jueves, 26 de junio de 2014

El diario de un corredor

            ¿Saben? Nunca tuve propiamente un diario, aunque siempre he escrito. Me gustaba escribir extensas cartas a revistas o a seres queridos (dice mi papá Antonio que tiene una carta de 13 cuartillas que alguna vez le escribí aunque, para ser honestos, no recuerdo haberlo hecho).

            También escribía en libretas escolares, muchas ideas que me nacían y que exigían ser plasmadas en papel, así que simplemente escribía sin noción de estilo o congruencia alguna (o sea, algo así como este blog ¬_¬U). A veces me salían ideas geniales, en otras unas pachequeces que me avergonzaba saber que estaban en mi cabeza.

            Por desgracia, ¿o fortuna?, la mayoría de dichos escritos se perdieron, entre mudanzas, limpiezas de la casa, arranques de frustración y demás vivencias, los escritos se fueron esfumando.

            Sólo queda una libreta de hace unos 8 años en la cual plasmaba muchas de las ideas que me surgían, se podría considerar como el papá del blog, de hecho de ahí saque un par de escritos para esta página y uno más para mi blog clandestino. Seguramente, en el futuro, cuando esté muerto y sea un escritor renombrado, esa libreta va a valer mucho, y más porque, a veces, servía como un diario.

            Hoy fue un día sin nada importante que contar, sólo pequeñas cosas que se fueron acumulando, me recuerda a una pista del Soundtrack de Card Captor Sakura que lleva por título “Días ordinarios pero felices” aunque, a decir verdad, el día no inició nada feliz, pero vamos a ponerlo en forma de diario, así desahogo uno de mis anhelos de infancia.

Mièrcoles 25 de Junio del 2014

            Querido Diario:

            El día empezó de la chingada. Ciertamente dormí muy rico en mi nuevo colchón (un lujo que ya merecía y una de las mejores inversiones que pude haber hecho). Pero me levante con malestar, tenía algunos pendientes que taladraban mi cabeza y el día anterior no me había resultado provechoso. Tal vez eso fue lo que más me influenció: no me gusta tener días improductivos aunque, tal  vez, fue un día malo y lo confundí con improductivo ¿o es al revés? Continúo antes de seguir pachequeando.

            Llegue estresado al trabajo después de lidiar con gente estúpida que maneja con miedo por la lluvia. Siempre me ha enojado la gente ignorante y pendeja que confunde precaución con miedo al momento de manejar. Como son unos simios al volante y saben de sus limitaciones, por eso manejan con miedo (¿se nota que estuvo intenso el enojo?)

            En la Teko con Alemania, ahora puse mucha atención, y es que Anna me va a dejar solo dos semanas y me voy a tener que hacer cargo de los temas con Wolfsburg, eso es dentro de 10 días, así que debo ponerme ducho desde ahora para que no me bailen los teutones. Y me doy cuenta que cuando pongo atención, en verdad no soy tan malo, es más, me atrevo a decir que tengo muy buen nivel de alemán (por algo me he ido dos veces a Alemania). Así que eso me tranquilizó un poco. ¡Que se vaya el tiempo que quiera Anna! Podré con el paquete (como ya lo he hecho antes).

            Es algo curioso, ¿por qué cuando me enojo me da hambre? Cuando acabe con mi manzana y mi sandía, aún estaba hambriento, así que Iván, Hans y yo fuimos a la tiendita a abastecer al departamento de Sandwiches, galletas, aguas, empanadas y demás porquerías (a veces creo que nos pagan para tragar).

            Después de zamparme mis galletas (integrales, eso sí, para sentirme menos gordo), ya estaba más tranquilo, pero todavía tenía un poco de mi molestia inicial, así que decidí que hoy no quería saludar a los de la Disposición, me sentía muy digno (o mamón) y no me nacía ir a mis antiguos territorios a saludar, sin embargo mis amigos tenían otros planes.

            Resulta que Camelia me regaló un cuernito con mantequilla y mermelada, con la condición de que fuera a su lugar por él y, al tratarse de comida, mi resistencia es nula, así que acabe yendo a donde no quería ir. Para acabarla de amolar, fue cumpleaños de Alex, y también me regaló un pedazo generoso de panqué.

