viernes, 21 de marzo de 2014

Identidad, amor y clanes (Parte dos)

"No hay estupidez más grande que extrañar a alguien que (probablemente) ni piensa en ti pero, en ocasiones, uno no puede evitar pecar de estúpido" - Hebert Gutiérrez Morales

            Me había prometido ya no volver a tocar este tema pero, como le escribí a mi Musa en el penúltimo ensayo que le dedique: “parece que los humanos no estamos hechos para cumplir promesas, sino para romperlas”.


            ¿Por qué demonios estoy escribiendo esto? Es algo tan inexplicable como las lágrimas que estoy derramando en estos momentos, mismas que me hacían falta (que me hacen falta) lágrimas que anhelo con locura, que me han abandonado cuando más las necesito, lágrimas imperativas para desahogar todo eso que está dentro de mi pecho, todo el amor contenido que, si no logro soltar, se va a empezar a podrir en mi ser y me va a envenenar de manera mortal (Que es lo que merezco y deseo).

            Justo una semana después de que publiqué “La importancia de llorar”, mi Schatzie y yo retomamos el contacto y de ahí viví uno de los meses más maravillosos de mi existencia, porque lo pase a su lado, parecía que por fin iba a lograr esa anhelada relación pero, al final, no fue así y todo terminó.

            Ya han pasado casi dos meses desde la última vez que nos comunicamos: cuando nos despedimos. ¿Saben? Ya ni siquiera cuestiono el por qué no se dio, ésa última vez me quedaron claras muchas cosas, y ella tiene derecho a hacer las elecciones que mejor le parezcan. Respeto su decisión, comprendo sus razones, sé que no puedo obligar a nadie a sentir lo que no le nace y, a pesar de todo, la extraño, tanto que ni siquiera puedo describir mi dolor.

"I know someday you'll have a beautiful life,
I know you'll be a star in somebody else's sky, but why
Why, why can't it be, can't it be mine?" - from the song Black (Pearl Jam)

            He intentado de todo en estas semanas: terapias alternativas, terapias tradicionales, comprar, viajar, ver series, ver películas, meditar, platicar con amigos y todavía me faltan muchas otras acciones por hacer pero, al final, la sigo extrañando.


            Recientemente empecé a ver el anime de “Nana” mismo que me ha ayudado un poco a desahogar porque, a pesar de ser una historia ajena a mí, me identifico con muchos de los sentimientos ahí expresados y me están desenredando el embrollo que tengo en el pecho (en una ocasión futura escribiré sobre tan maravillosa animación).

            También he notado que me he enganchado a un par de cantantes jóvenes. Desde hace años no me interesa la música nueva o moderna pero, por alguna extraña razón, he quedado prendado de Lorde y Taylor Swift ¿Por qué? Tal vez porque me nutren de esa dulzura que recibía de mi Musa.

            Extraño esa voz que me deleitaba los oídos y me alegraba el alma, extraño esos hermosos ojos, los más bellos que he conocido y esa sonrisa tan perfecta que me hacía dar gracias por haber nacido. Sin embargo, la decisión era necesaria, porque al final la relación no era vista de la misma forma desde su perspectiva, a la larga sólo podíamos lastimarnos al esperar cosas distintas del vínculo. Sé que nuestras metas no compaginan pero, a pesar de todo ello, no impide que la extrañé con todo mi ser.


            ¿Por qué estoy continuando el escrito de “Identidad, amor y clanes”, mismo que escribí en el pleno apogeo de mi enamoramiento? Porque ahora todo ha cambiado y mi vida como la conocía ha terminado. De hecho lo sabía, desde el momento en que ella me fulminó con la mirada, sabía que ya nada iba a ser igual, y aun así me aventé al vacío sabiendo que podía ser el fin de todo. Y, a pesar de todo, me volvería a aventar.

“ - 'Esto también pasará' - dice la cabeza mientras el corazón llora inconsolablemente esperando que sea verdad y que no muera antes de tristeza" - Hebert Gutiérrez Morales.


            Cuando la vi por primera vez, no lo sabía, pero me robó el corazón, uno que creía ya no tener, uno que había dejado de latir con intensidad, uno que (silentemente) se había recuperado tras años de tranquilidad, uno que dejó de pertenecerme desde ese momento y uno que ya no me hace más falta. Por unos meses me sentí menos solo en el mundo, porque creía haber encontrado la cómplice perfecta para mis proyectos y yo quería ser el de ella para los suyos.

