sábado, 16 de noviembre de 2013

Cultura artificial

            He escrito tanto sobre los Estados Unidos que ya me parece chocante volver a hacerlo pero, al parecer, cada vez que viajo al Gabacho, siempre vienen experiencias nuevas, cosas que no percibí las ocasiones anteriores y que tengo que expresar. Este ensayo va a ser más breve que los anteriores que tratan el mismo tema, porque el resto de puntos ya los he tratado en esos mismos sobre el país más poderoso e imperialista del mundo.

            En México es fácil encontrar un jugo de naranja fresco y recién hecho con relativa facilidad en cualquier esquina. En Estados Unidos, por otro lado, es tal la paranoia de que las cosas sean antisépticas, pasteurizadas y seguras, que nadie se atrevería a tomar un jugo hecho en la calle, aunque los conservadores y saborizantes que tienen sus bebidas artificiales sean más nocivos que los bichos que uno pueda captar por los jugos callejeros.

            Eso es parte del encanto de vivir en México: la espontaneidad y sencillez con las que hacemos las cosas. En Estados Unidos hay tantas cosas prefabricadas que te da la impresión de no encontrar nada auténtico, original o hecho a mano. En mi país, aunque se ha ido perdiendo paulatinamente, aún tenemos el privilegio de encontrar muchas cosas artesanales, hechas a tu medida y al momento, únicas e irrepetibles, no algo producido en serie y para el público en general.

            Estados Unidos siempre será un lugar vistoso y bonito para visitar, repleto de mercancías y lugares llamativos y muy atractivos para el mundo occidental (por ello los visito cada año), al fin que nos han moldeado a su estilo de vida con el bombardeo cultural que nos hacen a través de sus películas, música, programas, deportes, juegos, entretenimiento, ideologías, anhelos y demás.
En el Sun Life Stadium, hogar de los Miami Dolphins

            Sin embargo, no me imagino vivir en este lugar tan falto de identidad o sustancia. No me malinterpreten, claro que hay distintas personalidades o vertientes culturales (como debe ser en el país con más inmigrantes en el planeta) pero, me da la impresión, que también están muy limitados, muy diseñados, como que los lineamientos que se han autoimpuesto, ha mermado mucho sus libertades individuales, la posibilidad de pensar o expresarse de manera libre, lo cual resulta irónico en una tierra que presume de ello como su máximo estandarte ante el resto del mundo.

            En México tienes todo el abanico de posibilidades para escoger lo que te plazca. Obviamente esa libertad tiene sus desventajas, ya que muchas veces se torna en libertinaje y terminamos en un lugar en donde debes extremar precauciones para que no “te coman el mandado”.

            Ahí recordé a dos amistades que vivieron muchos años en Gabacholandia. El primero lo hizo por seis años, debido a cuestiones de trabajo pero, a la primera oportunidad que tuvo, se regresó sin chistar. Debido al período tan largo que estuvo ahí, le pregunté si no le parecía la mejor opción para criar a sus hijos, ya que es más ordenado, respetuoso y avanzado. “No” respondió sin dudar “México es el lugar en donde quiero criar a mi descendencia” sorprendido por su seguridad le pregunté “¿Por qué?” a lo que contestó “Es que el sabor de la comida, la gente, el clima y todo, tanto lo bueno y lo malo que tenemos, no se compra con dinero, es algo que no puedes igualar por más que bonito, civilizado y estructurado que este un país”.
Ocean Drive en Miami Beach

            La otra persona es una mexicana que se casó con un estadounidense, tuvieron hijos allá y vivieron más de ocho años en ese país. Cuando se divorciaron, mi amiga se regresó de inmediato con sus hijos, a pesar de tener años sin trabajar ni algún ingreso seguro en México. De igual forma, le pregunté por qué no se quedó allá para criar a sus hijos en un ambiente más cuidado y civilizado. Su respuesta fue: “¡Ni pensarlo! Quiero que crezcan en esta cultura y se enriquezcan con algo más que dólares, que entiendan que hay cosas más valiosas que consumir como desesperados y que sientan todo lo bueno y lo malo que esta gente tiene por brindarles”

            Algo que he corroborado cuando he visitado otros países, es que la comida mexicana no tiene igual. Pero, no sólo es la elaboración, es el sabor en sí. La comida de nuestros vecinos del norte ciertamente es llamativa y saben vendértela para que se te antoje pero, al final, tiene un sabor estándar y sin chiste, además de que al gringo le gusta comer por cantidad, no por calidad. Sin embargo, esa misma comida es un factor para un problema grave que tenemos como país.

            En México hay obesidad por una falta de cultura de ejercicio, por la apatía endémica y por la comida grasosa. En Estados Unidos están gordos y monstruosos por la cantidad de comida que consumen y los transgénicos y hormonas de los que están impregnados sus platillos, de hecho uno lo siente en la digestión tras unos días de ingerir sus alimentos (y que conste que tengo muy buena digestión).
Una patrulla muy peculiar ¬_¬U

            Por eso los gringos están grandes a lo bruto, y uno lo ven en la cantidad de gente enorme que transita por las calles. En México por supuesto que también hay muchos gordos, pero menos monstruosos o artificiales, como que son más compactos y menos bofos. Al final, tanto el gordo gringo como el mexicano, van a morir más rápido (muy probablemente) por esa obesidad, sin importar el origen pero, me parece, no es lo mismo engordar en México que en Estados Unidos, por lo menos aquí engordamos con comida rica (tonto consuelo, cabe mencionar).

