domingo, 9 de febrero de 2014

Experiencias chiapanecas (Primera parte)

            Algo que he aprendido es que uno no debe hacerse expectativas de NADA ni de NADIE en este mundo, así uno está curado contra decepciones. El problema se presenta cuando te encuentras con una opinión tan generalizada y unánime respecto a un lugar, entonces es casi imposible no tener ideas preconcebidas sobre el tema en cuestión.
Posando en los lagos de Montebello

            Desde que tengo uso de razón, la gente que había viajado por muchas partes de México compartían una opinión: Chiapas es sin duda el mejor lugar para visitar. Cada persona que conozco que ha viajado a dicho estado del Suroeste, regresa fascinada por toda la belleza y posibilidades que ofrece dicha entidad.

Hace unos años, de manera silenciosa e íntima, me hice la promesa de conocerlo y, hace tres meses, tuve la fortuna de visitarlo; y finalmente comprobé que, sin duda alguna, los rumores son ciertos: Chiapas es el mejor lugar para visitar en México.

Azúcar

Desde el aeropuerto de la ciudad de México, antes de abordar el avión, me llamó la atención que algunas personas llevaban una cantidad considerable de donas Krispie Kremé (y lo noté porque son mis favoritas).
Nuestro bello hotel en San Cristóbal

Cuando llegamos al aeropuerto de Tuxtla Gutiérrez, las donas fueron recibidas como un gran tesoro por las respectivas familias de las que las llevaban. Según leí, Chiapas es uno de los principales consumidores de Coca-cola a nivel nacional (y estamos hablando que México el primer consumidor per cápita de refresco). Así que tengo una de dos posibles conclusiones: o los chiapanecos muestran una adicción muy marcada a la azúcar o no hay Krispie Kremé en dicho estado (lo cual me parece poco probable).

Día 1: El cañón de Sumidero y Chiapa de Corzo.

Uno de los lugares más famosos y emblemáticos de Chiapas es el Cañón del Sumidero, mismo que es ultrapromocionado y todo el mundo lo chulea. Sin embargo, no fue el lugar favorito de mis vacaciones ¿La razón? Son tres de hecho:

#1 La basura: Aunque dice Augusto (mi compañero de viaje), y los habitantes de los alrededores, que el lugar está mucho más limpio que hace cinco años en donde, literalmente, no se podía avanzar por tanta basura. Sin embargo, había muchas manchas de desperdicios humanos, lo cual te afea el panorama y no te deja embelesarte por completo de un paisaje tan maravilloso.
El árbol de Navidad del Sumidero

#2 El guía: como comprobé al día siguiente, la función del guía fue muy valiosa en cada una de nuestras visitas. Creo que el peor guía que nos tocó fue lanchero del Cañón del Sumidero, con una actitud desganada, sobrada y con prisa. Pasamos rápido por los lugares, las explicaciones fueron escuetas y al señor le faltaba mucho ángel al momento de explicar y guiar. Pero eso sí, al momento de pedir propina, hasta en su plan de víctima se puso y, por supuesto, no le dimos nada. Fue el único al cual no le dimos propina, pero porque fue el único que no hizo nada por merecerla.

#3 Barranca Grande: Para mí y, recalco, PARA MÍ. Barranca Grande es un lugar mucho más hermoso, más limpio y más impresionante que el cañón del Sumidero. ¿Por qué uno es desconocido y el otro muy famoso? Porque al cañón veracruzano sólo se puede acceder haciendo rafting, mientras que las aguas del cañón chiapaneco, están tranquilas por las presas que lo contienen. Y me alegro que Barranca Grande sea desconocido, porque así es más fácil mantener su belleza natural alejada de la nociva y contaminadora mancha humana.

Después de ahí visitamos Chiapa de Corzo, el cual se está gestionando para que sea el tercer pueblo mágico de Chiapas (después de San Cristóbal de las Casas y Comitán), sin embargo, desde mi perspectiva, aún está le falta mucho para lograrlo ¿Por qué? Se nota una falta de cuidado e interés de la gente por tenerlo limpio, arreglado y atractivo. Personalmente, no encontré algo que me cautivara de dicho lugar así que, en mi opinión, podrían quitarlo del tour.
El cañón del Sumidero

Como podrán ver, el primer día no fue precisamente el más divertido, de hecho, diría que fue el más flojo de nuestro tour. Cuando llegamos a nuestro hotel en la noche, honestamente, estaba temiendo que las opiniones que había escuchado del lugar hubiesen sido exageradas, percepción que fue desmentida el resto de los días que, sin duda alguna, fueron exponencialmente mejores.