            Es redundante expresar que estoy sintiendo el mayor dolor de mi existencia, pero ahora el daño es mayor, la herida caló profundo esta vez, y es que ha triturado conceptos y anhelos que acarreaba desde mi niñez, principios que respiré cada día y que, de pronto, han dejado de tener sentido, al grado de entrar en una crisis existencial tamaño jumbo. Dicho agobio me tiene en estado de shock sentimental, tal vez para no derrumbarme al no saber qué demonios va a ser de mí de ahora en adelante.


            Me siento sin rumbo, desarraigado, sin interés en nada. Me está costando mucho escribir en lo que llevo del año, tampoco estoy leyendo a mi ritmo habitual y estoy cometiendo muchos errores que antes no me pasaban (me infraccionaron por pasarme un rojo que no vi, me compré zapatos más pequeños de mi talla, no asegure la puerta de salida de mi fraccionamiento y le dio un golpe al coche y muchas otras evidencias que muestran que no estoy enfocado ni interesado en nada).

            Ella sigue con su vida y yo con la mía,  eso es muy triste, tal vez sea sano, pero no deja de ser triste. Es extraño, creo que nunca he sabido quién soy realmente, creía saberlo a su lado, pero he vuelto a la ignorancia. Pero ahora tengo la sensación de que estoy dejando de ser yo y, o que es peor, no sé en qué demonios me estoy convirtiendo.


"Es triste ver cómo cada día que pasa estamos más lejos, pero es horripilante la tranquilidad con que estoy aceptándolo" - Hebert Gutiérrez Morales

            Antes de conocerla, había alcanzado un punto de mi vida en el que me volví soberbio, creí que tenía todo bajo control. Cuando me enamore tan inesperadamente, fui revolcado como lo hace una ola de mar, esa ilusión de tener todo bajo control se fue al demonio, fui pateado por la vida y de pronto no me quedo de otra que ser humilde tras terrible golpiza moral y ser más consciente que una cosa eran mis planes y otra muy distinta la realidad.

            ¿Alguna vez han estado tan cansados que ni siquiera pueden dormir? Sé que suena estúpido, pero sí me ha pasado. Pero nunca había estado tan triste que ni siquiera pueda llorar. Claro que a diario sacó algunas lagrimillas con su recuerdo, pero no desahogo todo lo que traigo dentro, que es bastante, y eso me tiene frustrado, porque no la puedo dejar ir, quiero dejarla ir, que encuentre lo que está buscando y sea muy feliz, ya no quiero aferrarme a su recuerdo y, sin embargo, me aferro.

            Ni siquiera un lugar tan lleno de distracciones como Las Vegas pudo arrancármela del alma, de vez en cuando veía o escuchaba algo que me la recordaba o algo que le hubiera gustado, o algo que me hubiera gustado comprarle (ya no podré ver nada relacionado con “Hello Kitty” sin que me ponga triste).

            La última noche en la ciudad del pecado soñé con ella. En mi sueño reíamos y bailábamos, con tanta felicidad y naturalidad que no quería despertar. El momento más feliz que he tenido en estos dos meses y ni siquiera estaba en este plano existencial. Muchas veces he anhelado no despertar, con que esta sola ocasión se hubiera cumplido, hubiese sido feliz, no me importaba si era un mundo irreal, si era uno en el que podía estar feliz junto a ella.


"El dolor de los sueños no cumplidos es inversamente proporcional a la ilusión con la cual los concebiste" - Hebert Gutiérrez Morales.

            Desde pequeño se me educó para tener una familia con una esposa, dos niños, un perro, dos coches junto a una casita rodeada de árboles y un sol resplandeciente. Esos famosos introyectos familiares que uno recibe como herencia social. Sin importar las decepciones sentimentales anteriores, siempre tenía esa esperanza y/o programación vigente en mi inconsciente, pero ya no más.


            En esta ocasión la herida fue profunda, porque la ilusión lo era aún más. Antes de conocerla, ya habían pasado años sin que me fijara en nadie, así que estaba relativamente tranquilo, sólo en espera de una mujer adecuada, no en espera de volverme a enamorar de manera tan brutal.

            Con ella llego el enamoramiento más salvaje, profundo y devastador que jamás haya experimentado, al grado de que estaba seguro que el resto de mis días debía pasarlos a su lado, porque me era vital estar con ella siempre que me fuera posible.


