domingo, 12 de enero de 2014

Libertad

Advertencia: Le recomiendo ampliamente no leer este ensayo, es redundante, rollero, fumado, rebuscado y hasta aburrido. ¿Por qué lo publico entonces? Porque ya me cansé de intentar agradar a los demás, porque no tengo la intención de invertirle más tiempo cuando no encuentro la manera de afinarlo y hacerlo más atractivo. Simplemente quiero desahogarme. Si a pesar de esta advertencia, usted decide leerlo, me conmueve su lealtad, su curiosidad o morbosidad. Si lo aburro a lo largo del texto (algo muy factible) y quiere llevarse algo valioso del mismo, sólo lea las frases repartidas entre los párrafos y le recomiendo la última parte del ensayo. Así que, bajo advertencia, no hay engaño.

            Alguna vez tuve una amiga, a la cual quise mucho; una vez me reto en el Costco: “¿A qué no pateas uno de los conos de vialidad?” y le respondí “¿Cómo crees? No puedo patear esos conos, ¡no está bien!”, así que ella ¡Pateo uno! Casi se me sale el corazón pero, acto seguido, lo levantó y no pasó nada. Después de que se me bajó el susto, comprendí lo limitado que me tenían mis dogmas conocidos como “educación”. Aunque nadie puede corroborar su existencia, esto demuestra lo bien amaestrados que estamos por ese famoso Sistema manejado por los círculos de poder.

            ¿Quién quiere ser libre? ¡La libertad es terrible y pavorosa! Tener la posibilidad de hacer lo que quieras sin nada o nadie que te detenga (o te retenga), sin tener por qué o por quién preocuparte, sin ningún sitio al cual regresar. Siempre clamamos por ella pero, en realidad, no la queremos, porque siempre deseamos un sitio al cual regresar, alguien de quién depender y que también dependan de nosotros.

“Las convicciones son prisiones” – Friedrich Wilhelm Nietzsche

            Esa es otra tonta idea que nos han heredado y que nos permite vivir en un espejismo que nos hace la existencia más placentera. Creo que vivimos en una ilusión pero, como estamos en el mismo barco, todos la damos como real y nadie la cuestiona. La exigencia que hacemos por la libertad, sólo es un juego neurótico, el cual realizamos para satisfacer a nuestro inconsciente, para que vea que peleamos por esa panacea aunque, en realidad, tenemos miedo de conseguirla.

            Nos reprochamos porque podríamos tener una vida mejor y rechazamos a los que cínica o mediocremente han aceptado su mediana existencia, pero ¿Quién está peor? Los locos que luchan por una utopía inexistente o lo vencidos que han aceptado las bondades de la bendita Medianía (como decía Aristóteles, si no mal recuerdo).

            Somos seres comunes y corrientes (algunos más corrientes que comunes) y tenemos aires de grandeza que están más allá de nuestro entendimiento y nuestros méritos. ¿Para qué peleamos con los demás, o con nosotros mismos, por algo que en realidad no queremos alcanzar? ¿Por qué despreciamos una vida que nos da tanto, con sus ventajas y desventajas? ¿Por qué no la aceptamos y vivimos en paz? No la aceptamos tal cual porque, irónicamente, llegaríamos a ese utópico paraíso y nos volveríamos locos al vivir en él, porque es más de lo que podríamos manejar, ya que estaríamos libres de ataduras.

            ¿Por qué no comemos rata? ¿Por qué no comemos Perro? En China la comen y no les hace daño. ¿Por qué podemos comer Res si en India no pueden? Hay muchas restricciones culturales que damos como certezas universales y nunca cuestionamos. Todos somos humanos diferenciados por el lugar de nacimiento y la cultura en la que fuimos criados. Otro ejemplo, se dice que la mujer latina debe ser celosa, lo cual va acorde a su naturaleza pasional, así que díganme, ¿Conocen alguna mujer latina que no sea celosa? Yo no.

Tal vez porque tengan que cumplir su programación de “celosas”, así como yo debo cumplir con mi programación de “hombre bueno”, y me pregunto a mí mismo “¿Acaso no puedo ser malo, un desgraciado, un hijo de puta?”.

“En ningún lado soy nada de nadie” – Buda

            A finales del 2011 tuve una dosis de libertad, y entré en crisis existencial. Me pase, por primera más en más de una década, una semana sin trabajar, cuando el resto de la empresa lo hacia a ritmo normal, así que el mundo seguía funcionando sin mí. El día antes de regresar a la oficina, me deprimí. A todo se acostumbra uno, menos a no comer; en esa semana me adapte a una vida distinta a mi acontecer diario.