Ritmo de vida tranquilo

La gente en Chiapas vive a otra velocidad, una más tranquila, distinto a ese ritmo frenético del mundo capitalista en el cual nos desenvolvemos. Los chiapanecos viven de manera tan ralentizada que impresiona: no era raro que llegaran tarde a una cita, pero esa hora nos la reponían de regreso. A la hora de servirnos la comida, atendernos en un negocio o transportarnos a algún lado, no había prisa alguna, como que los chiapanecos disfrutan cada segundo de existencia que tienen disponible.

Tal vez vivamos a un ritmo más intenso en el mundo capitalista occidentalizado, lo cual creemos que es mejor, pero cuando ves a la gente disfrutando cada momento de su día, te empiezas a cuestionar el sentido de tanta velocidad que le imprimimos a nuestro diario acontecer.
Posando en Chiapa de Corzo

Día 2: Amatenango del Valle, Cascada del Chiflón y lagos de Montebello

El segundo día fue definitivamente uno de los mejores. La Cascada del Chiflón es simplemente impresionante y los lagos de Montebello muestran unos colores bellísimos. Este día fue muy productivo porque, además de los bellos paisajes, me lleve dos aprendizajes.

Me avente de la Tirolesa del Chiflón, que sólo consta de dos tiros de unos 130 metros cada uno, lo impresionante no está en la longitud, sino todo el marco en que uno se avienta. En realidad sólo fueron doce segundos que duro la experiencia (seis por cada tiro) y en total me gaste 150 pesos. Sin embargo, lo que pague fue muy barato para la intensidad experimentada, ya que los tiros fueron muy rápidos que, complementados con el rocío y el rugido de la cascada, me brindó un gran gozo. Es cuando uno invierte en experiencias y se lleva consigo la emoción para siempre.

El otro aprendizaje me resonó mucho contra lo que había pasado un día antes en el cañón del Sumidero. Creo que el mejor grupo que nos tocó en nuestras vacaciones fue en este día: nos tocó una pareja tapatía de recién casados, un matrimonio chilango de 30 años, una mujer de negocios que se dio una escapada, nuestro guía y nosotros dos. Todos nos compenetramos muy padre, el ambiente fue maravilloso y eso hizo aún más placentera la experiencia.
Aventándome de la Tirolesa en el Chiflón

Sin duda alguna, cada cual construye su realidad: gracias al grupo, disfrute más el Chiflón y Montebello que el Sumidero. Eso quiere decir que el solo lugar no garantiza nada (por más majestuoso que sea), el ambiente que armas definitivamente ayuda a percibir mejor la experiencia (o peor).

Los lagos de Montebello son una perfección natural impresionante, uno queda embobado por los tonos tan distintos y hermosos que hay de lago a lago, resultando postales increíbles. Finalmente, en Amatenango del Valle, compramos unas artesanías muy bonitas y muy baratas (como todo lo que se venden en Chiapas).

Injusticia en Chiapas

Es indignante que un estado tan rico como Chiapas (tal vez el que más riqueza tiene de todo México) muestre tanta pobreza en la población. La muestra está en las artesanías tan cuidadas y con excelente calidad, mismas que son vendidas a precios irrisorios, lo que te hace confirmar que algo anda mal con nosotros como sociedad y raza.
La increíble belleza de Montebello

Había pasajes en los que me sentía como en Cuba, porque muchas personas querían venderte algo o sacarte algo, cobrarte por alguna foto o información. Es triste ver a niños que están trabajando o mendigando en lugar de estar asistiendo a clase. Sentí esa indignación por el país en que vivo. Trataba de explicarle a un par de alemanes que los niños no estaban en clase porque sus maestros estaban en huelga, algo que ello no entendían, y tenían razón: es algo inexplicable, por lo menos en el primer mundo es impensable que un niño no vaya a la escuela. Con acciones así, y conociendo la cultura mexicana, nunca seremos de ese anhelado primer mundo.

