los feos, perdedores, gordos, acomplejados y todos los “Pobrecitos”, porque lo tienen bien merecido por ser conformistas.

¿En qué consiste la felicidad? Hay tantas versiones en el mundo como seres humanos que lo habitamos. Lo que para alguien es alegría para otro es una gran falta de respeto, o las felicidades de unos se podrían interpretar como poses. También están los tontos, o afortunados, que son felices en situaciones muy sencillas y otros que somos más complejos. Sea como sea, toda versión es respetable mientras el “beneficiado” esté a gusto, no tenemos derecho a cuestionarlo.

Tengo algunos conocidos (hombres y mujeres) que tienen algún tipo de vínculo (“Amigovios”, noviazgo o matrimonio), y están encarcelados en relaciones infelices, con seres que no están a su altura, que las rebajan, las someten y no potencializan lo que son. Lo más dramático es que están conscientes de su situación, de lo perjudicial de la relación, pero ahí siguen. Me llama la atención que es preferible permanecer con alguien con el que no quieres estar a quedarse solo. Yo mismo lo hice en su momento.

          “Si cada uno ve su fin en el otro, nadie tiene en sí mismo el fin de su existencia, y este ‘existir para otro’ es la más ridícula comedia” Nietzsche o Schoppenhauer (Perdón por no tener la certeza del autor)

¿Acaso estamos locos? Claro que uno se relaciona con distintas personas y comete errores, pero así se va tomando experiencia para identificar lo que uno quiere en una pareja (o por lo menos lo que no quiere). Pero si ya la regaste, y de fea manera, ¿Por qué quedarte ahí? ¿Por qué permanecer con alguien que te hace infeliz? Habiendo tantas otras posibilidades que resultan más positivas a diferencia de todo lo negativo que uno recibe en una unión destructiva.

¿Es por miedo o por costumbre? ¿No queremos dejar lo que tenemos seguro? ¿Miedo a terminar con alguien peor? ¿Mejor malo por conocido que bueno por conocer? Soy el primero en pasar al paredón para que me fusilen con estas preguntas, porque no me volví a relacionar por miedo a que me saliera una pareja peor de las que he tenido pero, por lo menos al haber estado solo, he vivido tranquilo y nadie me hizo sentir miserable. Por eso mismo entiendo menos a los que deciden quedarse en compromisos destructivos.

En la soledad pude pensar, decir, sentir y hacer lo que quiera, nadie me tenía sometido, lo cual acomoda bien a mi naturaleza tranquila. Para las personas “normales”, la soledad les daría chance de conocer a gente diferente y aumentar la posibilidad de encontrar alguien que les acomode más en lugar de quien los minimiza.

            Es común, en nuestra cultura, referirse a la pareja como “peor es nada”, ¡PERO NO! SÍ hay algo peor que Nada y eso es alguien que te haga sentir mal, que te degrade y te minimice, ¡eso es peor que Nada! Ya es hora de desterrar la idea de que estar solo es lo peor; puede ser que no sea lo óptimo, pero sí hay cosas peores, y lo afirmo tan tajantemente porque he experimentado ambas posibilidades: la soledad y la “peor es nada”. Es peor vivir con quien no eres feliz, con quien te sientes más miserable que estando solo. Por lo menos en la soledad uno ve por su propio bienestar sin que nadie te limite o detenga, así que hay que anular esa ridícula idea de “Peor es nada”.

            Los problemas de pareja siempre van a existir, los desacuerdos y las discusiones, aún siendo similares, pero ése no es el meollo del asunto. Cuando se pasa más tiempo triste, enojado, indignado, indiferente, insatisfecho, incomodo y demás en una unión, pues no hay que ser genios para darse cuenta que algo está (o no está) pasando. Una relación tendría que ser para pasarla mejor que estando solo, no para pasarla peor.

