jueves, 8 de agosto de 2013

La Miseria de acumular (Parte I: El dinero)

            Aclaro, al hablar de miseria no me refiero a los que carecen de dinero, al contrario: me refiero a los que sólo piensan, viven, actúan y respiran en función al él. Y lo sé porque me educaron así.

            Desde niño tenía muy claro que el Dios Todopoderoso que regía nuestros destinos era el Dinero, ya que la presencia o ausencia del mismo dictaminaba lo “felices” o “enojados” que estaban mis papás, si éramos “buena” o “mala” familia, la mayoría de las pláticas se centraban en él y la totalidad de las peleas también eran originadas por él.

            No era de extrañar que mi “Abuelastro” expresara abiertamente a todos sus nietos (incluyéndome aunque, en realidad, no lo era) “¿Cuánto tienes? Tanto vales. ¿Nada tienes? ¡Nada vales!” Eso permeó en su linaje, incluido mi papá adoptivo y, al mismo tiempo, acabó marcando a toda mi familia.

            Los que viven únicamente para tener plata, es lo que obtendrán al final de sus días: sólo dinero. Sin embargo, al final de sus vidas se quejan de la falta de vínculos fuertes de amistad, familiares o sentimentales; a veces se dan cuenta al final y algunos ni siquiera entonces.

            De igual manera pasa con los que entre más posesiones y status tienen, necesitan aún más para saciar su inagotable voracidad. El problema es que las cosas te empiezan a poseer en lugar de ser al revés. Entre más grande es tu casa, el coche es más lujoso, las ropas son de marca reconocida y asistes a lugares más exclusivos, aumenta el estrés de mantener ese nivel, tienes que invertir para que nadie venga a dañarte o a quitártelo. Empiezas a contratar distintos seguros, a proteger tu casa y servicios de seguridad, inclusive guardaespaldas; debes tener cuidado en dónde te estaciones y aumentan los lugares por dónde no debes pasar para evitar riesgos.

            Obviamente muchas de esas acciones son para la población en general, sobre todo con los niveles de criminalidad que hay pero, entre más posees, menor es tu tranquilidad en un país como el nuestro en el cual tus preocupaciones crecen de acuerdo a tu status, lo que acaba afectando tu calidad de vida.

            El año pasado, en Cuba, constate que la felicidad puede existir sin el dinero, ya que, generalmente,  el cubano es pobre materialmente pero rico en su interior, esto a comparación del resto del mundo, incluidas las potencias económicas. Aunque tampoco voy a negar que el caribeño busca sacarte alguna moneda con desesperación porque TODOS necesitamos dicho recurso para subsistir con algo de dignidad y es que, tristemente, no podemos sobrevivir sólo de amor y amistad.

maxima egestas avaritia
La avaricia es la mayor pobreza

            El Isleño tiene que aprender a ser feliz con poco, porque no tiene elección, pero también evidencia la enajenación del capitalismo que nos dice que “Dinero = Felicidad”. Existen lugares que han sufrido guerras, desgracias naturales o humanas que les significa la ruina y, sin embargo, salen adelante. Pareciera que algo horrible nos va a pasar sin el dinero pero no me imagino que podría ser peor que la muerte para que nos comportemos de manera tan paranoica. El capitalismo extremo nos trunca la dignidad de sabernos capaces de salir adelante, y es que tenemos tatuado el miedo mediante un condicionamiento.

            Hace un año, antes del viaje a la isla, iba a ir con unos amigos en condiciones similares a las mías: solteros sin familia que mantener. Al final no fueron porque estaban endeudados. No niego que me molesté, esto debido a mis finanzas sanas (a pesar de un crédito hipotecario que pago puntualmente) y que ellos tuvieran tantas deudas sin tener una familia a la cual proveer.

            Su situación era un efecto claro del capitalismo que tenemos tatuado: vive para consumir sin importar que no tengas con qué pagar o ni siquiera necesites lo que estás comprando. Ambos estaban pagando tarjetas de crédito. ¿Qué va a pasar si un día se casan? La miseria se genera desde antes, porque si de soltero ya vives apretado por las deudas, no me los imagino con vida familiar. Eso pasa cuando habitas en una sociedad en la que existes para comprar, para gastar y mantener un status.

            Cuando no tienes control de tus gastos las cosas te poseen a ti; cuando tienes que despilfarrar para no perder un Status Quo, es obvio que tu diario acontecer no sea tan divertido, eso sin mencionar cuando tienes que pagar colegiaturas y demás gastos que trae el engendrar, donde los compromisos se multiplican pero no así los ingresos.

En mi visita a Orlando, gaste más de lo previsto así que, durante tres semanas me ví bastante limitado económicamente, sensación que me desagradó en absoluto pero, por lo menos, sabía que tenía un límite. No me imagino a los que viven así todo el tiempo, la verdad es que ningún lujo puede sustituir la tranquilidad de tenderte sobre tu almohada sin pendientes.

