martes, 20 de agosto de 2013

La Miseria de acumular (Parte II: todo lo demás)

satis divitiarum nihil amplius velle
Bastante riqueza es no desear más. Quintiliano

            A lo largo de los años en mi trabajo, al momento de planear vacaciones, me he dado cuenta de una costumbre muy común. Cada cual tiene cierta cantidad de días anuales, pocos somos los que los tomamos en el periodo correspondiente. Lo que sí es común, tristemente, es que se tengan muchos días acumulados de años pasados que no han disfrutado.

            Pareciera que el acumular tantos fuese un signo de abundancia, aunque en realidad es algo tonto. De nada sirve que tengan demasiados, al grado que algunos se sienten felices de decir: Sí, ¡Tengo 60 días por tomar! Los cuales puedo disfrutar cuándo quiera”. El problema es que no lo hacen, es más, me ha tocado ver a muchos que salen del departamento o la empresa y nunca los usaron. De nada sirve tenerlos acumulados si no los disfrutas.

            Mi papá adoptivo estaba constantemente en el trabajo, sólo nos veía los fines de semana (los cuales eran un suplicio por su mal carácter). Me constaba que era un apasionado de su labor porque era tema omnipresente en sus monólogos disfrazados de conversaciones pero, hasta donde recuerdo, mi infancia no se caracterizó por lujos, de hecho muchos de mis amiguitos (cuyos padres sí conocía porque estaban a buena hora en sus casas) tenían más comodidades que nosotros, ¿de qué sirvió tanto trabajo si acabas alejado de tu familia?

            Muchos se enfocan durante años al dinero, sin estar conscientes de dicho comportamiento pero, irónicamente, no mejoran en nada su posición económica. Lo triste es que sacrificaron salud, bienestar, convivencia familiar, vacaciones, horas de sueño, ejercicio, películas, fiestas y demás oportunidades gozosas que no volverán jamás. Al final el dinero obtenido en ese período no se refleja en una mejora a largo plazo ni en el bienestar propio ni de los seres queridos.

            Tenía un profesor en la Universidad, el cual trabajó para Coca Cola, que nos comentaba: “Ganaba montones de dinero, viajaba a todas partes del país y me trataban como Rey pero ¿De qué me servían tantos billetes si no tenía tiempo para gastármelo? Nunca tenía un fin de semana libre y rara vez algún día festivo, ¡pero mi ego estaba feliz porque era importante! Aunque no tuviera libertad para vivir mi vida

            Con estas actitudes no es de sorprenderse que las esposas, rodeadas de lujos pero sin atención “personalizada” se busquen un amante o que los hijos no sientan ningún arraigo al padre pero, si no convivieron con ellos ¿Cómo demonios quieren que haya un vínculo? Eso pasa cuando regalas tu vida a cambio de dinero.

"Lo difícil no es ganar dinero, lo difícil es ganarlo haciendo algo a lo que valga la pena dedicarle la vida" - Carlos Ruiz Zafón ("La Sombra del Viento")

             La miseria o prosperidad radica en la actitud que uno asume. Muchos se preocupan al pensar “¿Y si un día no llega a haber suficiente?” y ahí se acentúa su miseria y acumulan neuróticamente para el día que no llegue a haber (aunque nunca llegue), sin importar que tengas recursos sobrados para salir adelante, pero puede más su actitud miedosa y timorata que los hace preocuparse por un peligro ínfimo y descuidan las bondades de lo que en realidad tienen.

            Era un fiel ejemplo de esa actitud, hasta que la cambie de manera paulatina. Ya no me preocupo por si llega a haber, lo cual no quiere decir que sea un despilfarrador. Como mi postura ante la prosperidad ha cambiado, casualmente, siempre hay sin que haga algo en especial para cuidarme, sin tener que ser rico, tengo poco más de lo suficiente para ser feliz.

            Hay quienes requieren rodearse de objetos caros con los que ocultan o disfrazan su miseria personal. Accesorios llamativos que captan la atención de gente igualmente superflua que prefieren ignorar su pobreza mental, moral o espiritual.

            Como sociedad capitalista, estamos condicionados a buscar la felicidad a través de poseer sin límites, ignorando el hecho que el vacío que tenemos no se llena con cosas materiales (aunque ése fue otro ensayo). Alguna vez leí que invertir en experiencias es mejor que hacerlo en cosas tangibles, porque queda una mayor satisfacción en el interior que las que le dejan las posesiones en sí.

