lunes, 21 de julio de 2014

Berlín: una Alemania distinta (Parte 2).

            Continuemos con la segunda parte de las observaciones recopiladas en este viaje a Berlín, sin duda, uno de los lugares más interesantes que debe haber en el planeta.
La Puerta de Brandemburgo versión Postdam

Postdam y por qué los alemanes aman las papas

            Postdam no forma propiamente parte de Berlín, de hecho ya es otro estado, pero está tan cerca de la capital alemana, que es una obligación ir a un lugar tan bonito e irreal. Además de los palacios y los jardines, que de por sí ya son una razón suficiente para visitarlo, también tenemos la ciudad en sí que es algo salido de cuentos de hadas.

            De entrada el puente por el cual llegas era utilizado para el intercambio de espías entre las dos Alemanias, mismo que cruza sobre el bello lago de Templin, también tienen su puerta de Brandemburgo, no tan espectacular como la de Berlín, pero con su peculiar encanto al estilo del lugar.

            Pero mi zona favorita de Postdam, sin duda alguna, es el barrio holandés. Ves las casitas, las calles, los negocios, la estética del lugar y de cómo las personas se visten ad hoc a él. Te sientes dentro de un mundo de fantasía, esos que sólo contemplas en películas o cuentos y que nunca creías que podría existir un lugar así en la realidad y en estos tiempos.
Fortaleza en el barrio Holandés de Postdam

            Fue en Postdam en donde me enteré por qué los alemanes aman las papas y el por qué es básico este tubérculo para su dieta. Dentro de todo lo que se nos contó sobre Federico el Grande hubo dos cosas que me llamaron la atención: primero que fuese enterrado sin grandes ceremonias y juntos a sus perros (por deseo propio) en el palacio de Sanssouci, misma tumba donde la gente le pone papas como ofrenda ¿Por qué? Ahí viene la segunda razón.

Resulta que en el siglo XVIII hubo una hambruna impresionante en Alemania, en donde los cultivos no se daban y la gente moría de inanición, ahí fue en donde Federico el Grande tomo una decisión que marcaría al pueblo alemán de por vida.

Obviamente la papa ya era conocida en Europa, pero no formaba parte de la dieta alemana pero, ante la escasez de alimento y de la resistencia del tubérculo ante climas inhóspitos, Federico ordena que se empiece a plantar y a consumir la papa para salvar a su nación (en aquel entonces Prusia) de morir de hambre.
Tumba de Federico el Grande con sus perros

Con el paso de los años, las cosechas se volvieron a dar pero algo había cambiado: la papa había llegado para quedarse en la dieta alemana. Creo que más que las guerras, que el arte o la historia social que haya podido dar Federico el Grande, su más grande aportación a Alemania fue la papa, y es por eso que se le dejan las mismas en su tumba.

Al conocer la trágica historia de Federico el Grande, de su sensibilidad, de su aversión por el poder o de los conflictos, además de su amor por los animales, me hizo sentir pesar de manera retroactiva por su muerte. Muchas anhelan el poder y no lo tienen y hay otros que deben ejercerlo sin quererlo. Tal vez fue “Grande” por lo mismo el buen Federico: porque hizo un papel enorme por su pueblo, preocupándose por su bienestar en lugar del propio.

Tarjeta de Crédito y consumismo.

Antes del viaje le comenté a Dani la cantidad de Euros en efectivo que iba a llevar, pero ella me recomendó llevar más, así que le hice caso y después entendí la razón de dicha recomendación.
El Río Spree

Exceptuando Cuba, por obvias razones, esta es la primera vez que viajo y prácticamente no use la tarjeta de Crédito. Berlín es una de las ciudades más importantes a nivel mundial, además de ser la capital de una de las economías más potentes del planeta, sin embargo, es casi imposible encontrar un lugar en donde te acepten tarjeta de crédito. Es más, en un pequeño supermercado, pensé que la iba a poder usar sin problemas pero, también por primera vez en mi vida, encontré un lugar en donde ¡no aceptan Visa! (OMG!)