            A nadie le gusta perder su trabajo pero, al ver la situación antes mencionada, para algunos en realidad sería el fin del mundo por el embrollo financiero que se metieron, esto por no tener tranquilidad ni independencia en su ser y ser una simple marioneta del sistema consumista en el cual respiramos.

            Cada cual es responsable de sí mismo, por lo que debe aprender a administrarse y saber que cualquier cosa puede cambiar, nada se mantiene constante. Personalmente estaba igual de dogmatizado que el resto (y tal vez aún lo esté), así que he logrado reducirle de intensidad a ese anhelo material que regía mis días.

           “Mientras se trabaja, uno no le mira a la vida los ojos” – Carlos Ruiz Zafón (“La Sombra del Viento”)

            Nadie puede tener una misma fuente de ingresos indefinidamente, por lo cual sería prudente tener una actitud más responsable con las finanzas personales (más aún si hay familia de por medio). Mis ahorros de dos años se fueron repentinamente en un fraude, todo producto de la codicia.

Me hice consciente que eso lo pude invertir en viajes, arreglos para mi casa, fiestas, comida y demás. Por el deseo de tener más me quede con menos. Comprendí lo efímero de lo material porque se puede ir con pasmosa facilidad con una enfermedad, un accidente, una extorsión, un despido, un desastre natural, un fraude, un robo y tantas otras circunstancias.

            Obvio hay que ahorrar porque siempre es necesario estar “blindado” contra cualquier contratiempo además de tener cubiertas las necesidades básicas. Muchos gastan en lujos, se sienten celestiales para no verse afectados por los imponderables que nos afectan al resto pero, cuando llegan los imprevistos, se las ven muy negras. Muchos confunden vivir seguros y plenos con hacerlo rodeado de cosas banas.

            Ahora, ¡claro que hay que cuidar nuestras posesiones! Porque nos han costado trabajo, tengo protecciones en mi casa porque soy consciente de dónde vivo pero no es cómo si solo le diera importancia sólo a lo material. Ahora que he invertido más en mí (porque sólo hay vida para disfrutar), me siento más pleno y feliz que hace 10 años.

            “Ni tanto que queme al santo ni tanto que no lo alumbre” reza el dicho, hay que ser previsor con el largo plazo, pero no enajenarse con esa idea porque nadie tiene comprado el mañana. La neurosis que hemos desarrollado como raza nos hace lamentarnos de nuestro pasado con arrepentimientos, anhelos y nostalgias que nos atan a él, por otro lado vivimos esperanzados y asustados por un futuro que nunca va a llegar. Por estos motivos acabamos descuidando el único tiempo real que tenemos para existir: Ahora. Podremos lamentarnos por lo que dejamos ir o estar a la expectativa de lo que va a llegar, pero no sabemos invertir lo que tenemos ahora, siempre lo usamos para recuperar lo pasado o asegurar el futuro pero rara vez lo utilizamos provechosamente en el presente y en nosotros.

            Como exprese en su momento, no estoy loco para vivir en el socialismo, pero tampoco es muy sano vivir en el capitalismo voraz que respiramos día a día. ¿A dónde nos dirigimos con este enfoque exclusivo a lo material? Los jóvenes actuales son un reflejo fiel de lo que hemos hecho como sociedad, sé que sueno como viejito achacoso moralista, pero esta dinámica nos ha traído muchos divorcios, la degeneración social y el condicionamiento a poseer, de siempre tener lo mejor (sin importar que se merezca o no), también permea en la personalidad, en las relaciones, en la familia, con los amigos y demás que nos hacen ser cínicos.

            Esa codicia, esa miseria de acumular, esa necesidad de adquirir sin importar que sea necesario ¡Necesito mucho! ¡Necesito mucho ¡Necesito mucho! ¿Para qué? La mayoría no sabrá dar una razón de fondo, porque casi nunca se ponen a analizar este comportamiento consumista, que es tanto una programación social como una neurosis. Cuando ya tienes tanto empiezan las preocupaciones, porque ya no puedes permitirte tener menos (al contrario) y entre buscas más, también debes cuidar todo lo que lograste antes (aunque en realidad ya no te importe el objeto en sí, sólo te satisface tenerlo).

           “En Occidente pierden la salud y la vida por conseguir dinero todo para que, al final de la vida, se gasten su dinero tratando de recuperar la salud” – Dalai Lama.

            ¡Nadie quiere tener menos! ¡Siempre queremos tener más! Como decía Lou Marinoff: “No importa que nada nos haga falta, si alguien nos pregunta si queremos más, vamos a responder ¡Por supuesto!” Esa dinámica agobiante e incesante nos impide disfrutar lo que tenemos a la mano por cuidar lo del pasado y anhelar lo del futuro, y ahí despilfarramos el tiempo que nos queda de vida, lo único que en realidad es nuestro.