            ¿Sabes lo que es sentirse miserablemente rico mi querido Diario? Pues así me sentía con tanto carbohidrato de excelente calidad en mi poder. Apenas me había comido mis galletas, mi fruta y además había desayunado muy bien, y todavía tenía más carbohidratos que consumir ¡Malditos Carbohidratos! ¡Los odio pero cómo los amo! Sabiamente decidí guardarlos para la Perra . . . . . la perra hambre de las 5pm.

            Ya que había ido por la Dispo, salude a las chicas de mi antiguo pasillo, o sea mis “exchicas”, normalmente platico un poco con alguna de ellas, a veces con Alma, otras con Mayra, pero hoy le tocó a Laura, misma que está esperando su segunda bebé, la primera se llama Camila.

            Me contó que ya sabe que va a ser niña y que le van a poner Roberta “¿Roberta? Laura ¿Sabes el bullying a que estás exponiendo a tu hija? ¡No mames! Le vas a arruinar la vida” Eso me salió del corazón y sin pensar. Laura normalmente es muy explosiva, y por poco menos de eso me hubiera mandado a chingar a mi madre pero, supongo, las hormonas la traían muy de buenas y me explico que su madre y suegra también se oponían al nombre pero que a ella y César (Su esposo) les valía pepino y le iban a poner Roberta (pobre niña).

            Ya más tranquilo, acepté que no tengo vela en el entierro, personalmente no le podría ese nombre a una hija mía pero, al final, es de ellos y que hagan lo que mejor les parezca “Deberías combinarlo con otro nombre, aunque sea para ‘taparlo’ tantito, algo así como Miriam Roberta” fue mi último intento por el bien de esa niña, a lo que Laura contestó con una sonrisa y me dijo alegremente “Me gusta el nombre de Miriam”. Laura nunca me ha escuchado, ni a mí ni a nadie, por eso la quiero pero, espero, que por lo menos considere lo del segundo nombre porque, en mi muy personal opinión, no creo que sea buena idea el nombre de Roberta para una niña (y más en una cultura tan joditiva como la mexicana).


            Llego la hora de la comida y tenía ganas de unos tacos, así que ahora fui con mis vecinos de cubículo al “Taco Chino” ;-) a degustar unos manjares endémicos mexicanos. Pedí un taco de chipotle relleno de queso, junto con papas, quesillo y aguacate, además de salsa verde (una delicia).

Aunque (sin albur) exprimieron el chile, la verdad estaba muy grasoso y, con lo bruto que suelo ser a veces para comer, me manché la corbata. No me considero alguien (tan) superficial ni materialista, además no es la primera vez que agarró una corbata como babero, pero ahora sí me enojó mi descuido al mancharla, y es que está muy bonita mi corbata. De hecho desde que la escogí, un día antes, ya estaba feliz con mi elección. En verdad me enojó ser tan descuidado -_-.

Volviendo a la comida, encontré el complemento perfecto para mi taco: una sidra sin alcohol de Zacatlán de las manzanas (otra auténtica delicia) que tornó mi comida en un auténtico banquete lleno de sabor.

Aunque probé la sidra alemana en mi primer viaje a tierras teutonas (2011), me remonté a la vez anterior que la había ingerido dicha bebida: hace unos veinte años en casa de mi madre. Creo que fue la última vez que la complací con cenar en Navidad, ciertamente seguimos conviviendo cada año, pero aquella fue la última vez que cenamos realmente en 24 de Diciembre, sin festejo alguno, sin la parafernalia acostumbrada, simplemente cenamos de manera rica pero sobria y después nos fuimos a dormir.

Admito que yo fui el Grinch que mató la navidad en mi familia, o tal vez ya estaba muerta, y sólo hice notar lo obvio. Sin embargo, la sidra que me tomé hoy trajo ese recuerdo en particular y, por alguna extraña razón, extrañé esa época, y extrañé a mi familia rota. Supongo que ya estoy envejeciendo para estar sintiendo estas cosas.

Extrañamente, tenía ganas de bailar, algo que no experimentaba en mucho tiempo, así que le escribí a mi Sensei Salero (Paco) a ver si iba a dar clase hoy, a lo que tristemente me dijo que no “Es que nos estamos preparando para el Euroson de este fin de semana”. Para mí fue triste, ya son pocas las veces que tengo intención real debailar y cuando por fin tengo auténticas ganas, me sale con su mamá a dar la vuelta de que “Hoy no porque tenemos ensayo”.


