domingo, 30 de junio de 2013

Me quedo (Venciendo a la necedad)

            Mañana era el día. Había marcado este Lunes para entregar mis escritos de despedida e iniciar una nueva etapa en mi vida, dejando a la mujer que amo atrás. Pero, como se pueden imaginar por el título del escrito, no va a ser así.

            ¿Qué fue lo que pasó? Bueno, algo determinante fue lo de la invitación al helado que nunca llego, pero el saber que tenía la intención (y que me lo expresó con público presente) fue algo que empezó a destrozar mi necedad. ¿De dónde vino eso que me dijo con una hermosa sonrisa en los labios? Ese hecho se me clavó en la cabeza y no me lo pude sacar.

Hasta donde tenía entendido ella había sido algo ruda conmigo la última vez que la había dejado en su casa. Pero, al parecer, en verdad se sentía cansada y molesta, así que no debí tomar su reacción como determinante. Además debo recordar que a las mujeres no se les debe intentar comprender, sólo hay que quererlas.

            Aunado a ello, hace justo una semana, vi la maravillosa película llamada “My name is Khan” y ahí valió madres mi determinación. Ya comente con lujo de detalles dicha filmación y lo que me hizo sentir, así que sólo voy a agregar que entiendo por qué mi terapeuta insistió tanto en que la viera.

            En la sesión de dicho Lunes, Ana me decía que estaba algo triste por mi decisión de dejar atrás a la mujer que amo. Sé que no fue muy profesional el que me lo dijera, pero sé que me lo dijo como amiga, y me sentí muy conmovido por la autenticidad de su sentimiento, tal vez por ello accedí a ver la película.

            El pasado Martes llegue temprano a clase y, para mi fortuna, mi amada ya había llegado, así que nos pusimos a charlar mientras llegaban los demás. Amo platicar con ella, me siento tan bien estando a su lado que me alegro de haber tomado la decisión de quedarme.

            Después de algunas semanas de alejamiento, le ofrecí llevarla a casa y aceptó con una sonrisa ¿Sabrá que cada vez que me sonríe me da un regalo invaluable? Y así emprendimos el camino.

            ¡Cómo extrañaba llevarla a casa! En verdad me alegró la noche, a pesar de que había dormido poco el día anterior, en ningún momento sentí el cansancio. Fiel a nuestra costumbre, nos quedamos platicando frente a su casa pasada la media noche, y nos seguiríamos hasta el amanecer de no ser que su mamá nos interrumpe con una llamada o un mensaje de texto.

            Así que ahí lo tienen, pareciera que todo ha vuelto a la “normalidad”, pero no estoy dispuesto en convertirme en una versión tropicalizada de Kemal Basmaci, porque algo ha cambiado en mi interior.

            Este espacio que me tome fue como si en realidad me hubiese ido y ahora estoy reiniciando. La diferencia es que el sufrimiento y la angustia han desaparecido, ahora me siento tranquilo estando a su lado. Ya no siento esa necesidad imperiosa de verla a fuerzas ni lo más seguido posible. Si no la veo en una semana, está bien, si no tenemos contacto en Facebook, también está bien (aunque apenas hoy me regaló un “Like” después de un mes de no hacerlo). Ya no voy a forzar nada, lo que tenga que pasar, que pase.

            Tal vez suene feo, pero pareciera que se murió el enamoramiento para dejar paso a un amor más tranquilo, ese mismo que puedo mantener vedado. Sé que la amo, sé que no hay mujer que me guste más que ella y su mirada, sonrisa y voz me siguen fascinando como lo hicieron desde el primer día. Lo único que cambió fue la angustia que sentía constantemente al ver que no reaccionaba como yo quería, y me alegro de haber dejado ese lastre atrás.

            Me dí cuenta que daba igual que me fuera a que me quedara de una forma más tranquila pero, con una ventaja: quedándome ahora sí puedo cultivar de manera más serena una relación de amistad. Es como si hubiese caído en una especie de amnesia, sólo que en lugar de perder la memoria, se me escondió la intensidad de sentimientos, en espera del momento adecuado para mostrarse, teniendo en claro que dicha oportunidad no debe ser precipitada como las anteriores.

Creo que ya le voy agarrando la onda a su espacio, a su tiempo y a su estilo. No sé si al final sólo voy a ser su amigo o voy a terminar siendo su pareja. Tampoco sé si esto va a terminar a la semana o voy a verla el resto de mis amaneceres. Algo que he aprendido en estos días en los que me aleje, es que puedo vivir día a día.

            Ya no tengo miedo, ni a ella ni a no tenerla a mi lado. He comprendido que la vida sigue su curso, pero mi prioridad es que siga su curso al lado de ella, pero no a la fuerza. Creo que eso se lo debo de agradecer: ha extirpado el miedo en mí.

            Mientras no tenga novio o que me entere que alguien más le gusta, no pierdo nada estando a su lado, ya no puedo perder nada, sólo puedo ganar ¿qué? No lo sé, tal vez una amistad, tal vez un amor para toda la vida o tal vez algo distinto que no me vaya a agradar. El caso es que por primera vez, en meses, me siento tranquilo sin tener la idea en la cabeza de alejarme.

            Todo, absolutamente, todo lo que he escrito ha acontecido en mi interior, ella sólo ha visto un pequeño fragmento de lo que siento, pero ni se imagina toda la intensidad que provocó en mi interior con el simple hecho de existir.

            Ahora voy a abrir una nueva carpeta en mis archivos, una que se va a llamar “Ensayos nonatos” y es que ya son tres los que había escrito y que se van a quedar ahí, en espera de que un día sean leídos recordando estos días de incertidumbre y de cambios de decisión. ¿Por quién van a ser leídos? Obviamente por mí, sólo espero que no sea a solas.

            Tal vez ya es hora de escribir menos y actuar más, pero de manera inteligente. En verdad me encantaría que este fuese el último escrito de la serie “Na.Ni.” porque no quiero que el blog siga siendo una especie de novela “on line”. Obviamente cuando me acontezca algo importante debo escribir sobre ello, así que está por verse si vuelvo a redactar o no sobre este tema. Tengo la intención de dedicar menos energía a los escritos sobre ella y mejor dedicarla a que el asunto avance, aunque sea de a poco, pero que avance.

            De alguna manera, toda la fuerza que recupere al mentalizarme con mi partida, me ha ayudado horrores. Ahora tengo una postura más digna, más fuerte y más independiente. Al intentar despedirme auténticamente, de alguna manera deje atrás la etapa de enamoramiento solitario, porque queda pendiente el enamoramiento que voy a experimentar cuando seamos pareja.

            He llegado a la conclusión que para estar a su lado, de manera irónica, no debo dedicarle una atención excesiva, no debo hostigarla ni asustarla. Dicen que el amor es como una mariposa, entre más intentas atraparla, más se aleja, pero que si te mantienes sereno, ella misma se acaba posando en tu hombro. Debo seguir con mi vida de manera normal, aprovechando las oportunidades que tenga para posicionarme con tiempo de calidad. Al alejarme es más factible que pueda acercarme.

            Honestamente, no sé qué tan buena idea sea el quedarme en lugar de despedirme, eso sólo lo dirá el paso del tiempo. Pero de algo estoy seguro, sin importar las circunstancias, soy muy feliz cuando la veo, y toda la felicidad que ella me regale durante el tiempo que dure, siempre la apreciaré en el fondo de mi corazón.

            Ahora, tenemos un helado pendiente. ;-)


            Hebert Gutiérrez Morales.

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