lunes, 21 de julio de 2014

Berlín: una Alemania distinta (Parte 3).

            Tercer y última entrega sobre este maravilloso viaje a Berlín, una ciudad con tantas posibilidades que, con gusto, me hubiera quedado dos semanas y sin duda todos los días hubiera visto algo distinto.
El Siegelssaule (O Columna de la Victoria)

            Corriendo por el Tiergarten

            Como ya comenté en la primera entrega de esta trilogía, a excepción del primer día, a diario iba a correr al Tiergarten. Una zona verde enorme que se ubica detrás de la Puerta de Brandemburgo y que contiene al Siegelssaule (La columna de la victoria) y el Reichstag (El parlamento) como sus puntos de interés más icónicos.

            Le agarré mucho cariño a ese parque, mismo que está dividido en cuatro secciones y está pletórico de monumentos, estatuas, laguitos, puentes, caminitos, árboles, ardillas, gente corriendo, en bici o paseando a sus perros. Mis corridas tomaban más tiempo de lo normal porque siempre encontraba algo que capturaba mi atención y me detenía a contemplarlo con detenimiento, ya fuese un monumento, una estatua, un paraje bello, un amo jugando con su perro o cualquier otra expresión artística.

Y ahí recordé algo que me quedó claro desde la visita anterior: En verdad Alemania no tiene los recursos naturales que tenemos en México pero, sin duda alguna, lo “poco” que tienen, lo tienen muy bien cuidado, por lo que luce más a diferencia de nuestra abundancia toda descuidada.
La distribución del Tiergarten

            Que un lugar como el Tiergarten, tan cuidado, tan verde, tan limpio, tan elegante y tan interesante este enclavado en el centro de una gran Metrópoli es una muestra de civilidad y desarrollo, y me encantaría que algún día en México mostremos esa educación y respeto no sólo por nuestros parques, sino con la naturaleza en general y hacia nosotros mismos.

Baile

            Algo en lo que me di cuenta en que Berlín no es como el resto de Alemania es el baile. Dani me llevó a bailar a un lugar tropical y vaya sorpresa que me lleve. No lo voy a negar, pensé que iba a ser como el tuerto en tierra de ciegos, que iba a ser como un mesías en tierras desoladas y note lo equivocado que estaba.

            Hay que reconocerles a los teutones es que son muy dedicados y/o disciplinados en todo lo que se proponen. Al lugar que fuimos todos bailaban Salsa y bailaban bien, producto de las clases que tomaban porque (Casi) todos bailaban con el mismo estilo pero, para mi sorpresa, lo hacían de manera fluida. Ciertamente había latinos que se notaba que lo bailaban con naturalidad y desde los genes, aplicándole esa picardía que los sajones nunca van a tener (por más clases que tomen).
La Torre de TV en Alexanderplatz

            Así que Dani y yo bailamos tranquilos, perdiéndonos entre la gente y sin llamar la atención porque la gran mayoría de ellos bailaba muy a gusto y sin preocuparse de nada más. Tal vez no con el mismo sabor que los países de sangre caliente, pero sin duda los teutones estaban disfrutando de poder bailar libremente.

Transporte

            La vez pasada que vine a tierras teutonas, tuve la fortuna que la empresa me pagó un auto, así que pude experimentar lo que es manejar en un país tan educado y civilizado, tema del cual escribí ampliamente en esta liga.

            En esta oportunidad pude apreciar otra faceta de moverte en Alemania: el sistema de transporte público. Tanto el metro como los camiones son súper eficientes, puntuales, limpios, ordenados y seguros. Nada de arrancones, nada de cazar pasaje, nada de meterse en el camino ni de estar increpando al resto de conductores. En verdad el sistema de transporte es muy bueno y muy barato.
Busto egipcio en el Neues Museum

            Con un sistema de transporte así en verdad no requieres auto para vivir en Berlín porque fácilmente llegas a cualquier punto de forma rápida. Así que, los que quieren tener auto, les cuesta bastante, ya que pagas por estacionar tu coche (aún en vía pública), la gasolina es súper cara, los mantenimientos onerosos así como la licencia de manejo y sus respectivos cursos para obtenerla. Y me parece cordial, ya que el que posee coche contamina más y quiere decir que tiene más ingresos, así que es normal que pague más, sobre todo al ser un lujo porque con cualquier combinación de Tren, Autobús o Metro, llegas rápidamente a tu destino.

            Y, al final, esto incrementa el nivel de vida, ya que al haber menos autos, hay menos tráfico y menos contaminación, menos estrés y un mayor sentimiento de pertenencia al haber un sistema tan democrático de transporte que la mayoría comparte, un concepto bien aplicado del Socialismo.