            De alguna forma, al despedirme de ella, murió una parte mía muy representativa: mi identidad. Ya no sé quién soy ni lo que debo querer y, lo peor, es que no me podría importar menos. Nunca antes había estado tan convencido de algo pero, al no lograrlo, las consecuencias desastrosas.

            Soy una persona difícil, y no me hago precisamente más amigable con el paso del tiempo, viendo mi historial tan escueto en relaciones sentimentales, las probabilidades de que me vuelva a relacionar escasean aún más, me atrevería a decir, inexistentes. Adicionalmente ya no me quedan muchas ganas de fijarme en alguien ¿Para qué? Con mi personalidad tan difícil ya es arduo el trabajo, si ahora le aumentamos la herida profunda que quedó, pareciera que debo mentalizarme en seguir mi camino como lo he sobrellevado hasta ahora: solo.


“Forgotten my way home, forgotten everything that I know
Every day a false start, and it burns my heart
I know
Everything you said was right, and I suppose
Everything is here forever, till it goes
You gave it all away, kept nothing for yourself
Just a picture on the shelf” – From the Song “Black Burning Heart” (Keane)

            Y me cuestiono “¿En verdad quiero una familia?”, en mi educación me dijeron que sí pero ¿Qué quiero yo? Los hechos y los boicots que me he hecho a lo largo de los años dan un mensaje distinto al que expreso con palabras. He llegado a pensar que en realidad no quiero una familia, sólo estoy repitiendo un patrón que me inculcaron desde pequeño.


            He perdido el interés por pagar mi casa antes del plazo, prefiero gastar el dinero en viajes, en conocer lo más que pueda del mundo, y es que ya no le encuentro caso a hacerme de un patrimonio ¿Para qué quiero dinero de viejo? Ni siquiera estoy seguro de llegar a mañana, prefiero gastármelo ahora que estoy en plenitud que ahorrarlo para un hipotético futuro que, tal vez, nunca llegue. Por primera vez ya no me importa el futuro, sin ella, nada más importa.

            A pesar de todo, no dejo de trabajar ni de cuidarme, tal vez con la esperanza que esto puede ser útil en algún otro momento de mi existencia. Tal vez llegue el día en que le vuelva a encontrar sentido a la vida, por lo mientras pretendo como si lo tuviera.


Otro hecho ilógico es que sigo yendo a Rumba Mía, un lugar que me la recuerda invariablemente por la Salsa. Aunque ya no es como antes, porque ahora voy una vez a la semana y, a veces, no voy en varios días (y pensar que hace años iba a diario).

He notado que traigo muchos movimientos que ella me enseño, se me quedaron muchas facetas de su baile. En una ocasión alguien que la conoce me dijo “Se nota que tomaste clase con ella porque bailas con su estilo”, tuve que inventarme una llamada inesperada para salir un momento del salón para que no vieran mi evidente tristeza, y es que ese comentario me hizo muy feliz y muy miserable al mismo tiempo.


            Pero, por alguna extraña razón, no odio la Salsa. De hecho, ya no amo la salsa, supongo que sigo bailando por costumbre y por algo de identidad. Lo que me produce un auténtico sentimiento de aberración es la bachata, ésa sí la odio con todo mi corazón, porque me hace recordar mucho y me enoja tener que recordar.

"Resulta increíble cómo algo que antes amabas con pasión, ahora lo odias con intensidad, y todo por el mismo motivo: Te recuerda a una persona" - Hebert Gutiérrez Morales


            Pero me doy cuenta que sigo yendo a clase para ver a mis amigos, en estos días me reúno con la mayor cantidad de amistades posibles, pero no hablo del tema con ninguno de ellos, tal vez sólo quiero escuchar sobre sus problemas, así me enfoco en las desgracias de alguien más y olvidarme de mi vacua existencia. Tampoco lo toco porque no toleraría que alguien hiciera algún comentario negativo de ella, en verdad no podría soportarlo, no quiero que nadie la agreda por quedar bien conmigo, así sea en su ausencia y sólo sean palabras, porque ella es la mujer más buena que jamás haya conocido.


            Siguiendo con el baile, ¿por qué seguimos haciendo cosas que en el pasado nos hicieron felices pero que, desde hace tiempo, han dejado de hacerlo? Tal vez creemos que si seguimos repitiéndolas vamos a encontrar la alegría y el amor inicial que encontramos en ellas. Tal vez no nos atrevemos a dejarlo por la lealtad de la felicidad pasada que recibimos, lo cual es bastante estúpido y, sin embargo, lo seguimos haciendo.