            Conozco mujeres admirables y exitosas, que no necesitan de nadie para salir adelante y, sin embargo, se vinculan a parejas que les quedan chicas. No han avanzado con ellos, sino a pesar de ellos y ahí es dónde no entiendo la necesidad de relacionarse per se, sin importar si están a su altura o no, el simple hecho de que ya haya un “alguien” a su lado ya es bueno para ellas. Esa necesidad es enfermiza y neurótica porque, a fin de cuentas, uno debería pasar el resto de su vida con quien nos nutra, y no un lastre para el desarrollo. Estas féminas se saben superiores pero, me parece, captan la vida de manera distinta; no se comprometen con alguien a su altura tal vez porque no lo encuentran, por eso se conforman con lo “menos malo”.

            Hace un par de años fui a un par de Casamientos y note un fenómeno curioso: es más fácil que un hombre vaya a solas a un evento social a que lo haga una mujer (y mucho menos si se trata de una boda). A la fémina le cuesta mucho trabajo ir sola, porque es mandar un mensaje de “Nadie se interesa en mí”, por otro lado, para el hombre no representa mayor problema, es más, hasta liberador resulta.

Es impresionante la necesidad femenina por ir acompañada, aunque sea sólo un amigo, un primo, un deudor o el vecino feo, pero forzosamente necesitan ir con alguien a dichos eventos, para justificarse y validarse, de esa manera evitan el “Estoy sola y nadie me quiere”. Obviamente todo radica en la formación, porque son pocas las que conozco que se avientan a ir solas, sin preocuparles el qué dirán, se caracterizan por una educación e inteligencia mayores al estándar.

Desde niñas las están programando con “Búscate un buen hombre, cásate con un buen hombre, vas a encontrar un buen hombre” y ¿qué creen? ¡No hay tantos buenos hombres para satisfacer esta inclemente demanda! Al no encontrar al famoso “Buen hombre” se tienen que conformar con cualquier patán.

Cuando son jóvenes tienen para elegir lo que ellas quieran pero, con el paso del tiempo, se empiezan a desesperar, por lo que abren los parámetros y bajan los estándares, así agarran al primer despistado y no lo dejan ir, esta desesperación se hace más fuerte al irse terminando los años fértiles. Lo triste es que el hombre elegido ni siquiera cumple los requerimientos iniciales, pero fue lo “menos malo” que encontraron.

Resulta que con la edad se hacen más comprensivas y empiezan a aceptar defectos y problemas que antes eran totalmente excluidos. Esta situación es injusta para ellas, porque tratan de cuidarse y dar una mejor versión de sí para encontrar al multinombrado y esperado “Buen Hombre” pero, por otro lado, éste no se esfuerza mucho, porque (en el inconsciente masculino colectivo) sabe que alguna incauta caerá tarde o temprano, esto causado por la desesperación femenina, por la necesidad de casarse y procrear para finalmente haber cumplido su “misión existencial” (para mí, las que piensan que sólo al casarse y tener hijos, han alcanzado la máxima realización, me habla de limitadas ambiciones)

Para el hombre no es tan vital tener una pareja sentimental, le es más importante una sexual para desahogarse y no una a la cual atarse. Viéndolo desde esa perspectiva, el hombre sigue siendo muy primitivo así que, en general, el género masculino no se cultiva para agradar a las mujeres, lo hace para vencer a otros machos. Como él no tiene “necesidad” de pareja, las consigue con relativa facilidad y, por eso mismo, se preocupa aún menos.

Generalmente, ella es la interesada en formalizar las uniones y establecer una familia, al varón también le agrada la idea, pero no lo expresa a los niveles patológicos femeninos, que necesitan lograr esto para validarse con la familia, la sociedad, sus amigas, a sí misma, la religión y ante todas esas presiones que sufre durante su vida.

Son pocas las personas y, por ende, las parejas que se vinculan de una manera sana y no en base a la necesidad. Esas uniones que no anulan la individualidad, y respetan la libertad de cada lado. Sin embargo, la mayoría de uniones que conozco, están basadas en un sometimiento y control mutuos, y es que su “amor” radica en la sumisión, se sienten importantes para el otro, porque los controlan o, viceversa, que son importantes para esa persona porque se inmiscuyen en cada aspecto de su existencia (¿y cómo van a vivir sin ellos?).

