sábado, 31 de mayo de 2014

Maleficent (Maléfica)

            A este paso el blog se va a convertir en uno cinematográfico, esto sin contar las películas viejas que ya vi y que sus reseñas las tengo en el tintero. Tampoco, a este mismo paso, van a salir pronto los escritos sobre Berlín, San Francisco y Nueva York.

            En fin, en teoría no voy a volver a ir al cine hasta Agosto y no creo que alguna de la películas que vengan me muevan tanto como para dedicarles un escrito, aunque nunca hay que decir nunca, porque no tenía presupuestado que “Maleficent” (Maléfica) me tocaran tan profundo como para andar escribiendo esto.

            Este ensayo es especial, no sólo porque me tocó muchas fibras, sino porque es el primero que le dedico a una película Disney, y vamos, sabía que tarde o temprano iba a pasar, pero creí que me iba a estrenar con la versión original de “Alice in Wonderland” pero tendrá que esperar. Como siempre, cuando comento una película, las destripo todita. Así que le recomiendo, si aún no ve dicho filme, no siga leyendo.

            Cuando la vi anunciada, me llamó la atención “¿Disney haciendo una filmación sobre una villana?” eso ya era suficiente razón para animarse a verla, además de que los anuncios gigantescos en Times Square ayudan mucho a que tu inconsciente te obligue a verla (O_ó).

            Algo que me encantó de esta película es cómo redimen la imagen de Maléfica, de hecho inician diciendo “Esta es una historia que tal vez ustedes ya conocen” pero, como corroboramos después, toda historia tiene dos lados que ser contados y, normalmente, detrás de ciertos comportamientos, siempre hay alguna razón.

            Durante décadas vivimos con la creencia que Maléfica era mala “sólo porque sí”, pero cuando atestiguas cómo le rompen el corazón, cómo traicionan su confianza y como quieren invadir su reino, entonces entiendes su accionar. No era algo personal en contra de Aurora, ni algo tan trivial como que no la hayan invitado a una fiesta, había un trasfondo más complejo que simplemente ser mala “porque sí”.

            No siempre tenemos que entender por qué las personas son como son, pero sí saber que siempre hay algo detrás de ello. No siento que haya alguien que sea “malo” sin razón aparente, casi siempre hay una herida, una decepción y mucho sufrimiento detrás de ese comportamiento y, al no encontrar ayuda o apoyo para lidiar con el dolor, uno empieza a generarlo en los demás para tratar de equilibrar las cosas. Ése es un gran mensaje de esta filmación: puedes ver la máscara de una persona, pero pocas veces sabrás que hay detrás de ella y la historia que la tornó así.

            Para empezar enfocaron la obra a la perfección, porque no la hicieron tan rosa pero tampoco tan oscura, en realidad lograron un equilibrio perfecto entre ambos factores, porque así como hay momentos fuertes, crudos y crueles, como también hay momentos de belleza, inocencia y amor profundo.

            Sobresaliente la manera en cómo plantean algo ya conocido desde otra perspectiva y con una protagonista inusual, misma que era netamente villana en la versión original. Me gustó mucho que en ningún momento se exime a Maléfica de la oscuridad de sus actos, pero sí se humaniza al grado de comprender los motivos.

            Como hacen evidente en el argumento, la codicia humana echa a perder todo lo bueno en este mundo, esa necesidad de poder, dinero, influencia y demás cuestiones que enloquece a la gente, acaban por arruinar todo lo bello que puedes encontrar en esta vida. Es como leí alguna vez “Cuando el poder del amor sea mayor al amor por el poder, este mundo será totalmente distinto”.

            Maléfica le dio una lección al Reino vecino cuando, magníficamente cabe recalcar, defiende el Páramo, en una batalla breve pero excelentemente realizada con efectos especiales a la altura de tan buen filme. Lo irónico es que el agresor al final se hace la víctima (todo por haber sido aplastado de manera contundente) y ofrece su reino para quién “limpie su honor”. Lo cual le abre las puertas a la ambición de Stefan quien, cual criatura vil que es, va a traicionar el sentimiento más bello que había conocido Maléfica hasta ese momento: el amor por él.

