domingo, 30 de junio de 2013

My name is Khan

            Honestamente, no la quería ver. Ana, mi terapeuta, había insistido en que lo hiciera, pero ya sabía que algo importante debía haber para tanto interés en que viviera (porque es toda una experiencia) dicha película.

            No quería verla porque ya había tomado una determinación respecto a mi situación sentimental, y no quería cambiarla algo que, tras el filme, efectivamente pasó. Tampoco me apetecía verla por ser una película de Bollywood, o sea, de la India y, lo acepto, ni la India ni China no son mis culturas favoritas, de hecho las considero más sucias y corruptas que México. Cuando deje el consultorio le dije a Angie, asistente de Ana: “Tendré que superar mis prejuicios raciales para verla, así que lo hago bajo protesta”

            ¡Pero qué estúpido me sentí de haber dicho eso! Conforme avanzaba la película más avergonzado me sentía, por todas las bofetadas con guante blanco que recibí. Y aprendí que hay una parte de mi persona que debo limpiar.

Ya me había comentado mi amigo Beto, que está por finalizar una estancia de dos años en la India, que las filmaciones de Bollywood son muy cándidas, con bailes, risas, héroes y finales felices. ¿Qué tienen de malo los finales felices? Absolutamente nada, sobre todo cuando es una obra que también muestra el lado oscuro de la humanidad, sin tratar de vendernos una situación ideal con gente irreal. Se muestra al mundo tal cual es y, a pesar de ello, se puede lograr una historia que vale mucho la pena.

Como siempre que hago con películas, la voy a comentar con lujo de detalle, así que la invito a verla antes de leer el presente escrito. El DVD está a la venta en MixUp por $144 mexican pesos y, supongo, también debería estar a la renta en Blockbuster. Así que, bajo advertencia no hay engaño: SPOILER ALERT!

            Es triste que Rizwan Khan (nuestro protagonista) sea alguien extraño, independientemente del síndrome de Asperger: un ser que dice la verdad siempre, mismo que está desadaptado a un mundo que vive de las mentiras o las apariencias. El que lo cateen en el aeropuerto de San Francisco, de manera injusta, hace que pierda su avión; desde ahí te das cuenta de la personalidad tan limpia de este hombre tan extraño. Cuando les recita a los de seguridad lo que le va a decir al presidente, uno se queda frío.

            Cuando empieza a escribir su diario, menciona que su síndrome le dificulta expresarse de manera hablada, pero sí lo puede hacer de manera escrita. Me sentí identificado y, por lo mismo, conmovido porque todo lo que expreso en texto se me dificulta hacerlo en vivo al mismo nivel de intimidad.

            La intolerancia es universal en la humanidad, por lo que no se limita a un grupo en particular, el propio Khan vivió mucha discriminación en su propio país, mucho bullying en su escuela, todo debido a ser el niño “raro”

            Aunque no sabían que le pasaba a su hijo, la mamá de Khan siempre supo cómo tratarlo: con el lenguaje del amor y la paciencia, idioma universal que siempre ayuda aunque no se sepa el problema que se está tratando. Esa misma lección de amor se la transmitió al anular prejuicios de que alguien es bueno o malo por tener alguna característica. Una lección que lo acompañó el resto de su vida.

            Pero la señora Khan no era perfecta. A veces, cuando se tiene a alguien con un handicap, lo normal es darle una atención mayor, así pasó con la mamá de Razwir (nuestro protagonista), lo cual afectó a Zakir (su hermano menor), acción que fracturó la relación del pequeño con su madre y hermano. Los padres deben recordar que, sin importar las diferencias de los hijos, hay que darles un trato de igualdad, y ahí recuerdo la actitud que mi madre tenía hacia nosotros y la valoro por ello.

            A pesar de sus limitaciones, es maravilloso cómo la honestidad de Khan acabó enamorando a Mandira, todo el proceso de cortejo es muy tierno, con las platicas, las salidas y demás. En especial me gustó cuando él explica el proceso de enamoramiento y de cómo, al escuchar su risa, cayó rendido a sus pies de manera inmediata.

