domingo, 8 de junio de 2014

¿Por qué sigo bailando?

            Ayer, regresando de una noche social que se organizó en Rumba Mía, iba escuchando el inicio de “Something in me was dying”, y empecé a reflexionar qué tanto de mí ha muerto en los últimos meses: mucho y, tengo la impresión, aún falta mucho más por sacrificar.

"Resulta descorazonador que algo que alguna vez te lleno de alegrías e ilusiones ahora te llene de tristezas y pesar" - Hebert Gutiérrez Morales

            ¿Por qué o para qué sigo bailando? ¿Honestamente? No lo sé, pero es una auténtica estupidez continuar con algo que ya no me hace feliz. El único motivo real, palpable y fehaciente que se me ocurre es ver a mis amigos salseros, a los cuales quiero desde hace más de siete años. Así que el baile ha pasado a ser un simple y barato pretexto para no perder contacto porque, lo he experimentado en distintas ocasiones, si dejara de ir a la academia, ese pegamento que nos une y nos hace tener tan buena relación, se perdería y con el tiempo pasaríamos a ser auténticos desconocidos.

            Lo curioso es que mantener esa amistad me está matando, ahora sí estoy viviendo plenamente el dilema del puercoespín: Cada vez que voy a la escuela me entristezco profundamente. Aunque me dé gusto ver a mis amigos, la tristeza es mayor porque, irremediablemente, acabo recordándola y eso me rompe el corazón cada vez más profundo. Y es cuando me pregunto “¿Por qué sigo viniendo a baile?” y me juro que lo voy a dejar, que en ese momento me voy a despedir de todos para no volver jamás . . .  pero no lo hago y regreso una semana más a la autoimpuesta tortura.

            ¿Acaso me estoy flagelando? ¿Es una manera en vida de pagar el pecado de mi soberbia? ¿Es el castigo que me he fijado por arruinar mi felicidad?

            Recuerdo que los convivios salseros los disfrutaba a más no poder: bailaba sin parar con cuanta mujer se me pusiera en frente o, cuando no lo hacía, me ponía a platicar animosamente con quien estuviera a la mano y me quedaba hasta el final para ayudar a recoger las sillas y limpiar la escuela. Eso también ha cambiado.

            A últimas fechas mi dinámica consiste en bailar un par de horas, esperar a los shows y retirarme a media noche (justo cuando empieza lo bueno), para llegar a buena hora a la casa y no desvelarme mucho. Y anoche lo hice de la misma manera. Lo que no ha cambiado, de hecho se ha incrementado, es la plática con mis amigos, de hecho creo que me la paso más tiempo charlando que bailando.

            Ellos mismos ya tienen otras prioridades, porque la Salsa ha dejado de ser tan relevante como solía serlo. Así que no soy el único que ha perdido el amor por el baile, pero eso no justifica que siga yendo, sin embargo, hay algo dentro de mí que dicta que siga asistiendo, aunque aún no puedo contestarme para qué.

            En una de esas platicas, una de las chicas que casi no veo me pregunto por mi Musa, si seguía tomando clases con ella. Tragándome todo mi dolor y tristeza, fingí algo de frialdad y conteste llanamente que ya no la veía, pero sin darle mucha importancia para que no se prestara a más preguntas. Es chistoso, pero nadie del ambiente salsero sabe que la pretendí seriamente, mis amistades que saben de ella, son ajenas a dicho mundo.

            Ayer vi muchos amigos del pasado de Rumba Mía, que ahora están en otras academias o que ya ni siquiera están bailando, y me dio mucho gusto saludarlos a todos. Tantos que veo llegar y tantos que veo irse (Casi todos), muchos de ellos vienen a las fiestas aunque ya no pertenezcan acá, supongo que por el ambiente cálido con el que siempre eres recibido. Por eso muchos se van muy agradecidos, unos pocos se muestran ingratos pero, al final, todos son bien recibidos en el que fue su hogar salsero.

Es una de las ventajas de este ambiente: encuentras a personas que no veías en mucho tiempo y te da mucho gusto volver a platicar como en los viejos días, como si fuera la primera vez. Y ése es el peligro: encontrarse a la gente en este ambiente.