            La actitud de Stefan es simplemente despreciable porque cambió lo más puro que hay por poder, codicia y su enorme egoísmo. Esto se reflejó en uno de los momentos cumbre: la traición que le propicia a Maleficent, una de las más ruines que se pueden cometer, porque ella lo amaba y él la utilizó sin miramientos y, lo que es peor, la mancilló profundamente en el alma al ultrajarla y mutilarla, mientras ella dormía plácidamente (gracias a la pócima que él le dio). Sin duda una acción ruin como pocas.

            Muchos dirán que tuvo la decencia de no matarla, mi lectura muy personal es que sí le tenía cierto aprecio, inclusive algo de cariño, pero no la mató por cobarde, porque en realidad, imaginando el dolor que le iba a significar a Maléfica su traición, lo más humano y piadoso que hubiera hecho por ella hubiese sido el matarla, pero no tuvo los pantalones para hacerlo.

            Ciertamente el dolor de las alas cercenadas y ausentes era insoportable pero, lo que más hería el alma a Maléfica era la inexplicable traición, el sentirse no sólo rechazada, sino utilizada, engañada y mancillada. Un cóctel de sentimientos que hace que el amor más puro se torne en el odio más violento e implacable.

            Maléfica se refugia en un castillo abandonado cercano, a rumiar su dolor, a tratar de entender lo inexplicable, a escoger el camino que debía seguir. Después de ser heridos en el alma, después de ser decepcionados o traicionados, si no tenemos la suficiente fortaleza o alguien cercano que la tenga y nos apoye, es fácil sucumbir ante el odio y la maldad. Dolor lo tenemos todos, pero cómo lidias con él es lo que dicta qué tan productiva o dañina puede ser tu existencia.

            Personalmente, no juzgo a Maleficent, comprendo a la perfección su accionar y sentir. Los que aman con más pasión también son los que más profunda toman la afrenta de la traición. Cuando se es inocente y empiezas a ver que el mundo no es el lugar ideal para tu limpieza de alma, es más, cuando debido a esa limpieza, se empiezan a aprovechar de ti, es fácil tornar tu existencia oscura, y empiezas a actuar como si la totalidad del mundo fuera como la mierda de personas que te dañó.

            De acuerdo a la cantidad o calidad de las afrentas, empiezas a perder fe en el mundo y guardas lo bello de tu ser “para mejor ocasión”, mientras creas una máscara de frialdad y crueldad más ad hoc para este mundo lleno de traición. Lo malo es que ya no ves quién te la hizo, sino quién te la pague. Aunque, en realidad, también buscas venganza sobre los que tanto te dañaron, pero no quieres que sufran lo mismo que tú, quieres que sufran inclusive más que tú.

La comprendo y empatizo perfectamente, porque me pasó lo mismo en épocas oscuras. Al percibir el mundo feo y oscuro, así tornas tu existencia. Con el tiempo aprendes que el mundo no está hecho para cumplir tus deseos (como ilusamente crees de niño), más bien es una oportunidad que depende de ti para que obtengas lo que anhelas, con un esfuerzo previo y a pesar de los obstáculos que te pongan o se presenten. No es que nunca te vayan a traicionar o a sufrir una decepción o derrota, se trata de saber cómo vas a reaccionar cuando se presenten porque, invariablemente, llegaran en diversas ocasiones a lo largo de tu vida.

La ceguera que le provocó el odio a Maléfica, la hizo ir sobre la hija de Stefan (Aurora) por lo mismo, al ver la desesperación de él, ella misma se regodea y lo hace suplicar por el bien de su hija, todo para cobrarse un poco el inmenso dolor y odio que ella carga.

Al final no es bueno combatir al fuego con más fuego, lo mismo pasa con el odio, ya que Maléfica actuó en consecuencia a la traición de Stefan, por eso se ensañó con él y, a su vez, la humillación que éste recibió de la Hada, hizo que creciera un nuevo odio, más grande y potente, por el ser que alguna vez pretendió amar.

El que Maléfica rodeara el páramo con una muralla de púas es una excelente analogía de lo que llega a pasar con las personas heridas: cierran su corazón. A pesar de que el Páramo es encantador, lo ha sellado con un exterior agresivo, lo mismo llega a pasar con los que a pesar de tener un corazón noble y puro, a causa de las decepciones, lo acaban blindando con una armadura que no invita a nadie a conocerlo. Uno lo hace pensando “Ya no van a entrar, ya no me van a lastimar otra vez” pero, lo que uno ignora es que, a la larga, esa venganza se torna hacía uno mismo.