            Me reí bastante cuando va a correr con la sudadera rosa al lado de Mandira, sólo porque es su color favorito, eso me recuerda todas las estupideces que uno está dispuesto a hacer para llamar la atención de la mujer de la que uno está enamorado y que, de no ser así, jamás haría uno bajo ninguna otra circunstancia.

            “¡Cásate conmigo! ¡Cásate conmigo! ¡Cásate conmigo!” le dice insistentemente Khan a Mandira, a lo que ella contesta juguetonamente “¡No! ¡No! ¡No!” hasta que accede que lo hará si le enseña algo de San Francisco que ella jamás haya visto. Esto nos da pasajes muy padres de la convivencia de Khan con Sameer (el hijo de Mandira) y de cómo él le va mostrando variados lugares para convencerla, pero siempre fracasa ya que ella los conoce todos.

            Esto nos lleva a la escena en la que llegan a la orilla de la bahía, lo que a ella le trae recuerdos de lo derrotada y abandonada que se sentía, y de cómo encontró fuerzas para salir adelante, que no iba a permitir quedarse así. La mirada de ternura que le dedica a Khan es muy tierna y conmovedora, una mirada que a cualquiera le gustaría recibir, por lo menos a mí me encantaría.

            Y esa búsqueda en la que Khan puso tanto ahínco nos lleva a la escena del amanecer sobre San Pancho, una postal hermosa, aún más bella por el interés y amor de Khan para lograr llegar a su amada. La reacción de Mandira y el que ella acabara pidiéndole a él que se casara dan una belleza de escena que provoca lágrimas obligatorias.

            Todo lo que pasa alrededor de la boda, desde el rechazo del hermano menor de Rizwan, debido a tener religiones distintas, la preparación, el evento, la interacción de los novios, el apoyo de la cuñada, el baile, los rostros de Mandira y Khan inundados de una felicidad profunda, TODA absolutamente toda la secuencia de la boda es una maravilla, que te deja con un sentimiento cálido en el pecho y una sonrisa en la cara. Mandira se ve guapísima, y el brillo que se ve en el rostro de Khan es conmovedor.

Ojalá a todos pudieran sacarnos una foto justo en el momento más feliz de nuestra vida, para ver cómo brillamos por la alegría, ese mismo brillo que se refleja en el rostro de él cuando la ve a ella. El inicio de la vida marital resulta en una escena cómica, además de momentos tiernos de cómo se van acoplando como familia.

            Algo remarcable en el filme es que se reconoce la intolerancia de todas las culturas involucradas: Estadounidenses, Hindues, Musulmanes, Negros, hispanos, etc. Para el resto del mundo, nos resulta muy fácil señalar la intolerancia y racismo de los demás, pero nos cuesta reconocer la propia. Personas como yo que por desconocer una cultura, nos dejarnos influenciar por los prejuicios que nos inculcan los medios de comunicación o por los odios de otros. Al final es estúpido que discriminemos a otro por su color de piel, idioma, cultura, gustos, tendencias, raza, creencias o aspecto.

            En reciprocidad por haberles dado su apoyo moral en la boda, Mandira va a visitar a su concuña, misma que sufrió un ataque por su forma de vestir. Zakir (el hermano de Rizwan) la deja pasar con un tierno “Pasa Cuñada”, mientras que su hermano espera en el coche. La escena en la que Zakir llora en los brazos de Rizwan es muy conmovedora. Tal vez sean escenas que no aporten mucho a la historia, pero que hacen a la película más rica y entrañable gracias a las mismas.

            El dolor de Mandira con la muerte de Sameer, no la puedo culpar al pedirle a Khan que se fuera, porque no ha de haber dolor más profundo que el de enterrar a un hijo. Aún así el pobre Khan, dentro de su inocencia, aunque no entiende el por qué, es empático con ella y sigue sus deseos, resulta conmovedor el amor con el cual le dice a Mandira “¡No te mueras!” cada vez que ella dice que quiere morir tras la partida de su pequeño.

            Condimentada por toda la ira expresada por Mandira cuando corre a Khan, la escena en la que él se va es desgarradora, es demasiado triste, en especial cuando dice “Cuando me fui, tenía un dolor en el pecho que no sabía qué era” se tomó una medicina pensando que era un malestar físico sin entender que lo que tenía roto era el corazón.

