jueves, 18 de julio de 2013

¿Un tercio de nuestra vida?

La vida es como dormir: si tienes un colchón y almohadas demasiado suaves, puede ser que te acostumbres y hasta lo agradezcas pero, a la larga, te va a hacer mal (sobre todo con problemas de columna o el cuello). Por otro lado, si la cama es demasiado dura nunca podrás descansar correctamente; tal vez te adaptes pero no quiere decir que estés logrando el objetivo de descansar.

Al igual que la cama, la vida debe estar equilibrada, ni ser dura ni ser endeble, sino lo suficientemente firme para descansar y reponerte. Siguiendo con la analogía, si sigues en un colchón viejo y dañado cuyas deficiencias no te dejan dormir (como resortes sueltos), es imposible reponerte. Lo que aquí aplica es resolver el problema (sacando los resortes sueltos) o cambiar la situación y seguir adelante (con el cambio del colchón). Sobre esto último, dentro de nuestro diario devenir, hay problemas de fondo que nos hacen “menos felices” pero, aunque nos molesten mucho, por alguna extraña razón no resolvemos ni cambiamos nada.

Cuando se encuentra el valor de resolver ese problema, la paz alcanzada es invaluable y hasta te preguntas “¿Por qué no lo hice antes?” Muchos consideran que el objetivo existencial es no tener problemas, algo tan tonto como pensar que la mejor almohada que puedes tener es la más suave. Si llegas a conseguir una vida fácil, sin problemas, o tu almohada súper suave, te darás cuenta de que no era tan bueno como ingenuamente pensabas, ya que es imposible descansar sobre una superficie extrasuave como no tiene sentido salir al mundo sin retos que resolver.

Lo mismo pasa con el colchón o las bases, si no lo rotas periódicamente, te vas a hartar de tu lugar eventualmente, y no descasas ni disfrutas las noches como antes. Es necesario darle variedad a la vida, porque es fácil acostumbrarse a la rutina, porque nos da identidad y comodidad, mismas que confundimos con felicidad o plenitud.

Pachequeces aparte, durante uno de mis ataques de insomnio (que este año ya he de haber impuesto récord) al lado escucho la TV a todo volumen y gente moviéndose de un lado al otro hasta entrada la madrugada. También oigo la bomba hidráulica de otros vecinos que se bañan alrededor de la medianoche. A lo lejos escucho el portón eléctrico como va recibiendo a los que llegan de como a las 3AM (y eso que es Martes). Del otro lado, se escucha la amena plática de otros habitantes de mifraccionamiento.

Lo que más llama mi atención son las voces infantiles gritando tan tarde. Recuerdo que a esa edad (en primaria) mi hora de dormir eran las ocho de la noche, la única vez que se me permitía llegar a medianoche era en Año Nuevo pero, en los restantes 364 días, eran contadas las veces que me dejaban llegar siquiera a las 9pm.

Seguramente mi mamá era una exagerada, hasta secundaria empecé a dormir más tarde y ya en la Prepa se fijó mi hora religiosa de ir a la cama: las 10pm. Sé que los tiempos cambian, pero eso no quiere decir forzosamente que sea para bien.

Así como hay gente que no comparte mi gusto por dormirme a las 10pm, tampoco entiendo a los que les gusta hacerlo de madrugada. Mal hago en juzgar como “mala” su actitud, aunque ellos tampoco deberían juzgar mi postura.

Este comportamiento es producto de la fisiología propia y la educación. Como ya mencioné, en la niñez mi hora de dormir eran las 8pm porque me debía levantar a las 6am. Nunca opuse resistencia alguna, debido a mi ñoñez, aunque también me gustaba dormirme temprano; nunca fui afecto a hacerlo tarde.