Sin que ella lo sospechara siquiera, Maléfica empezó a ser enamorada por Aurora desde el momento en que la vio en la cuna de la cabaña donde la escondían. “Shuu, pequeña Bestia” le decía a lo que la pequeñuela contesta con una sonrisa. Después intenta asustarla al gruñirle, sólo obteniendo la extrañeza de la bebé. Nacemos sin prejuicios, por eso Aurora no se espantó debido a su alma limpia. Conforme vamos creciendo aprendemos límites y a temer. Como Aurora no tenía dichas limitaciones, sólo percibía la esencia buena de Maléfica (Esa que estaba escondida bajo su máscara de terror), y por eso reaccionó tan bien ante la Hada.

Una escena que me encantó es cuando, ante la ineptitud de sus madrinas, la pequeña Aurora está llorando de madrugada, así que ante la impotencia, Diaval le lleva un chupón de flor y empieza a mecer su cuna. Y Aurora lo recuerda porque, posteriormente, se pondrá a jugar con el cuervo y hasta hacerle cariñitos. La verdad es que escogieron a una Aurora con tanto ángel (Elle Fanning) que es imposible no quedar prendado de ella, sobre todo cuando sonreía, uno se engancha a esa hermosa sonrisa inevitablemente.

Por cierto, el personaje de Diaval es de los mejores, sin importar que sea secundario, le da un sabor y un toque de comedia sutil, nada escandaloso, al argumento que lo encuentras entrañable y básico para disfrutar de la película.

Una de tantas escenas conmovedoras es cuando una pequeña Aurora, de unos tres o cuatro años, se va acercando a Maléfica sin precaución alguna. Por más que la ahuyenta la Hada, acaba cediendo a la petición de la pequeña cuando le dice “¡Cárgame!” y cuando lo hace, se me inflamó el corazón por tanta ternura involuntaria.

Pero más tierno resulta cuando la pequeña empieza a explorar a su “Hada madrina”, le toca los cuernos, la vestimenta y los accesorios, ante una pasmada Maléfica que no sabe cómo reaccionar, sobre todo a ese sentimiento cálido que estaba surgiendo en su corazón y que desconocía.

Cuando acaba la niña de explorar a su benefactora, ésta la empieza a azuzar “Shu, aléjate pequeña bestia”, pero más por pose que por un auténtico rencor, ése que Maleficent poco a poco dejó atrás.

Por más traumas, enojos, venganzas, rabietas, decepciones, traiciones y demás que sufras, es difícil cambiar la esencia de las personas, al final vamos a seguir demostrandolo que somos. ¿Por qué menciono esto? Porque, a pesar de estar en su papel de mala, Maléfica seguía externando esa parte juguetona, como cuando les hace travesuras a las hadas protectoras, o cuando fastidia a Diaval, inclusive a los soldados del Rey, a los cuales pudo matar y no lo hizo, sólo se divirtió un rato con ellos. A pesar de toda la crueldad, la alegría en su ser se seguía manifestando.

Vemos cómo Maléfica va recuperando su dulzura, producto de ir siguiendo el desarrollo de Aurora. Y ahí es donde la pone a prueba “Vamos a ver qué pasa” dice Maleficent mientras la lleva al Páramo, en una muestra de confianza y hasta de cariño vedado.

Esta acción es como si Maléfica le abriera su hermoso corazón, para ver si la niña era capaz de valorar tanta belleza a diferencia de su padre, que terminó por dañarla. Con esto, Maléfica ha empezado a abrirse para, de nueva manera, amar. Al ver la reacción tan auténtica, tan limpia, tan entusiasmada y tan feliz, Maléfica terminó de enamorarse de Aurora (aunque aún no lo admitía).

Esto resulta evidente en la escena de guerras de lodo, en la cual Maleficent se ve accidentalmente manchada, todos se quedan espantados, pero ella responde pícaramente y continúa el juego. Esta última escena, aunque sencilla, muestra una profundidad sentimental muy fuerte, sobre todo por lo antes vivido, y resulta muy conmovedora y, desde mi punto de vista, vital para la historia.