            Cuando Khan llega a un Motel para pasar la noche, resulta reconfortante que el administrador le ofrezca su cuarto por ser un compatriota, ese mismo tipo bonachón se torna fúrico cuando unos imbéciles le echan una piedra al ventanal, por lo que sale con su escopeta para defenderse. Debido a todo el griterío, Khan huye asustado, a pesar de que el administrador le dice que le va a dar posada y, al preguntarle su nombre el buen Rizwan contesta: “Mi nombre es Khan y no soy un terrorista”, con todo lo ocurrido, con todo lo que ya cargaba consigo, esta escena me destrozó el corazón y me saco (aún más) lágrimas.

            Su llegada al pueblo (ficticio) de Wilhelmina en Georgia, es una parte increíble de la película, desde que salva a “Pelo Gracioso” Joel y su interacción con Mamá Jenny, misma que le lava la ropa (mientras cómicamente usa uno de sus vestidos) y le da de comer en agradecimiento a la ayuda que le dio a su hijo. Todo esto mientras comparten el dolor de los hijos perdidos.

            Mención especial merece la misa que hicieron en honor a los caídos, cuando Rizwan pasa al altar para hablar de Sameer, todo lo que significaba para él, todo su dolor, todo lo que no pudo hacer por él. La mayoría lo dijo en su lengua materna y, aunque el resto de feligreses no entendían sus palabras, sí sentían la pena con la cual las estaba diciendo. Una escena intensa, tierna, triste, humana y, aunque acabas lleno de lágrimas, es una escena que agradeces en lo más profundo de tu ser.

Llega al punto en que Khan dice “Ya no puedo más Mamá Jenny” hasta alguien como él, incapaz de mostrar abiertamente sentimientos, acaba desmoronándose ante un dolor tan inmenso. Es cuando el pequeño Joel empieza a cantar, por su hermano muerto y por Sameer, y por todos los que se nos dejaron anticipadamente en este mundo sin sentido. La canción es hermosa porque, dentro de tanta tristeza, uno debe festejar la oportunidad que tuvimos de disfrutarlos en esta vida, además de lo afortunados que somos al mantenernos vivos para recordarlos.

Creo que todos los que hemos visto esta filmación nos sentimos indignados de que acusaran a Rizwan de terrorista, me encantó como reflejaron la psicosis gabacha con la palabra “Terrorista”, el pobre Khan no sabía lo que hacía al gritar “No soy terrorista” en medio de un mitin político. Y también evidencian el fanatismo y el miedo que prevalece en la grandes masas porque ¿quién en su sano juicio gritaría que es un terrorista frente a todos? Pero eso fue lo que oyeron unos cuantos zoquetes que estaban junto al bueno de Rizwan.

Los estudiantes que se interesaron en la injusticia contra Khan, fueron muy convincentes con el reportero que se negaba a tomar su caso, al hacerle notar todos los prejuicios que él enfrentó y las costumbres que tuvo que modificar tras los atentados del 11 de Septiembre del 2001.

Admito que lo que pasó el 11 de Septiembre nunca ha sido mi tema favorito, ni siquiera en el momento en que pasó. Me parece que es un hecho que siempre ha sido sobredimensionado y magnificado, sólo porque aconteció en territorio estadounidense. A diario, y en todas partes del mundo, mueren muchísimas más personas en condiciones tan o más dramáticas como las que fenecieron ese día.

Es de resaltar que en el argumento sólo se mencionan los atentados una sola vez, y no fue una película sobre ello, pero sí se trató de manera directa la nube de intolerancia y miedo se quedó en el ambiente desde entonces, sobre todo contra el pueblo árabe, en especial el musulmán.

Mientras Khan está en su búsqueda, Mandira lleva a cabo su propia cruzada para hacerle justicia a su hijo, motivada por todo ese amor de madre que los hombres jamás comprenderemos, sólo que ella encauzó su determinación a través del odio. Al igual que Mandira, muchos nos dejamos llevar con la ilusión de que el odio nos va a hacer fuertes pero, por fortuna, existen almas buenas como la de Rizwan Khan que nos demuestran que se logra mucho más con actos de amor que con muestras de odio.