            Mientras me mantenga en contacto, aunque alejado, del ambiente salsero, siempre va a existir la posibilidad de encontrármela y no sé si es más potente el pavor o la esperanza de verla; tal vez por eso me sigo hiriendo con el baile de manera tan estúpida. A pesar de que evito lugares y horarios en donde pueda encontrarla pero, sin importar tanto cuidado, acabe coincidiendo con ella en un lugar y en una hora que era “segura”.

            Volviendo a Rumba Mía, esta academia me encantó por el ambiente tan relajado, al no estar enfocados en sacar a bailarines profesionales, sino a bailadores que se diviertan, uno se siente muy a gusto, bailes bien o no, porque nadie te juzga. La academia es un entretenimiento, es por amor al arte más que por negocio. Y por eso me enoja mi actitud hacia este lugar, porque le he faltado al respeto siendo tan deshonesto al dejar de divertirme.

            Sigo en dicha academia por todo el gozo pasado, por todo lo que hicieron por mí. Mi vida sin duda no sería lo que es hoy sin ellos, porque fue como tomar un curso de personalidad, y amor propio, además de clases de baile. Debido a la gratitud por lo que hicieron por mi persona, es que sigo yendo, y ahí entiendo a muchos matrimonios que se mantienen juntos a pesar de la infelicidad que los ahoga: por las felicidades pasadas.

            Me parece injusto y deshonesto seguir viniendo a un lugar que me hizo tan feliz y que ahora le doy malestar con mi mala actitud, sentimientos forzados que me la hacen pasar mal y, sin duda, he de contaminar al mi alrededor.

            Lo malo es que cada vez es más notorio para mis amigos que ya no soy el de antes. Como mencione en otro escrito, ODIO la bachata, le he agarrado una animadversión tremenda, al grado de no soportar siquiera escucharla. El pasado Viernes, la primera mitad de la clase fue de dicho ritmo y, por primera vez en mis años en la escuela, me negué a bailar, simplemente me fui al rincón en espera de que terminara tan despreciable ritmo.

            Sé que fue una actitud muy mamona, pesada, sangrona y, sobretodo, descortés, pero por nada del mundo iba a bailar dicho ritmo. Tengo la firme intención de no volver a bailar bachata, con una única excepción: sólo una mujer (mi Musa) puede hacerme volver a bailarla, y con ella la bailaría siempre.

            Hace justo una semana trate el tema de mi amada en Constelaciones Familiares, lo saqué y me desahogué, lloré todo lo que me hacía falta, saqué todo lo que tenía y me sentí muy aliviado. Sé que debo dejar pasar un par de semanas y que es muy pronto, pero sigo con los altibajos emocionales.

            En la oficina resulta fácil distraerme, entre el trabajo y mis amigos se me va rápido el día, después nado y corro para mantenerme en actividad y mover lo que traigo en mi interior de forma productiva. El problema son los momentos libres, en los que me relajo, a mi mente le da por recordar, una y otra vez, sin piedad ni humanidad, me masacro a mí mismo con los recuerdos. No duelen los pocos negativos que hubo, los que me trituran son los muchos positivos que ella me regaló, lo recuerdos felices son los que ahora se tornan en mi contra.

            Y sigo yendo a clase, aunque ella nunca ha estado ahí físicamente, hay muchas cosas, movimientos, enseñanzas, anuncios y mucha información del ambiente salsero que irremediablemente, me va a hacer recordarla con mayor intensidad. Es de esas veces en que el enemigo vive en casa, aunque la mayoría de mi ser clama por dejar el baile de una vez por todas, una pequeña fracción en mi interior lo impide, a pesar del alto dolor, se empecina en que continúe con este martirio.

