viernes, 18 de abril de 2014

Regresión (un “pasito” para atrás)

            ¿Saben? Creo que el haberla visto me afectó bastante.

            Al parecer lo poco que había avanzado valió pepino, porque siento como si recién nos hubiéramos despedido: Estoy inestable e insoportable (ya sé que soy así, quiero decir más de lo normal ¬_¬U)

            Tal vez ya los tengo hartos de este tema, y no los culpo, por eso voy a intentar avanzar en mis escritos para que éste se vaya al fondo y casi nadie lo lea.

            ¿Por qué sigo escribiendo sobre ella? No lo sé, tal vez por desahogo, tal vez para dejar evidencia escrita sobre mi sentir, tal vez porque es mi blog y escribo lo que se me antoja o tal vez, y es sólo un “tal vez” remoto, porque me gustaría pensar que ella lee todo esto que estoy escribiendo, que se entere que no la puedo olvidar por más que lo intento y que moriría por volverla a ver.

            ¿Volverla a ver? ¿Para qué? ¿Para volver a pasar de largo? ¿Para huir cobardemente? ¿Para volver a la dinámica por la cual me aleje de todo este asunto? ¿Acaso no puedo aceptar que jamás seré ni la mitad de importante para ella de lo que ella resultó para mí? ¿Por qué no puedo aceptar que ella nunca me vio con los mismos ojos con los que yo la vi desde la primera vez?

            Y así mis queridos lectores, con el ejemplo que acaban de corroborar, transcurren mis días, en una lucha entre los sentimientos y las razones, entre la cabeza y el corazón, entre la necedad y el amor, entre la dignidad y la rendición total. Por eso no tengo enemigos (o por lo menos no que yo conozca): conmigo basta y sobra para fastidiarme la existencia.

            Por ello me compre el Soundtrack de “The Bodyguard” con Whitney Houston, con mi bolsa de galletas de animalitos para cortarme las venas a gusto. Sé que no puedo flagelarme todo el tiempo, pero nadie me puede criticar por intentarlo.

Y en ese intento vano de distraerme, ayer fui al cine a ver a mi héroe (El Hombre Araña) y, aunque ya sabía que iba a pasar, me entristecí mucho con la muerte de Gwen Stacy, por eso acompañe al buen Spiderman en su dolor “Te comprendo Peter, te comprendo amigo mío”. A veces ni los superhéroes son capaces de quedarse con el amor de su vida. ¡Pobre Spidey!  :’-(

            Hoy volví a nadar, algo que me puso muy triste, y no por nadar en sí, ya que es una actividad que disfruto profundamente, si no por los recuerdos ¡los malditos recuerdos! De hecho tenía que regresar a nadar desde que cambió el horario (hace dos semanas), pero siempre encontraba alguna excusa perfecta para no hacerlo.

            ¿El motivo de mi resistencia? La última vez que fui a nadar aún salía con ella. Era típico, nos mensajeábamos mientras iba en camino a la alberca y también en el tramo de regreso. Era tan feliz.

            Por ese mismo motivo opte por irme sin celular a la piscina ¿Para qué llevarlo? No esperaba mensaje de nadie, por lo menos de nadie que me importe. ¿Quién podría importarme más? Es horrible que de pronto la vida te deje de interesar y, a pesar de todo, sigues viviendo ¿Por qué? ¿Esperanza? ¿Cobardía? ¿Necedad? ¿Estupidez?

            Siempre he dicho que correr me mueve las ideas y el nadar sentimientos. Tal vez por eso he corrido en exceso el último mes: para convencerme cognitivamente de mi decisión. Pero he corrido tanto que ayer tuve que recortar el tramo porque sentía el reclamo airado de mis piernas “Si sigues corriendo a este ritmo nos vas a quebrar”. Es por eso que ya no lo pude evitar y, como también ya me cansé de la bici fija, me obligue a ir a la alberca.

            Volviendo al tema. Nadar me mueve los sentimientos y, mientras avanzaba por el agua, un pensamiento me invadió de repente “¿Y si la buscas?”, hasta perdí la sincronización de la brazada y la pataleada del estremecimiento que sentí.

            “¿Estás loco? ¿Cómo se te ocurre? Además, después de ignorarla la semana pasada has enterrado cualquier esperanza” Es lo que pensé y, tristemente, seguí con mi nado mientras los gogles empezaron a acumular lágrimas.

            Terminé de nadar y me sentí a gusto. No puedo negar que estaba triste, creo que lo que más duele de todo son los anhelos frustrados. Así que camine hacia la casa y, aprovechando que era Viernes Santo y casi no había gente en mi calle (que de por sí es tranquila) me di el chance de recordarla y llorarle. ¿Saben lo reconfortante que resulta chillar al aire libre, a tus anchas, sabiendo que nadie te va a ver? Bastante.