            Paco me invito a ir al congreso salsero a lo que le tuve que contestar “En otra época tal vez, pero las prioridades de uno cambian con el tiempo” y me comprendió a la perfección. Me parece increíble que me iba con ellos de viaje a congresos internacionales de varios días y a cuanto evento salsero se nos atravesaba. Hoy, a duras penas, llego a ir una hora a la semana a tomar clase, cuando antes iba tres horas diarias de Lunes a Domingo. La vida lo va cambiando a uno quiéralo o no. Espero que les vaya bien a los de mi escuela (Rumba Mía), mi corazón y mis pensamientos estarán con ellos a la distancia.

Y ahora que digo que uno va cambiando, me parece increíble que gran parte de mi existencia era alguien que ya tenía planeados los siguientes 10 años de su vida, algo tétrico que hoy me parece irreal. Honestamente hoy lo más que alcanzo a ver del futuro es hasta mi próximo viaje y no más.

Así que lo más que veo es hasta Diciembre, porque en próximos meses tengo un viaje para ver a mis Delfines de Miami (pero ya no de locales), también voy a aventarme otra aventura haciendo Rápidos en Barranca Grande allá por Noviembre y, dependiendo las circunstancias, es factible que vaya a Veracruz a fin de año, creo que necesito regresar a mi tierra a cargarme de energía jarocha, misma que tengo muy desgastada.

Después de eso, seguiré planeando viajes porque, me da la impresión, al planearlos no me puedo morir, porque soy tan necio que no puedo dejar que se desperdicie un viaje que ya está planeado y pagado. Si lo quieres ver así mi querido diario, es una manera de asegurar mi inmortalidad.

En fin, salí a las cinco en punto, ya que no podía bailar, entonces me iba a correr, necesitaba hacer ejercicio y sacar de mi ser el mal humor que me invadía desde la mañana y correr fue lo primero que me pasó por la cabeza.

Al tercer kilometro me dí cuenta de algo: perfectamente me hubiera dado tiempo de ir a nadar, a pesar del clima nublado, me daba tiempo de llegar a la alberca y nadar antes de que la cerraran.

No he nadado en las últimas dos semanas, debido a que ha llovido cada tarde desde hace quince días, algo que ya empieza a resultar molesto. Vamos, no le tengo miedo a nadar con lluvia pero, al ser alberca al aire libre, los encargados la están cerrando temprano por cuestiones de seguridad (“No nos vayamos a mojar” ¬_¬) Supongo que es para que no nos caiga un rayo (ayer cayeron unos muy cerca de la zona), y por lo mismo no he podido nadar, lo cual me tiene algo triste y frustrado, porque me da un equilibrio muy profundo que necesito de manera urgente.

Pero ya no había remedio, ya no tenía la opción de nadar, así que continúe mi corrida. Corrí lento, creo que iba más absorto en mis pensamientos a lo acostumbrado, fue cuando una persona, en un Beetle amarillo, me grito “¡Duro Hebert! ¡Con fuerza! ¡Ánimo!” No alcance a ver a mi animador, pero me sacó una sonrisa y lo salude a la distancia. Me gusta mucho cuando la gente me saluda cuando corro, tanto conocidos como desconocidos, es algo simple pero que me hace feliz.

Eso me hizo recordar que alguien del departamento de al lado me hizo platica en el baño en la mañana “Oye, ¿tú corres por el Humboldt verdad? Algunas veces te veo cuando voy a dejar a mis hijos” Era un sujeto que nunca había visto y me resultaba curioso que me abordara cuando nunca habíamos cruzado palabra. En fin, de todas formas me hizo sentir bien y platicamos un rato. Me gusta que me identifiquen al correr y que la gente me lo haga notar: “Oye, te vi corriendo la otra vez”, lo cual me pasa con mucha frecuencia y, aunque no los reconozca, siempre saludo con ánimos e inconscientemente, me acaban motivando.

Durante mi trayecto escuche muchas canciones de Michael Jackson, y es que hoy se cumplieron cinco años de su muerte. De hecho tengo un escrito pendiente para el Rey del Pop, pero creo que lo voy a sacar por Agosto, después de que vea el Show del Cirque Du Soleil que va a la ciudad de México. Dentro de todas las canciones que oí a lo largo del día, escuche mi favorita: “Man in the Mirror”, a pesar de que la he gozado un ciento de veces, me sigue conmoviendo la autenticidad del sentimiento con la cual la canta.