            Pero los pasajeros también se comportan a la altura, por el increíble respeto que muestran, y no me refiero a las reglas básicas de civilidad al respetar los lugares de discapacitados, dejar que salgan antes de entrar o no bloquear las entradas o salidas; me refiero a que en el Metro no hay puestos de chequeo para el boleto. Es increíble pero sólo entras al metro ¡y ya!
Postdam

            Obviamente hay inspectores, vestidos de civil, que te checan esporádica y aleatoriamente el ticket, pero es poco probable que alguien te cheque por lo que, en teoría, podrías viajar gratis todo el tiempo (y no dudo que haya quien lo haga de vez en cuando) pero, en general, el alemán paga su abono y cumple con las especificaciones del mismo. Algo característico de un pueblo disciplinado, respetuoso y afecto a las reglas.

La Ciudad en eterna Reconstrucción

            Un hecho que me parece lógico, y se nota a simple vista, es que tras la reunificación, había muchas mejoras que hacerle a la parte oriental de Berlín, esto para tener una ciudad más equilibrada e, inclusive, estética.

            Sin embargo, a casi 25 años de la reunificación, ¡Berlín sigue en reconstrucción! Era algo en verdad irrisorio, lugar por donde pasábamos había una calle, una fachada, una edificación, una instalación o lo que se les ocurra que estaba siendo remozado, construido, modificado e inclusive demolido. Es más, en el edificio de Dani había trabajos de mantenimiento que ya llevaban muchos meses en proceso.
Alte National Galrie

            Esto hablaría de una preocupación constante del gobierno alemán por tener la ciudad en orden. El problema no radica en ello, sino en los tiempos. Por ejemplo, el nuevo aeropuerto internacional de Berlín ha visto pospuesta su apertura con algunos años de retraso, un castillo frente al Berliner Dom también lleva atrasos en sus tiempos, e inclusive el museo Humboldt de Historia natural iba atrasado en su reconstrucción, por lo que la mitad de sus instalaciones no estaban disponibles para su visita.

            Esto te molesta como turista, encontrando exposiciones cerradas, museos a media capacidad o de plano cerrados. Así que, como cuestiono en México cuando veo obras inconclusas de maneras simultaneas: ¿No sería más productivo empezar pocas obras y dedicarles más recursos para acabarlas pronto? Esto lo veo más provechoso que iniciar muchas y esparcir los recursos entre ellas (el que mucho abarca, poco aprieta).

Volar con mexicanos

            Entre más viajo, hay algo que cada vez me parece más evidente: la marcada diferencia en vuelos en donde hay mayoría de mexicanos contra los que llevan mayoría de otras nacionalidades.
Fuente de Poseidón en Alexanderplatz

            Por ejemplo, en mis vuelos de (ida) París a Berlín y de (regreso) Berlín a Ámsterdam, la gente era educada, respetaban los señalamientos de la tripulación, cedían el paso, no se metían en la fila ni se paraban antes de lo indicado, y mantenían la civilidad en todo momento.

            En los vuelos entre México y París así como el Ámsterdam-México, ¿qué les puedo decir? Una romería tal cual, hasta pena me daba. Gente gritando, parándose en todo momento, no respetando señalamientos, niños llorando, personas cambiando de lugar, agandayándose lugares de equipaje, gente problemática y armándola de jamón, los que se meten en la fila, los que son reprendidos por la tripulación. Es cuando el Folclore mexicano sale a relucir, tanto para bien como para mal. Y no me pueden decir que fue cosa de un solo vuelo, porque ya llevo algunos al extranjero y esta tendencia es constante y clara.

KLM

            De todas las aerolíneas con las que he volado, sin duda alguna, KLM es la mejor (y no, no me están pagando para hacerles un comercial).
Palacio en Postdam en donde se firmó la división alemana

Y que conste que ni salimos a tiempo de Ámsterdam ni llegamos a tiempo al DF pero el trato, el entretenimiento a bordo, la calidez, la comida, la atención en todo momento y todos y cada uno de los detalles, KLM es muy superior al resto de Aerolíneas con las que he viajado, sólo seguida de cerca por Aeroméxico que también se esmeran bastante. Tal vez sea cara respecto a otras, pero vale la pena, además es más barata que, por ejemplo, Lufthansa y la diferencia en el servicio sí es notoria.

Cuando viajen a Europa y ven que la diferencia para tomar KLM es un poquito más cara, no lo duden y escojan esta aerolínea holandesa, en verdad lo agradecerán. Es más, me trataron tan bien que eso ha hecho que los Países Bajos ganaran puntos en mi ranking de países próximos a visitar.