Ese fenómeno lo veo seguido en reuniones de distinta índole, en donde uno de los dos está aburrido y se quiere ir y el otro no. Casualmente nunca se toma una decisión que satisfaga a ambas partes (que uno se vaya anticipadamente y la otra se quede), siempre hay alguien que se friega y se va o se queda en contra de su voluntad.

Lo más honesto sería que la parte que no está interesada en la reunión no vaya o se retire en el momento que quiera pero, si lo hicieran, el escándalo que se arma porque “las cosas no van bien en esa pareja”. Este comportamiento se ha perpetuado a través de muchas generaciones por la necesidad que los une, pero esa falta de amor les impide ser honestos con su pareja y consigo mismos.

Me parece muy tonto que se prefiera ser dominado y sacrificar la libertad, en vez de estar solos y convivir con uno mismo, pero la gente no tiene la suficiente profundidad y serenidad para el autoconocimiento y necesitan distraerse con alguien a quién controlar o que los controle. Me parece ridículo preferir una existencia miserable (pero acompañado) que tener una existencia en soledad (pero en paz).

Mi terapeuta me asegura que existen mujeres suficientemente maduras para emparejarse desde otro lugar que no sea la necesidad o sometimiento, sino desde un lugar más auténtico y honesto. De acuerdo a la evidencia, creo que son la excepción más que la regla, porque la mayoría de parejas coartan la libertad del otro en lugar de potenciar sus cualidades para hacer crecer una relación positiva que los nutra. Esas personas, tanto hombres como mujeres, son tan escasas que deben estar en peligro de extinción.

Tal vez soy muy egoísta, por no decir ególatra, tal vez soy muy cínico, o muy cobarde, tal vez conozca muy pocas personas, y conozco aún menos que piensan por sí mismas y se han ido desprogramando del camino que la sociedad te asigna. A pesar de que frecuentar a personas con mi mismo calibre intelectual, y una que otra que me supera, no confío en ese paradigma que el se ha ido desarrollando a últimas generaciones, ese instinto de poseer personas como si fueran cosas, esa territorialidad de “eres mío y me perteneces para siempre”.

Ese instinto se ha vuelto básico, lo cual se ha intensificado al vivir tan alejados de la naturaleza, porque se nos ha olvidado convivir, ser y dejar ser al otro, eso mismo se va perdiendo cada vez más y es casi imposible de encontrar. Ha de costar dejar a una hipotética pareja en su libertad y que actúe conforme a su voluntad y libre albedrío, porque siempre cometemos la falta de respeto de querer cambiar al otro. Todo esto se lo debemos a esta sociedad consumista en el que vivimos en donde se privilegia el “tener” sobre el “ser”, como bien dice Erich Fromm.

Carecemos de la serenidad para aceptar las diferencias ajenas, tenemos la necesidad de cambiarlas a lo que creemos que es mejor. Lo malo es que, cuando se logra el objetivo de modificar al otro, en automático nos deja de gustar por dos factores: El primero es que todo lo auténtico que nos atrajo, ha desaparecido, y en segundo lugar, porque ya no hay más reto, porque ya es la caricatura que queríamos que fuera y deja de ser interesante, y todavía las responsabilizamos de su cambio al achacarles “Es que tú cambiaste mucho, porque antes no eras así”.

           “En cuestiones del amor, la verdad no existe. Sólo hay realidades momentáneas, y todo puede cambiar de un día para otro” - Douglas Kennedy (“El momento en que todo cambió”)
          Durante muchos años no confié en nadie para relacionarme, y eso me incluye, ya que una vez deje que me sometieran (y de manera muy fea), y no estaba dispuesto a pasar por ello otra vez. Seguramente perdí mucho con esta actitud, y lo acepto, pero la libertad obtenida se tornó muy importante, por lo que valió la pena pagar el precio de no emparejarme. Ahora sé que lo que nunca debo perder en esta vida es mi dignidad ni mi libertad.

