domingo, 14 de julio de 2013

Un país de gordos

            Estábamos Hans, el Chaparro y yo platicando en la oficina, contándonos algunos chistes de gordos. De pronto Hans nos interrumpió y no pregunto a ambos: “¿Acaso ustedes fueron gordos?” A lo que contestamos afirmativamente, y es que nos hizo ver que nos reíamos con una intensidad inusitada.

            Me hice consciente que si gran parte de tu vida fuiste gordo, el sobrepeso siempre va a ser un tema relevante para tu vida. El tema de mi gordura ya lo trate en un escrito anterior pero esta semana me enteré de algo que me puso un poco triste: México ha sobrepasado a los Estados Unidos como el primer lugar en obesidad general (ya lo éramos en obesidad infantil).

            Y vamos, no es que haya tanta diferencia entre ser primero y segundo lugar en un ranking tan nefasto, pero siempre hay cambios de números que a uno le impactan. Por ejemplo, el día que rebasamos los siete mil millones de homínidos en el planeta, también me sentí un poco deprimido.

            Hay quien argumenta que desbancamos a los gabachos porque Michelle Obama ha promovido el que se coma saludablemente pero las cifras indican que nuestros vecinos del norte no han bajado de peso, sino que nosotros hemos subido. El 70% de la población mexicana tiene sobrepeso y casi el 33% están obesos (Estados Unidos casi alcanza el 32%). Recién leí que cuando nací (1976) el porcentaje de población mexicana con obesidad sólo era del 16%.

            Personalmente, y me siento orgulloso de decirlo, es la primera vez que no estoy en dicha estadística ya que, datos certificados de mi nutrióloga, por segunda vez en mi vida estoy en mi peso, algo que me tiene muy feliz (no en vano baje 10 kilos en tres meses). Pero dejando mi logro aparte, me gustaría analizar el por qué estamos en el primer mundial de obesidad, ya que esto no ha sido gratuito.

            Antes de comenzar, quiero aclarar: NO soy un experto ni investigador, sólo voy a escribir de lo que he visto, leído, oído y vivido en mis 36 años en este país. Esto es un ensayo, no pretende ser un estudio o una tesina. Sólo es mi opinión sobre los hechos que han originado este problema. ¡Ah! Y otra aclaración, perdón que generalice pero al ser el 70% de la población con sobrepeso, es más fácil hablar por la mayoría.

            Coca Cola

            Empecemos por lo obvio. Se dice que en cualquier poblado de México uno siempre va a encontrar al PRI, a la Iglesia Católica, a Televisa y a Coca Cola. Somos el primer consumidor per cápita de Coca Cola en el Mundo. A estas alturas voy a obviar todas las consecuencias negativas que tiene el beber ese veneno negro, sólo quiero recalcar la alta cantidad de azúcar que la bebida conlleva.

            Por fortuna, mi madre nos acostumbró al agua de fruta, así que los Refrescos no figuran en mi dieta normal. Obviamente hay ocasiones en donde no hay nada más que tomar, así que el refresco es obligatorio. El problema es que mi caso es sui géneris, ya que la mayoría de las mesas mexicanas siempre tiene su Coca cola familiar a la hora de la comida (e incluso a la hora del desayuno y la cena). El consumo de la bebida negra afecta proporcionalmente al bajo consumo de agua simple.

            Son pocos los mexicanos que consumen agua simple, a mí me cuesta trabajo, no se me inculcó desde pequeño, así que me he ido obligando con los años. El agua simple ayuda a mantener el organismo en buenas condiciones, incluida la digestión e hidratación.

            La Coca Cola, dentro de sus tantos efectos nocivos, produce adicción por tanta azúcar, así que entre más tomas, más la necesitas. Cabe señalar que no hidrata igual, así que el individuo tiende a estar sediento. El problema es que la sed se llega a confundir con el hambre. Traducción: ingerir Coca Cola también promueve la voracidad.

