sábado, 30 de agosto de 2014

Lucy

            La vida te da sorpresas, unas malas y otras buenas. Creo que todos hemos visto alguna película de la cual esperábamos mucho y acabo decepcionándonos, lo cual es frustrante. Pero cuando pasa lo contrario es una sensación muy agradable.

            Honestamente no iba a ver “Lucy”, me había llamado la atención el tráiler pero no tanto como para verla, a pesar de que mi novia Scarlett Johansson es la protagonista. Pero era la mejor elección que encontré antes de mi clase de Salsa y, afortunadamente, me lleve una gran sorpresa, tanto que me tienen aquí escribiendo sobre un filme que hace dos semanas ni sabía que existía.

            Mi amiga Gaby dice que  Scarlett Johansson es más sexy que guapa, algo en lo que podría estar de acuerdo si tuviera tiempo para analizarla, pero como la Sra. Johansson siempre me ha enloquecido, sólo puedo verla como una de las más guapas, atractivas y sexys del mundo.

Y justamente eso me encantó de este filme: no explotan casi en nada el sex appeal de la protagonista, la dejan actuar y, en mi opinión, lo hizo de maravilla, sobre todo en las partes que debía demostrar cero sensibilidad, totalmente fría e indiferente. Creo que no había quedado tan enganchado de una actuación de ella desde “Lost in Translation” (guardando obviamente las distancias con dicha obra de arte)

            Si soy objetivo, creo que este filme europeo (con protagonistas gringos en los papeles principales) entraría en el rango de “palomero”, sin embargo, y por una razón que no entendí en el momento, me cimbró profundamente y me cautivó sin remedio. Y no sólo por la protagonista, en verdad el argumento me dejó perplejo (y también el otro adjetivo que rima con perplejo ¬_¬).

            Para mí, el creador de la película (Luc Besson) hizo un trabajo remarcable, porque en hora y media hizo una historia trascendente que me dejo cavilando el resto de la tarde-noche. Pero no lo hace complejo, te lo explica de manera sencilla, mas no simple. Es increíble como plantea conceptos enredados de manera clara. Un logro sobresaliente exponer ideas profundas de manera digerible para el público en general.

Por cierto, y como servicio al lector, es hora del Spoiler Alert. A partir de este momento empiezo a destripar mucho del argumento. Si usted piensa verla (lo cual recomiendo que haga), deje de leer en este momento y vuelva una vez que la haya visto. Bajo advertencia no hay engaño.

            Para empezar, quiero resaltar que Lucy no es un personaje intachable, en realidad es una antiheroína, que tiene un objetivo noble pero sus métodos no lo son, ya que no duda en herir, robar o matar para lograr su meta, lo cual la hace más real en lugar de un personaje acartonado que todo lo hace políticamente correcto. Esto se demostró cuando mató a un taxista inocente por no hablar inglés o cuando mató al paciente que era operado de un tumor, al ver que no tenía salvación. Ella estaba clara en su búsqueda de hacer algo por la humanidad en su conjunto (al traspasar la información), por lo que no temía hacer “pequeños” sacrificios en el proceso.

            De la primera parte del filme, me encantó la analogía que hicieron con el Chita y la gacela, ejemplificando la situación de Lucy con la mafia oriental. La mezcla de escenas fue soberbia y te iba inyectando algo de la angustia de Lucy y de la pobre gacela. Una escena algo fumada fue la de la transformación (sobre todo cuando se azota contra el techo) pero, a pesar de las jaladas, al final quedo muy bien hecha.

            La llamada a su madre me pareció de lo más hermoso del argumento. Todos los detalles inverosímiles, pero reales, que le mencionó y la manera en que lo hizo fue un detalle hermoso, además de que tenía la consciencia que estaba dejando atrás su humanidad y que iba a morir en 24 horas. Resulta más conmovedora por la incertidumbre de la madre que, a pesar de no entender del todo a la pacheca de su hija, le siguió demostrando todo su amor y cariño incondicional, como sólo las madres saben hacerlo ante cualquier situación.

Y eso es algo que hay que resaltar de esta obra: la cantidad de escenas relevantes. Será de corta duración pero, con tantas partes tan buenas pareciera que duró más, pero no por aburrida, sino por entretenida. Las hay para todos los gustos, e intercaladas de forma inteligente, ya que son de acción, filosóficas, sentimentales y hasta chuscas. De las primeras podemos mencionar la manejada extrema que se aventó Lucy por París, en sentido contrario y despistando a la policía; o el tiroteo en la Universidad, como muchos que has visto en otro millón de películas, pero es relevante porque están protegiendo a Lucy mientras termina su evolución.

También me gustaron las escenas fantásticas como Lucy viendo las ondas de comunicación y moviéndolas a su antojo, cómo escanea la salud de su amiga al abrazarla, o lo fácil que traduce el mandarín al inglés, misma facilidad con la que cambia su cabello, o la omnipresencia mostrada al comunicarse con el profesor Norman.