Paralelamente, mientras Maléfica queda prendada de su hija adoptiva, Stefan está tomando un rumbo oscuro, está obsesionado con cobrarse la afrenta o insulto que le propinó la Hada, se cuece en sus rencores y pierde la brújula de lo que hay que hacer (cuidar a su familia y del Reino), así que se ahoga en sus planes para propinarle un daño mayor a Maleficent.

Al final no lo supo (mejor para él) pero en su actitud tan rencorosamente tonta, Stefan se perdió los primeros 16 años de su hija, toda esa dulzura que disfrutó su archienemiga con la pequeña, él la desconoció y despreció por completo. Perdió 16 años de su vida para prepararse por un único día, mismo que iba a resultar mortal y que, al final, ni siquiera por su esfuerzo fue que se salvó su hija.

Él dirá que todo lo hizo por ella, lo cual resulta una mentira. Tal vez al inicio lo hizo por ella pero, al final, lo hizo por él mismo, por su orgullo y por su honor. Es exactamente lo mismo con muchos del mundo real, mismos que dicen hacer lo que hacen por sus seres queridos, cuando en realidad lo hacen por fines más egoístas.

A pesar de la ira, del odio, del sentimiento de traición y despecho, Maléfica no se cerró del todo al amor. Es por ello que, de manera imperceptible, la pureza de Aurora la empezó a invadir y a llenarle el corazón de esa cálida sensación que nos hace agradecer el estar vivos.

Sin darse cuenta, Maléfica fue sanando sus heridas, fue perdonando a la vida y a sí misma (por sus errores), al mismo tiempo que empezó a cuidar a Aurora, a guiarla, a consentirla y amarla de vuelta. El cariño de Maléfica por Aurora se debe a que la jovenzuela le recordó ese amor puro que ella sentía de pequeña y Maléfica pudo recordar que ella también era capaz de generarlo y darlo.

Mientras Aurora le comparte sus sueños, sus anhelos, su forma tan limpia de ver la vida, Maléfica se ve reflejada en la pequeña, empieza a sentir lo mismo que siente su protegida, lo mismo que ella sentía antes de conocer el dolor. A pesar de saber que el mundo no era tan bonito como lo percibía Aurora, a pesar de conocer la maldición, no podía evitar fascinarse con su hija adoptiva.

Su protectora le habla a Aurora de la maldad que hay en el mundo y que, eventualmente, conocerá; ésta le contesta que, con el apoyo de su “Hada Madrina”, no hay mal que la asuste. En momentos así, cuando vez tanta inocencia de la cual has perdido un gran trozo, cuando recuerdas que tuviste los mismos anhelos y sueños, empiezas a extrañar a tu “yo” del pasado, mismo que estaba lleno de magia y que aún no conocía lo ruin que el mundo puede ser y, en momentos así, te preguntas “¿Por qué no?”

Sólo que ahora sacas tus ilusiones con más precaución, aprendes a ignorar las heridas y los rencores y, por un ser tan limpio que te inspira tanta bondad, eres capaz de superar sentimientos negativos y atreverte nuevamente a soñar. Cuando encuentras a alguien que saca lo mejor de ti, es un momento mágico darte cuenta de cuánta bondad habitaba en tu ser y que habías olvidado.

Maléfica estaba más fascinada por las reacciones de Aurora que la misma chica, por volver a experimentar eso tras tantos años de rencor. Supongo que es lo que han de sentir muchos padres al ver la inocente alegría que llegan a experimentar sus hijos.

Hay un punto donde no puede negar lo que siente, es tan abrumador que se rinde finalmente al sentimiento y Maleficent se hace humilde, se hace buena, y es que ha encontrado algo más valioso que su venganza y que ella misma: su amor por Aurora. Es por ello que intenta deshacer el hechizo, retirar la maldición sobre su hija adoptiva, pero con resultados nulos.

A veces odiamos tanto que lo que hacemos ofuscados por la ira no tiene una solución fácil, es la perfecta analogía que pasa cuando Maléfica no puede romper su propio hechizo. La escena resulta tan bonita, tan enternecedora, tan descorazonadora y tan reveladora de cómo nuestras acciones, en ocasiones, no tienen vuelta atrás.