            Es tonto pero levantarme diario a las 6AM, ponerme el traje, arreglarme, manejar, estacionarme, prender mi máquina, checar los mails e iniciar con mis actividades diarias, era la rutina que me daba identidad. Siempre me sentí feliz de ir a trabajar (con una que otra excepción), pero aquel último día de mis vacaciones, me sentía auténticamente triste de ir a la empresa, por regresar a esa vida que, pareciera, había dejado atrás hace muchos años, cuando sólo habían pasado siete días.

            Deje de encontrarle sentido a mis actividades, a mi trabajo y, por qué no decirlo, empecé a cuestionar mi vida entera. Sólo bastaron unos días de desprogramación para darme cuenta de mi verdadero existir. Ahí radicó mi depresión porque supe que, al retomar mi rutina normal, iba a volver a encontrarle sentido y volvería a la vida automatizada que tanto me acomoda. Relativamente, fui libre por un momento, pero ese instante no iba a durar para siempre. Tal vez mi depresión radicaba en que no tengo a dónde refugiarme, porque no he generado algo hacia dónde dirigirme el día que ya no me necesiten aquí.

            Sin embargo, la tristeza de aquella ocasión también fue por la libertad misma. Me dí cuenta que tengo algo de libertad al no tener sitio a donde regresar ni tener a alguien con quien regresar. Lo irónico es que, por tanto tiempo he protegido mi soledad que se ha tornado en una prisión para mí, ya que también me da identidad. Descubrí que no soy ni mi trabajo, ni el baile, ni el correr, ni el escribir ya que mi esencia tiene posibilidades infinitas pero estoy atrapado en mis mundos actuales, por lo que no me animo a explorarlos.

            Alguna vez leí una novela en donde el maestro de Sigmund Freud, Josef Breuer, trató a Nietzsche para resolver todos sus traumas y demás problemas. Dentro de esa novela, el Señor Breuer se despierta un día sin ataduras: sin identidad, sin familia, sin responsabilidades, sin vínculos y nada de lo que le daba identidad o arraigo.

"Tu corazón es libre, ten valor para hacerle caso" - William Wallace (Braveheart)

            Él era libre de hacer con su vida lo que quisiera, casos similares los constate al leer “El Psicoanalista” de John Katzenbach o al ver la Película “The Dark Knight Rises”. Es entonces que uno se da cuenta que, a excepción del momento en que nacemos, en realidad dejamos de ser libres conforme más adaptados estamos a la sociedad. Conforme vamos creciendo, se nos van asignado roles, mismos que nos forjan una identidad, o varias, para movernos por la sociedad humana.

            Se nos asignan círculos a los cuales pertenecer, creencias a las cuales seguir, un camino que transitar. Casi nadie cuestiona, y se toma como algo predeterminado, un guion a seguir. A veces nos creemos libres, pero tenemos demasiadas lealtades o apegos a los cuales debemos ser fieles: un trabajo, una familia, una religión, un equipo de fútbol, un país, una ideología política y a todo lo que diga la sociedad que está permitido decir o pensar.

            Tenemos tantos guías que nos saturamos de información: lo que dicen los medios, lo que esperan tus familiares, lo que te exigen tus amigos y lo que te educaron a alcanzar, lo que ves en el cine, lo que lees en libros y tanto en qué basarte que, en realidad, es muy fácil vivir porque casi todo lo deciden por uno.

            Regresando al tema de dejar atrás tu existencia actual, con todo lo bueno y malo que eso implica, y empezar en otro lugar de cero, donde nadie te conozca y no tengan expectativas sobre ti o tu accionar. De los tres casos que mencione arriba, ninguno dejó su status por voluntad propia, pero acabaron aceptando de buena gana su nuevo rol. Ha de ser maravilloso pero, al mismo tiempo, pavoroso

            Los que se atrevan a ser padres deberían tener un trabajo emocional bastante avanzado para darse cuenta que su niñez ya pasó, y ahora ellos son los papás. Es increíble cómo gente que, por ejemplo, tuvo el deseo frustrado de ser doctor, obligue a sus engendros a estudiar medicina, sin darles la oportunidad de elegir por ellos mismos. Esto sin importar que al niño le den nauseas la sangre u, otro ejemplo, no querían casarse con cierta persona pero, como es la hija del amigo, pues lo obligaron.