Y no podían faltar las escenas “cool” como cuando intimida al perro del aeropuerto, también cuando asesina a los guaruras del Sr. Jang a través de la puerta, o las escenas en las computadoras en las que recopila información a una velocidad increíble (tanto en su departamento o en el avión) Y finalmente cómo somete, dos veces, a una cantidad de gente considerable en los hospitales parisinos.

            Tal vez el beso de Lucy a Del Río haya sido soso e insípido, pero fue muy relevante, por ser un acto de amor hacia ella misma. Lo hizo para recordarse que aún es humana y que está actuando por el bien de su raza. Para eso necesitaba al policía francés: para que alguien la anclara o arraigara al mundo mientras ella se hacía cada vez más insensible.

            Y por alguna razón eso se relaciona con otro momento que me cimbró: cuando la Lucy evolucionada se encuentra con la primera Lucy que inició la humanidad, me conmovió sin explicación alguna. Sobre todo cuando se iban a tocar los dedos. Era un momento conmovedor y relevante, aunque no sabría explicar el por qué, pero agradezco que el Sr. Besson haya incluido dicha escena que, en teoría, no aporta nada a la historia, pero que resulta muy importante dado el final de la misma.

            Ayer por la noche, después de bañarme y antes de dormir, logré identificar la razón por la que esta obra, para muchos estándar, me llegó de manera tan profunda: uno de los más grandes objetivos a lo largo de mi existencia, y de manera inconsciente, fue el ser menos humano. Me explico, quiero adquirir muchos conocimientos relevantes, quiero estar lo menos atado sentimentalmente a las menos personas posibles, quiero entender por qué la gente actúa como lo hace y por qué el mundo es lo que es.

            Viendo la situación de Lucy, si tuviera que acortar mi vida para alcanzar el 100% de la capacidad de mi cerebro y llegar a poseer toda la información que conocemos y desconocemos, con gusto lo haría y seguramente no podría vivir más de 24 horas, porque sin duda me abrumaría tanto conocimiento. Todo esto motivado debido a que soy muy curioso.

            Al final Lucy no tenía opción, iba a “perecer” de todas formas, así que aceptó su destino, ya estaba más allá de apegos y miedos. Se enfocó en que la oportunidad que se le brindó significara un regalo para la humanidad.

            Por eso me resonó tanto la parte en la que decía que ya no la afectaban los sentimientos, los deseos, los miedos, ya había superado todo eso, debido a que evolucionó. Renunciar a lo que nos hace ser humanos, tanto lo bueno como lo malo, alcanzar ese punto máximo de desarrollo que tiene nuestra raza y dejar de ser lo que somos (o creemos ser). Para la mayoría no vale la pena desprenderse de sus lazos afectivos y prefieren una inteligencia estándar en lugar de trascender.

            Cuando Lucy comprendió que eso era lo que le estaba pasando, y que no había vuelta de hoja, porque ya estaba despreciando la vida humana con facilidad, optó por hablarle a su madre y despedirse de ella, y con ello dejar atrás el último remanente de humanidad.

            Al final no creo que todos los que vean este filme sientan la fascinación que experimente, por lo que podrían considerar mi escrito como exagerado. Personalmente me tocó profundamente por anhelos arcaicos, por esos deseos internos que me han acompañado desde la infancia, por ver reflejados algunos de mis sueños que casi nadie comparte.

            Hubo dos líneas sencillas que Lucy le dice a Del Río que me parecen muy trascendentes: “No hay muerte” mientras van manejando por París y “Estoy en todos lados”, cuando pregunta por ella al final. Lo único que muere de nosotros es el Ego, nosotros somos energía, misma que no se crea ni se destruye, sólo se transforma.

Lo que conocemos como muerte sólo es la transformación a otro estado, que nos resulta desconocido, y por ello le tememos y lo calificamos como “muerte”. Por eso, una vez que dejamos este plano, nos reintegramos a la energía común (o Universo, o Dios o como quieran llamarlo) y podemos estar interconectados en este plano existencial en el cual se nos da la ilusión de individualidad. Si les interesa más de estas cavilaciones y pachequeces, pueden consultar el escrito “Definiendo a Dios”.

            De las pocas veces que me gustó que dejaran un final abierto al no mostrar qué pasó después con la información que dejó Lucy porque, como decía el personaje el profesor Morgan: La humanidad se mueve por muchos intereses, sobre todo cualquier forma de poder.

            Y ahí es donde ves qué primitivos somos al final del día, tan pequeños como lo que nos mueve: lujos, dinero, posesiones, status y demás tonterías que, terminando nuestro ciclo en este planeta, son tan insignificantes como el no tenerlas.

