lunes, 1 de septiembre de 2014

Decisión Final (Draft Day)

            Una de dos, o me estoy volviendo fácil de encantar con las películas, o a últimas fechas he visto muy buenos filmes. El caso es que no esperaba escribir tan rápido de otro filme tras haber escrito sobre “Lucy” hace, literalmente, un par de días.

De antemano sabía que me iba a gustar “Draft Day” (o, como la nombraron en español “Decisión Final”) por tratar de la NFL, lo que sí fue una sorpresa es que me encantara tanto al nivel de escribirle este ensayo en caliente.

Y es que uno podría decir “¿De dónde le van a sacar la emoción al día del Draft?” y créanme, hay mucha tela de donde cortar de un simple día del reclutamiento colegial. Pero, los que llevamos algunas décadas siguiendo la NFL, sabemos que el futuro de una franquicia se define mucho en el día de las selecciones colegiales.


¡Alto ahí! Antes de que dejen de leer, quiero decir algo: no me malinterpreten. No lo voy a negar, un aficionado a la NFL disfrutará la película del inicio al fin, por ser una delicia, sobre todo a unos días de la patada inicial de la temporada 2014. Sin embargo, el argumento es igual de interesante si no eres seguidor de este deporte y quieres vivir un par de horas emocionantes.

Aunque el argumento gire en torno al fútbol americano, en realidad habla mucho de decisiones, lealtades, sacrificios, relaciones, sentimientos, miedos, ilusiones, frustraciones y de tantas cosas a los que todos nos tenemos que enfrentar tarde o temprano en la vida.

Vas viendo como todas las personas a tu alrededor tienen ciertas expectativas sobre lo que deberías ser, hacer, decidir o pensar, y te das cuenta que no puedes darle gusto a todos.


Y eso es sólo con las personas a tu alrededor, también tienes otros con los que tienes contacto, tal vez no tan cercano que también hay intereses sobre ti y con los que debes aprender a lidiar o negociar.

El problema es que muchas veces no tienes tiempo para decidir, es cuando notas que es un factor invaluable para todos. Y ahí vino una frase que me encantó en la película “Nadie puede detener el tiempo, pero hay algunos que logran hacer que corra de manera lenta”. ¡Wow! Qué manera tan sublime de ejemplificar ese don que tienen algunos para ganarse algo de ello a través de sus decisiones, sus actos o estrategias


Y ahí está el arte de esto, porque en muchas de esas ocasiones no sólo careces de tiempo para decidir, también tienes un montón de gente (tanto superiores, subordinados o colegas) que esperan algo de ti, que te están presionando para que cubras sus requerimientos y hacen tanto ruido que ni siquiera puedes escuchar tus propios pensamientos

Muchos tomamos decisiones en momentos de desesperación o duda, y habrá quien se aproveche de nosotros y muchos podrán decir “La vida es injusta”, pero uno puede quedarse sentado y quejarse de su mala suerte o actuar para corregirla.


Al final, es factible que las cosas no salgan como las planeaste originalmente, puede ser que salgan mal pero, también, pueden ser que salgan mejor, todo depende de qué tan bien juegues tus cartas, la inteligencia y versatilidad con la que te adaptes a la situación.


Todos tenemos derecho a regarla, y también tenemos derecho a corregir nuestros errores, aprender a escuchar esa intuición que normalmente no se equivoca. Cuando tienes la suficiente personalidad para tomar las decisiones que crees que son congruentes y las correctas, es factible que no dejes a todos felices, pero es probable que alcances una situación en la que los involucrados se sientan relativamente satisfechos.

Ahora voy a comentar un poco sobre ciertos momentos del filme, o sea, es hora del Spoiler Alert, porque aquí empiezo a destripar el argumento. Por favor vea el filme antes de continuar, porque no quiero develarles nada de esta magnífica película.

Me resultó muy significativo los contactos que tuvo Sonny Weaver Jr. (a.k.a. Kevin Costner) con distintos jugadores y directivos de la liga. Ese juego de dar y sacar información, de negociar, de aceptar o rechazar ofertas. Resultan muy emocionantes pero, si no estás preparado para el juego, te comen vivo.


En los combinados que se hacen previo al Draft, se miden todas las cuestiones físicas, atléticas y mentales de los jugadores, pero hay unas que son más difíciles de medir, como lo es la personalidad y el carácter. Y resulta sorprendente cómo los gabachos analizan todos los aspectos posibles antes de elegir un jugador. No en vano la NFL es la liga más competitiva, prolífica e importante del planeta.