“¿Cómo puedo ser libre? Pierde todas las esperanzas y lo serás” – Alejandro Jodorowsky

            Hay muchos progenitores que no se dan cuenta todo el mal que les pueden hacer a los hijos con traumas, frustraciones o expectativas, todo eso que no pudieron alcanzar en su propio tiempo y quieren que los vástagos lo cumplan por ellos. A veces hasta se agobia al niño y éste acaba haciendo cualquier estupidez con tal de dejar el yugo familiar.

            ¿Imagínense librarse de sus lazos familiares, laborales, de amistad, de pareja, de las aprensiones, de los traumas, de tu educación, de tus valores y de todos los roles que desempeñas en la sociedad? Todo esto nos aprisiona en la identidad, el Status Quo, en las comodidades, en el status social y todas esas cadenas que nos parecen tan cómodas pero que nos quitan ese libre albedrío. Por eso nos debemos de comportar conforme a lo hecho previamente, conforme a lo logrado, conforme a lo recorrido, y no podemos salirnos de ese camino.

            Nadie nos da la opción de irnos por otro lado, un ejemplo exagerado, aunque toda la vida hayamos comido helado de fresa, podemos comer de pistache. El problema es que todos se van a escandalizar con ese hecho: el heladero, nuestros parientes, nuestros amigos y los demás comensales, “¡Tú siempre comes helado de fresa! ¿Por qué te atreves a comerte uno de pistache?” y no puedes contestar “Porque quiero”, siempre debes aludir otras razones como “Estoy enfermo”, “Estoy deprimido”, “Estoy confundido” o cualquier otro argumento que evidencie que no eres tú en esos momentos, pero nunca aceptaran que lo hiciste el cambio radical por voluntad propia y en tus cinco sentidos.

            Tener una crisis existencial en la cual desconoces quién eres es algo brutal, duro y violento, sin embargo, es necesario que todos tengamos una así. No somos la identidad que se nos ha asignado, podemos elegir lo que queramos ser, desde nuestra mejor versión hasta la más patética, pero siempre que la hayamos escogido nosotros mismos será aceptable. No dependemos de los demás ni en lo que, se supone, deberíamos ser. Ojalá algún día pueda hacerlo, pero ahora no me puedo incluir, son pocos los valientes que se avientan al precipicio de la incertidumbre.

            Personalmente sé que podría correr un maratón, tengo la capacidad física para hacerlo pero reconozco que me asusta no tener la capacidad mental de soportarlo, me asusta verme derrotado pero lo más triste del asunto es ni siquiera intentarlo, tal vez estoy en espera que llegue alguien y me diga “Te quito esta limitante y es más, no sólo correrás 42kms, ¡correrás 100kms!” hay humanos que pueden correr Ultramaratones de 100kms y ¿acaso son de otros planetas? Creo que no. A veces nuestra jaula es tan grande (toda una cultura) que nos da la impresión de ser libres, lo cual nos impide captar nuestras limitaciones.

“La demencia es algo raro en los individuos, pero en los grupos, los partidos, los pueblos, las épocas constituye la regla.” – Friedrich Wilhelm Nietzsche

            El romper paradigmas, los cuales nos han dado a mamar desde infantes y que han sido tatuados en nuestra piel, es tan difícil como lastimar a nuestra madre, y es que estás despreciando los “tesoros” que ellos te dieron al educarte. La libertad se trata de elección, personal no externa, pero no elegir dentro de los límites que se nos han impuesto. No sé si he logrado explicar la idea que tengo en mi cabeza, porque menos del 1% de la humanidad lo ha logrado, y es que es terrorífico elegir por uno mismo. Todos nos engañamos que somos libres para escoger lo que queramos pero, en realidad, estamos acotados por nuestra formación previa.

            Una semana antes de salir de vacaciones, mismas que me provocaron la crisis existencial antes mencionada, me capturó la preocupación de ser vulnerable, me dí cuenta que si me corrían del trabajo no tenía otra fuente de ingresos que me diera estabilidad y certidumbre, por lo que mi preocupación era grande y auténtica. Al regresar de esa semana mi postura cambio para decirme a mí mismo “Ya no quiero trabajar”, pero mi amigo Alex me regresó a la realidad al decirme “Mejor agradece que tienes trabajo sobre el cual quejarte”. Gracias a eso valore mi trabajo y llegue con una excelente actitud el Lunes. Sólo bastó una semana para que uno cambie su manera de percibir la realidad, un simple cambio de rutina puede cambiar tu vida entera.