            Escasa Cultura Deportiva

            En otro ensayo comenté que ya no me interesaba ver los Juegos Olímpicos, sin embargo llegue a escuchar los resultados del medallero de Londres 2012 y me llamó la atención algo que voy a ejemplificar.

            México quedó en el lugar 39 con siete medallas: una de oro, tres de plata y tres de bronce. Voy a tomar del lugar 34 al lugar 45 para hacer mi comparación:

Pais                 Medallas         Población        Habitantes por medalla
Noruega          4                      5,033,675        1,258,419
Canadá           18                    33,476,688      1,859,816
Suecia             8                      9,514,406        1,189,301
Colombia        8                      47,121,089      5,890,136
Georgia           7                      4,594,000        656,286
México            7                      118,419,000    16,917,000
Irlanda             5                      4,581,269        916,254
Argentina        4                      40,117,096      10,029,274
Eslovenia        4                      2,047,000        511,750
Serbia              4                      8,958,538        2,239,635
Túnez              3                      10,175,014      3,391,672

            Como pueden ver la diferencia de medallas per cápita es simplemente ridícula entre México y los países que quedaron cerca en el medallero (y eso que estos Juegos fueron muy buenos para la delegación azteca). Obviamente si metemos a las potencias sería más humillante, pero me llama la atención que países en condiciones precarias (que no incluí), como Cuba o Corea del Norte, nos superan ampliamente, tanto en medallas individuales como en per cápita.


            La cultura física mexicana es casi nula, y eso ha sido desde siempre, pero se ha ido agravando con el paso de los años. El mexicano no hace deportes, le encanta verlos, analizarlos, ir a gritar al estadio, comprar el periódico y chutarse toda la sección de deportes, hipotecar su casa para largarse al mundial, ir a gritar al Ángel de la Independencia y decir orgullosamente “Ganamos” cada vez que el Tricolor gana contra algún mediocre equipo de Concacaf.

            La disciplina es algo que no le va al mexicano, no sabe esperar por un bien mayor a largo plazo, siempre toma la satisfacción inmediata, sin importar que sea ínfima a comparación de los resultados a largo plazo.

            Tomemos por ejemplo su bendito Fútbol soccer. Sin duda alguna es el deporte más popular en México (para nuestra desgracia). Muchas personas forman parte de ligas amateurs. Dejando a un lado el nivel de juego (que sobra decir que es menos que mediocre), enfoquemos al finalizar el partido. Acabando el mismo, sin importar el resultado, el equipo va a echarse unas buenas memelas acompañados por unas chelas.


Suponiendo que hayan quemado unas 600 calorías en el juego, ya las recuperaron (y hasta de más) con este “desayuno deportivo”. Eso sin contar la botana y cervezas que se van a echar cuando vean por la tarde el partido del América o de las Chivas. Pero eso sí, según ellos, son bien deportistas.

Pero vamos a tomar un deporte menos popular: la natación.

Procuro ir a nadar un par de veces por semana, según lo permita el clima porque lo hago al aire libre. Somos pocos los que vamos realmente a nadar de manera seria (sin tener que ser profesionales). Hay mucha gente que va a la alberca a jugar, a chacotear, a socializar o, según ellos, a ejercitarse. Alguna vez, mientras salía del agua, escuchaba a unos muchachos decir “¡No manches! Ahora sí me cansé, ¿Qué onda? ¿Vamos a echarnos unos tacos?”

Lo que más me sorprendió es que dicho grupito sólo se la pasó jugando y platicando en la alberca, y no precisamente se ejercitaron. Es verdad que estar en el agua cansa, pero es distinto cansarse que ejercitarse.

Ahora, mismo escenario, distintos protagonistas. En la empresa tenemos muchos practicantes alemanes, algunos de los cuales también van a la misma alberca. La diferencia es abismal. Para empezar, los teutones van a lo que van y se ponen a nadar de manera seria y, lo que más me sorprende es su técnica. No sé cómo le hacen pero, con una excepción, todos los que he visto nadar lo hacen de una manera fenomenal, con una técnica muy limpia y una potencia envidiable. Ahí es donde uno ve la diferencia de culturas deportivas entre un país avanzado y otro que no lo está.