Cuando Khan sale de la cárcel y capta el olor de Mándira, la empieza a buscar mediante su fragancia, hasta que la encuentra ¡pero no se le acerca! Sólo se queda contemplándola, embelesado por la visión de su amada, y la deja partir diciendo “No te puedo ver ahora Mándira, porque no he cumplido mi promesa pero, inexplicablemente, al verte el dolor en mi pecho desapareció”. Khan tendrá diálogos sencillos, inocentes y simples, pero en todos conlleva esa intención profunda de los sentimientos auténticos, mismos que resuenan con los tuyos y te ves tocado por el alma de Rizwan.

Nadie puede culpar a Khan por interrumpir su búsqueda para ir a ayudar a sus amigos de Wilhemina pero, de cualquier manera, le ofrece una disculpa a la distancia (Tanto física como temporal) a Mandira, diciéndole que tiene que ir a ayudar a sus amigos. Al llegar a la zona del desastre, resalta la sinceridad y agradecimiento con el que Mamá Jenny le dice “Muchas gracias por venir Rizwan, pero debes irte, aquí no hay nada que puedas hacer, esto no lo puedes reparar”

Pero Khan se queda, y empieza ayudar, su ejemplo arrastra a más personas a ayudar al pueblo. A uno le impacta que son los propios musulmanes quienes ayudan al pueblecillo de gente negra, minorías que no tendrían mucho contacto en Estados Unidos pero que el ejemplo tan ilustre de Khan acaba motivando para que ayuden a otro ser humano, sin importar sus características, sólo importa que son humanos en desgracia.

El amor inmenso de Khan desenredó y acabó resolviendo el asesinato de Sameer, algo que no logró Mandira con toda la pelea en que se enfrascó. Eso mismo le hizo ver su vecina y amiga “No te hundas en el odio de tu perdida y aprovecha todo el amor que tienes en Khan”, el mensaje de una amiga auténtica.

Personas buenas y malas hay en todos lados, como se demostró cuando Khan es agredido por uno de los suyos, justo antes de reencontrarse con Mandira. Todos los humanos tenemos un porcentaje de bondad y otro de maldad en nuestro ser, no podemos polarizar que cierta gente es totalmente buena y otra totalmente mala, nadie posee la verdad ni la bondad universal, siempre nos movemos por nuestros propios intereses, lo malo es que acabamos confundiéndolos con verdades universales, esas mismas que no existen en el mundo humano.

La película fue lo suficientemente elegante para no señalar a un solo culpable o a un solo afectado, sólo nos muestra de manera sutil, que la intolerancia es una condición humana, misma de la que nos debemos hacer conscientes para que no salgan muestras instintivas de agresión hacia los que nos son distintos.

La escena de Obama es reconfortante, ver que Rizwan por fin le dice “Mi nombre es Khan y no soy un terrorista” te hace sentir una sensación de triunfo en tu pecho, sin importar que sea una historia ficticia. Pero cuando Obama dice “Todos estamos en este planeta por un breve tiempo y me siento muy honrado de que el mío en este mundo coincida con el de Rizwan Khan” es una línea muy bonita.

Sabía que por algo Ana quería que viera esta película, de hecho le mande el siguiente mensaje “¡Es una crueldad que me hayas hecho ver una película tan bella! No es justo, porque el acabar bañado en lágrimas masacró toda mi determinación a alejarme de ella” La película fue el empujoncito que necesitaba para dejar atrás mi orgullo y no alejarme de la mujer que amo.

Algo que aprendí del filme es que el mundo va a devolverte mucho de lo que tú le des, si tu das amor, es probable que no lo recibas de inmediato y en la misma medida de vuelta pero, a la larga vas a recibir cosas más positivas que el que da odio esperando recibir un tesoro como recompensa.

Cada acto de odio, intolerancia o violencia en el mundo, va a generar más de lo mismo. Si somos más comprensivos, maduros, civilizados y tolerantes, en general tendremos un mejor mundo. Y debo empezar por mí mismo, para evitar comentarios racistas, aunque lo haga de juego, siguen siendo violentos hacia culturas que desconozco en su totalidad.