Como mexicano, me alegra que este maravilloso estado siga siendo parte de mi país. Y es que hace unos años se hizo un referendo para consultar si querían seguir perteneciendo a la República o se independizaban. Obviamente nuestro asqueroso sistema político algo tuvo que ver en esa consulta. Así que, por México, ¡Qué bueno que Chiapas siga perteneciendo al país! Ya hablando del Estado y de su gente ¡Qué mal por ellos que sigan perteneciendo a este país!

Día 3: San Juan Chamula, Zinacantán, San Cristóbal de las Casas y grutas de Rancho Nuevo

San Cristóbal de las Casas es un pueblo mágico muy bonito, limpio e interesante, sin embargo, le decía a Augusto (que ya había venido antes) que me daba la impresión que ya se había comercializado mucho el lugar. A pesar de ser mi primera vez, tenía la sensación que antes era más auténtico el asunto y menos mercantil y ahora sentía que había demasiado capitalismo presente en el mismo. Mi amigo confirmó esta teoría.
Graffitti en las Calles de San Cristóbal

Sin embargo ¿quién los puede culpar? En este mundo occidental capitalista, el que no vende no come. Es un hecho triste, porque la magia del lugar se reduce ampliamente con lo comercial. Es más, estoy seguro que cuando regrese en unos años, la situación se va a agudizar y, sin duda alguna, ya no va a ser como antes. Y es que ese título de “Pueblo mágico” ya sólo se demuestra en el centro porque, en los alrededores, se acaba la magia y se ve igual que cualquier pequeña ciudad mexicana, con todo lo corriente y ordinario que eso trae.

El momento más impactante, que más me afectó y cimbró fue la visita a San Juan Chamula, y no sólo me refiero a este día o a las vacaciones en sí, me refiero que tenía mucho tiempo en que no me sentía tan afectado por algo tan tétrico.

De entrada me llamó la atención que fuese un pueblo que expulsó a los dominicos de su población; y no porque estos no lo merecieran, ya que sus acciones abusivas así lo ameritaban. Lo notorio es que un pueblo mexicano expulse a los religiosos cuando, lo normal es que sean sumisos y dominados por la Iglesia Católica y casi nadie se ha sublevado (y ese casi es precisamente Chamula).
Iglesia de San Juan Chamula

Por fuera, la Iglesia no llama la atención, de hecho no tiene mucho chiste pero, cuando entramos, el impacto fue inmediato. De entrada, desde que fueron expulsados los religiosos, dicho templo ya no tenía Sacerdote que oficiara las misas, así que ya no era propiamente católico. La energía y/o aura de ese lugar era muy negativa, trágica, pesada, densa. El fanatismo que se respiraba dentro te contaminaba los pulmones. La combinación del arte sacro (que siempre me ha parecido espantoso), con una santería algo oscura y la sensación de no ser bienvenido por los habitantes, te hacía sentir a disgusto en dicho lugar.

Y aclaro, no me asusta la santería, porque desde niño la conocí ampliamente, ya que se me hicieron limpias con yerbas, gallinas, huevos, velas, incienso, etc. Vi como mataban a la gallina negra, se quemaban ofrendas e imágenes y demás ceremonias que no me impactan y que hasta me parecen más auténticas que las religiones establecidas.

Sin embargo, en Chamula se hizo un revoltijo macabro. La estética dentro del templo es violenta visual y sentimentalmente. Ellos hicieron suyas las imágenes religiosas y las han ido manejando de una manera que te hace sentir incómodo, como el hecho de tener a sus “Santos castigados” (y que conste que soy un gran detractor de las religiones, en especial de la católica). Ahí dentro flotan por el ambiente muchas vibras negativas: sufrimiento, miedo, violencia, flagelación, anhelos no logrados, resentimientos y demás.
Zinacantán

Entrar ahí me afectó profundamente por lo que salir fue un alivio total. Me sentía muy desestabilizado y, sin duda alguna, nunca pienso regresar a San Juan Chamula, PERO me siento agradecido de haber estado ahí y vivirlo, que nadie me contara. Además, me sentí muy afortunado de que en mi vida no haya una energía tan negativa fastidiándome la existencia.

Pocos kilómetros son los que separan a Chamula de Zinacantán, pero todo un mundo de diferencia hay entre los dos pueblos. En Zinacantán la gente no es tan hosca, tan dogmática, tan fanática ni tan cerrada como en la población vecina. De hecho te invitan un traguito de Posh (yo, que no ingiero alcohol, venía tan consternado de Chamula, tomé la bebida sin chistar), te muestran sus tradiciones, cómo tejen las artesanías, te dan un taquito. Con esta diferencia de trato tan grande, uno les compra las artesanías de manera gustosa, sin mayor presión, algo que en la población vecina casi te obligaban a hacerlo.