            Al inicio me indigne pero después comprendí el origen de todo esto: la idiosincrasia alemana. El teutón es muy disciplinado con sus gastos por lo mismo, si necesita algo, ahorra e invierte en la mejor opción entre calidad y precio. En Alemania no existe y, conociéndolos, ni existirán esas mamadas de “Llévatelo ahora y paga a 18 meses sin intereses con tu tarjeta de crédito” Para el germano, y para mí, esas son estupideces: si vas a comprarte algo es porque tienes el dinero en el momento, de lo contrario no te lo compras (exceptuando casos especiales como casas y coches, donde el monto justifica el crédito).

            Y por ese mismo motivo, la tarjeta de crédito no es vital para el alemán, porque no la necesita. Un reflejo de la disciplina y, ¿por qué no decirlo?, también de la cuadradez del germano pero, al final, es una postura sana en cuanto a economía y consumismo.
Sección Original del Muro de Berlín

            Hablando de consumismo, a diferencia de mis otros tres viajes del primer semestre (Las Vegas, San Francisco y New York) en Berlín casi no compré nada, en verdad me dedique a turistear de lo lindo, esto debido a dos razones: La primera es que, a pesar de ser una ciudad tan popular, la mercadotecnia y oferta de productos no es ni la décima parte de lo que encuentras en cualquier ciudad Gabacha, así que tampoco hay mucho que comprar o alguna tontería que te inspire a adquirir porquerías que no necesitas (ad hoc a la ideología teutona).

            Por otro lado, el costo de la vida en Alemania es increíblemente CARO, en verdad es algo obsceno. Me decían que Nueva York y San Francisco eran caros pero éstas las visite después de la capital alemana y me parecieron en extremo baratas a comparación de Berlín. Como la vida es TAN cara en tierras teutonas, en verdad a uno no le inspira atascarse de porquerías o souvenirs para el recuerdo y, por todo ello, las tarjetas de crédito no son tan populares.

            Tal vez los teutones no usan tarjeta de crédito por esa autosuficiencia, por esa educación tan congruente y disciplinada que les dicta que sólo compran lo que pueden pagar en ese momento. Por eso saldan en efectivo, como muestra de sus posibilidades, de no tener que acceder a un crédito innecesario. Misma actitud hace que no sea necesario para los negocios aceptarla (mejor para ellos que reciben en dinero líquido y no tener que financiar al banco ni al cliente).
Puente sobre el lago Templin (Postdam)

Socialismo más Capitalismo

            Como mencione en el apartado de la tarjeta de crédito, a pesar de ser una de las máximas potencias económicas mundiales, Alemania no está inmerso en ese Capitalismo obsceno que ves en Estados Unidos, inclusive en México está más marcado que en las tierras Teutonas. ¿Por qué? Me parece que los alemanes han sido lo suficientemente sabios para adaptar algunas ideas socialistas a su sistema capitalista, dando un buen equilibrio para la calidad de vida (que no es lo mismo que nivel de vida, pero de eso hablaré en el tercer escrito de esta serie).

            Y me baso en detalles como el transporte público asequible, en los programas de seguridad social, seguros de desempleo, apoyo para padres con hijos recién nacidos, el trato preferencial a los ancianos, el apoyo para las mascotas, en impuestos adicionales a los que más tienen, en donde el que más gana más paga y, lo más importante, TODOS pagan sus impuestos, no como en mi país donde somos pocos los que lo hacemos. Ciertamente es un país caro, con impuestos bastante altos pero, al final, ves cómo tus contribuciones se reflejan en acciones concretas que mejoran a la comunidad, muchas de ellas en infraestructura que beneficia a todos  y no acaban invertidas en el patrimonio del algún político corrupto (como sucede con la mayoría en América Latina).

            En Alemania sí hay una consciencia social y no ese egoísmo endémico que hace que vea por mí, sin importar el derecho ajeno. Porque después de dos guerras mundiales, saben que la única forma productiva de salir adelante es el trabajo en equipo como sociedad o país, y no que salgan adelante pocos basándose en la miseria del resto.
Biblioteca de la Universidad Humboldt

            Y por esa misma actitud de respeto y responsabilidad social es que en Alemania no hay WalMarts, obvio los gabachos intentaron abrir uno con sus políticas neoimperialistas y neoesclavistas pero, debido a las férreas leyes laborales germanas, el modelo de WalMart no era viable y, por lo mismo, no ves grandes supermercados en tierras teutonas. Los alemanes no permiten los horarios tan castigados que WalMart le aplica a sus empleados, ni tampoco permite esa política de precios tan desleal que deben amortiguar los proveedores para que WalMart presuma sus precios bajos (que pocas veces lo son en realidad). La ley alemana se aplica sobre las bases de la lealtad, lo ético y lo justo, por lo menos mucho más que en Estados Unidos y en México.