No tengo ningún estudio que me respalde, sólo mis observaciones y mi propio sentido común, creo que la misma aprensión femenina, por conseguir un hombre, se refleja corporalmente, sobretodo de manera digestiva. Tal vez exista alguno, pero no conozco a hombre alguno con problemas de estreñimiento, es obvio que exceptuando las veces que uno se enferma, pero todos los que conozco vamos al baño como pajaritos  o como conejitos, casi siempre después de comer.

Por otro lado, tal vez exista alguna que aún no haya conocido, las mujeres con las que tengo contacto tienen problemas de estreñimiento. De hecho, las más “sanas” son las que van una vez al día y eso es hasta grosero (para mí que lo menos que voy tres diarias). No conozco alguna fémina que vaya dos veces al día a “desahogarse”; recalco que no tengo estudios, pero estoy seguro que el estreñimiento y la aprensión por tener pareja en las mujeres deben de estar ligados.

            Hablando de deslealtades, la gente no cambia: esto aplica para la impuntualidad, la violencia, la infidelidad, la irresponsabilidad. Si las personas lo hacen una vez, lo harán siempre, y no van a cambiar, así que acéptalas como son y, si no puedes, busca alguien más con quién unirte porque no los vas a cambiar. Si te prometen que van a cambiar y no lo hacen ¿a quién le están viendo la cara?

Uno no debería relacionarse sólo por sentirse solo, si se hace por soledad, el vínculo está destinado al fracaso, ya que ese vacío no lo va a resolver nadie externo, cada uno de nosotros somos responsables de nuestra plenitud, algo que nadie externo nos va a dar. Cuando te acompañas, sintiéndose pleno y completo, entonces ya es óptimo emparejarse, porque puedes estar con alguien de manera agradable, en lugar de exigirle que resuelva nuestras deficiencias internas o espirituales. Es cuando se puede dar sin esperar nada a cambio porque no es necesario que se retribuya al ser pleno y maduro.

Cuando te valoras y  respetas, es más difícil caer con alguien equivocado porque uno prefiere la soledad a malbaratarse (el problema es encontrar a alguien adecuado). Cuando uno consigue esa pareja ad hoc, NO HAY CELOS,  y no es necesario que sean swingers, simplemente maduros.

Al relacionarse dos adultos, se entiende que hay suficiente serenidad y confianza para decir cuando uno ya no quiere seguir, en vez de andar haciendo “travesuras” clandestinas, cual vil chamaco.

 “Sé que me puedes poner el cuerno con cualquiera en el momento que lo desees, por eso no tiene caso celarte. Pero también sé que me relacione con alguien que me quiere y respeta suficiente como para decirme que ya no quiere estar conmigo antes de faltarme al respeto arteramente” es el speach que prevalece en parejas maduras.

Pero hay cultura tan inmaduras, como México, en donde se disfrutan esas “travesuras” y el pobre imbécil piensa: “Ja ja ja, te soy infiel ¡y no me has cachado! ¡Perfecto! ¡Me salí con la mía!”. Tristemente ése es el pensamiento del 90% de la población, por eso no esperen encontrar a muchos mexicanos maduros y respetuosos.

Para que funcione la postura madura, hay que encontrarse a alguien con el mismo calibre moral, sólo así sirve la absoluta libertad, la única forma de tener una relación productiva.

 “Eres libre de hacer lo que gustes, tu tiempo es tuyo y el mío es mío. Cuando tengamos tiempo y ganas de pasarlo juntos lo haremos, nadie va a obligar al otro. Si no te parece tanta libertad de tu lado o el mío, mejor vete con alguien a quién le guste reprimir y/o estar reprimido”.

Al inicio alguien inmaduro se puede comportar pero, con el tiempo, salen sus actitudes improductivas de relaciones anteriores y, cuando la otra parte se dé cuenta, es cuando se terminará ese amago de juego y de relación destructiva, porque la otra parte sabe que si lo hacen una vez, lo harán más veces, así que hay que cortar el asunto de raíz porque, si se le perdona, sólo va a empeorar conforme agarre más confianza.