            ¿Recuerdan cómo han cambiado sus percepciones de acuerdo a la edad o los intereses?, cuando viajan al extranjero pasa lo mismo: ven muchas cosas que podrían cambiar y, cuando regresan, la rutina los reabsorbe y vuelven a su dinámica anterior. El ámbito es muy poderoso en nuestro inconsciente, con algunos cambios nos daríamos cuenta de lo autónomos y libres que podemos llegar a ser. Podíamos ser soberanos de lo que somos, de lo que pensamos, de lo que decimos y lo que sentimos y casi nadie puede presumir de ello.

            Ni siquiera tenemos libertad en todo eso que se supone que debemos ser, sentir o creer. Tal vez no tengas frío en algún momento, pero ves que todos se tapan como si estuviera nevando y si te atreves a ser diferente (al no tener frío, al no estar acalorado, al no estar asustado o consternado, al no tener su fe o cualquier otro estado generalizado), eres criticado y cuestionado: “¿Qué te pasa? ¡Tápate!” “Oye, pero tú debes creer en mi Dios ¡Créelo!” y demás dogmas absurdos.

Hay tantas cosas que no tienes derecho a decidir por ti mismo, porque serás tachado de anormal, así que te coartan la libertad. Si no se tiene la suficiente personalidad, optas por fingir que te congelas cuando los demás tienen frío o en ser el más devoto, para que te dejen de tratar como extraño por no tener miedo cuando los demás están atemorizados. El ser libre es distinto a lo aceptado, está “mal” ser libre, sin importar que sea positivo para el individuo. Esta programación se va dando desde la infancia, cuando se te dan las reglas para ser el perfecto autómata bípedo que sigue las creencias populares y acalla las potenciales ideas originales que tenga en su ser.

‎           "Resulta que si uno no se apura a cambiar el mundo, después es el mundo el que lo cambia a uno" - Quino.

            Creo que las aspiraciones de auténtica libertad para el ser humano son bonitas fantasías, las cuales nunca alcanzaremos fehacientemente. Pareciera que estamos destinados a tener algo que nos identifique, no sé si motivado por nuestra mortalidad. Tal vez sólo nos quede dejar algo que rebase nuestra muerte, algo que nos dé la sensación de inmortalidad, de que aportamos algo y que no fuimos un ente insignificante más en la historia de este planeta (que a fin de cuentas es lo que TODOS somos).

            Otro aspecto que nos coarta la libertad es nuestra apariencia. El cómo nos vestimos, cómo nos arreglamos, el cómo nos perciben los demás, nuestra estética y nuestro estilo. Todos ellos son tiranos que no nos dejan en paz y que todo el tiempo nos están incomodando. No somos libres de intentar ponernos otra cosa que, en teoría, no va con nosotros. Son como las relaciones que nos esclavizan a pesar de ser nocivas, aunque ya escribí de eso en otro ensayo.

Creo que al ser humanos, en automático, estamos atados a distintas creencias y lealtades, sobre lo que debemos creer, sentir, odiar y venerar. Creo que nunca conoceremos la auténtica libertad (como los animales, y tal vez, ni ellos lo sepan), porque siempre habrá ideas, convicciones, prejuicios y pasiones que acabaran por identificarnos y darle un cauce "lógico" a nuestras vidas.

Muchos nos quejamos de nuestra rutina pero, en el fondo la amamos porque, de lo contrario, ya la hubiéramos modificado desde hace mucho tiempo. El pertenecer a un clan, a un grupo, a una empresa y demás nos da seguridad; todo esto debido a la necesidad humana de ser gregario.

El haberme sacado de mi rutina por una semana entera resultó letal para mi rutina y muy beneficioso para mi vida y poder ver más allá de lo cotidiano. Me di cuenta que dicha rutina no es mi existencia. A pesar de mi misantropía, no puedo extirpar ese sentimiento gregario tan confortable para el humano, pero sí me sentí a gusto por mi individualidad, por ser capaz de estar solo conmigo mismo sin necesidad de nadie, pero ¿eso es vida?