            Así nos quedamos en lugares que ya no nos gustan, con personas que ya no nos llenan, en situaciones que ya no nos agradan y sólo nos lastiman. Todo por la creencia de tener una deuda impagable, todo porque no queremos perder lo que ya invertimos en esa situación, persona o lugar. Pero esa deuda ya ha quedado saldada ¿cuándo? Desde el momento en que dejamos de ser felices porque si el asunto fue de ganancia recíproca, entonces no hay deuda, porque seguramente algo bueno hicimos para ganárnoslo, y también nos ganamos el sufrimiento generado por nosotros mismos mientras no pongamos punto final.

            Por la experiencia previa que tuve (hace 12 años) sé que no se va a acabar el mundo, y eso es muy triste, sin embargo, eso no quiere decir que le encuentre sentido. Esta carencia de metas me da una libertad apabullante, tanto que no sé qué hacer con ella ni con mi vida.

“Si no te anula el sentido común y la lógica, entonces no califica como enamoramiento” – Hebert Gutiérrez Morales.

            Duele la decisión tomada, pero dolería más estar en una relación que no hubiera traído nada bueno a ambos. A pesar de ser una buena decisión, no puedo evitar el dolor de los sueños perdidos, de no volver a ver mi Schatzie y de dejar atrás todos mis anhelos.


            Continuaré con mi búsqueda de algo por lo cual vivir, seguiré viajando y buscando cualquier terapia o actividad que me dé herramientas para encontrar esa paz interna que perdí hace tiempo. Esto sólo se va a lograr cuando, por fin, la deje ir. ¿Triste no creen? Aunque te lastime a un nivel, es horrible dejar ir a alguien que te hizo tan feliz, la que más feliz te hizo.

            ¿No es acaso una crueldad encontrar a alguien que le da sentido a tu vida y no quedarte a su lado? Sé que es una estupidez poner tu vida en función a la aceptación de alguien, nadie más debería tener voz ni voto en las decisiones y, aunque sé que es una tontería, sigue doliendo su ausencia en mis días.

            Sé que no me ama, pero no puedo dejar de amarla. Sé que no piensa en mí, pero no puedo dejar de pensarla. Sé que ya me dejó ir, pero no puedo dejarla ir. Sé que soy un imbécil por escribir todo esto, y no puedo dejar de serlo. Ya no me importa si envejezco, si se acaba el mundo o mi propia existencia, todo dejo de tener sentido y lo peor es que fue por mi propia decisión. Pero no la puedo obligar a nada, la amo tanto que debo respetar sus decisiones y posturas, no puedo hacer que me quiera aunque me muera por ella. Ya no me importa escribir con coherencia o mantener una imagen, no me importa lo que nadie más pueda pensar de mí, ya todo ha dejado de importar.


"Esos días en los que sientes el alma enferma y que, al no haber medicina que la cure, sólo te queda pretender que le encuentras sentido a una vida que carece del mismo" - Hebert Gutiérrez Morales.

            ¿Por qué no me mato si mi dolor es tan insoportable? Por cobarde, esa misma cobardía que me hacen estar alejado de mi Musa. Todos los recuerdos felices se clavan en mi pecho y entre más lindos, más me lastiman; entre más feliz fui, más miserable me siento. Y me siento terrible, porque ella me hizo inmensamente feliz, y ni siquiera pude pagarle tanta alegría, me hizo sentir el más afortunado, y yo sólo le signifique molestias.


            Por ella fui el mejor ser humano que me fue posible, la mejor versión de mí mismo que pude ofertar . . . y no fue suficiente. Muchas personas me repiten que tengo muchas cualidades, que soy un ser humano de valor. Pongo en tela de juicio todas esas opiniones positivas sobre mí, si no fui capaz de convencerla de estar a mi lado ¿En verdad seré tan valioso? Si no la pude convencer de estar juntos, en realidad no he de ser tan valioso como dice el resto.

            A veces, y solo a veces, desearía regresar a ese juego tonto que teníamos en el que nos despedíamos para después, con cualquier tonto pretexto, volver a iniciar el juego del coqueteo. Justo entonces es cuándo recuerdo por qué termine este amago de relación, porque prefiero estar triste pero por una certeza, que estar en el sube y baja emocional que intercalaba felicidad y tristeza, con altas dosis de incertidumbre, y mucho sufrimiento, todo por ilusiones falsas que me creaba al instante. Por eso prefiero una paz en la miseria a una pseudofelicidad que me esté destrozando a cada rato.