            No nos importa llevarnos entre los pies al otro, mientras cumplamos nuestras necesidades egoístas. Pocos son los humanos, que en verdad entienden la dinámica tan nociva que la gran mayoría sostiene (o sostenemos), este suicidio colectivo que cometemos día a día.

            La muestra perfecta es el Sr. Jang, mismo al que no le importa la evolución de Lucy ni lo que podría significar para la humanidad, él sólo quiere vengar su orgullo herido, recuperar su droga y regresar a su vida, sin importar a quién afecte en el proceso.

            Algo que me demostró esta historia es cómo podemos alcanzar momentos sublimes como humanidad, y tenemos ejemplos a diario: una canción honesta y auténtica, una hazaña deportiva, un momento de valor heroico, una obra de arte que nos hace entrar en catarsis o un simple abrazo con toda la intención de transmitirte calidez solidaria a cambio de nada.

            La necesidad de poder, de cualquier tipo, generada en esta sociedad consumista, materialista y capitalista, nos ha corrompido como humanos e increíblemente, estamos actuando contra todo sentido común y decencia, sobajándonos a niveles despreciables, cayendo en una violencia increíble contra nosotros mismos y el planeta que tuvo la desgracia de engendrarnos.

            Tal vez sea una película del montón para el público en general pero, para mi, “Lucy” es sobresaliente, porque me ha enseñado lo que podría pasar si nos animáramos a desarrollar en algo nuestro potencial y, al mismo tiempo, también nos enseña por qué no lo vamos a lograr. Porque me queda claro que cada vez hay más humanos que empiezan a tomar consciencia de lo que estamos haciendo pero, por desgracia, aún son una minoría ínfima contra la gran masa que está programada para consumir más sin cuestionar, sin darse cuenta que nos dirigimos a nuestra propia extinción.

            Cuando ves los cortos de Lucy te imaginas una película de acción, lo cual es cierto hasta cierto nivel, pero fue una gran sorpresa encontrarme con un argumento que es más filosófico y sentimental que de acción, por lo menos así la percibí. La parte filosófica les debe quedar clara tras leer gran parte de este escrito pero, seguramente, la parte de amor no les cuadra a muchos.

El amor que expresa Lucy por la humanidad es grande, bien pudo dedicarse a aprovechar su poder y someter al resto pero, al superar todas esos obstáculos que nos atan a los humanos, no sentía la necesidad de ello.

Y ahí está lo remarcable, a pesar de ya no sentir nada (como lo demostró al hablar tan golpeado a uno de los profesores al recordarle la muerte de su hija), aún estaba clara en su determinación de compartir información valiosa por el bien de su raza, misma a la cual abandonaba pero, no por ello, dejo de serle leal. Y ahí estuvo el acto de amor: preocuparte por tus raíces para que trasciendan, aunque tú te quedes atrás y no lo vayas a presenciar.

            Cuando era niño y salía de alguna película de héroes, como Superman, salía con mi capa y creía que podía volar. Obviamente cuando vas creciendo (y amargándote) ese sentimiento va disminuyendo y empiezas a ver de manera más adulta los filmes.

            Cuando salí de ver “Lucy”, algo extraño me pasó. Aunque suene ridículo, me sentí como iluminado, no sé por qué, pero así me percibí. Tenía una visión más clara de la dinámica humana moderna y lo ridículos que somos, además de una consciencia de lo que podemos llegar a ser.

            Pero también me ocasionó una sensación cálida en el pecho, por alguna razón me removió el amor. Tal vez, al ver la tristeza y resignación de Lucy al dejar su humanidad atrás, resonó con ese anhelo que tengo de ser cada vez más cabeza y no darle tanta importancia a los sentimientos. Es chistoso, una persona que acabó por no tener sentimientos me inspiró a externar los míos.

            Es tonto, nos desvivimos por hacer lo mejor de nuestra vida y, al final, casi nada de lo que hagamos va a importar. Como dijo el Profesor Morgan en su conferencia al inicio del Filme: podemos optar por ser inmortales o por reproducirnos, el caso es trascender y heredar lo aprendido a las siguientes generaciones, que no se pierda el conocimiento.

            Creo que la evolución nos dio el grado exacto para superar, parcialmente, los instintos animales y llegar a darle importancia a los sentimientos. Si hubiéramos evolucionado más, seríamos seres fríos y prácticos, por lo que viviríamos en sociedad por conveniencia y no por afecto. Aunque, a decir verdad, ya estamos llegando a esos niveles de cinismo de convivir por conveniencia, sólo que sin los cerebros desarrollados.

            Parece que en algún momento se nos olvidó y ya no buscamos trascender por las razones correctas, porque ya todo tiene un precio o un interés implícito. Nos hemos prostituido como humanidad, y al final pagaremos el precio por enajenarnos en lugar de evolucionar.


Hebert Gutiérrez Morales.

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