Durante muchos años me preocupaba exclusivamente por el dinero pero, gracias a distintas vivencias y terapias, me ido enfocando más a mi bienestar y experiencias: ahora me cuido más, viajo y priorizo mis actividades lúdicas sin tener que preocuparme por el dinero que cuesten o dejen de costar.

            Antes ahorraba mucho, al grado de comprarme mi primera casa relativamente rápido, pero no me sentía feliz, ni pleno ni nada de nada, era como un requisito más a cumplir, además de que ¡necesitaba más dinero! (no fuera a perder mi status). Cuando cambias el enfoque de las cosas, la situación económica no da un cambio tan drástico como te imaginabas. Cuando la prioridad es la paz y felicidad, disfrutando la vida y tomando al dinero como medio de vivirla (no como meta), tu realidad cambia. Ya no ahorro tanto, ahora invierto (en mi casa y en mí), con la diferencia de que ahora sí me siento feliz con lo que hago de mis días.

            Cuando disfrutas lo que haces, el dinero (de alguna manera) llega solo y hasta me siento más próspero que cuando estaba enfocado en él. Antes cuidaba peso a peso y sentía un estado de precariedad económica constante, hoy que ya no tengo un control tan estricto, nunca me he sentido apretado (aun pagando mi crédito hipotecario). De hecho puedo irme tranquilamente de viaje o irme con mis amigos a lugares cercanos de fin de semana, me compró más libros o me consiento más, incluso compre la Lap Top en la que estoy escribiendo esto, algo que antes hubiese sido impensable.

            ¿Acaso me volví el Rey Midas? ¿Contrate a Og Mandino? ¿Le hice caso a Robert Kiyozaki? No creo haberme convertido en mejor administrador, simplemente cambie la actitud miserable y mezquina enfocada exclusivamente al dinero. Muchos no están de acuerdo con lo escrito y ciertamente me dicen “Es que puedes gastar más” “Es que eres un pinche codo” y demás estupideces. Nunca se le puede dar gusto a todos, no entienden que,  afortunadamente, tengo placeres muy baratos. No requiero de los grandes lujos, que mis detractores sí; me siento cómodo leyendo, escribiendo, nadando, corriendo, viendo películas, bailando o comiendo con mis amigos en lugares sencillos pero con buen ambiente.

“Es bueno ser humilde, mas no mísero” – Augusto Reynoso

            Me alegro que me haya tocado a mí ser yo, porque no necesito ir a un restaurante carísimo, ver el cine en salas VIP, ni ir a tiendas exclusivas para andar con ropa de marca, ni requiero con extrema urgencia los aparatos de última tecnología, todo porque la contaminación del mundo capitalista se redujo en mí considerablemente.

            Esa miseria se extiende a otros aspectos de la vida cotidiana. Por ejemplo, si tengo números en mi celular que no he contactado en más de un año, opto por avisarles y borrarlos, costumbre que ha sido fuertemente censurada por mis conocidos, porque me dicen que “algún día” podría necesitar de esas personas. Es factible que en alguna ocasión me sea de utilidad tener ese número pero, honestamente, me daría pena hablar con alguien después de mucho tiempo sólo para pedirle un favor. Me parece sana, práctica y auténtica mi postura: Si no ha habido interés de ninguna de las dos partes por mantener una relación, ¿para qué mantener el número?

En el Facebook, ¿Cuántas personas tienen miles de contactos que ni conocen? ¿Por qué lo hacen? Por el simple hecho de “poseer” más, los cuales los hacen mejores que los que tenemos menos.

            El agobio de poseer siempre más acaba permeando en todos los niveles. Originalmente  el blog nació como una necesidad personal de expresarme, sin importar quiénes fuesen los lectores. Sin embargo, a fuerza de compartirlo, fue creciendo en la cantidad de seguidores y, felizmente, a muchos les mueve lo que escribo (aunque no todos los comentarios sean positivos).

            En las elecciones presidenciales pasadas, con los ensayos que escribí al respecto, las visitas diarias al blog se duplicaron, ya que era el tema de moda. No niego que hubo un punto en dónde me emocione y decía “¡Sí! ¡Más lecturas! ¡Más lecturas!”. Justamente en esas fechas, compartí el escrito sobre mis perras con una chica que perdió a la suya tiempo atrás, y su contestación fue tan bonita, admitiendo que le había sacado lágrimas, que recordé las prioridades.