            Ya solo me queda dejar de autoconmiserarme (después de este escrito, obvio) y limpiar mi alma porque, sea lo que venga en el futuro, no puedo cargar con esto que puede terminar por envenenar mi esencia. Todo lo bueno y lo malo ya pasó y por algo sigo vivo.

“Siempre privilegiaré la paz y tranquilidad interna que la misma felicidad” – Hebert Gutiérrez Morales.

            Pero ya no le tengo miedo a nada ¿A qué le puedo temer? Esa es la verdadera libertad, que ya nada te importe. Es un terrible regalo: ahora puedo ser y hacer lo que quiera pero ya no tengo la única razón que me daba valor para hacerlo, porque hacía lo que fuera por ella, pero esos días ya han pasado.


            No es el sentimiento más feliz pero, sin duda, no ha de haber sensación más liberadora que perder toda esperanza. Cuando careces de ésta, nada te ata, nada te quita la respiración, ya no esperas nada de nadie, sabes que no hay remedio alguno y que las cosas son como son, las has aprendido a aceptar. Ciertamente te resignas y, al mismo tiempo, eres libre, y es que ya no hay nada que te haga desear una felicidad futura o un proyecto que anhelabas.

            Es una libertad triste, ser libre de hacer lo que quieras, lo que desees, ya no te debes cuidar de nada ni de nadie, ya no debes cuidar tu imagen o tus palabras, ya no te cuidas de decepcionar a nadie, porque ya no hay nada que cuidar. La esperanza es una adicción humana: por el anhelo de realizar nuestros sueños, por eso mismo somos libres cuando no lo logramos y perdemos todo.


            ¡Qué cruel es la vida! No te debería permitir conocer a una persona tan maravillosa si no vas a quedarte con ella. O, por lo menos, seres tan vacuos y tan egoístas como yo, no deberíamos tener acceso a esos ángeles, porque no tenemos derecho de estar a su lado.

            Lo único que deseaba era tener un hogar a su lado al cual regresar, no quería más.


            Hebert Gutiérrez Morales.

5 comentarios:

Daniel Ventura Jiménez dijo...

¿Que voy a hacer con este nuevo yo, sin la persona que lo engendró?
En cada cosa que haga estará su sombra. Cada paso que de sera con una cojera a cuestas.
Me dijo: "Al menos tu eres libre". Y de que me sirve esta libertad cuando mi corazón esta atado a ti. Esa libertad se vuelve la peor condenación.


La encontré pero no la tengo, por eso el infierno.
- D. Ventura.

Hebert Gutiérrez Morales dijo...

Me encantó tu comentario parece tan ajeno pero, en realidad, esta tan íntimamente ligado al sentir de mi escrito que me siento halagado que me lo hayas compartido. Muchas gracias en verdad y te mando un gran abrazo por compartirme esa genialidad. :'-)

Anónimo dijo...

“Las pasiones humanas son un misterio, y a los niños les pasa lo mismo que a los mayores. Los que se dejan llevar por ellas no pueden explicárselas, y los que no las han vivido no pueden comprenderlas. Hay hombres que se juegan la vida para subir a una montaña. Nadie, ni siquiera ellos, pueden explicar realmente el por qué. Otros se arruinan para conquistar el corazón de una persona que no quiere saber nada de ellos. Otros se destruyen a sí mismos por no saber resistir los placeres de la mesa… o de la botella. Algunos pierden cuanto tienen para ganar en un juego de azar, o lo sacrifican todo a una idea fija que jamás podrá realizarse. Unos cuantos creen que sólo serán felices en algún lugar distinto, y recorren el mundo durante toda su vida. y unos pocos no descansan hasta que consiguen ser poderosos. En resumen: Hay tantas pasiones distintas como hombres distintos hay.”

― Michael Ende, The Neverending Story

Anónimo dijo...

”El corazón es más traicionero que cualquier otra cosa, y es desesperado. ¿Quién puede conocerlo?
Jeremias 17:9

Hebert Gutiérrez Morales dijo...

Maravillosa película y aún mejor libro, ambos pilares de mi niñez, el diálogo que amablemente me compartes es sobresaliente y tan lleno de sabiduría que no tengo nada más que agregar. Por otro lado, aunque no soy religioso, este pasaje de Jeremias es directos, sencillo y profundo, en pocas palabras refleja tanta verdad. Muchas gracias por ambas. :-)