viernes, 25 de octubre de 2013

Barranca Grande

Me he hecho el propósito de regresar a Jalcomulco cada año a hacer Rápidos pero, en esta ocasión, quería algo más allá de los tramos de “Antigua” y “Pescados”, ahora quería el premio mayor: “Barranca Grande”

No soy un experto, apenas he hecho Rápidos cinco veces, pero desde el año pasado tenía el gusanito de hacer “Barranca Grande” que es un trazo de 48 kilómetros hasta conectarse con “Pescados”, totalizando 62 kilómetros hasta Jalcomulco.
Tramo del Río Pescados

En esta ocasión fui solo, ya que nadie pudo o quiso acompañarme, pero eso no me iba a detener por dos razones: primero porque no me asusta viajar a solas, lo he hecho en ocasiones anteriores y lo seguiré haciendo de ser necesario. Por otro lado, necesitaba hacer “Barranca Grande” este mismo año, ya que existe un riesgo que pronto ya no sea posible (más adelante comentaré al respecto).

Mi visita fue pospuesta una semana ya que, por las intensas lluvias, el nivel del río estaba demasiado alto, por lo cual no era seguro (ni permitido) hacer rafting en ese tramo hasta que bajara el agua a un nivel aceptable. Ese retraso me entristeció un poco pero me repuse y fui con mucho gusto una semana después.

            En esta aventura me tocó un grupo de 10 triatletas, gente muy divertida pero, como no suelo ser tan abierto de buenas a primeras, tarde en acercarme a ellos. Una peculiaridad con esta situación es que no acostumbro estar con puras personas que tienen una resistencia física mayor a la mía, y así fue porque casi todos habían hecho el Iron Man (y con tiempos impresionantes)
            

            El trayecto del campamento de Raft México al lugar de inicio de nuestra aventura fueron unos 90 minutos, mismos que no se hacen pesados por los pueblecillos y paisajes naturales por los que uno pasa. Al ver el agua cristalina proveniente del Pico de Orizaba, no pude evitar emocionarme: era la primera vez que veía un río limpio en México, una auténtica belleza, y aún ignoraba que me faltaba mucho por contemplar.

            Desde el inicio de Barranca Grande, uno no tiene tiempo de nada, ya que comenzamos con una serie de Rápidos nivel tres que, fácilmente, duraron media hora, uno tras otro, sin descanso, pero muy divertido. De hecho el río te da pocos momentos de tranquilidad, ya que los rápidos son continuos y constantes, lo cual hace una delicia de trayecto.

            Carlos, uno de nuestros guías, nos comentaba que el nivel de agua era el óptimo, ya que estaba perfecto para disfrutar los rápidos, mismos que eran muy técnicos, sin mucho margen de error. Y vaya que lo comprobamos porque todos, a excepción de dos, nos acabamos cayendo al río.

            Sip, este año volví a visitar el río pero, en esta ocasión, no caí en pánico ni sentí morir. En un rápido quedamos atrapados en una piedra, por lo que la balsa quedó de lado, primero intente agarrarme de la cuerda y me quede a nada de alcanzarla, después Carlos me dirigió su remo, pero también me quede a nada de tomarlo, así que visite el río con todas sus piedras. Como ya tenía experiencia, no luche contra él, así que no me revolcó tanto, me puse en posición de seguridad y espere a ser rescatado, algo que pasó relativamente rápido.

            Eso es algo que me llamó la atención, aunque casi todos caímos (alguno en dos o en tres ocasiones) nadie se asustó ni se traumatizó como para no seguir remando, reflejo de gente acostumbrada a emociones fuertes (ellos se han aventado del paracaídas, del bungee y demás actividades extremas).

            Sin embargo, el río merecía mucho respeto, para ser un grupo tan atlético y con guías tan experimentados, nunca había visto que hubiera tantos caídos y tan seguidos. Ahí me dí cuenta que Barranca Grande es para gente que en verdad le gusta esto del Rafting.
Tramo del Río La Antigua

            En los breves momentos de tranquilidad que teníamos, quedaba embobado por los paisajes: una belleza sin igual. Toda la vegetación, el agua, la barranca, las cascadas, los animales, todo era un espectáculo natural que te embelesaba. Ahí tomé la decisión de comprar una cámara acuática porque recientemente he perdido muchas fotos porque mi cámara no es resistente al agua.