Ya pasados 20 de los 25 kilómetros pactados, dentro del cielo cerrado totalmente por las nubes, dando un gris oscuro bastante férreo, a lo lejos alcance a vislumbrar un horizonte hermoso. Todo el mundo ama los atardeceres, pero no es la única opción con que nos maravilla la naturaleza.

Dentro del cielo nublado, a lo lejos, ví unos huequitos azul claro que atraparon mi atención y no pude dejar de observarlos mientras corría por una calle tranquila. Me sentí profundamente conmovido por el azul tan limpio y puro, tan tierno me atrevería a decir. Sin razón aparente me sentí profundamente triste, con una mezcla de sentimientos de frustración, melancolía y derrota.

¿Por qué me sentía así? Por alguna razón recordé mi infancia y toda la inocencia y sueños que tenía, cuando no conocía el dolor ni las decepciones que uno va a cumulando a lo largo de la vida. Ciertamente también vas acumulando alegrías, pero ya no eres el mismo. Ese ser inocente poco a poco va quedando en el pasado y se transforma, todo eso que pudiste haber sido lo vas desarrollando con lo que puedes, con lo que tienes o con lo que te dejan.

Pero ya no volverás a ser aquel pequeñín lleno de sueños y esperanzas. Claro, aún puedes tenerlas, pero ya no con la ilusión y la potencia con la cual las concebiste en un inicio. ¿Cómo decirlo? Para avanzar por la vida te debes endurecer un poco así como aprender a mancharte, no es posible un avance si no pagas el peaje que te exige el mundo: tu inocencia, tu limpieza, tu pureza.

¿Quieres crecer? ¿Quieres madurar? Paga el precio. Es triste, y es más triste porque tengo buena memoria y recuerdo perfectamente lo que sentía y lo que soñaba en cada etapa de mi vida. De ahí ese pequeño ataque de depresión disfrazada de melancolía que me provocó el ver ese azul claro entre tanto gris: era una analogía perfecta de la parte inocente que nos queda, y que aún se nota de manera hermosa, entre una mayoría dura y gruesa que desarrollamos como armadura para movernos en el cruel mundo actual.

Y seguí mi camino.

            Justo antes de llegar a la casa, hay una reja que se cierra a las 6pm pero, a pesar de que eran las 8:20pm ¡estaba abierta! Y fui feliz por ese pequeño detalle, mismo que me ahorra como 300mts, lo cual no es mucho pero, al ser al final del trayecto de 25 kilómetros, sientes que es la gloria. Son esas pequeñas sorpresas que recibes del Universo, mismas que no serán relevantes pero, al momento, te regalan una alegría que invariablemente te hacen sonreír y estar agradecido.

            En los últimos 100 metros escuche la razón por la cual estaba abierta la reja: se oía la voz de niños jugando dentro del Colegio Humboldt y, por las expresiones de júbilo, eran menores a los 8 años. ¿Qué hacían niños jugando en la escuela tan tarde? No lo sé, pero no es raro que organicen actividades nocturnas, además los gritos y risas de los infantes sonaban tan animados y tan auténticos que, raro en mí, me pusieron de buenas.

            Ahí me di cuenta que soy feliz de ser vecino de esta escuela: organizan actividades, tienen limpia y cuidada la zona, además de la seguridad privada que indirectamente nos beneficia y son unos vecinos muy civilizados y respetuosos. Además de que, a veces, me regalan sonrisas como la que recibí con las risas infantiles de hoy.

            Mientras abría la puerta de la casa me di cuenta que, en realidad, tengo una buena vida y estoy muy feliz con ella, creo que no siempre la valoro como debería pero, ciertamente, soy muy afortunado en casi todos los aspectos. Y, como regalo final me enteré, en el grupo de Whatsapp de la oficina que ¡mañana hay pastel! En lo dicho, parece que nos pagan por comer pero soy feliz con estos dulces detalles.


            Hebert Gutiérrez Morales.

2 comentarios:

VENEZUELA dijo...

volvieron las ganas de bailar, me alegra ;-)

Hebert Gutiérrez Morales dijo...

Aunque cuando hay para carne es vigilia. Sin importar cuántas ganas tuviera, no pude bailar ¬_¬