            Si supiera la razón que tiene mi inconsciente para no dejarme claudicar, seguramente estaría más tranquilo. En verdad he de valorar mucho a mis amigos, o no me he de valorar nada, para realizar este sacrificio semanal. Ya el baile me significa nada, juro que podría morir sin bailar de nuevo y no sentiría pesar alguno. De manera consciente, ya quiero dejar de bailar, ya no me interesa volver a hacerlo; ya no es lo mismo, y había dejado de serlo inclusive antes de conocerla. De hecho, al conocerla la salsa murió por completo.

            Ahora tengo un pasatiempo zombie, mismo que realizo sin vida y que, al mismo tiempo, me quita esencia vital. Tengo que sacrificar parte de mi energía para mantener artificialmente animado a un cadáver llamado Baile.

            De hecho tengo mucho con que sustituirlo, tengo en la mira unas clases de yoga, unas meditaciones, quiero incrementar mi ritmo y días de nado, además de mis actividades ya establecidas como correr, bici fija, leer y escribir. Si soy honesto, ya no tengo tiempo para el baile ni la actitud necesaria y, sin embargo, ahí sigo.

            Pareciera, y no los culparía por pensarlo, que me aferro al sufrimiento, pero no lo estoy disfrutando, me fastidia toda esta situación. En verdad quiero enfocarme en avanzar, en dejar ir a mi Musa. Ése es el único camino real que me queda, dejarla ir y, si nos volvemos a encontrar, que sea en una situación más plena y madura de mi parte. Juro que quiero seguir adelante pero, tampoco voy a mentir, hay otra parte de mí que no quiere, que se quiere quedar, que no la quiere soltar, lo malo es que esa parte, aunque pequeña, sea tan fuerte como para impedirme avanzar.

            Esta maraña de sentimientos que tengo en el pecho me ha hecho ser muy descortés con muchas personas a mi alrededor. A últimas fechas pareciera que hay una promoción para acompañarme al cine, porque algunas mujeres quieren ver películas conmigo, por lo que me he hecho experto en hacerme el loco e ir solo, afortunadamente entienden y no insisten. Sé que es tonto, que debería salir con otras personas para acelerar el proceso de sanación pero, al final, no me puedo mentir: no me nace en este momento (y en mucho tiempo) ir al cine acompañado. Por ahora no.

            Es curioso, o mejor dicho, soy curioso, por no decir extraño. Este tipo de escritos los redacto para mí, con la peculiaridad que los publico en un blog a la vista de todos que, por lo menos, recibe 100 visitas diarias. Aunque todo esto es para mí, lo comparto con un público invisible que ha de sentir empatía por el desmadre que hago de mi vida o lástima por lo patético del asunto.

            Hay amigas que están preocupadas por mi pesar, pero me he vuelto muy hermético con el tema, es ridículo que lo pueda compartir con un montón de desconocidos pero no hablarlo con la gente que tengo cerca (a excepción de mi terapeuta). No me nace platicarlo en persona, por lo que he sido cruel y frío con las que tienen la decencia y cariño de ver si necesito algo. Me enoja ser tan grosero e ingrato, por lo que debo ofrecer disculpas, algo que me revienta aún más, porque quiere decir que cometí un error. No sé, por un lado no quiero dar molestias y, por el otro, sigo emitiendo estos mensajes patéticos. Qué actitud tan estúpida y errante de mi parte.

            Aunque no nací con una personalidad solitaria, con el tiempo y las vivencias o, mejor dicho, en realidad es más con el paso de los daños que el de los años, me he vuelto alguien que pasa mucho tiempo solo, y no me molesta en absoluto, estoy muy adaptado a mi estilo de vida, o por lo menos solía estarlo.

            Ahí es donde compruebo que la ignorancia es felicidad. Antes de saber de la existencia de mi Musa, solía ser muy feliz con mi ritmo de vida y mis actividades. Después de dejarla atrás ya no estoy feliz con nada, ya sea el estilo de vida, viajes, cosas materiales e inclusive otras actividades intangibles.

            No puedo negar que en estos meses he tenido mis efímeros momentos de felicidad, sobre todo cuando algo me ha sorprendido o llenado en mis viajes o alguna película que me haya tocado hondo. Pero al final pasan.