Adicionalmente a la fisiología, si no se es disciplinado con la educación de los niños, se va a ser difícil que adquieran hábitos necesarios para llevar una existencia ordenada. Conozco gente que afirma no poder dormir temprano, por lo que se acuestan a las 2AM a diario. Ese ritmo me aterroriza, no sé cómo le hacen para levantarse con la energía necesaria para trabajar. Personalmente ya hubiese acabado molido.

Me tocó vivir el caso cercano de una niña. La dejaban todos los días dormirse hasta medianoche, por lo que no se quería levantar para la escuela. Se dormía durante clase y sus calificaciones eran mediocres. Al llegar a casa de los abuelos, después de comer, la dejaban echarse una siesta de dos horas (“Es que llega muy cansada”), así que en la noche no tenía sueño y se reiniciaba el círculo vicioso.

Esto tenía una repercusión impresionante en su calidad de vida. De entrada se quedó chaparrita en sugeneración (aún considerando que sus padres no son precisamente gigantes). Y es que los niños crecen cuando duermen, si hay deficiencias en el sueño, eso va a repercutir forzosamente en su estatura.

Además del bajo rendimiento académico, tenía problemas sociales al no estar lo alerta que se requería en la escuela. Al no poner atención, no entendía muy bien las tareas. Finalmente, la siestecita que se echaba después de comer, le traía sobrepeso.

Por esta falta de disciplina en la educación, uno de cada tres mexicanos sufre algún trastorno del sueño, lo cual nos ubica también en los primeros lugares a nivel mundial. Pero no es de extrañar, los problemas del sueño y la obesidad van de la mano. Dormir poco ocasiona sueño, cenar mucho dificulta la digestión y, por ende, el sueño.

El dormir tarde es un reflejo de la vida desorganizada (y hasta irresponsable, me atrevo a calificar) que suele tener el mexicano. Se duermen tarde, no se quieren levantar y llegan demorados; esto fomenta la impuntualidad y, ya sea en la escuela o en el trabajo, falta de atención.

La Televisión también contribuye. Es toda una tradición tener la caja tonta en las recámaras, porque muchos acostumbran verla antes de dormir o, incluso, hacerlo con ella prendida. La luz de las pantallas tienen muy excitadas las pupilas, por lo cual es muy difícil conciliar el sueño con nuestros sentidos (a un nivel) alterados.

Por eso se recomienda que, antes de dormir, se haga una actividad relajante, leer, meditar, tomar un baño o cualquier cosa que a uno lo tranquilice. Habrá quien argumente que lo relaja ver TV, lo cual encuentro difícil de creer con las noticias, novelas y demás programas violentos o morbosos.

Odio desvelarme por esa especie de cruda por descansar poco, algo desagradable y profundo, sobre todo porque mi cuerpo es100% diurno (es casi imposible que duerma de día), mi organismo encuentra antinatural pernoctar con sol y vivir en la oscuridad ¿Por qué a la gente moderna le gusta desvelarse? ¿Por qué no se pueden divertir de día?

Cuando llego a organizar alguna reunión, la programo en la comida para que a la hora de la cena ya esté tranquilo, porque todos se fueron en paz, y a buena hora, a sus casas; así puedo dormir temprano y, además, me habré divertido bastante. Pero pareciera, que en este caótico y movido mundo, es un pecado dormir antes de 12AM.

En el ensayo en el que analizo el primer lugar mundial en obesidad de México, toque brevemente el punto de la falta de sueño. Además de los malos hábitos alimenticios y la escasa cultura física, el hecho de dormir poco también contribuye.

Como voy a explicar más adelante, además de descansar, el cuerpo recibe mantenimiento mientras dormimos. Si el tiempo de regeneración es poco, no estamos en condiciones corporales óptimas, lo cual no deja débiles.

Al no haber regenerado energías, el cuerpo requiere compensarla de algún lado, por lo que buscamos calorías adicionales pero, a diferencia del ejercicio, éstas sólo se consumen por algo de glucosa para que medio funcionemos, no para quemarlas con actividad física extraordinaria, así que se tiende a engordar con escasas horas de sueño.