            Cuando empecé a salir a mi hora de la oficina, recibía cometarios, aunque ya no tantos como al inicio, de que me quedara más tiempo y buscara un desarrollo dentro de la empresa. Claro que me gustaría pero, en este momento de mi vida, disfruto mucho mis actividades fuera del trabajo, las cuales tendría que sacrificar para cursos, estudios, proyectos y demás. ¿Para qué? ¿Más dinero? ¡No lo necesito! No soy rico (hablando materialmente), tengo una hipoteca que saldar, tengo compromisos económicos que pagar mensualmente, pero no estoy con la soga al cuello.

            Me gusta mi vida actual y, tal vez, si cambia radicalmente en el futuro (con una pareja o una familia), tendría que buscar más recursos. He aprendido que se puede lograr una buena vida sin necesitar más dinero (cuando se tiene a una mujer inteligente y se educa a la familia de manera sensata). Tengo la firme intención de no volverme a relacionar con una mujer con una visión financiera tan radicalmente distante a la mía, sólo lo haría con una que se interese en un crecimiento personal además del económico.

            No es obligatorio el convertirse en cerdos capitalistas por vivir en una sociedad consumista. Es una ventaja que tenemos contra los cubanos, mismos que no tienen opción contra el socialismo y nosotros sí podemos elegir escalones intermedios en nuestro sistema. Se puede tener una vida tan sana como quieras (tanto corporal como espiritualmente) en el mundo occidental. No voy a clases de Yoga, no aplico el Feng Shui ni soy seguidor del Reiki pero, al igual que hago con la política o con mis creencias, ejerzo mi espiritualidad a mi manera, forma y ritmo.

            Aún no llego a dónde quiero estar pero voy por buen camino y, felizmente, no me ha faltado el dinero, porque intento equilibrar mis facetas personal y laboral (que disfruto mucho). Cada Lunes me levanto con ganas y llegó feliz a la oficina, lo cual aporta mucho a la calidad de vida, misma que no da el dinero per se. El que disfruta su trabajo es rico. ¿Cuántos realizan una labor que los hace miserables sólo por un sueldo?

            Admito que escogí mi ingeniería por dinero, pero soy feliz: acabe en una gran empresa con la carrera adecuada y eso aporta mucho a mi estabilidad. No me imagino a esas pobres almas que, aún ganando mucho dinero, son infelices con lo que hacen; peor aún, que carecen del valor, por compromisos familiares, de cambiar de camino ya que no quieren perder su seguridad financiera (aunque su existencia sea un suplicio).

            Desperdicie gran parte de mis años sólo buscando dinero porque sí, felizmente reaccione y me siento más afortunado por ello que triste por el tiempo perdido, es mucho más a comparación de los que nunca lo notan. No es lo mismo ser rico que ser próspero, la gente tiende a creer que la riqueza material trae consigo la prosperidad personal o espiritual. Hay mucha gente tan pobre y miserable que sólo tienen dinero y es hasta el final de sus vidas que se dan cuenta y lo lamentan.

           “Rico es aquel que tiene los placeres más baratos” – Henry David Thoreau

El dinero no es importante per se, es importante tener suficiente para cubrir las necesidades básicas, obteniendo la posibilidad de desarrollarte en otras facetas personales, de alcanzar otros objetivos que te hagan valorar tu vida, para eso sirve el dinero: para olvidarte de lo básico y ocuparte de necesidades más elevadas.

El que busque dinero como fin, y no como un camino para llegar a metas valiosas, está destinado a una existencia miserable porque nunca tendrá suficiente para cubrir su ambición, sin importar los millones de dólares o Euros que pueda tener, siempre se sentirá pobre por no tener lo que anhela. En eso radica la riqueza: no ser millonario, pero tener una vida plena en la manera que la percibes y experimentas; tener lo suficiente para algún lujo esporádico, y disfrutarlo, a diferencia de muchos que están rodeados por lujos y su alma se siente pobre.


Hebert Gutiérrez Morales

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Estas para un perfil psicológico. De todo te quejas!Todo te molesta!Y no eres nadie,solo llenas un espacio que lo puede ocupar alguien que sepa disfrutar y sobre todo vivir!Pobre de ti!

Hebert Gutiérrez Morales dijo...

Sip, efectivamente, ojalá algún día aprenda a comprenderme. Sip, espero algún día habitar el mundo ideal en el que no haya nada de lo cual quejarme ni que me moleste, porque será el día en que el mundo sea perfecto (y aburrido). Efectivamente, no soy nadie, pero por lo menos doy la cara y firmo mis comentarios (algo que no se puede decir de todo el mundo). Y lastima que me tocó nacer pero, como no tengo intenciones de suicidarme, pues creo que este mundo tendrá que soportar mi nociva presencia unos años más. Pobre de mí y pobre de tí que me tienes que aguantar. Por cierto, gracias por leerme y dejarme tu opinión.