Para finalizar el día, visitamos las grutas de Rancho Nuevo, las cuales están muy bonitas. Ya en el fondo de las mismas, nos decía nuestro guía que, de no ser por las lámparas, estaríamos en una oscuridad total, en donde puedes encontrar una paz interna propiciada por el profundo silencio y falta de visión.
Rancho nuevo

Me llamó mucho la atención eso último que dijo, porque no creo que aplique para la sociedad actual, ya que la paz interna no es algo común en estos días. No puedes mostrar una paz externa si no existe dentro de ti. No me cabe duda que la mayoría de personas comunes se estresarían por estar en oscuridad total, sin el sentido principal de este mundo visual. Ahí perderían totalmente la calma. Al final lo que muestras hacia afuera es un reflejo de lo que tienes dentro.

Guía Negativo

La gran mayoría de nuestros guías fueron personas excepcionales, amables y con amplio conocimientos, sin queja alguna. Sin embargo, el día que fuimos a las cascadas de Agua Azul, nos tocó un guía extremadamente pesimista, lo cual resaltaba más ya que era muy joven (unos 24 años).

Por ejemplo, el guía del día anterior nos decía “Cuando vayan a Misol-Ha, métanse a las grutas de la cascada, no se van a arrepentir”, cuando le comentamos esto al muchachito éste nos dijo “¡No! Ni se metan, es peligroso y se pueden resbalar”. Como el guía del día anterior me dio más confianza, me metí debajo de la cascada y vi que no había este “terrible” peligro que el pesimista nos decía.
Posando en el chiflón

A diferencia del resto de sus colegas, que hablaban de las maravillas de Chiapas, todo lo que él nos comentaba estaba mal, era feo o estaba sobrevalorado (y eso que él era de Chiapas, yo siempre hablo maravillas de mi estado natal (Veracruz) porque, para mí, no hay nada mejor que ello).

Día 4: Cascadas de Agua Azul y Cascada de Misol-Ha

El trayecto de San Cristóbal a las Cascadas de Agua Azul es un verdadero suplicio, con subidas, bajadas, topes, curvas, caminos angostos y demás incomodidades de un camino que se hace más largo de lo que de por sí ya es. Sin embargo, al llegar a Agua Azul, el trajín sin duda vale la pena, ya que el lugar es precioso.

La tranquilidad y belleza de dichas cascadas es impresionante a pesar de todos los comerciantes que te piden que les compres algo. Me sentía tan extasiado con la magnificencia del lugar que ni me dí por enterado de que me estaban intentando vender artesanías.
Cascadas de Agua Azul

La Cascada de Misol-Ha también es impresionante pero, después de ver Agua Azul, ya no sientes una emoción tan grande, lo cual es injusto porque Misol-Ha también es un lugar hermoso pero, sin duda alguna, Agua Azul se le lleva de corbata.

Por cierto, nos decían que las Cascadas de Agua Azul les quedan unos 10 años de vida, ya que las cascadas van a seguir pero el tono turquesa que llegan a presumir está por llegar a su fin. ¿La razón? La deforestación río arriba.

Es una lástima que uno de los tesoros naturales más valiosos e impresionantes de México vaya a ser víctima de la necesidad de los habitantes que, al no tener qué comer, deben talar y cosechar la tierra, lo cual provoca deforestación y erosión que hará que las cascadas pasen a ser color chocolate. Una auténtica lástima pero ¿alguien puede culparlos por intentar subsistir? Cuando uno tiene hambre, la belleza estética del lugar en donde vives pasa a segundo término, la prioridad es sobrevivir.
Cascada de Misol-Ha

El Subcomandante Marcos

Invariablemente, sin importar el tour o el guía, todo el mundo acaba preguntando por Marcos y el EZLN y, lo curioso es que cada persona te da su versión de los hechos de acuerdo a sus intereses, vivencias o tendencias. Lo único cierto de todo esto es que Marcos ya no figura como antes, así que sólo ha pasado a ser otra atracción turística del estado del Suroeste.

Mi teoría, basándome en el modus vivendi del ámbito político mexicano, es que ya le llegaron al precio, que le dijeron “Toma tu lana, tus tierras, mantén tu libertad y quédate en silencio. Si no haces ruido te dejamos vivir en paz y todos somos felices”.