            Me masacran los recuerdos: lo que dijo, lo que hizo, algunas miradas, algunos detalles. Me cuestiono mucho si lo que entendí era lo que ella me decía o lo malinterprete todo. Me aniquiló a mí mismo con todas y cada una de las veces que metí la pata con ella y cómo, de manera inexplicable, volvía al ruedo y recuperaba mis esperanzas. “¡Estúpido!” me digo “¡Ya no tiene caso que recuerdes todo eso!”

            Llegué a casa y, en una decisión que me sorprendió, me convencí de limpiar mi hogar. Me da pena escribir esto pero no por ello va a dejar de ser cierto: La última vez que limpié mi casa fue un par de días antes de despedirme de ella, después de esa ocasión, la depresión, los viajes y la apatía por seguir vivo me impedían limpiar mi morada “¿Para qué?” me respondía si avistaba una pequeña intención por hacerlo “Nadie me visita y nadie lo hará”.

            Ciertamente, al vivir solo, el desorden no es mucho pero el polvo se fue acumulando, así que mi casa agradeció la limpieza que le di y, no lo voy a negar, hasta orgulloso me sentí de haberla limpiado. Pero también fue un poco triste el hacerlo, ¿por qué? Por avanzar.

            Así como hoy nadé y limpie la casa por primera vez desde que me despedí de ella, también vendrán otras “primeras veces después de ella”, tal vez algún día vuelva a ir al cine acompañado, tal vez algún día vuelva a salir a bailar, tal vez algún día vuelva a desvelarme por alguien, tal vez algún día vuelva a darle ride a alguien, tal vez algún día vuelva a mensajearme con alguien hasta entrada la noche, tal vez algún día vuelva a salir con alguien y tal vez, sólo “tal vez”, algún día vuelva a encontrarle sentido a estos días que carecen del mismo.

            ¡Maldición! ¡Cómo la extraño! Sé que soy un estúpido, tanto por extrañarla como por dejarla ir, y eso me hiere de manera doble. ¿Por qué me la tuve que encontrar? ¿Por qué?

            ¿Cómo le hice para sobrevivir a Harumi? ¿Cómo le hice para lidiar con tanto dolor? Y ahí recuerdo que me involucré en una relación que no debía ser y que desembocó en un matrimonio fallido.

            Igual y ahora sería fácil encontrarme con alguien con quien casarme, pero ya arruiné mi vida en una ocasión y me quedó claro que no voy a volverme a relacionar con nadie que no me interesa. Así que ahora debo lidiar con las consecuencias de mis decisiones. Soportar ese sube y baja entre convencerme que fue lo mejor que pude hacer y entre los recuerdos y anhelos que me acribillan.

            Se dice que el duelo dura de tres a seis meses. Ya estoy por concluir el tercer mes, y no creo que termine pronto. Así que es factible que continúe con estos escritos patéticos como forma de desahogo.

            “Nada de esto importará en cinco años” me dijo una amiga recientemente. Y es verdad, recordando los problemas graves que tuve en su momento, si los veía un lustro después, hasta me reía de mí mismo por haberme preocupado tanto ¿Así será en esta ocasión? No sé qué responderme.

            Es factible que deba dejar de escribir sobre ella y así dejarla ir, pero ¿La quiero dejar ir? Eso dicta la teoría, pero los sentimientos no saben de teorías.

            Mientras sigo en busca de distracciones, por ejemplo ahora estoy enfocado en acabar los escritos sobre Berlín y Las Vegas. Además he encontrado a una Vlogger en YouTube que me encanta: Yoss Hoffman. Sus canales de JustYoss y YosStop me encantan. Es una mujer que, además de guapa, ve la vida como yo, y por eso veo todos los vídeos que puedo, porque es una quejumbrosa a mi estilo y hasta con lenguaje similar. A veces pienso “¿Ya ves? ¡Hay muchas mujeres allá afuera!” pero ese pensamiento me entristece y me contesto “No me interesa que haya muchas mujeres allá afuera, yo sólo quería a una

            Y bueno, hablando de distracciones, espero que San Francisco y Nueva York me ayuden a recuperar un poco de lo que habían logrado Las Vegas y Berlín. I hope so.


            Hebert Gutiérrez Morales.

2 comentarios:

VENEZUELA dijo...

ojala hoy no hubiese leido este ensayo :( hoy estoy que ni yo me soportoooo, pero mision cumplida, tambien sufri con el

Hebert Gutiérrez Morales dijo...

Mmmhhh . . . no sé si decir "Gracias" o "perdón", pero aprecio tu empatía mi querida Venezuela.