Claro que me encanta tener más de 67000 visitas hasta la fecha y me emociono que me lean de distintos lados, pero es más importante alguien que me expresa su sentir (ya sea para mentarme la madre o para decirme que la conmoví a las lágrimas) que 100 visitas de desconocidos (lo bueno que las mentadas de madre son las menos).

            Con este ejemplo quiero dar a entender que las cuestiones de placer también se tornan en cuestiones de poseer. Esto lo inicie por y para mí, no por los lectores (que me halaga que lo sean), sin embargo caí en esa manía de checar a cada rato cuántas visitas había tenido: si al final de la semana había “cubierto la cuota” me ponía muy feliz o, de lo contrario, me frustraba tener pocas visitas.

El blog no era para eso, aunque sean pocos los lectores, lo importante es que piensen y sientan algo, que se lleven algo de mis ideas. Sin darnos cuenta nos volvemos codiciosos (hasta con las míseras visitas de un blog amateur). Me hice consciente de la ambición de lecturas me carcomía en lugar de sentir la felicidad por escribir, dejé de promocionar el blog vía mail y volví a ser feliz escribiendo lo que quería y cuando quería, si alguien más lo leía, ya era una ganancia adicional, no la prioridad.

            Pasando a temas de ropa, personalmente creo tener demasiada (aunque la totalidad sólo ocupa la mitad del closet), pero me desengaño cuando mis amistades ven mis armarios, invariablemente, dicen: “Lo que yo haría con todo este espacio que tienes”, lo cual me da a entender que, en realidad, tengo pocas prendas (o mejor dicho, no tengo exceso de ellas).

            He conocido personas con una cantidad obscena de ropa, con tal de decirles que en tenían más prendas en ese momento que la que jamás voy a usar en toda mi vida. Pero muchas databan de su adolescencia y ahí las tienen sin regalarlas o tirarlas ¿Para qué? Dudo que las vayan a volver a utilizar, pero son tan mezquinas que no las regalan.

            ¿Cómo mantengo un nivel óptimo de ropa? Cuando renuevo mi guardarropa en Enero, si traigo 10 prendas nuevas, deben de salir otras 10 del armario, y es que tengo la cantidad suficiente para no parecer retrato, teniendo variedad,  pero para no ahogarme en ropa. Toda la que tengo la uso, algunas más o algunas menos, así se me facilita identificar (Al final del año) lo que tengo que regalar. No entiendo a los que guardan prendas que tienen años sin usar, ¡pero ahí las están! ¿Por qué no darlas para que alguien las aproveche? ¿Para qué ocupar espacio con algo que no va a volver a usarse?

            Alguna vez recibí una presentación en la que explicaban el principio de la prosperidad a través de los espacios. Hay tanta gente que acarrea tantas cosas (tanto emocionales como materiales), que es imposible que algo nuevo entre a su vida, ya que no hay espacio para ello. Lo grave del asunto es que cuando compran ropa nueva, la apretujan contra la ropa vieja, ¡Y ya tienes más! Tal vez sólo un pequeño porcentaje te sirva, pero eres feliz porque tienes más que antes y, en automático, eres “mejor” que antes.

            ¿Cuántas cosas viejas tenemos arrumbadas? ¿Por qué no las sacamos? Porque puede llegar el día en que puedan ser útiles, sin importar que lleve años ocupando espacio y sin ser utilizada. Al escribir esto, me di cuenta que también tenía algunas cajas con artículos sin usarse y procedí a tirarlos (Aclarando que no siempre la época en la que escribo los ensayos es la misma en la que los publico). Creo que es muy del capitalismo que juntemos cosas que no necesitamos, por simple codicia, desde sentimientos hasta posesiones, lo cual significa más un lastre que un apoyo.

            También hay gente tan mísera que sólo sabe hablar de su dinero y lo que han obtenido con él: “Es que me compre esta camisa que me costó carísima”, “Este teléfono nadie más lo tiene”, “Ayer me gaste $3000 en una peda con mis cuates” o “Esta noche ceno con mi novia en un lugar súper exclusivo y súper caro”. Honestamente, no me atrevo a preguntar “Oye ¿No te pasa nada bueno que no tenga que ver con dinero?” Porque quedaría pasmado, porque sé que la respuesta sería un “no” rotundo, a ese nivel de enajenación está su programación.