            Algo que me sorprende es que la ropa sea más barata en el Gabacho que en México pero eso ha de ser por el volumen de consumo. Como en Estados Unidos hay mayor poder adquisitivo, los productores venden más unidades y sacan sus ganancias por la cantidad tan grande que facturan. En México debe ser más caro, porque la base consumidora es menor así que, para obtener un margen de ganancia redituable, hay que vender más alto (que los que se sienten clase “nice” tontamente paga con gusto por sentirse privilegiados).

            Muchos buscan incesantemente el “American Dream” pero, desde mi perspectiva, no se compara al “Mexican Dream” porque aquí, en teoría, puedes hacer lo que quieras. Dentro de Estados Unidos puedes percibir el respeto y la limpieza por las reglas bajo las cuales puedes ser ridículamente demandado. Sus reglas no son tan estrictas como las alemanas, pero esa falta de sentido común hace que prive una paranoia que prefieres portarte bien antes de ofender a alguien. A fuerza de tantos años de reglas estrictamente aplicadas, es el que gringo promedio va mejorando su comportamiento con el prójimo.
Amanecer en Miami Beach

            Esa es la (des)ventaja del “Mexican Dream”, que te abre todas las posibilidades, pero también lo hace con el resto, así que no sólo debes ver por ti, sino que debes estar atento que nadie más te venga a fastidiar. Pero, al final, eres más libre que los países civilizados, una libertad de expresarte, de ser tú mismo, de pensar y decir lo que se te dé la gana. Obvio que esto tiene sus ventajas y desventajas, porque al seguir el caminito predeterminado que te marcan en el primer mundo, aseguras una vida tranquila y civilizada. Cuando te dejan a tu libre albedrío, puedes obtener una vida tan interesante y productiva como tú quieras construir (y cuidar que los demás no te vengan a joder).

            Otro aspecto que me resaltó en esta ocasión es la diferencia del trato entre las aerolíneas mexicanas y las gabachas. Cuando vuelo por las mexicanas (Aeroméxico, Interjet, Volaris e inclusive Magnicharters) el trato de las azafatas y lo que te dan a bordo es mucho mejor que lo que recibes en Aerolíneas gabachas. Obviamente ambas hacen su trabajo, pero la diferencia radica en los detalles, porque en las mexicanas sientes una calidez que no se puede enseñar en ninguna capacitación, eso se trae en la sangre.

            Por ejemplo, en la misma ruta (Miami-Ciudad de México), en la aerolínea gabacha te dan una bolsita de papas y un refresco pequeño, en cambio, en Aeroméxico nos dieron un desayuno completo con jugo, café, yoghurt, galletitas, un refresco, un sándwich y una botana; es más, si quieres unas papitas u otra bebida, te la dan con gusto, cuando los gringos te lo cobran de inmediato (ambos en clase turista). Obviamente eso le cuesta más a la aerolínea mexicana, pero lo agradeces más como pasajero para que, en ocasiones futuras, escojas a la mexicana antes que a la gringa.
The Clevelander, un antro al típico estilo gabacho

            Esa calidez no es exclusiva de las aerolíneas, también en las personas. En Estados Unidos son educados, pero no esperes un trato auténticamente cálido o amigable por la generalidad de la gente, como sí lo recibes desde el sur del Río Bravo y hasta la Patagonia. Hasta eso es artificial en el gabacho: el cariño con los visitantes. Y no digo que no se amen o sean cariñosos entre ellos (porque seguramente lo son), hablo de la hospitalidad hacia el extranjero de la cual carecen. Aunque, viéndolo desde su perspectiva, podría ser entendible su actitud con tantos inmigrantes, legales e ilegales, que reciben día a día.

            Obvio en México también tenemos máscaras sociales, pero expresamos más fácilmente (a nuestra manera) cuando alguien te cae bien o cuando te caga. Es como el jugo de naranja en nuestras calles o el jugo bonafina que te sirven en el Deny’s, es lo mismo con el trato con nosotros. Lo latinos no tenemos tantas actitudes prefabricadas como los gabachos, ni tantas fiestas prefabricadas, ni tantos modos de comportarse prefabricados, ni tantos modales prefabricados.

            Los gringos me recuerdan a la Interestatal 95 de Florida: todo derecho, muy ordenado, sin curvas, sin subidas, sin bajadas, sin túneles, es un camino muy fácil y agradable, pero sin chiste. A diferencia de las carreteras que tenemos en México, con curvas, rectas, baches, subidas, bajadas, perros, piedras, ramas, imbéciles rebasando por la derecha y demás, ciertamente es más difícil, no es lo óptimo pero, cuando sorteas todo, fue una experiencia más divertida que un camino fácil y prefabricado como el que han diseñado los gringos.
Con razón quieren tanto a su ejército

            Ya para finalizar. ¿Cuál es país es mejor? Por mi texto, podrían decir que México, pero no es así. También tenemos mucha cola que nos pisen, como he expresado en ocasiones anteriores. Obviamente mi punto de vista está sesgado al haberme criado en esta cultura, ya que un gabacho va a ver a su país como lo más maravilloso del Universo (y de hecho así lo creen) y a México como su patio trasero (que eso también es verdad).

            Somos diferentes y, de acuerdo a nuestra cultura, cada cual le da valor a distintas cosas. Yo no sé si México sea peor o mejor, sólo quiero decir que, aunque muchas veces miento madres por lo mismo, me siento muy feliz de haber nacido en este país tan sui géneris.


            Hebert Gutiérrez Morales.

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