La historia de Khan me ha dejado en ridículo. Él vivía en un país distinto, en el cual era discriminado, con un síndrome que lo limitaba, andando en lugares desconocidos, sin dinero y sin conocidos, en una búsqueda improbable, al final logró lo que buscaba, siempre teniendo su amor como motivador, todo lo hizo por la persona más importante de su vida. Y yo, con todas mis ventajas, lo único que pasaba por mi cabeza era huir por unas pequeñas derrotas.

Al ser escritor, me enganchó mucho la forma en que Khan llevaba su bitácora para Mandira, como iba registrando todas sus experiencias, sentimientos, miedos, recuerdos y demás vivencias para que su amada se enterara de la aventura aunque, en realidad, era una forma en que él se sentía acompañado de ella, al escribirle, se sentía cerca de ella, y sé exactamente lo que eso significa.

Khan escribía con toda certeza hacia Mandira porque no tenía ápice de duda de que iba a lograr su objetivo e iba a estar de vuelta con su amada. Eso es algo que Khan también me enseñó: a visualizar mi objetivo de manera determinante y no darme por vencido a las primeras de cambio.

Todos hemos experimentado cosas negativas, algunos más que otros, pero no podemos vivir en el dolor o en el odio. A pesar de perder a Sameer, al final, Mandira comprendió que no podía tener vivo a su hijo a través de algo negativo. De por sí ya se perdió una vida como para echar a perder otra que tiene aún mucho por experimentar.

No podemos lamentarnos el resto de nuestra existencia por lo que salió mal. Obviamente toda pérdida debe pasar por un proceso de duelo pero también debemos aprender a seguir avanzando, porque la vida no sólo se compone de momentos malos, también puede haber muchos momentos buenos, incluso ser la mayoría, pero eso solo depende de nuestra actitud.

Dentro de todo lo que me tocó la película, hubo algo que me dio un dolor de estómago: recordé a todas las mujeres que me decían que no andaban conmigo por ser un “buen tipo, dulce y lindo”. Ya no sé si lo sigo siendo, porque fueron tantas veces que me propuse ser menos bueno o más malo, todo para dejar de ser “lindo”.

Aunque el argumento está algo idealizado, se requiere mucho valor en este mundo para ser alguien bueno e íntegro. Ser malo es muy fácil, y tratar de imponerse a los demás a través de la violencia es el camino más sencillo. A veces confundimos imponer miedo con imponer respeto, a veces confundimos ser interesante con ser malo, también confundimos ser bueno con ser bobo. Lo que se nos olvida es la importancia de ser leales a nuestros principios y valores.

Otra cosa admire de Khan: el destino nunca fue justo con él pero no se detenía a lamentarse por ello. Nació con una especie de autismo y en toda la película nunca se queja de ello, no expresó temor por vivir en otro país, no hizo una escena cuando perdió injustamente el vuelo en San Francisco, no se quejó de la reacción visceral de Mandira, no mencionó lo ridículo de la prueba de amor que ella le pidió, ni se lamentó por quedarse sin dinero, ni nada de lo que le pasó fue motivo de queja para el buen Rizwan.

Él siempre siguió adelante, sin cuestionarse “¿Por qué a mí?” por lo que aprovecho el tiempo para resolver su situación y actuar de manera honesta para lograrlo. El destino le dio ciertas herramientas, tal vez menos de las que uno normalmente recibe, y con ellas se dedicó a construir algo maravilloso.

Hablando de mi caso, a veces se presentan pequeñas pruebas en la vida y, en lugar de resolverlas, nos ponemos a lamentarnos por nuestra suerte, y es que “somos tan buenos que es injusto que esta desgracias nos pase precisamente a nosotros”. A veces es fácil olvidar todo lo que tenemos a favor, y nos damos cuenta cuando vemos que alguien más limitado tiene un corazón enorme para conseguir lo que quiere, sin tanto lloriqueo ni victimez.

            Ame esta película y les recomiendo ampliamente verla.


            Hebert Gutiérrez Morales.

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