            Mentiría si dijera que he vivido una tristeza constante. Pero, si me descuido tantito, el pesar invade súbita y pertinazmente mi alma, por eso me mantengo ocupado y/o distraído.

            Esa tranquilidad espiritual y personal que tanto tiempo tarde en forjar y de la cual gozaba hace año y medio, se fue al demonio y desconozco si algún día la volveré a recuperar.

            Más temprano, el mismo Sábado, iba escuchando Keane, banda con la cual me identificó plenamente y que muchas de sus canciones me recuerdan a mi amada (por si alguien no lo notó, mucho del escrito de “Strangeland” lo hice pensando en ella).

            Pero la canción de la banda inglesa que más me la recuerda es de otro disco (Night Train) y se llama “My Shadow”, misma que alguna vez postee en el Facebook, con toda la explicación de por qué me encantaba dicha melodía y, lo recuerdo tan nítidamente como si fuese ayer, ella fue la única persona que le dio “me gusta”, una acción pequeña pero que se me quedó muy grabada al grado de que siempre que la escucho, recuerdo obligatoriamente a mi amada.

"Es triste que alguien que está fuera de tu vida ocupe gran parte de tus pensamientos cada día" - Hebert Gutiérrez Morales.

            Tal vez no lo parezca, pero en verdad juro que ya me cansé de llorar, ya me cansé de sufrir, ya me cansé de este tipo de escritos, ya me cansé de buscar herramientas para regresar mi vida a la normalidad.

            Ya quiero soltar el sufrimiento. A veces me siento pleno, a veces se me olvida y es como si hubiera regresado mi anterior yo a mi anterior existencia y hasta me llego a decir “La vida sigue adelante, tengo mucho por qué vivir”. Pero no pasa mucho para que vuelvan a surgir los recuerdos que someten mi alegría, y toda la voluntad que tengo por vivir, desaparece y procedo a preguntarme “¿Para qué?”

            Si hay un futuro para mí, tal vez llegue el día en que vuelva a leer esto y me ría, seguramente por estar haciendo olas en un vaso con agua (Es factible que algún día lo llegue a ver así), o tal vez no. Es probable que lo lea de manera muy parecida o muy diferente de como lo estoy escribiendo ahora o inclusive, cabe la posibilidad, de que ya no vuelva a leer ninguno de estos escritos nunca más.


            Hebert Gutiérrez Morales.

2 comentarios:

VENEZUELA dijo...

AY CHAMO TE PASAS =( A MI ME ENCANTA BAILAR, HACE MUCHO QUE NO LO HAGO, NO VOY A NINGUNA ACADEMIA Y BAILO DE FORMA EMPIRICA, HACE DIAS LEI TU ENSAYO SOBRE LA ACADEMIA DE BAILE Y SENTI ENVIDIA POR LO QUE DESCRIBIAS, ME IMAGINABA BAILANDO ALLI Y RIENDO (OTRA DE LAS COSAS QUE HAGO SIN MUCHO ESFUERZO) AHORA LEO ESTO Y ME PROVOCA DARTE UN COCOTAZO, SI QUE ESTABAS TRISTE AL ESCRIBIR ESTO, NO LO LEI COMPLETO, NO ME GUSTARIA RECREAR ESTE TIPO DE COSAS EN MI IMAGINACION, COMO EL AMOR PUEDE DESTRUIR LAS COSAS QUE MAS NOS GUSTA? ESO NO LO PODEMOS PERMITIR, OJALA PUEDAS SOBRE PONERTE A ESTO QUE DESCRIBES Y SIGAS BAILANDO CON EL MISMO ENTUSIASMO

Hebert Gutiérrez Morales dijo...

Síp Venezuela, tienes razón, en un lugar queme da tanta alegría, es una injusticia que yo le dé tanta tristeza a cambio. Aún sigo analizando qué es lo que debo hacer. Sé que bailar me hace bien, tal vez no ahora, pero a lo largo de mi vida me ha hecho bien. Tal vez deba ser paciente y volver a encontrar esa alegría queme daba el bailar. Muchas gracias por leerme y, si puedes, ojalá termines de leer el escrito. Un abrazote :-)