            En otra ocasión, me estaba preparando para dormir cuando, a lo lejos, escuche sirenas. Tal vez de policía, de ambulancia o de bomberos, en realidad no me importaba el origen del sonido, sólo sabía que me hacía más confortable meterme a la cama. Encuentro irracional que haya tanta gente divirtiéndose por la noche, y no me refiero a los eventos sociales grandes, sino a todos los que “a fuerzas” deben salir cada fin de semana de antro. Prefiero ser alguien aburrido y dormirme temprano que ser el motivo de esas sirenas que escucho antes de dormir.

Soy alguien extraño en este país, por lo menos en esta ciudad, en donde a la mayoría les gusta irse a la cama hasta muy tarde. Cada vez se duerme menos o, por lo menos, ya no se hace tan temprano como se solía tan solo un par de décadas atrás.

Ahí extraño mi semana en Alemania, un país ñoño en donde casi todos se van a la cama temprano en días laborables o, aunque no son mis favoritos, podría anhelar la vida en los pueblecillos, en donde la mayoría son diurnos y saben la valía de dormir a buena hora.

Los pueblos pequeños, tan distantes de las grandes ciudades, tienen ritmos más sencillos y tranquilos, por lo que no tienen que quemar ese exceso de energía hasta entrada la noche. Misma tranquilidad les deja valorar una buena sesión de descanso para iniciar el día lleno de energía y alargarlo desde la mañana, no en la noche.

El cuerpo necesita de mantenimiento. Alguna vez vi un documental donde explicaban los procesos internos que se realizan mientras dormimos, idealmente de 10pm a 6am (casualmente mi horario para pernoctar). Es obvio que si no se duerme lo que requiere el cuerpo, los procesos de mantenimiento no son tan eficientes, al no realizarse como deberían.

Hace unos meses fui a ver “Veintidós Veintidós” de Odín Dupeyrón, y me sorprendió la cantidad de muchachitas que (por la vestimenta, facciones y corporalidad) debían rondar entre los 18 y 22 años, con unas líneas de expresión MUY marcadas, mismas que se deberían notar en la segunda mitad de sus treintas, y no al inicio de sus veintes. Es muy triste ver lo que resulta el dormir poco y el maquillarse mucho.

El dormir temprano favorece mucho a mi esencia tranquila. No me gustan los lugares “bonitos”, “nice” o de moda, honestamente me purgan bastante. Relaciono los mismos con gente falsa, lo cual no quiere decir que TODOS los que asisten a ellos lo sean pero, ciertamente, en esos lugares pulula la gente hueca, por el imán de “popularidad” que representan.

Podré ser descalificado, pero prefiero los lugares más tranquilos, sencillos o de bajo perfil y, de preferencia, diurnos, que un lugar de moda. Literalmente, no me quita el sueño asistir a sitios populares, de hecho me siento bastante incómodo cuando no puedo zafarme de ir a alguno.

¿Cómo es que alguien ñoño y diurno puede autonombrarse salsero? Para empezar no estoy tan inmiscuido en el mundo de la Salsa, por lo menos no con la pasión y compromiso de los primeros cuatro años. Mis amigos del medio siempre lo tuvieron claro al ver que casi no salía con ellos; iba más a las fiestas de Rumba Mía que a algún antrillo salsero de moda.

Me considero un salsero de clase, y no porque baile con mucha elegancia, sino porque me gusta bailar EN la clase, nunca en los Antros. A los dos congresos de Salsa a los cuales asistí, aprovechaba el tiempo de las presentaciones coreográficas para descansar, porque no me interesaban en lo absoluto. Así bajaba fresco y descansado a la hora del bailongo y no me ponía de malas por la desvelada. En dichos congresos, me divertía más en los talleres, el relajo y el ambiente de hermandad en sí, las desveladas nunca fueron mi hit. Soy en ejemplo vivo de que se puede disfrutar del baile sin tener que ser tan reventado o ser afín a la vida nocturna.