Es cuando nuestra violencia se vuelve contra nosotros. En su momento, Maleficent pensó que era una venganza contra Stefan pero, al final, fue a ella a la que le pesó más la maldición sobre Aurora que al propio padre. No sabemos qué vueltas da el destino ni tampoco sabemos si lo que es importante hoy lo seguirá siendo en el futuro, o cuales van a ser esas prioridades en los años por venir.

Al paso de los años cuidando a Aurora, Maléfica fue aprendiendo que puedes volver a amar, sin importar las heridas que hayas recibido en el pasado, puedes volver a sentirte vivo. Tal vez no se enamoró de manera romántica, pero encontró un amor aún más grande en la hija adoptiva que encontró, misma que la hizo sentir tan o más viva que cuando estaba con Stefan, con lo que Maléfica aprendió a ser humilde a través del amor.

Cuando Aurora y el príncipe se conocen resulta ser una escena magistralmente bien hecha, percibes el encantamiento a través de los escasos diálogos pero, principalmente, por el lenguaje corporal: miradas, gestos, posturas y demás acciones que revelan ese amor adolescente, ese amor a primera vista que resulta tan lindo y abrumador. Honestamente la dirección y la actuación a lo largo de la película, y remarcado en esta escena, fueron simplemente excepcionales.

En ocasiones, nos enfocamos tanto en nuestra sed de venganza, en la afrenta que nos hicieron que el objetivo principal se pierde y te entregas al sentimiento puro de odio y de cobrártelas, así que el conflicto en sí pasa a ser tu prioridad. Esto lo vimos claramente en Stefan: Maléfica pasó a ser su prioridad y Aurora, su hija, pasó a segundo término. Ejemplo claro cuando su hija regresa al Castillo y él, tras 16 años sin verla, lo más que le dedica es decirle que se veía igual que su madre y ordena, fríamente, que la encierren.

Es increíble cómo encontrar una razón para existir hace que superes incluso tus más grandes miedos o debilidades, esto queda constatado cuando Maléfica va avanzando por la barrera de púas de hierro que rodea el castillo, todo con tal de llevarle la salvación a su pequeña. Esta misma actitud se presentó cuando estaba bajo la red de hierro, rodeada por soldados: no se rindió, y siguió luchando, todo por proteger a su querida Aurora.

Anteriormente, Maléfica no se hubiera arriesgado a ello o, de haberlo hecho, hubiera encontrado fuerzas en el orgullo, en la venganza o en el odio, pero ahora sus motivos eran más fuertes y más importantes que ella misma, por eso sacó fuerza del corazón.

Más que la existencia del destino, que no la puedo negar, es increíble cómo los humanos nos programamos o sugestionamos con ciertas ideas, la mayoría de las veces negativas, esa programación neurolingüística que, generalmente, sabemos aplicar para fines no tan buenos. ¿Por qué menciono esto? Por el piquete de Aurora con la rueca.

Si ella no se hubiera enterado de la maldición, no se le hubiera metido esa idea en la mente y lo más probable es que nada hubiera pasado, PERO al saber de ella, la sugestión y/o enajenamiento fue profundo, al grado que ella misma se provocó el piquete de manera inconsciente.

Esa voz “malévola” dentro de la cabeza de Aurora, no era otra que la de ella misma repitiendo la idea de lo que NO debía hacer pero, como el inconsciente no reconoce la palabra “no”, pues lo que evitamos es lo que más acabamos haciendo. Todo se resume en esa actitud humana osada que nos dicta al interior “Sé que no lo debo de hacer, PERO hagámoslo de todas formas, a ver qué pasa”

Cuando Aurora pasa a ser la Bella Durmiente, Stefan se enoja con las hadas madrinas, pero no porque su hija esté en un sueño casi mortal, sino porque ha perdido el round contra su enemiga, y por eso se enfurece. No reacciona con amor o dolor a que su hija está hechizada, reacciona con furia por no haberle ganado a Maléfica.

Aurora pasó de ser el motivo principal a un vil pretexto, como un accesorio o justificación en su batalla contra Maleficent, su principal objeto de deseo con el fin de lograr su venganza tonta.