Cuando hay respeto, de ninguna manera se puede concebir el sometimiento, porque uno la quiere para crecer en conjunto no como objeto para lograr poder. En las relaciones maduras nadie la hace el favor al otro de estar a su lado, porque son productivas, no restrictivas; no se trata de ver quién le saca más a quién.

            “Si quieres lealtad, da libertad. Si quieres traición, da opresión. Si consigues lo contrario, seguramente estás con la persona equivocada” - Hebert Gutiérrez Morales.


Muchas de esas relaciones productivas que menciono, ni siquiera están casadas, porque manejan un nivel de civilidad, madurez y consciencia impresionante: el compromiso radica en ambos, no en un simple papelito avalado por instituciones (legales o religiosas) que nada tienen que ver en el vínculo que las une.

Cuando uno nota el interés en cuidar el físico, la salud, la apariencia, la higiene, etc. ya es una buena señal porque ese alguien se quiere. Mi primera novia me dijo alguna vez “¿Cómo puedes querer a alguien si no te quieres a ti mismo?”

Podría seguir pachequeando y dando volantazos de un tema para otro., pero hasta aquí voy a dejar el ensayo, porque ya me canse, aunque creo que es un cambio que se agradece después de tanta miel y tanto sufrimiento de los meses anteriores. Independientemente de todo lo que pueda escribir espero, algún día, tener la oportunidad de llevar a cabo todas esas teorías con una mujer que saque lo mejor de mí y yo de ella.


          Hebert Gutiérrez Morales

3 comentarios:

VENEZUELA dijo...

Este ensayo me toco, hasta ganas de llorar senti, cuando consigues el verdadero amor, maduro, conciente, mutuo y te toca desprenderte de el por alguna razon, el mundo se viene abajo. despues de esto relacionarte con alguien es aun mas duro y dificil, quien puede llenar ese vacio? seras capaz de tener tanta suerte como para conseguir otro hombre que te ame igual o mucho mas? seras capaz de convivir con alguien que te brinde menos? (un peor es nada), he alli mi dilema. por otra parte me hiciste enojar, las mujeres no nos gusta ir solas a las fiestas por miedo a quedarnos en una mesa sentadas y no poder bailar en toda la noche jajajajajaja. disculpa que te abrume con mis comentarios y mis cuentos locos, este tambien me gusto porque me hizo sentir, saludos

Hebert Gutiérrez Morales dijo...

Ya sé que sueno muy monótono, pero no saber cómo aprecio que leas mis escritos con tanto interés, pero el mayor regalo que me das son los sentimientos que me compartes al leerlos. Sé que fue un escrito duro, pero necesario. Más que criticar a la sociedad, me criticaba a mí mismo, si lo quieres ver fue un autoataque pero, tristemente, la sociedad cae en muchas de esas actitudes que critique. El concepto de amor y soledad lo toque en “Encontrar pareja a través de la soledad” en donde comento primero debemos de aprender a amarnos antes de pretender amar a alguien más, algo que aún no logro dominar (tristemente, debo agregar). Sé que a veces mis comentarios son demasiado determinantes y contundentes, como si conociera a la totalidad de las personas del mundo y emitiera un juicio que los engloba a todos (Defecto mío del cual estoy consciente y quiero resolver). Y no me abrumas con tus comentarios, al contrario, me enriqueces. :-)

VENEZUELA dijo...

alguna vez lei: "primero se feliz y luego busca a alguien que solo venga a COMPLETAR tu felicidad" pero eso no lo aplicamos, me incluyo en eso tambien, vemos a diario personas unidas y te preguntas "porque soportan ese infierno? porque estan juntas? y sabemos las respuestas porque en algun momento lo vivimos, el miedo a lo desconocido nos paraliza" la resistencia al cambio, pero tu tienes razon al decir que mucho de eso lo soportamos porque nos inculcaron que debemos vivir en pareja hasta que la muerte nos separe, familia-costumbres-imposicion-sUciedad, en fin...