            Para estos el mundo y la felicidad son iguales al dinero. Me da mucha flojera “hablar” con dichos individuos, en primera porque sólo escucho, ya que están muy interesados en hacerte saber lo mucho que valen por todo su dinero. Además no tiene caso hablar de una idea, un sentimiento, una experiencia, una sonrisa o conceptos que no tienen que ver con lo material. Con esto su pobreza está demostrada y es la peor de todas: la espiritual, personal o sentimental, ya que no pueden concebir la vida sin dinero.


            De igual forma conozco a otros que desde hace lustros buscan la prosperidad a través de cartas, embrujos, de buscar tesoros enterrados en el patio de atrás, de tratar de ganarse la lotería (aunque nunca compran boleto). Si todo ese esfuerzo lo invirtieran en su bienestar en lugar de atenerse a que el destino les conceda la prosperidad, les aseguro que tendrían una mejor calidad de vida, teniendo o no dinero. Irónicamente invierten en tanta tontería que su miseria se torna más crónica. De hecho, estas personas a las cuales hago referencia, ahora son más míseras que cuando empezaron a buscar dinero con tanto ahínco.

ille dolet vere qui sine teste dolet
Siente verdadero dolor el que lo sufre sin testigos. Marcial

Hay gente tan mísera que está acostumbrada a llamar la atención mediante sus desgracias. He conocido personas cuyo tema de conversación gira únicamente alrededor de sus males: de lo infelices que son, de las enfermedades que sufren, del dinero que les hace falta y de lo mala que es la vida. Cuando les tengo la suficiente confianza me he atrevido a preguntarles “Oye ¿Acaso no pasa nada bueno en tu vida?”. Obviamente mi pregunta los deja fríos (con esa intención la planteé), ya que los hace conscientes de su enfoque en lo malo que les pasa.

            Muchos se adhieren a lo malo, disfrutan viviendo en ese plano existencial, entonces su paso por esta realidad se vuelve un sufrimiento crónico, un infierno en vida en el cual se revuelcan y disfrutan recibiendo la lastima de los demás.

            Como país también se refleja ampliamente la miseria. La cultura mexicana es una claro reflejo de la ideología de “Come cuando hay”, porque siempre nos apañamos los beneficios a corto plazo, sacrificando los de largo plazo aunque sean mayores. Esa falta de serenidad y/o paciencia nos ha sido muy costosa, la mentalidad de satisfacernos ahorita sin ver más allá hace que merezcamos cabalmente lo que tenemos como sociedad.

            Esa actitud tan irrespetuosa de agandayarte lo que encuentras sin siquiera preguntar de quién es o que tus valores te hagan ver que no es tuyo, lo tomas en lugar de buscar al dueño. Por eso merecemos el país que tenemos. Por eso esta nación está en miseria colectiva, porque nosotros mismos la propiciamos. Las elecciones pasadas fueron un ejemplo perfecto, porque no pudimos aguantar 18 ó 24 años para consolidar el proyecto panista, así que optamos por tirar todo y tomar los “espejitos” que prometió el PRI, aprovechándose de la inexistente memoria que tiene un país infradesarrollado como lo es México.

“La distinción que encontramos en el infortunio (como si sentirse feliz fuera un signo de vulgaridad, de falta de ambición) es tan grande, que si decimos a una persona ‘¡Pero qué feliz es usted!’, por lo general protesta” – Friedrich Wilhelm Nietzsche

Es chistoso pero la mayoría de la gente hace más escándalo por los problemas que por las bondades de la vida, porque no aprendemos a valorar todo lo bueno que tenemos, pero somos expertos en quejarnos por todo aquello que nos hace falta.

            Recientemente recordaba a mi abuelita materna, y me doy cuenta que siempre la conocí muy austera, sin lujos ni una vida pretenciosa. Era muy digna, su casa estaba limpia y arreglada, la cocina siempre me parecía llena y siempre había algo rico que comer, nunca platos ostentosos pero ricos en sazón y amor. Ahora me doy cuenta que mi abuela nunca tuvo mucho dinero, tal vez el suficiente para subsistir, pero NUNCA fue mísera. Y al recordar eso, la imagen de la madre de mi madre crece aún más en mis recuerdos, ya que habrá sido muy sencilla pero, tal vez sin que ella se diera cuenta, llevo una existencia muy sabia.

“¡Qué angustia de ya no tener más angustia! ¡Qué horror estar contento y asumir tu vida! ¡Qué espanto haber sido curado! Antes fastidiaba a todo el mundo y se ocupaban de mí. Hoy no fastidio a nadie y nadie se ocupa de mí. Nadie me ve y ¡Qué angustioso es no ser visto!” – Alejandro Jodorowsky.