Muy interesante cómo se hacen las negociaciones y ves cómo, en ocasiones, ese mismo tiempo que a veces es tu enemigo, en otras se convierte en tu aliado, como el juego en sí. Como lo pudimos ver cuando Sonny le devuelve el favor a su colega de los Seahawks. Y te das cuenta que los equipos no sólo compiten entre sí dentro del emparrillado, también lo hacen fuera del mismo.

Algo que me sorprendió fue el hecho de emocionarme con una película de Fútbol americano en la que no ves ni un solo Touchdown o jugada, por lo menos no en “vivo”, sólo como referencia, y eso es algo que jamás hubiera pasado por mi mente.

También te haces consciente del trabajo tan difícil que es el ser gerente general de un equipo en la NFL, en donde lidias con el dueño, el coach, la afición, la prensa, los jugadores y hasta con tus seres queridos. Puedes ser el hombre más querido u odiado de la ciudad e inclusive en lugares más lejanos.

La película está tan bien hecha que hubo varios momentos en los que me emocione, me reí, me enoje y hasta derramé un par de lagrimillas, ¡y no era mi equipo! Eran los Browns, equipo contra el cual no tengo nada pero que, admitámoslo, han sido uno de los hazmerreír de la liga por demasiados años.


Menciones especiales me significan los jugadores con los que al final se quedaron los Cafés: la muestras de pasión, civilidad, honestidad, profesionalismo y decencia del QB Brian Drew (como lo demostró en la Carta a los Redskins). El respeto e ilusión del corredor Ray Jennings al querer jugar en el mismo equipo que su papá y ahí se dio el momento que más me conmovió. Muchas veces en el sorteo nos pasan cuando los jugadores reciben las llamadas antes de ser seleccionados, pero ahora fue tan bonita la escena que la emoción se me convirtió en las lágrimas, y creo que Arian Foster la actuó tan bien por el hecho de que él nunca fue seleccionado en la vida real. Un detalle muy bonito.

Y el otro jugador que merece una mención especial es el apoyador Vontae Mack, que resultó ser una sorpresa muy agradable para el argumento. Fue un gran acierto, porque al inicio parecía un bandido cualquiera pero, conforme fue avanzando el argumento, mostró su valía, inteligencia y honestidad, por lo que resultó vital en la decisión de Sonny al momento de seleccionar.


El papel de Jennifer Garner (Ali Parker) también es resaltable, se comporta con mucha clase, inteligencia y personalidad, imposible no amarla (además de que se ve MUY bien H_H), sobre todo al ver cómo se mueve en un mundo de hombres sin perder el toque femenino ni el porte.

El que la hace de Anthony Molina (el dueño), también actúo de manera soberbia, nunca mejor dicho, que nos refleja esos empresarios que quieren ser más protagonistas que sus jugadores y que tienen aires de grandeza (Léase un Jerry Jones y sus Vaqueros)


No puedo declararme propiamente fan de Kevin Costner, pero es un actor que me ha conmovido en diversas películas como “Danza con Lobos”, “El Campo de los sueños”, “Robin Hood”, “Súperman” (como Jonathan Kent, obvio) o inclusive “El Guardaespaldas” y creo que su papel en este filme es resaltable y muy convincente, la verdad se la compras en todo momento y su actuación me pareció espléndida.

Tal vez no fue muy relevante, pero me encantó la interacción que él y Ali tenían con Rick (el practicante), en especial cuando Sonny Weaver le rompió su Lap top y le prometió compensarle mientras le ofrecía una disculpa muy sentida. Escena que tal vez no aporte mucho a la historia, pero que me pareció muy relevante a nivel humano.


Al ver a los aficionados cómo se ponen a la hora de las selecciones, recordé por qué ya no veo el Draft, y no porque no me interese, al contrario, me interesa tanto que no quiero enojarme y mentar madres porque mi equipo eligió o no a tal jugador (como la cuestionada primera selección de este año que hicieron mis Dolphins con Ja’Wuan James).

Y ahí te das cuenta que a veces se analiza tanto que se pierden los detalles más obvios, como los que descubrió Sonny Weaver Jr para no seleccionar a Bo Callahan, esos minucias que marcan la diferencia entre tomar a un Peyton Manning o a un Ryan Leaf.