Este año vine a Barranca Grande por el riesgo de que construyan una presa, misma que mataría al Río Antigua pero, después de haber visto tanta belleza natural, aunque no vuelva a hacer Rápidos, es un ecosistema que merece ser protegido de la incesante voracidad humana. Además hay muchas poblaciones que viven a la orilla del Río que se verían gravemente afectadas.

            El tramo del Sábado fue largo, aproximadamente remamos unos 42 kilómetros en seis horas, lo cual fue algo cansado, eso sin contar lo que uno debe pelear contra ciertos rápidos que son muy intensos.

            Hubo un punto, en donde otra lancha se quedó atorada entre dos rocas, así que le pegamos de frente y salimos volando tanto de nuestra lancha como de la siguiente. En esta ocasión tenía claro que no quería que el río me volviera a “masajear” con sus piedras y, con toda mi fuerza de voluntad, me aferre a la cuerda.

            Así que quedamos atorados y colgados de la balsa mis dos guías y yo, porque los otros dos tripulantes cayeron al río para ser rescatados más adelante. Mientras  tanto, estábamos solos y sin ayuda. Chai y Carlos actuaron rápido y con valentía, Chai amarró una cuerda a la balsa, aventó la otra punta a la orilla e intrépidamente se aventó al río, se pegó unos santos madrazos en las piedras pero, con mucho esfuerzo, logramos desatorarnos para seguir adelante.

            Cada balsa vivió sus propias aventuras, algunos se estrellaron contra alguna pared y salían volando hacia la corriente, pasamos troncos cambiando de posición dentro de la embarcación, otros se volcaban con una “almohada” de agua, otros nos atorábamos en piedras o surfeábamos olas. En realidad el porcentaje de caídas fue bajo para todos los rincones emocionantes que tienen estos excelentes rápidos de tan magnifico nivel. La corriente estaba bastante fuerte, tanto que arrancó una pulsera de identificación del coach de los triatletas, misma que llevaba con él muchos años, y a mí me robó un Carlos V que tenía en el bolsillo, mismo que estaba sellado con velcro pero, a pesar de ello, mi chocolate desapareció :’-(

            Durante la pausa de comida, misma que hicimos en un pequeño paraje a medio camino, nuestro Kayakista (Gabriel), me comentaba que ha hecho Rafting en algunos ríos del mundo, y que Barranca Grande sin duda es uno de los mejores, tanto por el nivel de los rápidos como por los hermosos paisajes, mismos que como mexicanos no sabemos apreciar al desconocer su existencia.

            Le comenté que un par de meses antes baje el Río Pacuaré y que me parecía inferior a Barranca Grande, pero dice que en estos meses es mejor para visitarlo, porque me tocó el nivel bajo del Río. Hablando de Costa Rica, también me comentó que había un río precioso e imponente en la nación tica, mismo que fue asesinado al hacer una presa. Por ello, Gabriel es uno de los grandes detractores de la presa en Barranca Grande y es un activista dinámico en el movimiento que une a los 45 pueblos que están junto al río.

            El viaje fue muy divertido y, sin duda alguna, los guías de Raft México son los mejores, ya que cada cual, con su respectiva personalidad, te hace el viaje muy ameno. Por ejemplo Chai, uno de los dos guías en mi balsa, es un tipo muy jovial lleno de vida y buen humor, además de ser muy desinhibido al momento de expresar su alegría por navegar por el río.
Rafting hace dos meses en Río Pacuaré (Costa Rica)

            Carlos, mi otro guía, un sujeto tranquilo, educado, con amplio conocimiento del Río, natural de Jalcomulco, mismo del cual está muy orgulloso y te infunde mucha confianza como guía y persona.

            A Toño lo conocí al llegar al MOARR, y me lleve una gran impresión con él, porque te expresa una serenidad imponente al platicar con él, carece de cualquier dejo de estrés en la voz, la tranquilidad espiritual que emana se contagia y te sientes muy a gusto en su presencia.

            Esto me hace pensar, como comente en uno de los escritos anteriores sobre Jalcomulco, que la calidad de vida que uno adquiere en esta población es invaluable, tal vez no haya muchas cosas materiales pero, precisamente por ello, es que las personas se encuentran a sí mismas y aprender a vivir en paz con su entorno. Este pueblo jarocho es un claro ejemplo que no se necesitan de excesivas posesiones materiales para ser feliz.