Pantallas asesinas

            En México en promedio se ven cuatro horas de TV al día y se lee MEDIO libro al año (ni siquiera uno). Los expertos dicen que los niños no deberían pasar más de dos horas frente a la pantalla pero, como siempre, aquí la realidad es distinta.

            El problema de la TV ya venía desde mi niñez pero no veía tanta porque no había cable, así que salía a jugar con mis amiguitos. En la actualidad las distracciones se han incrementado.

            Ya no sólo es la TV, ahora están lo Vídeo juegos, el Internet, las Tabletas y los Smartphones. Con tantas distracciones los niños ya no tienen tiempo ni deseos de salir a jugar, ya no digamos para hacer su tarea.

            Pero no es el simple hecho de ver la TV, es comer frente a ella, y no sólo a la hora de la comida, sino andar botaneando para disfrutar más de los programas de “Telerisa” y “TV Olmeca”. Sin cultura física, idiotizados por pantallas y, para colmo, sin niveles de lectura, es obvio que estemos como estamos.

            Malos hábitos alimenticios

            Hay un dicho que reza “Desayuna como rey, come como príncipe y cena como mendigo”. No sé de dónde sea este dicho pero, definitivamente, no es mexicano, porque es totalmente contrario a lo que se hace en la actualidad.

            Nuevamente debo agradecer a la educación de mi madre, ya que nunca salíamos de la casa sin desayunar, quisiéramos o no, porque ella sabía que es la comida más importante del día.

            La gran mayoría en la oficina llega sin desayunar. Esto ocasiona un problema, porque el desayuno es importante por ser la primera comida del día, el cuerpo necesita combustible para funcionar. Si el cuerpo no recibe alimento, de inmediato baja el consumo de energía, por lo que se reduce la quema de calorías y se alenta el metabolismo en espera de que llegue el preciado alimento.

            No sólo es el no desayunar a tiempo, además de que hacen esperar al organismo, luego le zampan una torta de tamal con un champurrado, por lo que pasamos de la miseria a la abundancia. Súbitamente el estómago recibe una cantidad ingente de calorías que no es fácil de digerir, así que sigue sin funcionar de manera óptima.

            Además, al estar tan ávido de combustible, si lo primero que recibe es grasa y carbohidratos, es obvio que eso será lo primero que absorba, lo cual no ayuda al sobrepeso acumulado.

            Inclusive hay quien no desayuna propiamente, ya que se la pasan botaneando toda la mañana, o se compran un café con galletas para llegar a la hora de la comida “para, ahora sí, comer bien”.

            Pero no sólo es el desayuno, saltémonos la hora de la comida para llegar a la cena. Producto de un día de trabajo, más una mala alimentación, al llegar la noche el mexicano tiene mucha hambre, así que no le vengan con jaladas de comer verdura o atún, ya que lo único que quiere es algo sustancioso, algo que tenga carne y/o harinas (si vienen juntos, ¡mejor!). Así que los puestos de cemitas, tortas, hamburguesas, tacos, pizzas, quesadillas, memelas y demás delicias pululan en las noches ¿Por qué? Porque es la hora en que más clientela hay.


            El problema de cenar pesado es que no le damos tiempo al estómago para que procese todo el alimento. Por lo mismo, al ir a la cama, hay mucho bolo alimenticio que no va  a ser desintegrado de manera correcta, mismo que se acumulara en las llantitas del abdomen o en las chaparreras de los muslos. Y esto va conectado con el problema del desayuno, como se cenó pesado, no hay tanta necesidad de alimento al despertar . . . . y el ciclo se prolonga un día más.