Y sip, a veces los gerentes generales son unos auténticos imbéciles (como Jeff Ireland) o pueden ser unos genios (como John Schneider), pero los aficionados siempre vamos a reaccionar irracionalmente, ya sea con alegría o furia, pero es un trabajo que se verá a largo plazo. El problema es que la NFL no suele ser muy paciente y, no importa todo lo bueno que hayas hecho “eres tan bueno como tu última jugada”


Esto casi le pasa a Sonny Weaver Jr. Cuando su coach iba a renunciar y el dueño lo iba a despedir y, a pesar de dicha presión, se mantuvo enfocado y logró mucho más de lo que tenía pensado al inicio de ese día.

Al inicio del mismo perdió la calma y dejó que lo timaran con tres selecciones pero, conforme avanzó el mismo, se arriesgó y terminó con más ganancia de la que imaginaba.

Y eso es remarcable del filme, personalmente pensaba que lo iban a correr sin remedio (yo lo hubiera hecho), pero se dio un giro increíble pero posible al argumento, porque esos canjes se dan en la NFL. Movimientos que a veces consagran el futuro de un equipo o lo condenan a más años de mediocridad.


Un ejemplo se dio hace unos días con Ryan Mallet y los Pats, mismos que aguantaron, no lo cortaron (aunque ya no entraba en planes), lo mostraron y, al final, lograron recibir una elección de Draft de los Texans, algo que no hubieran recibido si se hubieran desesperado y lo hubieran liberado (que sin duda era lo que quería Houston).

Cuando terminó el filme, salí muy feliz y emocionado. Y agradecí que hayan estrenado dicho el mismo casi cinco meses después en México que en Estados Unidos ¿Por qué? Porque esta semana inicia la temporada 2014 de la NFL y ahora la espero con más emoción.

Y aunque la película no fue de mi equipo, me sentí muy afortunado de ser un Dolphan.


Es tonto ¿saben? Creo que no soy tan distinto que todos esos aficionados que critico cuando se emocionan con el Soccer y, sin embargo, creo que sí es diferente, porque desde los ocho años siempre percibí la NFL muy distinta a como lo hacía con el Soccer.

Hay muchas, pero muchas, cosas más importantes en este planeta, muchos problemas que resolver y tratar, por lo que dedicarle tanta atención a un deporte puede resultar estúpido (y seguramente lo es).

Pero no lo puedo evitar.


Desde hace 30 años soy aficionado fiel de los Delfines de Miami, un equipo que me ha dado, y por mucho, más tristezas que alegrías en estas tres décadas, de hecho, la última vez que fue campeones mis papás ni se conocían.

Honestamente, sé que mi equipo no merece tanto amor ni lealtad de mi parte. Y aunque al final siempre me hacen enojar, no puedo dejar de quererlos. A veces le comento a Lesly que me gustaría verlos, aunque sea una vez, campeones del Súper Bowl, seguramente me moriría de un paro cardíaco de tanta alegría, hasta miedo me da imaginarme tanta felicidad.

Tal vez sea un iluso, tal vez me convendría irle a otro equipo pero es un “defecto” que tengo, porque soy fiel a lo que mi corazón dicta, y me quedo con quien quiero, sin importar las razones que haya para dejarlo.

Es tonto decirlo pero, aunque me enterara que nunca van a ser campeones, no cambiaría de equipo. Por eso me gustó tanto el discurso al inicio del film, porque describieron a la perfección la importancia de las escuadras deportivas para una ciudad, e inclusive fuera de ella. Porque es una liga que ni siquiera está en mi país, soy fan de un equipo que reside en una ciudad que está muy lejana a donde yo vivo y, aun así, son MI equipo.


Yo ya amaba a mis Fins antes de verlos en vivo, y eso que no vivo en Miami, pero he viajado a esa ciudad con mucho gusto tres veces, para verlos jugar y, en esta temporada, voy a verlos dos veces más en calidad de visitantes. Tal vez suene patético, pero me regalan 16 oportunidades (a veces una o dos más) al año de vivir intensamente, ya sea alegría o tristeza, pero me hacen sentir vivo como pocas veces, la adrenalina corre por mi sangre al gritar, saltar y emocionarme sin pudor alguno.

Es chistoso, mis dos papás (tanto el biológico como el adoptivo) son fanáticos de los Steelers, por herencia me tocaba ese equipo pero, por alguna razón, soy fan de Miami, y me siento feliz de serlo.

Una temporada más, llena de sueños, comienza. Una temporada llena de ilusiones. Tal vez sea una enajenación, pero amo la NFL y amo más a mi equipo, porque me inyectan vida, y eso es invaluable.

Go Fins!


Hebert Gutiérez Morales.

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