Otra cosa por la cual evito los antros “nice” son los borrachos. Esto afecta mi sociabilidad y es que ODIO  a los ebrios, como voy a plasmarlo a más detalle en otro escrito. En la noche y en los lugares “bonitos” abundan los alcohólicos así que, para asegurar mi paz, los evito a toda costa.

El que se duerma tan poco en la actualidad, es producto de un mundo diseñado para distraernos: muchas luces y muchos ruidos enemigos del descanso, como si el dormir fuese una pérdida de tiempo, un pecado, algo aburrido o malo. Hemos desvalorado mucho el tiempo tan importante que significa descansar con calidad y en cantidad necesaria.

Para mis estándares, he dormido poco en este año; ocho horas seguidas se han vuelto un auténtico lujo para mí. Lo llego a lograr pero sólo son en un par de ocasiones por semana, cuando antes era la norma. Hay muchas razones: ataques de insomnio, pinches vecinos locos que están despiertos hasta las 2 ó 3 AM con la TV encendida y haciendo todo tipo de escándalo (los muy hijos de la chingada). El Twitter y el Facebook también son ladrones de tiempo, mismos que me dilatan la pupilas y hacen que me cueste trabajo conciliar el sueño. Los juegos de mi PC son letales, por más que intento desinstalarlos, no más no encuentro cómo.

Pero no todo es malo, muchos de mis ataques de insomnio se deben a que estoy enamorado, por lo que me pongo a escribir en la madrugada ensayos que no pueden esperar hasta al otro día. Además me encantan las pláticas a medianoche o salir a bailar con ella, ahí doy con gusto todas las horas de sueño posible, porque la felicidad que me regala me basta y sobra para desenvolverme en el día, a pesar de la falta de sueño.

Muchos podrían tomar esto para descalificar todo lo escrito pero ¿Acaso todos los que se desvelan están enamorados? Honestamente lo dudo. Muchos ya lo hacen por estilo de vida, en mi caso es por un motivo superior. Por amor se ha ido modificando mi reloj biológico.

Las veces que he despertado en lugares con poca “civilización”, como Jalcomulco o Varadero, son recuerdos muy gratos. Que en la cama te arrulle el sonido de los insectos, el croar de las ranas o el canto de los grillos es algo totalmente relajante. Al despertar es lo mismo, el canto de las aves y el despertar de los insectos es una forma maravillosa de recibir un nuevo día. Todo esto sin los ruidos de la artificial civilización, así te levantas sin estrés que causa el escándalo humano, sino con el sonido limpio y orgánico de la naturaleza.

El dormir, bien y suficiente, es parte de una calidad de vida, tal vez muchos no lo entiendan así, pero para mí es algo importante. No sé si vaya a volver a dormir ocho horas de manera constante, aunque si es el precio de estar junto a mi amada, dormiré menos con gusto lo que me reste de vida.

Creo que ya casi nadie duerme un tercio de su vida, ya han de andar en porcentajes de un 28% e inclusive un 25% debido al ritmo vital actual. ¿Eso está bien? Ellos argumentan que sí porque “van a dormir mucho el día que mueran” creo que para entonces ya no va a importar.

Sé que no seré popular por esto pero, en ocasiones, llego a decirme a mí mismo al meterme entre las cobijas: “Cómo deseo dormir profundamente y no despertar jamás. Adentrarme en el mundo onírico y soñar sin cesar, arrullado en los brazos de Morfeo”. Sé que, si eso fuese posible, uno acabaría muerto en un par de días pero ¿Imagínense lo maravilloso que ha de ser morir dormido? Uno rara vez puede elegir cómo fenecer, ojala que cuando me llegue la hora sea mientras estoy sumergido en los sueños. Tal vez por ello lo estoy decretando cada vez que digo “Quiero dormir y no despertar jamás”.


Hebert Gutiérrez Morales.

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