Eso es muy común en los humanos, en ocasiones nos enfocamos tanto en conseguir algo que, en teoría nos va a hacer inmensamente felices, que nos perdemos y enajenarnos. Inclusive llegamos a ignorar otras opciones más a la mano, que son más fáciles e igual de productivas para nuestra plenitud. Es lo que le pasó a Stefan, mismo que perdió a su esposa, a su reino, a su hija y la vida misma.

Me encantó el mensaje que dieron cuando el Príncipe besó a la Bella Durmiente y ésta no despertó. Claro que fue amor a primera vista, pero ése puede ser tan efímero que no siempre es real.

Momentos antes Maléfica le dijo a Diaval “Te lo dije” al referirse a que el verdadero Amor no existía, pensamiento que también compartía un amargado Stefan. Lo que no sabía Maléfica es que ya le habían enseñado el verdadero amor.

El verdadero amor, el que perdura, es el mismo que se forjó a través de los años, como el que Maléfica sentía por Aurora, a quién prácticamente amó desde la cuna y su sentimiento era tan grande y auténtico que fue su beso de amor madre-hija el que la despertó.

Ojo, no pongo en tela de juicio el amor del príncipe, inclusive puede a llegar a ser tan grande como el de Maleficent pero, como vimos en el caso de Stefan, no hay garantía de que así acabe la historia.

Por cierto el breve, pero sentido, discurso que le da Maléfica a su protegida mientras dormía es de lo más bello que uno puede escuchar, no tanto por las palabras (que también fueron significativas), sino por el sentimiento tan profundo con el cual fueron dichas, con el amor y arrepentimiento tan grande que el dolor es inimaginable por parte de la Hada arrepentida. Maravilloso momento.

Al final de la batalla, Maléfica entendió el círculo vicioso de venganza y odio que había creado con Stefan, por lo que le puso un alto, porque entendió que eso los estaba matando a ambos, “Se acabó” le dijo a su antes amado. Cuando uno está en esas dinámicas enfermizas que no tienen fin, es sano decir “Aunque soy parte de esto, ya no lo quiero, ya tuve suficiente, reconozco mi parte y doy por terminada la afrenta”

 Sin embargo, Stefan no lo entendió porque la venganza se había convertido en su razón para existir y, al final, por estar tan enfocado en su cruzada, acabó perdiendo todo, inclusive la vida, pasando por su cordura. Acabó en una pose de “mueres o muero”, porque en su obsesionada mente no cabía una realidad en donde pudiera coexistir en paz con su otrora amada.

Y es que Maléfica encontró algo más valioso que su odio y su herido ego: el amor auténtico de Aurora, ése mismo que por derecho le correspondía a Stefan, pero éste no supo distinguir las auténticas prioridades y, al final, eligió a su venganza, mismo que terminó por matarlo.

El que Maléfica cediera su reino a favor de Aurora es un claro mensaje de cómo Maleficent renunció abiertamente a su ego en favor de su amor, porque Aurora le es más importante que el ser llamada Reina. Es el recordar cómo nacimos siendo puro amor y el ego vino después. El ego lo vas adquiriendo con las afrentas, las traiciones, las decepciones, los miedos y demás cosas que no podemos evitar, pero sí podemos ver cómo nos van definiendo.

El alma de Maléfica era pura, después se envenenó con la traición de Stefan pero, para su fortuna, éste mismo le regaló el motivo para salvar su espíritu. Y es que, aunque Stefan no la hubiese traicionado, Maleficent nunca hubiera sido tan sabía ni tan consciente como lo fue al conocer a Aurora.

Al final, Aurora no tuvo el chance de salvar a su padre pero, sin proponérselo, salvó el alma de Maléfica, al agobiarla con una dosis inmensa de amor puro. Maléfica acabo sucumbiendo a dicho amor mientras Stefan sucumbió a la codicia, a la venganza y al ego.

Me encanta que Disney evolucione y tome esta postura de “humanizar” a sus personajes, que no son buenos o malos “porque sí, porque así nací, porque es mi destino”. Cada persona tiene su historia y, antes de juzgar, hay de tratar de ser empáticos y conocer los motivos de cada cual.

La película inició con una leyenda, de que ambos reinos iban a ser unificados por un gran héroe o por un gran villano. Cierra el relato de una vieja Aurora admitiendo que Maléfica fue ambos para el Reino. Este mensaje me encantó, porque nadie puede ser bueno todo el tiempo ni tampoco malo pero, dentro de las distintas tonalidades de grises, sí podemos ser productivos sin dejar de ser humanos, sin la necesidad de ser perfectos, con la posibilidad de ser reales.