Siguiendo con el equipo de Raft México, Gabriel (el Kayakista y hermano de Carlos) es alguien muy propio, serio pero, al mismo tiempo, amigable. No al nivel de Toño, pero Gabriel también refleja una paz y tranquilidad impresionantes en su ser y en todo lo que expresa, pero con una fuerza más notoria. Gabriel ha viajado por muchos países y participado en distintos eventos de Kayak y Rafting a nivel mundial, además de estar certificado internacionalmente. Todo un lujo con el te sientes protegido en el río.

Y finalizamos con el ultra conocido y popular “Tío” Memo, una presencia constante en el campamento de Raft México. Como siempre, diversión en cada momento con Memo pero, continuamente, estaba al tanto de cada detalle y comprometido para que la pasáramos bien pero, sobre todo, seguros.

            Llegamos todos húmedos y cansados al campamento junto al Río, para secarnos, cenar, platicar y descansar en espera del cierre de esta aventura. El primer día recorrimos poco más de 42 kilómetros, y nos faltaban otros 18 aproximadamente, incluyendo el tramo del río “Pescados”, así que debíamos reponer fuerzas para el cierre de tan maravilloso trayecto.
El Centro de Jalcomulco

En la noche empecé a platicar más con mis acompañantes. Me dí cuenta que la gente que hace deporte suele ser positiva, con un carácter muy abierto y desenfadado. Eso nos haca falta más en este país: hacer deporte.

Aunque llevábamos Sleeping bag, optamos por dormir en catres viejos pero limpios que había en el campamento y que amablemente nos ofrecieron. Honestamente no estaba para ponerme exquisito: estaba todo madreado por la revolquiza que me puso el río cuando caí, la golpiza fue en gran parte del cuerpo, así que cualquier lugar era bueno para dormir.

Ahí recordé que la necesidad es el mejor condimento para lugares y cosas por lo que, en mi estado físico, el catre que me tocó me pareció la cama más rica que había tenido y dormí profundamente, hasta que me levante a media noche al baño y oí algo que me preocupó: estaba lloviendo copiosamente.

Normalmente me gusta la lluvia nocturna, pero mi sentimiento en esta ocasión no era cómodo, algo me preocupaba y no sabía qué; con esa sensación regrese a mi lecho y fácilmente concilie el sueño por el cansancio acumulado.

Al levantarme, a pesar de que me bañe en repelente contra insectos, comprobé que a los mosquitos en la actualidad les vale madres lo que te eches, porque nos masacraron sin piedad, supongo que han ido mutando contra las sustancias de los repelentes (y eso me preocupa porque pronto voy a Chiapas).

Cuando salí a ver el río comprendí la razón de mi preocupación: el nivel había subido de manera impresionante, además de que lo cristalino del agua fue sustituido por el café de la tierra revuelta. Había llovido bastante río arriba, por lo que la corriente había crecido súbitamente en la noche.

Aún recordaba que me habían pospuesto el viaje de una semana atrás por el nivel del río así que, de manera inocente, me guarde mis comentarios sobre la corriente, como si nadie más se fuese a dar cuenta.

Obviamente nuestros guías conocen al río de mucho tiempo y, muy a mi pesar, se dieron cuenta de lo crecido del nivel. Como dejó de llover en cuanto amaneció, esperamos un rato a que bajara el agua a algo más navegable y reiniciamos nuestro camino.

El río estaba muy bravo, los rápidos clase 4 que pasamos se habían convertido en 4+ e inclusive clase 5, de hecho evitamos el único clase 5 natural que había en el río porque estaba en extremo peligroso.

La verdad fue muy divertido hacer los Rápidos clase 4+ y clase 5, porque la habilidad de nuestros guías y nuestra condición física hicieron un gran tándem para salir adelante. Otra vez estuvimos a punto de voltearnos en una piedra pero, hábilmente, Carlos nos sacó avante y nos emocionamos de haber superado el obstáculo en las condiciones extremas en las que estábamos.

Ya habíamos avanzado los primeros cuatro kilómetros sin contratiempos graves, la corriente estaba muy rápida, pero nuestra habilidad se había incrementado horrores a comparación del día anterior.

La balsa de Memo, nuestro líder y guía más experimentado, iba delante nuestro y la de Toño atrás. Iba concentrado en remar fuerte, como nos pedía Carlos cuando volteé al frente y ví algo que me sorprendió: La balsa de Memo estaba sola, todos habían caído al río en un rápido enorme . . . y nosotros íbamos directamente hacía ahí.