            De hecho yo gozó de una vida bien lujosa, casi nadie ha de disfrutar de lo que disfruto y es que necesito tan poco, me doy bastante más de lo que necesito. Desde esa perspectiva, llevo una existencia súper próspera; para lograr eso hay que tener la suficiente tranquilidad interior para necesitar poco, pero en este mundo capitalista nos programan para lo contrario: para que tengamos necesidades materiales insaciables . . . . y ése es el inicio de cualquier miseria.


            Hebert Gutiérrez Morales.

4 comentarios:

VENEZUELA dijo...

oye! muy buenos estos dos ensayos, este es otro tema complicado de tratar, por lo menos delante de un grupo de personas, porque es muy dificil que veamos que las bondades de la creacion son mayores a las que el dinero puede comprar, leyendo se me han venido mil recuerdos a la mente, vivencias, yo no llevo mucho tiempo enrrumbando mi vida, al igual que a ti te paso, yo la vivia bastante errada, vivia desesperada, trataba de vivir 7 dias a la vez, lo superficial dictaba la regla, podria sentarme a contarte largo y tendido esas historias y me moriria de la verguanza en cada una, pero siempre hay algo que te hace cambiar, algo o alguien, para nuestra suerte, (yo creo que no hay conciencia sin un abismo previo) aunque los demas no lo entiendan y terminamos siendo nosotros lo disociados, los anormales (ojo, lo de "tu no eres normal" era un cumplido, para mi lo seria) otro buen escrito pero lo que me encanto fue la cita "siente verdadero dolor el que lo sufre sin testigos, marcial" - felicitaciones, volviste a captar mi atencion y a producirme sensaciones

Hebert Gutiérrez Morales dijo...

Sip lo de “no eres normal” lo tomé como un cumplido, no te preocupes por ello ;-)
Estamos tan enfocados en todo lo que podemos “tener” que se nos ha olvidado “ser”, hay tantas cosas que anhelar que hemos dejado de desarrollar. El consumismo nos ha prostituido para actuar en contra del sentido común y nos ha convertido en productos que consume productos. Por otro lado, se nos ha perpetuado que si no “tenemos” somos menos atractivos, por eso también buscamos el “amor” de los demás a través de nuestras desgracias. Un tema que tiene mucho de donde rascarle pero es necesario que uno pase por esas experiencias para darse cuenta del error e intentar actuar un poco distinto al resto. Me alegra mucho que te gustaran este par de escritos :-)

VENEZUELA dijo...

esto lo escuche antes (de mi ser especial), algo asi como que nos volvimos mas tontos y no hemos evolucionado nada, no hemos hecho otro gran invento u otro gran descubrimiento, lo recorde entre tus lineas donde dices "Estamos tan enfocados en todo lo que podemos “tener” que se nos ha olvidado “ser”, hay tantas cosas que anhelar que hemos dejado de desarrolla". por otra parte es bien nutritivo tu blog, igual que muchos de los comentarios que te hacen, de verdad te rodeas de personas centradas o por lo menos no tan comunes, bravo por ti, de la misma manera me disculpo si te quito tiempo al comentar cada cosas que escribes y logro leer, es como una manera de decirte "este por lo menos cumplio la meta, alguien lo vio" espero que eso te anime a seguir publicando tus ideas, saludos, ah y gracias por tomarte el tiempo para siempre acotar algo a lo que te comento, no me considero tan intelectuaaaaal pero gracias a dios no soy "tan normal" tampoco, saludos

Hebert Gutiérrez Morales dijo...

Aunque la mayoría de la humanidad se ha vuelto más estúpida, creo que de vez en cuando tenemos algunos chispazos de luz. Qué bueno que te ser especial tenía consciencia de lo que está pasando porque, lo más fácil es no cuestionar nada y dejarte llevar por la corriente de lo que dicta la mayoría de la borregada.
Muchas gracias por decir que mi blog es nutritivo, en realidad sólo intento que sea un desahogo para mí pero, conforme fue creciendo, también fue cambiando y ahora intento que (Además de ser un desahogo) también aporte algo.
Sobre los que me comentan, no todos son mis amigos o conocidos, muchas son personas que ni siquiera conozco, pero también aprecio mucho los comentarios que me hacen.
Y no digas que no eres "tan brillante", porque tus comentarios me parecen interesantes y, por lo mismo, me nace contestarte.
Un abrazo.
Hebert.