lunes, 23 de septiembre de 2013

Lágrimas contradictorias

            Ayer estaba tumbado en mi Sofá, viendo el partido de los Delfines de Miami contra los Halcones de Atlanta. Aunque Miami estuvo abajo casi todo el encuentro, siempre se mantuvo a tiro de piedra.

            Normalmente me aviento los partidos de mis Delfines parado y mentando madres o gritando de alegría pero, en esta ocasión, estaba como muerto en vida, bastante desmotivado, y veía el juego porque no tenía nada mejor que hacer.

            ¿La razón de mi apatía? En la mañana ella me confirmó que no me puede ver más que como amigo. Debo reconocer que ha sido firme en su postura, lo malo es que uno se hace ilusiones basándose en las agradables charlas que tenemos.

            Más temprano le había escrito, esos ensayos que hacía públicos ahora son exclusivamente para ella, lo cual me llena más alma que cualquier otra cosa. De hecho se lo comente en ese mismo escrito “Soy feliz por tener la oportunidad de escribirte y que me leas. No sé cuánto tiempo dure esto, pero soy afortunado de tener esta oportunidad”.

            Al parecer el escrito, y mi ausencia de una semana en Cancún, le dieron la fuerza necesaria para dejarme ir.

            Volviendo al partido, en una remontada del último cuarto, los Delfines ganaron el encuentro. En esa última serie reaccione y me sentí vivo por unos breves momentos.

            Al final, cuando se consumó la victoria, mejorando su marca a 3-0 (algo que no pasaba desde el 2002) me puse a llorar. Pero no lloraba por el partido en sí, lo hacía porque estaba triste.

            Creo que la gran emoción del regreso de mis Delfines abrió mi corazón, pero no salió la alegría correspondiente, sino esa tristeza que estaba conteniendo desde la mañana, así que me puse a llorar como niño a gota gorda.

            Pero hubo un momento en el cual me detuve y me dije “¡No más sufrimiento!” y, recordando esa promesa que me había hecho, seque mis lágrimas y empecé a contenerme.


            Ya he llorado demasiado en lo que va del año, y ya no pienso derramar más lágrimas. He quedado con ella para, por lo menos, despedirnos en persona. Después de que eso suceda, me voy a permitir llorar a todo lo que dé, para desahogar todos mis estúpidos anhelos. Pero sólo será una vez y no más sufrimiento.

            Ella es una gran mujer, la mejor que he conocido, y se merecerá cada lagrima que le dedique. Por lo mismo que es tan maravillosa, sólo me queda aceptar su voluntad y dejarla ir, si no me puede aceptar como pareja, no puedo obligarla y aunque pudiera, no lo haría.

            Espero que esto pase pronto, porque tengo tantos temas por escribir pero, honestamente, me falta mucha voluntad para descargarlos en el blog, creo que mi energía vital no está en su estado óptimo, y tampoco se trata de escribir por escribir.

            He llorado muchas veces con mis Delfines, pero es la primera vez que me ayudan a desahogar una tristeza relacionada con el amor. Es la primera vez que una alegría me ayuda a encauzar una tristeza.

            Ya no más sufrimiento, soy fuerte y también voy a salir avante de esto, aunque sea lo que más me vaya a doler en la vida.


            Hebert Gutiérrez Morales

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola Hebert,
soy el anónimo -más bien dicho, la anónima- que conoció tu blog por la entrada tan acertada de "qué horrible es enamorarse!", y te comentó. Desde entonces sigo tu blog, ya que comparto y muchísimas cosas de las que hablas.

Lo siento muchísimo, puedo comprender perfectamente como te sientes, ya que estoy enamorada de un hombre pero no sé qué siente exactamente por mi. Y cuando digo enamorada me refiero a enamorada de verdad, no encaprichada. No hemos hablado aún, me da miedo hacerlo porque creo saber su respuesta. Bueno, no me enrollo más porque sabes perfectamente lo que estoy pasando.

Sigo intentando ir a correr, pero la falta de sueño y de hambre me impiden esa ligereza y ese rendimiento que tenía antes de conocerlo. También, como tu, noto que mi energía vital está bajo límites, y todo lo que hago para mi misma, mis aficiones, casi parece que las haga por inercia.

Espero que pronto salgas reforzado de esta situación.

Saludos desde el otro lado del charco.

Una seguidora.

Hebert Gutiérrez Morales dijo...

Muchas gracias por leerme y comentarme.
¿Qué te puedo decir? En realidad nada que pueda mitigar la incertidumbre que sientes.
Sé que es horrible la simple posibilidad de decirle pero ¿sabes qué? ¡Dile!
Yo he pasado a otra etapa porque estoy tranquilo que mi amada Musa conoce la intensidad de mis sentimientos. Tal vez no me haya aceptado, pero por lo menos me queda la tranquilidad que sabe lo que siento y no me quede con la espinita clavada de decirle.
Obviamente agarrar el valor para decirlo es una prueba imponente pero la tranquilidad que adquieres después bien lo vale (ya sea que te acepte o no, al final tienes la tranquilidad de haber expresado tus sentimientos).
Tal vez esté triste, pero mi alma está en paz, porque sé que hice todo lo que estuvo ami alcance, además de que entiendo que no puedo obligarla a quererme, no puedes obligar a alguien que te importe a nada.
Te mando un abrazo mi querida amiga anónima y espero que encuentres una resolución que te brinde paz y plenitud.
:-)

Anónimo dijo...

Hebert,
muchísimas gracias. Ayer me decidí y se lo dije. Me dijo que cada día está mejor conmigo y que estas cosas requieren su tiempo, que ya se verá a lo que conduce, que de momento es hermoso y no quiere forzar ni etiquetar nada. Como mínimo, tampoco fue un rechazo y lo que es más importante: ahora él también conoce mis sentimientos. Luego me quedé en paz y relajada, y creo que lo notó y estuvimos mejor que nunca.

Aunque estés triste, piensa que con tus palabras has contribuído a hacer que hoy en el el mundo haya un alma un poquito más feliz y en paz.

Y tiempo al tiempo.

Te sigo leyendo, por supuesto.

Un abrazo.

Hebert Gutiérrez Morales dijo...

Muchas gracias por tus palabras pero, en realidad, no hice nada. Tú fuiste la que reunió el valor suficiente para decirle lo que sientes, y eso es un gran paso que tiene mérito.
Por lo que comentas, creo que las cosas pintan bien entre ustedes y espero que así continúen.
Un abrazo y gracias por tu apoyo.

Mariana Cossío dijo...

Simplemente me encanto!:) me identifico mucho con este ensayo Hebert !! Saludos