            Inclusive la desinformación afecta bastante. He conocido a muchos que creen que cenar fruta es muy saludable, pero no saben que es casi tan nocivo como echarse unos tacos. La fruta tiene una azúcar llamada fructuosa, misma que es una excelente fuente de energía. Por ello, la hora ideal para consumirla es antes de mediodía. Si uno la cena, esa fructuosa se va a quedar en el organismo, ya que no hay actividad suficiente para que sea quemada, lo cual ocasiona que se incremente la grasa. Uno debe cenar verduras, no fruta.

            Dormir poco

            Además de los problemas del peso, México es uno de los países con más trastornos del sueño a nivel mundial. Aproximadamente el 33% de la población sufre alguno de los padecimientos que le impiden dormir bien. En un escrito próximo voy a tratar este tema, así que no me voy a prolongar mucho.

El dormir poco es producto de cenar pesado y estresarse por ver TV. Al no descansar lo que debe, el cuerpo se torna débil. Al no haber repuesto las fuerzas, exige recuperarlas a como dé lugar, o sea, nos da hambre y comemos para compensar la falta de energía, pero ingiriendo más carga calórica de la que requiere el organismo realmente.

            La Comida

            Mi practicante alemán dice que nuestra comida es grasosa, y tiene razón, pero ése no es el principal motivo del sobrepeso. La cocina mexicana ya era grasosa desde sus inicios, y no habíamos sufrido tanto sobrepeso. De hecho se ha ido haciendo menos grasienta con el tiempo. Antes se freía todo con manteca de cerdo (una delicia brutalmente engordante) y ahora cada vez se utiliza menos.

            El problema que tenemos fue la invasión de la comida rápida de nuestros vecinos del norte. Por un lado tenemos opciones rápidas en su preparación y en su consumo y, por el otro, con “alimentos” que engordan más que la cocina mexicana. O sea, comemos más rápido, lo cual nos permite comer más y con mayor carga calórica (traducción: estamos jodidos por todos lados).

            Paulatinamente dejamos de consumir arroz, frijoles y maíz para que vaya creciendo el consumo de otros productos, por ejemplo, las sopas de vasito (Maruchan, Nissin y demás). No tengo los datos a la mano, pero no me extrañaría que México fuera de los principales consumidores de estas sopitas en el mundo, mismas que no aportan nada más que calorías extras y casi ningún nutriente.

            Pero no sólo son las sopas instantáneas, son los hot dogs, las hamburguesas, las pizzas, las donas y demás. Obviamente los tacos, las memelas, las cemitas, los tamales, las quesadillas y el pan de dulce tampoco son muy “light” que digamos pero, casualmente, fue con la entrada de productos gabachos que empezó el engorde masivo de la población.

            Comer por angustia

            Desde hace cinco años deje de ver o escuchar noticias, y mi calidad de vida se ha incrementado notoriamente. Antes temía por mi estabilidad económica, la estabilidad financiera o social del país, que nos estamos acabando al mundo y que si la selección iba a no a calificar al mundial (que parece que ahora sí van a faltar). En cambio prefiero ocuparme de lo que está a mi alcance en lugar de preocuparme por lo que no lo está.

            ¿Por qué menciono esto? Porque al mexicano le encanta ver los Noticieros, las telenovelas, el Fútbol, los programas de concursos, los vídeos más morbosos, las películas más violentas y todo programa que traiga una pizca de sufrimiento.

            Si aunamos a que el mexicano ve la TV comiendo, y la angustia nos induce a tragar más, no es de extrañar que en un país con corrupción, narcotráfico, contaminación, manifestaciones, robos, extorsiones, deporte mediocre, desempleo y demás, uno acabe comiendo de más frente a la pantalla.

            Salidas Fáciles

            El mexicano, por lo general, carece de disciplina, por eso vive endeudado, por la falta de planeación, por eso hace las cosas al último momento, por eso es informal y llega tarde además de no entregar los trabajos a tiempo.


            Esa falta de respeto no es sólo hacia el prójimo, sino hacia sí mismo. TODOS sabemos que el camino para mantenerse en forma es una alimentación balanceada y actividad física, pero muy pocos lo llevamos a cabo (aunque en realidad, yo también odio llevar una dieta).