"Encontré la libertad. Perder toda esperanza era la libertad". – Tomado de la película Fight Club

Todos en el mundo hacemos como si fuésemos independientes y con personalidad, sin darnos cuenta que sólo vamos cambiando dentro de los límites permitidos que el Sistema nos impone con cierta ropa, cierta música, cierto tipo de casa o de autos, ciertos programas, películas o ideas. Tal vez algunos parezcamos más radicales u otros parezcamos más domados, pero a fin de cuentas todos estamos dentro de la misma jaula. Muchos juegan a que son más libres que otros mediante viajes, compras, experiencias exclusivas pero, al final, todos estamos atrapados en la rutina propia y personal.

            Perdemos nuestra esencia humana por todos esos roles que heredamos o adquirimos, tomamos máscaras socialmente aceptadas y renunciamos a la libertad de simplemente SER. Uno siempre tiene la elección de cambiar de rumbo, de ir contra las expectativas que los demás nos han tatuado (y que hemos aceptado). Los que hacen esto son considerados locos y, tal vez lo estén, porque están renunciando a un ancla existencial y lógica, están renunciando a la “congruencia” de este mundo (por más incongruente que sea).

Esa bendita rutina que nos fortalece en el Sistema y que acaba con una potencial libertad que nadie quiere, porque nos asigna nuestros roles o papeles, de los cuales nos podremos quejar pero casi nunca nos desharemos de ellos, porque podríamos entrar en crisis al desconocer quiénes somos y para qué estamos acá. Si toda tu vida te han dicho que eres verde, recibes un shock el día te digan que eres rojo.


            Nuestro trabajo, nuestra familia, nuestros problemas, nuestras enfermedades, nuestras posesiones, nuestros status, nuestras creencias, nuestros atuendos, nuestras máscaras, nuestros pasatiempos y demás, TODO nos da identidad en este mundo, nos da un bonito traje para recorrerlo sin problemas. Sólo requerí un breve período de aislamiento para darme cuenta que nada de eso soy yo y, lo que es peor, que no sabía quién o qué es lo que era, si es que soy algo conciso. No sé si esto le pase a todos, supongo que no porque son pocos los que se atreven a desenchufarse por completo, tal vez por miedo a darse cuenta de lo que descubrí. Me parece que el ser humano tiende a enajenarse con lo que sea con tal de no pensar en su existencia, y como se sabe incapaz de lidiar con ello, mejor lo evade a cómo dé lugar.

Creo que el mundo actual se ha dedicado a anular el individualismo que todos podemos desarrollar y hemos pasado a ser una caricatura humana, un autómata programado para creer que es auténtico, cuando eso dejamos de serlo hace muchos siglos, con acciones como el matrimonio (en donde nos autoflagelamos con una "institución" que no tiene razón de ser), con la revolución industrial (en donde aprendimos a faltarnos al respeto para venerar al Dios más grande de la existencia humana: el dinero), las religiones (que son mercenarias de esa Esperanza innata que el humano necesita ejercer) o los avances tecnológicos (que es un medio para enajenarnos y separarnos aún más de la naturaleza, por lo cual la destruimos con mayor facilidad). El "ser" humano es una paradoja, porque dejo de SER desde hace mucho tiempo, ahora sólo es el producto humano (y lo hicieron frente a nuestras narices, con nuestro consentimiento y complicidad).


Hebert Gutiérrez Morales.

4 comentarios:

Alejandra Aros dijo...

Me identifico con muchas de las cosas q dices. Son cosas difíciles de hablar con la gente. Te tratan de rara si uno toca esos temas. Felicidades

Hebert Gutiérrez Morales dijo...

Muchas gracias Alejandra, tu comentario me es muy especial. En realidad este escrito debió quedar mejor pero, te confieso, me desespere y lo lancé sin pulir. Me halaga que te gustara a pesar de ser uno de mis escritos menos favoritos. Muchas gracia por tu gentileza. :-)

Anónimo dijo...

Pues ya lo puedes poner a tus favoritos, no se podría haber dicho mejor! Este es el problema, queremos la libertad, pero cuando la tenemos (aunque sea en un aspecto concreto de nuestra vida) nos asusta y terminamos por volver a la rutina, por aquello de "más vale loco conocido que sabio por conocer" que, dicha sea, nos inculcan también desde la infancia.

Saludos desde el otro lado del charco, un abrazo!

Hebert Gutiérrez Morales dijo...

Muchas gracias Nuri. Digo que no es de mis favoritos porque sé que pudo haber quedado mejor el escrito, lo sé y tal vez, algún día, me anime a re-escribirlo. Como siempre, muchas gracias por tu tiempo al leerme y comentarme. Un abrazo :-)