            El Clima

            Me llamaba la atención, en la oficina, las primeras veces que hablaba a Alemania de parte del Trabajo, que siempre me preguntaban por el clima “¡Qué gente tan extraña!” pensaba yo “¿Por qué quieren saber del clima si todo el tiempo estamos soleados?”. De igual forma, la vez pasada que visité al país teutón, fue en una de las dos semanas reales que tienen de Verano y todo el mundo estaba en éxtasis (no exagero) de que tenían una semana completa de sol.

            Fue hasta esta segunda visita que comprendí el por qué los germanos le ponen tanta importancia al clima: y es que es algo vital para su calidad de vida. En la mayor parte de México, la mayoría del tiempo, es irrelevante el clima, porque tenemos uno muy benigno y constante, con cambios leves entre las estaciones. ¿Y por qué digo que son leves? Porque en Alemania sí que hay climas extremosos.
El Reichstag (El Parlamento)

            La mayoría de los mexicanos, me incluyó, no conocemos la nieve (a menos que sea de limón), así que tampoco sabemos lo que es experimentar una nevada a temperaturas de -25º y con un factor térmico de -30º, eso es algo que, por más que nos imaginemos, nunca podremos saber la magnitud del asunto y, por fortuna, yo aún no lo sé, pero los amigos de Dani vaya que sí lo sabían y me lo supieron expresar con claridad.

            Aquí, por más frío que haga o más lluvia que caiga, no afecta gran cosa nuestras actividades: podemos hacer deporte, salir al cine, comprar la despensa o visitar a los amigos con pequeñas dificultades. Realidad totalmente distinta a la alemana.

            Cuando te enfrentas a una nevada como las que les comenté un par de párrafos arriba, por más ropa térmica que te pongas, por más abrigos megacalientes que uses, por más que te prepares, el límite ha sido superado, el frío te cala hasta las huesos y, cuando debes salir a la calle, sólo vas de la estación del metro al negocio y de regreso a la estación para estar el menor tiempo posible a la intemperie y evitar congelarte. Nada de dar paseos, nada de visitar a los amigos, nada de ir de compras, no te dan ganas de hacer nada, sólo de quedarte en casa y, por más acogedora que sea tu morada, el hecho de no salir algunos meses del año, te acaba deprimiendo, y más si no ves ni sientes el sol durante largo tiempo.
El Monumento a los Judíos caídos

Michael, el último practicante que tuvo mi área, llegó el pasado Diciembre a Puebla y en sus primeros días me dijo: “Creo que en mi vida nunca había sentido tanto frío como en México”. Obvio esto es una exageración, considerando el clima que priva en Alemania, pero hay un trasfondo atrás de esta afirmación, porque no es la primera vez que escucho algo así de algún extranjero venido de climas fríos.

            A un nivel, y sólo a un nivel, los mexicanos soportamos más frío que los alemanes, ¿Por qué? Por las instalaciones que cuentan por allá. Al sufrir los climas tan extremos que se viven en Europa, todas las construcciones deben contar con instalaciones de calefacción, y no porque sea ley, sino por sentido común, ya que las temperaturas que alcanzan son realmente obscenas (hasta -25º C como ya comenté).

            A excepción de algunos estados del Norte, en México carecemos de estas instalaciones de calefacción, además de que la ropa térmica no es algo común (aunque sí la encuentras), así que los mexicans soportamos el frío “a lo macho” y, aunque no son temperaturas tan extremas, acabamos resistiendo más que el alemán promedio.
El Berliner Dom y la Fernsehturm

            Esto lo vi un día cerca del Berliner Dom en que la mayoría de la gente iba abrigada y yo en playera, lo que ocasionaba que se me quedaran viendo extrañados, claro que en México también me distingo por mi resistencia al frío. En la gran mayoría de mi país, el invierno es muy benigno, así que sólo tenemos que soportar un invierno verdadero durante un par de semanas (justo el mismo tiempo que dura el verano de verdad en Alemania: Dos semanas)

            Estuve en Berlín del 29 de Marzo al 6 de Abril, fechas en las que ya tenemos un calor muy marcado en mi país pero en la capital alemana, tras más de 20 años sin utilizarlo, un par de días tuve que ponerme una chamarra (ligera pero, al final, tuve que usarla -_-). Para los alemanes el clima que me tocó fue de los más benignos que les puede tocar, mientras que yo tenía un par de décadas sin sentir tanto pinche frío.

            Al final comprendí, el clima también es parte de la calidad y nivel de vida que gozamos en México, tener un clima benigno contribuye fuertemente a la realización y felicidad de tu población, sin importar cuánto dinero tengas, nunca vas a poder comprar el calor solar. Y el ejemplo claro de lo que digo es Cuba, en donde tienen carencias materiales impresionantes pero sin duda el país más feliz que he conocido.
La Konzerthaus Berlin en Gendarmenmarkt

No se ve en México

            Algo que me encantó y me dejó muy sorprendido fueron las mascotas alemanas. Obviamente no hay perros callejeros, todos los canes están bien cuidados, bañados, alimentados, educados y demás. Son tan limpios, y sus dueños tan responsables, que los perros tienen el mismo derecho a entrar a distintos lugares con sus amos, ya sea una cafetería, un restaurante, el súper mercado, el metro o el Autobús. Esto en México sería inconcebible, y la culpa no es de los animalitos, sino de los negligentes amos que, en su mayoría, no se interesan por el bienestar ni educación de sus mascotas.

            Otro hecho que me impactó fue el ver a niños de primaria viajando solos por la calle, en el metro o en el autobús, con toda confianza y seguridad. Los niños se ven independientes y el ambiente a su alrededor es tan natural como se trata a cualquier adulto. Eso era algo común en mi niñez pero, en la época actual, no visualizo a un pequeño viajando solo  hacia la escuela, y es que son tantos riesgos potenciales que enfrenta (ser atropellado, secuestrado, que le vendan drogas, que se acerquen malas influencias) que ya no creo que haya niños, por lo menos en las ciudades, que vayan solos a la escuela, ya no digamos ir solos en el metro o autobús.

            Y ya que toque el tema de los infantes y de que son tratados como adultos, no cabe duda que la personalidad y la cultura uno lo va heredando desde niveles genéticos. En México, cuando ves a un pequeño, generalmente te platican, te hacen caras y quieren interactuar contigo, sonriéndote de forma natural y desinhibida, en Alemania es un poco distinto. Lo ejemplifico con un niño de un año o año y medio que nos encontramos camino a Charlottenburgo: Dani le hacía caras, intentaba hablar con él, y el chamaco la ignoraba, le volteaba la cabeza y se negaba a interactuar con ella, por más fiestas que le hacía mi amiga, el niño se mantenía en una pose orgullosa y flemática. Algo así era con el resto de niños con los que nos cruzamos, unos pequeños adultos que se comportaban demasiado serios para la edad que tenían.
Versión alemana del escudo mexicano en Unten den Linden

            Algo que me hizo notar Dani, y que me había pasado desapercibido es una costumbre entre muchas mujeres alemanas mayores de cuarenta años, mismas que tienden a usar el pelo muy cortito y a vestir de forma neutra e inclusive masculina. Es como si nada más tuvieran derecho a ser femeninas hasta sus 30’s y, a partir de la cuarta década, muere su parte femenina y pasan a ser una administradora enfocada en cuestiones prácticas, ya no a cuestiones personales o de estética.

            Otra cosa que me resultó notoria, pero hasta que regrese a casa, fue la contaminación auditiva a la que estamos expuestos de manera constante. Para ser una gran urbe y la capital del país, Berlín no es ni por mucho, lo escandalosa que puede ser Puebla (que tampoco se compara a la Ciudad de México). Tras una semana en Berlín, me di cuenta que los mexicanos somos demasiado escandalosos, y sin motivo alguno: gritamos, tocamos el claxon, chiflamos y demás maneras de hacer ruido de manera excesiva e injustificada, lo cual hace que el estrés cotidiano se disparé bastante y la calidad de vida disminuya.

            Algo irónico y curioso, es que en nuestro camino a Postdam, ya en los suburbios de Berlín, nos encontramos con un lugar llamado “Mexikosplatz” o “Plaza México” o “Lugar Mexicano”, que es de los lugares más fresas y exclusivos de la zona. Las casas, las calles, la pulcritud, el cuidado, los jardines, los autos, la gente y demás, denotaban una elegancia muy evidente. Me llamó mucho la atención que un lugar tan exclusivo de Berlín demuestre muchas características que le hacen falta al lugar del cual toma el nombre.
La Isla de los Museos (Museeninsel)

            Museos

            Aunque ya escribí largo y tendido sobre el Arte en Berlín, sólo quiero comentar brevemente sobre otros de sus Museos. De los 364 museos que tiene la ciudad, casi para conocer uno diario en un año, “sólo” pude visitar diez en la semana en la que estuve (no visite más porque también tenía muchos otros lugares que conocer).

            Obviamente, entre tanto Museo no se puede asegurar que todos te resulten interesantes o sean de alta calidad. Por ejemplo estaba el Museo del Currywurst o el del Trabi que, en definitiva, no me interesaba conocer. Por otro lado, había otros que, sin duda, han de haber sido muy interesantes pero que, para mis prioridades, preferí no visitar como fue el caso del Museo de la Historia Judía, el de Los Ramones, el del Cine Alemán o el Museo de los Putos, y no estoy siendo despectivo, ¡así se llama! (Schwul Museum).

            Trate de seleccionar los mejores de acuerdo a mis intereses, no todos valieron la pena, algunos porque prometían más de lo que eran, otros porque no mostraban todo lo que podían. De igual forma, había otros de los que recibí más de lo que esperaba y fueron una grata sorpresa.
El Neues Museum (El Museo Nuevo)

            Mis favoritos fueron el Museo del Muro en Check Point Charlie, La Alte National Galerie y La Topografía del Terror (Topographie des Terrors), sin embargo hubo algunos otros que también tuvieron lo suyo como el DDR Museum (que ya comenté) o el Museo de la Stasi.

            Por ejemplo el Museo Humboldt de historia natural, tiene unos fósiles imponentes a la entrada, una sección muy interesante de las especies extintas, así como a la evolución y mutación (aunque por debajo del de Nueva York pero, en ese momento, no lo sabía), además de una sección enorme de animales en frascos llenos de formol. Pero como la mitad del museo estaba en mantenimiento, me fui con una sensación de frustración y decepción al ver tan poquito de un lugar que prometía más.

            Dos Museos que son muy populares e importantes son el Neues Museum y el Pergamón (parte de la Isla de los Museos), mismos que tienen exposiciones impresionantes sobre la antigua Grecia, Mesopotamia y Egipto. En lo personal esas culturas no me resultan especialmente interesantes así que no supe apreciar todo lo que estos museos te ofrecen (y que conste que los recorrí en su totalidad).
Interior del Museo Pergamón

            Nazismo

Un museo que sí me cautivó fue la Topografía del Terror, aunque sólo consta de fotos y paneles (y uno que otro material audiovisual), está tan bien estructurada que te lleva a esos días y a los orígenes del Nazismo.

            Berlín tiene opciones variadas para conocer lo que significó la Segunda Guerra Mundial, hay un tour llamado “El Tercer Reich”, hay una visita al campo de concentración de Sachsen-Hausen y la ya mencionada exposición “Topographie des Terrors”.

Museo Humboldt de Historia Natural
            Creo que como extranjero que visita una ciudad tan emblemática y con tanta historia como Berlín, es casi imposible no preguntar sobre el Nazismo, sobre la Gestapo, sobre las SS, e inclusive preguntar sobre el Muro, las dos Alemanias y la reunificación.

            Lo curioso del asunto es que los alemanes no hablan tan a gusto ni tan abiertamente del tema del Nazismo, a pesar de ser parte de su historia y de que no fueron ellos (sino sus ancestros) los que formaron parte de dicho movimiento. Este tema me resulta tan interesante que ya lo desahogué en otro momento.

            Hasta aquí esta segunda entrega. En la tercera hablaré un poco del Tiergarten, el baile, el transporte y mis conclusiones sobre donde viviría: Si en México o en Alemania. Pueden leer la tercera entrega en esta liga.

            Hebert Gutiérrez Morales.

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