            Pero, fiel a su costumbre, el mexicano quiere una salida fácil, así que adquiere todo tipo de chingaderas y pseudomedicinas para bajar de peso. Sólo basta poner un comercial en TV que te muestre a un tipo que perdió 8 kilos en dos meses y de inmediato compraras la basura que te estén vendiendo.

            Muchas de ellas, en el caso de los pseudomedicamentos, pueden dar resultado al inicio, pero el cuerpo se acaba acostumbrando a la sustancia y llega el religioso rebote, incluso recuperando más de lo que se había perdido.

            Hay otras máquinas para ejercitarse que puede que funcionen pero, debido a la falta de cultura física ya comentada, dichos aparatos se quedan acumulando polvo o de toalleros.

            Ahora, que si eres de la “High Society”, te puedes pagar una liposucción o un engrapado de estómago pero, con lo honrados que son muchos doctores, uno se acaba enterando de lo mal que quedan los artistas que han contratado dichas operaciones.

            Creencias y Aspectos culturales

            Como la mayoría de la población está en sobrepeso, y el mexicano se burla de sus desgracias, abundan los chistes a favor y en contra de los gorditos. Personalmente no me preocupa que haya chistes que se mofen de la obesidad ¿pero que haya los que la defiendan? Eso me parece deplorable.


            Esos chistes son reflejo de personas que opinan “Gordito pero feliz” “Esta llantita es la muestra de mi felicidad y abundancia” “Para que tengas carne de dónde agarrar” y demás comentarios para justificar, e incluso celebrar, su obesidad.

            Pero no se conforman con justificar su gordura, también critican a los que están en forma al decir “pinches anoréxicas” o, en el caso de los hombres, “Son gays”. No estoy defendiendo al otro lado del espectro, porque encuentro igual de repulsivo ser obeso que ser anoréxico, lo que me ofende es esa justificación de que si estoy gordito, está mal que tú estés en forma.

            Para seguir con el tema cultural, el mexicano socializa mientras come (o bebe), así sea fuera de sus horas de comida. De hecho un compañero de recién ingreso en el área un día que quejó porque había subido de peso y me dijo, con algo de frustración, “¡No manches! Parece que nos pagan por comer!” Y es que ciertamente aprovechamos cualquier ocasión para tragar pastel, tamales, tortas, pizza, donas y lo que se nos antoje.

            Conclusiones

            México es el país de las ironías por excelencia. Somos el país con población más obesa y, al mismo tiempo, somos uno de los que mayor desnutrición infantil presenta. Por “fortuna” la misma ha disminuido del 54% en los años 70 a un 25% en la actualidad. Aún así resulta indignante que seamos tan obesos y, al mismo tiempo, padezcamos de desnutrición. Sólo en México.

            Ciertamente este escrito no va a cambiar nada, sólo quería comentar un hecho que me indignó. Pero veo algo de luz al final del túnel; desde mi muy particular punto de vista, no podemos caer más bajo ¿Por qué? Por la generación “Y” (la que viene atrás de la mía (la “X”).

            No es que dicha generación sea más sensata, ¡para nada!, pero sí son más vanidosos. Así que, por una cuestión estética, es factible que acabemos aminorando un problema de salud. Y no los voy a criticar, porque baje de peso por las mismas razones.


            Tal vez se lea el texto como que estoy juzgando, y tendrán razón, pero me mordí la lengua en algunos párrafos, porque a lo largo de mi vida he incurrido en muchas de esas prácticas, sólo que he ido reeducándome con el tiempo, tal vez no en todo, pero sí en algo. Depende de cada persona que quiera adelgazar lograrlo, y no esperar que el gobierno nos ponga un programa para hacerlo.

            Si llegaron hasta este párrafo, los felicito, son ustedes lectores muy pacientes. Ahora, si me disculpan, tengo que ver dónde deje mis “Fatburners” ¬_¬U


            Hebert Gutiérrez Morales.

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