“¡Madres! ¿Dónde está Memo y su equipo?” pensé mientras, al mismo tiempo, empezaba a prepararme, con el resto de mi balsa, para atacar el rápido que los había tumbado. Aún tenía el recuerdo del día anterior, en donde chocamos con la balsa de Toño y habíamos salido volando. Ahora íbamos directo a la de Memo, pero no iba a caer de nuevo, me lo prometí; además, como estaba el río, no tenía ni tantitas ganas de nadarlo.


Como lo preví, chocamos con la balsa de Memo y poco faltó para que nos volcáramos pero, en un excepcional trabajo de Carlos y de Chai, nos coordinaron a la perfección, remamos como energúmenos, como si la vida se nos fuera en ello y resistimos contracorriente, justo en frente de la roca que había volcado a nuestros compañeros. Resistimos un buen rato hasta que Carlos nos pudo sacar de esa trampa.

Estábamos tan concentrados en no ser volcados que no ví en que momento nos pasó la lancha de Toño, pero ellos ya estaban rescatando a los primeros miembros del equipo de Memo.
El Moarr de Raft México en Jalcomulco

Ahí empezó el rescate de los caídos. Remamos para recoger a los que estaban a las orillas agarrados de ramas de los árboles. De pronto, a lo lejos, vimos cómo Gabriel colapsó en su Kayak mientras intentaba rescatar la lancha.

Afortunadamente no perdimos el control ni la tranquilidad, Carlos nos guío con decisión, salvamos a Memo y a dos de su equipo y empezamos a perseguir su balsa a toda velocidad, mientras que el equipo de Toño se encargaba de rescatar a Gabriel y a los otros dos miembros del equipo de Memo.

Remamos como nunca lo había hecho, con impresionante intensidad, pasamos más Rápidos a toda velocidad, ya ni sentíamos su fuerza por la premura que teníamos por alcanzar la lancha. Memo iba al frente y nos iba guiando con decisión, mientras que Carlos nos iba dando el curso adecuado.

Fue cansado pero recuperamos todo: gente, lancha, kayak y remos, todo gracias a un trabajo de equipo excepcional. Estábamos como a 500 metros del inicio oficial de la sección “Pescados” cuando Memo tomó una decisión poco popular pero necesaria: terminar con el trayecto 13 kilómetros antes de lo programado.

Obviamente a nadie le gustó el sorpresivo final pero el rescate había dejado muy desgastados a todos por lo que, si había otra caída de igual magnitud, iba a ser más difícil y peligroso, además de que venían rápidos (aún) más fuertes. Esto demuestra que al Río hay que tenerle respeto ya que si guías como Memo y Gabriel, con 19 y 17 años de experiencia respectivamente, sufrieron contra la corriente crecida, pues nosotros debíamos ser más humildes y aceptar la decisión que, al final, fue por nuestro bien.

            A pesar de ello estábamos algo apachurrados y un poco deprimidos, porque nos divertimos bastante y nadie esperaba que la diversión acabara antes de lo previsto. A la hora de la comida, ya bañados, cambiados y repuestos, el ánimo mejoro y empezamos a compartir y recordar experiencias del recorrido.
Al inicio del trayecto

            Uno de los que más me hicieron reír fue de la balsa de Toño, mismo que es muy tranquilo y se expresa con toda propiedad pero, al aproximarse al rápido en el que colapsó la barca de Memo, grito con desesperación a su equipo “¡Ahora sí! ¡Remen con huevos!” algo que los impresionó porque fue la primera y única grosería que le escucharon y, por lo mismo, todos se pusieron a remar como locos para no caer.

            Aunque mi enojo y frustración bajo hasta la noche, ya de regreso en casa, al final me quedé con un gran sabor de boca porque, posiblemente, ésta ha sido la aventura más intensa y divertida que he tenido en mi vida y, si la suerte me sonríe, sé que la siguiente ocasión puede estar aún mejor.


Cada vez que le cuento de esta aventura a alguien, y ven mi emoción por volver al siguiente año, irremediablemente me dicen que estoy loco, pero no espero que entiendan. Sólo cuando uno va a Barranca Grande y lo vive, siente el compañerismo, la aventura, el buen ambiente, las risas, la camaradería, la adversidad, el sentimiento de ser héroe, el luchar contra el río y domarlo, es cuando se puede entender mi satisfacción. Cuando experimentas esto, sabes que vale la pena regresar cada año a Barranca Grande y disfrutar con el equipo de Raft México.

De esas ocasiones en donde uno agradece estar vivo y poder experimentar estos pasajes tan intensos y reconfortantes.


Hebert Gutiérrez Morales.

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