Durante toda la semana que pase en Chiapas no ví a un solo encapuchado, y eso que pasamos por Ocosingo, Rancho nuevo y otros lugares que eran considerados bastiones zapatistas.
San Cristóbal de las Casas

Día 5: Yaxchilán, Bonampak

Sin duda las ruinas de Bonampak son más famosas que Yaxchilán, pero éstas últimas no tienen nada que pedirle a las primeras. De entrada llegamos en lancha, ya que no hay camino por tierra para llegar ahí. Recorrimos la frontera con Guatemala por el Río Usumacinta para alcanzar la zona arqueológica.

La Acrópolis de este lugar es imponente, lo cual resalta más al estar en medio de la selva, en donde vimos alacranes, monos araña, murciélagos, tucanes y demás animales. Los que también sentimos fueron los mosquitos que, a pesar del repelente, nos tupieron con todo. Así que nos tuvimos que (literalmente) bañar en repelente para que nos dejaran en paz.

Ya en Bonampak, Chambón (nuestro guía lacandón) resultó ser una persona muy noble y paciente. ¿Por qué paciente? Durante la explicación, nos tocó un imbécil que se creía erudito en las ruinas, por lo que todo el tiempo interrumpía al lacandón pero éste, con mucha elegancia, solventaba bien la situación.
Subida a la Acrópolis de Yaxchilán

Ese tipejo nos sacó de quicio a Augusto y a mí, con su actitud prepotente y sabionda, diciendo estupideces como que las ruinas de Yaxchilán eran las peores que había visto en su vida, y comparando los frescos de Bonampak con la capilla Sixtina en que la, según él, había estado.

En ese punto me acordé de lo que viví en Cancún, y volví a darme cuenta de por qué me molestaba tanto así que, otra vez, volví a hacerme consciente de que también soy bastante mamador y, a través de esa consciencia, intentar ser un mejor ser humano, con menos poses que denoten superioridad que, irónicamente, lo único que evidencia es exactamente lo contrario.

Imposibilidad para estar en la Naturaleza

Salí a leer frente a nuestra cabaña en el campamento lacandón, ahí salió un chilango de la cabaña de junto y, muy amablemente, me pregunto si no tenía problema en que pusiera su música “Adelante” fue mi respuesta.
Bonampak

Después salió su esposa y, al acurrucarse junto a él, dijo algo que me llamó la atención “¡Ay! ¿Cuánta paz y tranquilidad!” ¿Perdón? Paz y tranquilidad había antes de que pusieran su música, es lo que pensé. Pero después ella agregó algo que resultó más congruente a su situación “Pero no me podría imaginar vivir así para siempre” y ¿saben qué? Tristemente, yo tampoco.

Y eso lo noté porque, cuando dejamos la selva atrás para retornar a la civilización, volvimos a tener Internet y, como Augusto me hizo notar, hasta la cara se me iluminó de escuchar todas las notificaciones pendientes que me llegaron al mendigo Smartphone (Twitter, Whatssapp, Facebook, Outlook, SMS, NFL y demás). Es triste comprobar que ya no soy tan libre como pensaba.

Hemos perdido esa capacidad de vivir en la naturaleza y, al igual que mis vecinos de cuarto, necesitamos ese ruido de la “civilización” para sentirnos a gusto, para sentirnos vivos. Ya no tenemos esa paz interna y tranquilidad espiritual para mantenernos callados en plena comunión con los sonidos de la naturaleza. Nos hemos vuelto adictos a factores externos que exciten nuestros sentidos.

Remando en Montebello

Hasta aquí esta primera parte de estas vacaciones tan maravillosas en el mágico lugar conocido como Chiapas. Continuamos en el siguiente escrito.

Hebert Gutiérrez Morales


PD Si les interesa viajar a Chiapas, en esta liga pueden comprar el paquete con el cual fui. Todo lo cumplieron al pie de la letra, una agencia muy seria y eficiente.

1 comentario:

Enrique Von Quin dijo...

Bonito recuento de tu viaje. Es entretenido, interesante y muy ilustrativo. Me paseaste por un lugar que no conocía pero que ya siento como propio.

Me emociona tu dedicación y esmero. Me parece una actitud muy loable ante la vida .

Un abrazo,
Enrique.