Y ése es el mayor mensaje de esta filmación, porque puedes hacer grandes cosas sin tener que ser alguien impecable e increíble, solamente siendo fiel a tus principios y sentimientos puedes llegar por el camino correcto. Todos tenemos derecho a errar, a equivocar el camino, e incluso a dejarnos consumir por nuestros miedos y odios pero, al final, siempre tendremos la oportunidad de redimirnos, de encontrar caminos alternos para sanar el daño que nos hayan o que hayamos hecho.


Hebert Gutiérrez Morales

6 comentarios:

Pedro Orlando Gonzalez Cordero dijo...

Excelente critica, la mejor que he leído; comparto tu opinión. Dentro de cada quien hay un Dr. Jekill y Mr. Hyde, o dicho de otra manera, solo el resentimiento, el odio, o el rencor puede despertar esa parte horrenda que nuestro consciente no desea. Nuestro ser desea el amor verdadero. El amor todo lo puede, ese amor que se hace grande por los pequeños detalles, que a la final dejan de ser pequeños para ser gigantescos. Gracias por permitirme leerte

Hebert Gutiérrez Morales dijo...

Muchas gracias Pedro, honor que me haces a mí al leer mi reseña y enriquecerla con tus comentarios. Creo que lo valioso de esta película es la dignificación del humano a través de Maléfica, en donde no hay nadie totalmente bueno ni totalmente malo, casi siempre hay una razón detrás de nuestras acciones y, dependiendo la perspectiva del espectador, podrán ser calificados de positivos o negativos. Al final, como decía mi maestro Nietzsche, "Todo lo que se hace por amor está más allá del bien y el mal" y eso es simplemente humano, me atrevería a complementar. Muchas gracias nuevamente y un abrazo.

Jorge Reyes dijo...

Hola Hebert.
No había querido leer este ensayo hasta que viera la película y fue hace pocos días antes de nacer el bebe con Sofía y Diana.
Estoy de acuerdo con cada uno de los puntos que mencionas pero el más fuerte es el del beso del verdadero amor. Como padre de una niña que será un día una mujer, que le cambien el mensaje del &€@&€"¡ príncipe azul que le da motivó a su vida no sabes cuanto me alegró. Me sacó una enorme sonrisa iluminada por el brillo de la pantalla.
A veces las mujeres crecen con la idea de que el amor único y verdadero debe venir de un hombre que sea su pareja. No queda espacio para los diferentes, lo que no es común, como el amor de los padres, el amor de una pareja gay, del un animal.
No es la primera vez que hacen eso del beso. También Frozen está en mi lista de princesas autorizadas para ver por mi hija, bueno no le prohibo ver las otras pero esas con gusto se las compro.
Saludos y me da gusto que la vieras, no pensé que te llamara la atención. Cuando vi el correo de que mandaste un ensayo no lo quise abrir porque pensé, si Hebert escribió un ensayo hay algo muy bueno o muy malo (que por morbo) por lo que vale la pena verla primero y leer después.
Jorge Reyes

Hebert Gutiérrez Morales dijo...

Grcias por tu comentario Jorge y por leer con atención este ensayo. Creo que, a pesar de ser una película comercial, el argumento de este Filme (junto con las actuaciones) son en realidad sobresalientes, rompiendo muchos esquemas que el mismo Disney había ido tatuando a lo largo de las décadas. Es una película que simplemente me fascino y, como bien dices, ojalá hubiera más historias de estas para ir rompiendo ese paradigma de que príncipe azul = felicidad automática. Un abrazo amigo.

VENEZUELA dijo...

Holaaaaa; de vuelta estoy! excelente, yo quede enamorada, y es como tu dices, detras de cada bien o mal hay una historia

Hebert Gutiérrez Morales dijo...

Hola Venezuela. Muchas gracias nuevamente por tu tiempo al leerme y comentarme. Supongo que quedaste enamorada de la película, una excelente adaptación,más humana, más creíble, menos idílica y, por lo mismo, más hermosa que la historia original, porque es más terrenal, menos fantasiosa y así es más fácil identificarse. Un abrazote :-)