México

            Como comente en la conclusión de otro escrito. En mis primeros viajes era una obligación comparar a mi país, concluyendo si era mejor o peor que el recién visitado. Con el tiempo, simplemente aprendí a estar agradecido con la oportunidad que tengo de conocer distintos lugares y sus culturas, porque eso me enriquece a nivel personal.
El Hotel Adlon en Unten den Linden

            Sin embargo, en los viajes de este año he experimentado algo nuevo, sin importar si el lugar que visite es “mejor” o “peor” que el mío, ahora me da mucho gusto regresar a mi tierra.

            Obviamente en los países desarrollados ves muchas cosas que quieres para tu país y a veces es imposible no juzgar o comparar. Por eso mismo, al inicio, había cosas de mi cultura que consideraba absolutamente buenas o absolutamente malas respecto al primer mundo.

He aprendido que en el mundo no hay nada absoluto y he aprendido a ver de forma más real los lugares que visito y mi propia tierra. Y no porque mi país sea el mejor lugar del mundo, sino porque me gusta vivir aquí de acuerdo a mis características, mi personalidad y circunstancias de este momento de mi vida, tal vez en el futuro encuentre un lugar más ad hoc a mi esencia.
La Mascota de Berlín

Y eso no quiere decir que voy a dejar de mentar madres sobre lo malo que aquí pasa, es tanto mi derecho como mi obligación, pero tampoco quiere decir que no valore lo bueno en él. Viajar también ayuda a desmitificar el extranjero, al ver que en todos lados tienen cola que les pisen y también ahí se cuecen habas. Sin importar si es el país más avanzado o el más jodido, en todos los lugares hay cosas buenas, cosas malas, gente imbécil y gente muy interesante.

He aprendido que es importante honrar las bondades de cualquier lugar, situación o persona, y no sólo enfocarse en lo malo. Y eso es algo que me puede ayudar a ser más objetivo y dejar de idealizar o condenar algo de manera extrema.

Vacaciones Intensas

            Pero también hay otro aspecto por el cual me gusta regresar a mi país, y es que me gusta hacer mis vacaciones intensas, en donde lo último que hago es descansar, todo por ese afán de conocer lo más posible del lugar que visito, y el caso berlinés no fue distinto.
Estatuas en el Tiergarten, al fondo el Siegelssaule

            Creo que ha sido de los viajes en donde más he caminado, de los más cansados y también de los más enriquecedores. El problema es que ese ritmo intenso es agotador (supongo que Dani dijo “¡Por fin!” cuando me dejó en el aeropuerto), sobre todo si lo llevas fuera de tu cultura.

            El regresar a tu rutina te fortalece, obviamente sigues trabajando y retomas tu ritmo de vida normal, lo cual hace que te recuperes, como que la rutina mental disminuye el estrés. El hecho de regresar a lo que conoces, a tu zona de confort, es renovador.

            Tal vez no sea tan notorio, pero detalles como dormir en tu cama, bañarte en tu ducha, comer tu comida, estar en tu zona horaria, experimentar tu clima, convivir con tus compañeros de todos los días e inclusive hablar en tu lengua materna, es más importante de lo que crees.
El Gedächniss Kirche

            Y ésa es otra ventaja de viajar: valorar tus actividad cotidiana y todo lo que forma parte de ella, darte cuenta de lo afortunado que eres por tener la vida que tienes, inclusive esos pequeños detalles que crees insignificantes y, es hasta que no los tienes que en realidad, te das cuenta de que tan importantes son. El viajar te da la posibilidad de ver tu existencia con ojos distintos y darle el valor que raramente le das.

Nivel de vida contra calidad de vida

            En México siempre nos referimos a países desarrollados como países ricos, pero creo que deberíamos sacarnos ese concepto de la cabeza. Si quieres tener vida de rico, es más fácil dártela aquí que en Alemania, a menos que seas asquerosamente millonario pero, en esos casos, no importa mucho en dónde vivas.

            Tengo una sensación de Déja Vú que este tema ya lo toque en otro escrito pero, ustedes disculparan, ya llevo tantos que me da hueva buscar si lo hice y dónde lo escribí, así que continuo.
Monumento a los Soldados Rusos en el Tiergarten

            En México tenemos nivel de vida o sea que tienes acceso a servicios y mercancías baratas, si perteneces a la clase media puedes pagar para que te laven el coche, te limpien la casa, te planchen la ropa, pagues barato al cine y demás. Traducción, con un buen ingreso, vives muy bien y hasta con lujos.

            Es claro que esa bonanza que gozamos una minoría está basada sobre la miseria de la mayoría, personas que viven con ingresos irrisorios y, por tal motivo, hay exceso de oferta, y sus trabajos son pagados de manera barata. Me parece que no alcanza el 10% de la población que supera la barrera de los 10mil pesos mensuales (unos 770USD). Así está conformada la sociedad mexicana, en donde un puñado tiene casi todo el pastel, unos poquitos tenemos algo y la gran mayoría no tiene casi nada. Y luego nos quejamos de los problemas sociales con tremenda y obscena desigualdad aunque, como ya trate en este otro escrito, es un tema del cual todos somos víctimas y verdugos.

            Tal vez Alemania sea un país rico, pero no lo son los alemanes, por lo menos no a primera vista. Viendo el costo de los víveres, de la vivienda, de los servicios, de la gasolina y de prácticamente cualquier aspecto de la vida cotidiana teutona, el alemán promedio lleva una existencia austera, misma que no permite los lujos que nos damos en México. De ahí que sean considerados como tacaños, pero es parte de su cultura analizar la mejor relación costo beneficio para maximizar su inversión.
Interior de la Cúpula del Reichstag

            En el país germano la situación está más equilibrada, obvio hay ricos, pero no son obscenamente ricos (tipo Carlos Slim) y también hay pobres pero, el porcentaje es nimio a comparación del tercer mundo en donde es la mayoría de sus respectivas poblaciones. Ahora sí que la mayoría de la población alemana se sitúa en una clase media austera pero más justa y sana.

            Obvio hay una contraparte por la cual no se vacía Alemania y se vienen todos a México (aunque sí tenemos bastantes): la calidad de vida. En el país teutón, a pesar de la creciente tasa de desempleo, no hay miseria, casi es necesario que seas un auténtico holgazán para que no tengas trabajo y tengas que vivir del seguro social. No hay una marcada diferencia entre clases sociales además, los impuestos se reflejan claramente en infraestructura, servicios, seguridad social y demás aspectos que benefician a la población en general.

            En México tendrás más recursos que gastar en lujos, pero también tienes que pagar seguridad privada, sistema de salud privado, educación privada, seguros privados y demás servicios particulares porque los públicos son tan deficientes que no puedes arriesgarte a confiar en ellos, porque te acaba saliendo más caro el caldo de las albóndigas.
Parque en Postdam

            Al final, ¿qué escoges? ¿Nivel de vida o calidad de vida? ¿Qué es mejor? ¿La riqueza de unos basada en la pobreza de muchos o que todos tengan una vida austera? Por lo mientras no me molesta tener una rica y abundante comida por tres Euros, comprarme kilos y kilos de frutas variadas con cinco Euros, que me laven por coche por tres Euros, que me planchen una docena de piezas de ropa (algo que en verdad me da mucha flojera) por cinco Euros, el mantenimiento de mi bici fija por 20 Euros e inclusive, si quisiera, que me hicieran la limpieza de la casa por 10 Euros. Obvio, de vez en cuando debo pagar por una llanta arruinada por un bache (aunque no haya sido mi culpa) o a veces pagar por un espejo o llanta robada.

Alemania es un gran país y Berlín una ciudad maravillosa en la que cualquiera quisiera vivir. A pesar de ello, para mis condiciones físicas, sociales, económicas y culturales, y en este momento de mi vida, el mejor lugar para vivir que encuentro es México. Es algo chocante, casi increíble, pero es una conclusión que confirmo con cada viaje que realizo. Y no porque mi país sea mejor o peor que Alemania, digamos que me acomoda mejor en estos momentos. Seguramente si tuviera hijos o mi condiciones fuesen otras, sin duda escogería Alemania siempre.
 
Atardecer en la Puerta de Brandemburgo
Todo depende de la persona, recuerdo que la mayoría de mis maestros japoneses optaban por quedarse a vivir en México, algo que me llamaba poderosamente la atención “Si tienen un país, limpio, seguro, moderno, ordenado, civilizado y educado ¿Para qué venir a vivir a este caos?” les cuestionaba y, básicamente, palabras más palabras menos, me argumentaban el bajo costo de vida, la libertad y la calidez de la gente. De igual manera, hay muchos alemanes que han optado a quedarse a vivir aquí y no regresar a su país a excepción de sus vacaciones, las razones son el clima, la comida y la libertad.

Obvio también tengo sus contrapartes, amigos mexicanos que se han ido a vivir a Japón por la seguridad, el desarrollo, la educación y la limpieza, o a Alemania por la educación, la seguridad, el desarrollo o el empleo. Las prioridades son distintas en cada persona y no es obligatorio que tu mejor opción para vivir sea en dónde naciste.

Para concluir, si un día pueden, visiten Berlín, como harán corroborado en estos tres escritos, es un lugar en verdad interesante, un crisol de culturas que se complementan a la perfección en una de las ciudades más alternativas y con esencia del mundo.


Hebert Gutiérrez Morales.

No hay comentarios: