sábado, 15 de noviembre de 2014

San Francisco: Un Estados Unidos elegante (Parte 2)

            Continuo por este recorrido puntual por tantas cosas que valen la pena en la urbe mágica conocida como San Francisco.
Su servidor sacando fotos desde la Isla del Ángel

La Isla del Ángel

            Otra de las cosas que incrementa la calidad de vida en San Francisco es la generosa variedad de lugares naturales que hay en su interior y alrededores.

            Cuando uno piensa en Islas en la Bahía, de inmediato se viene a la mente Alcatraz, lugar que me encantó (y del cual escribiré en la tercera entrega), pero la que más me fascinó fue la Isla del Ángel.
Playa en la Isla del Ángel

            No conocía dicho lugar pero, dentro de las investigaciones previas que hago antes de cada viaje, vi que muchos la recomendaban en Trip Advisor, así que reservamos un Tour para conocerla, y vaya que fue una excelente decisión.

            La Isla del Ángel es un lugar rebosante de historia y naturaleza: fue la puerta de entrada para inmigrantes por el pacífico, fungió como fuerte para los españoles, así como en la guerra civil estadounidense, también fue base de misiles nucleares en la guerra fría, entre otras funciones que tuvo.
Alcatraz y San Francisco vistos desde la Isla del Ángel

Aunque sus lugares históricos son en extremo interesantes, los senderos para caminar, correr o andar en bici eran excepcionales, una delicia para los amantes de la naturaleza. También podías hacer un picnic o simplemente echarte a la sombra de un árbol. Nada de basura, todo bien cuidado pero dejando que flora y fauna se explayaran, había momentos en los que podías sentirte como en una isla totalmente virgen y silvestre.

Ame la isla del Ángel, sin duda mi corazón latió con mucha intensidad mientras estuvimos en esta ínsula justo detrás de Alcatraz. Cuando visite este hermoso lugar o los bosques Muir, pensé con asombro e indignación “Es increíble cómo ellos cuidan la naturaleza, la respetan, la valoran y la promueven, mientras que nosotros destruimos lo que nos queda, y eso que tenemos más”.
El Golden Gate visto desde la Isla del Ángel

Para mi tristeza no todos valoraban el tesoro natural que tenían en esta región porque, en ambos lugares, llegue a escuchar a gabachos estúpidos que decían “¡Qué lugar tan aburrido! ¡Mejor vámonos de compras al Pier 39 o a Union Square!”. Triste que no valoren tesoros naturales tan bellos y majestuosos.

Transporte

            Algo que me llamó la atención es la cantidad de Taxis, ¡porque casi no hay! y es obvio, el sistema de Transporte en San Francisco es eficiente como pocos. Augusto y yo tuvimos a bien comprar un pase que nos daba transporte público ilimitado y ¡vaya que le sacamos provecho! Llegábamos a cualquier lado súper rápido y súper cómodos, ya fuera en camión, Tranvía o Metro. Ése es otro toque que hace a San Francisco diferente: los Tranvías.
Los icónicos Tranvías de San Francisco

            Y no sólo me refiero a los Tranvías clásicos que son icónicos de SanFran, el Tranvía en sí es un medio muy socorrido en la ciudad, y muy eficiente. Nos comentaron que los tranvías que “retiran” de otros lugares, son acondicionados e instalados en el sistema de transporte público, así que ves vagones de distintos estilos, pero todos funcionando de manera impecable y cumpliendo sus rutas y sus tiempos. Tal vez no a los niveles de eficiencia del transporte público en Berlín, pero la diferencia no era mucha.

            Pero tampoco es de a gratis que tanta gente use el transporte, y es que los estacionamientos en San Pancho son obscenamente caros, así como tener autos (California es de los estados más estrictos con las emisiones y los seguros, además de la que más impuestos tiene para los automovilistas).
Hermosas casas estilo victoriano

            En realidad el MUNI (el sistema de transporte más utilizado y grande de San Pancho, el otro es el BART), es tan eficiente (en tiempo, dinero y esfuerzo) que tener un coche te limita horrores. Porque debes buscar dónde estacionarte cerca de tu destino, mismo que es muy caro, así que debes correr para tardar lo menos posible y no pagar una pequeña fortuna en el Parking. Es chistoso, porque en México necesitas coche para tener libertad de movimiento, caso contrario a San Pancho, en donde te limita.

Condición Física
El Sol sobre la bahía

            A pesar de la calidad de transporte público, la gente en San Francisco camina mucho, y se nota en su fisonomía, condición y trajín: ¡Pero qué bárbaros! ¡Caminan súper rápido! Eso es algo que me hizo notar que casi no vi gente obesa en este viaje, la gran mayoría estaba en forma o, por lo menos, se notaba que es esforzaban por cuidarse.

            Además, con tanta calle inclinada, uno desarrolla una condición física tremenda, aunado a que el ritmo de vida es vertiginoso. Veías las piernas de las personas y se notaba el ejercicio físico que normalmente hacían.
El Valle de Napa

            Tal vez no sean tan neuróticos con la elegancia de sus prendas, al haber estilos tan diversos, pero algo que sí note es el cuidado que le ponen a su salud física. Esto lo veías en la cantidad impresionante de gente que vimos corriendo, a toda hora y en todo lugar, y soy literal A TODAS HORAS Y EN TODOS LADOS, siempre encontramos a alguien corriendo, nunca había visto un lugar con tantos corredores. Salía en las madrugadas a correr (para que nos rindiera más el día) y había bastante gente trotando, y así durante el día, hasta el la noche, cuando regresábamos al hotel, había muchos corriendo.
Japanese Tea Garden

Pero no sólo en la actividad física se ve el cuidado de los “Panchisqueños”, también se nota por la enorme cantidad (y calidad) de lugares en donde vendían comida saludable: ensaladas, comida orgánica, restaurantes vegetarianos, veganos, etc. Obvio también había muchos locales de comida no sana, pero la cantidad de locales sanos era considerable. En realidad era cuestión de voluntad y podías comer sano todos los días (obviamente nosotros NO tomamos esa opción, pero era bueno saber que había comida saludable ¬_¬U)

Aunque no fue necesario comer sano. Este lugar tiene un ritmo tan propio que si no estás en forma es porque no quieres ¿Por qué lo menciono? Porque en todos mis viajes anteriores a Estados Unidos, siempre subía un par de kilos, a pesar de caminar mucho y correr a diario; en SanFran hasta baje un par. Obvio también caminamos bastante (Augusto me odio a más no poder por ello), pero no cuidamos la alimentación. No sé cómo explicarlo, es la ciudad en sí, es muy física.
Haight- Ashbury

Se puede argumentar que es el stress, y habrá parte de razón, pero no sentía la tensión del clásico estrés citadino. Era un estrés de “Debo llegar a mi cita” pero no de manera obsesiva, sino muy ubicado (otra vez estoy pachequeando). El caso es que la ciudad te obliga a caminar, te guste o no y eso es padre, por lo menos para mí que me encanta hacerlo.

Sociedad Consumista

            Creo que ni siquiera la NFL es tan popular como el deporte número uno en Estados Unidos: Comprar.
El Pier 39

            Juro, por la esencia de mi difunta Osita, que en verdad no iba a comprar nada en este viaje, sólo los Souvenirs de rigor, pero nada más. Por si las dudas, y conociendo los antecedentes consumistas cada vez que viajo al Gabacho, lleve un dinero adicional por si hacía falta ¡Y me lo gaste!

            No sé, si conocen a alguien que haya viajado a Estados Unidos y que haya logrado no gastar o, se las dejo más fácil, si conocen a alguien que sólo gastó lo que tenía presupuestado, por favor, pásenme el contacto, quiero saber cómo demonios le hace para controlarse O_ó.
Puerta de entrada a Japan Town

            Y que conste que en mis otros viajes no me pasa: llámese Alemania, Costa Rica, Cuba o el interior de México, en ningún lugar me dan esos pinches ataques de consumismo que sólo me dan en Estados Unidos.

            Cada día le decía a Augusto “Se acabó, ¡ya no voy a comprar nada más!” para que esa misma noche regresara con alguna nueva porquería que se me había cruzado en la jornada. Mi amigo, aunque no al mismo nivel, también se vio seducido por la variedad y precios porque más de tres veces le escuche decir “Con esto ya cerré mis compras”, sólo para adquirir otra chunche al día siguiente.
 
Así está cañón mantener la línea ó_O
            Y es que entras al Pier 39 y hay demasiadas cosas bonitas, creativas o llamativas (aunque muchas inútiles) que es imposible que no te cautive algo. Lo mismo en la calle Market, en China Town o en la zona de Union Square, la cantidad y variedad de los negocios te acaban seduciendo para que acabes adquiriendo algo.

            Hay tanto por comprar: mercancías inútiles, otras muy ocurrentes, inclusive cómicas  muchas con precios irrisorios, pero te la presentan de forma tan irresistible que es imposible negarse. Es más, muchas veces me decía “No puede ser, no necesito esto ¡pero está tan barato y bonito que me sentiría mal si no me lo llevo!”. En fin, creo que soy administrado y tengo cierto grado de auto control, no quiero imaginar el efecto que este país tiene en esas personas que son consumistas en México.

Civilidad y tolerancia
 
Vista nocturna del puente de la Bahía

No importa cuántas veces visite el primer mundo, creo que nunca me voy a acostumbrar a que el peatón tenga la preferencia y no el coche, caso contrario de lo que pasa en la cultura irrespetuosa en la que vivo, en la que uno debe salvaguardar su vida en todo momento.

Siempre que salía a correr me encontraba con la penosa situación de que me esperaba a que pasara el coche cuando, al mismo tiempo, él se detenía a esperarme a mí “¡Ah sí! ¡Chingao! ¡Tengo la preferencia aquí!” es lo que pensaba cuando retomaba mi paso. Y digo penosa porque pude haber sido eficiente, mantenido mi paso y evitarle un enfrenón al automovilista, pero aun así se detenían y me cedían el paso. Hasta ganas tenía de decirles “Sorry, I’m mexican”, pero ya era demasiada pena como para andar quemando a mi país en público.
 
Lombard Street
            Además de los muchos corredores, la bicicleta es un medio de transporte muy socorrido en esta ciudad, y hay una cultura de respeto hacia los ciclistas, inclusive van en las calles, en medio de los autos, y se les trata como si fuera otro vehículo motorizado, le dan su espacio, no les echan lámina, y el ciclista corresponde al utilizar carriles de baja velocidad y marcando sus vueltas.

            Pero no sólo eran civilizados, sino ampliamente tolerantes y respetuosos, lo ves en la reacción nula al ver parejas homosexuales, gente con indumentaria bastante agresiva para la vista (Sorry, los tatuajes y los piercings me son ampliamente desagradables) y de todas las clases de vestimentas tanto religiosas como culturales de lo más llamativas. Obvio notabas la mirada disimulada de la gente, pero NADIE hacía algún comentario o alusión grosera, todos disimulaban perfectamente indiferencia. Tal vez no lo acepten del todo pero han aprendido a respetar y ése es un gran logro.
 
Hermosas postales por doquier
Gente Feliz, ciudad feliz

A estas alturas ya debería resultar obvio pero, aclaro, seguramente este comentario es altamente subjetivo ya que quede enamorado de San Panchisco (en realidad todo el blog es subjetivo, así que está de más esta aclaración).

Tal vez no al nivel de Las Vegas, pero SanFran me dio una grata sorpresa con la amabilidad de su gente. En restaurantes, en hoteles, en tiendas, en el Bus y en cualquier lugar en donde estábamos, la gente siempre se mostraba amable y dispuesta a ayudar. Eso era algo que no me esperaba en una ciudad tan “nice” y donde, uno supone, las personas están ocupadas y en sus asuntos.
 
Vinaterias en Napa
Tengo la impresión que la gente en San Francisco es feliz, y esa felicidad se refleja en el cuidado que le ponen a su hogar. A la gente le importa que las calles estén limpias, las casas impecables, los autos en orden, las mascotas cuidadas y los parques radiantes.

Y no sólo es lo material, también son civilizados, te responden las dudas, te dan indicaciones, te ceden el paso, respetan al prójimo y a la naturaleza, un comportamiento que se refleja en la urbe más linda que he conocido, y se refleja en el amor que sus habitantes le brindan. Además esa actitud demuestra su interés en que también conozcas y disfrutes de su ciudad, son generosos y están orgullosos de ella.
 
Escena clásica de los muelles
San Panchisco resulta doblemente bello cuando te enteras las dificultades por las que ha pasado, porque ha sido seriamente dañado por terremotos e incendios, dejándolo literalmente en escombros y cenizas ¿qué hizo la gente al respecto? Pues reconstruirlo y dejarlo lindo nuevamente, comprometiéndose con su hogar y tratándolo como tal, no abandonándolo porque “ya no está bonito”.
Vista saliendo del túnel de los baños Suthro

Eso me resonó mucho de regreso, porque ellos no esperaron a que alguien viniera a ponerles presentable la ciudad, ellos mismos la hicieron bonita y, con ayuda del gobierno, es más fácil mantenerla así.

Me entristece al ver la actitud mexicana que tenemos en situaciones similares, en donde no nos importa lo que afecte a los demás mientras no nos afecte a nosotros o, peor aún, aunque nos afecte a nosotros no hacemos nada porque beneficiaría a los demás “¿Por qué lo voy a arreglar yo? No lo descompuse, no fue mi culpa” es muy común escuchar al momento de encontrar soluciones que nos atañen a todos.
Mi Sombra bajando de Russian Hill

Queremos que alguien venga a limpiarnos la ciudad, la deje bonita, haga que todos lo demás respeten las reglas y ¡ahora sí! Estamos listos para comportarnos con civilidad y respeto. El cambio empieza por uno mismo y, tristemente, sigo corroborando las razones de por qué mi país está como está. Por lo menos, con cada viaje, ya no es el mismo impacto inicial de la primera vez que fui al primer mundo y me alegro, porque no podría con tanta depresión cultural y dejaría de viajar.

Lo cual no quiere decir que me siente y acepte las cosas tal cual, por lo que a través de acciones personales, quiero que mi país sea más desarrollado (en todos los aspectos). Tal vez nunca lo llegue a ser, pero por lo menos por mí no habrá quedado.

Recorriendo las Calles-Colinas
 
La Calle Lombard
Ya sé que redundo mucho, uno de mis más grandes defectos como escritor, pero algo que disfrute horrores de San Pancho fueron sus calles, las AMÉ profundamente. Las amé como corredor y como turista. Sólo por recorrer nuevamente esas vías tan empinadas, elegantes, diferentes, limpias y originales, volvería a dicho lugar.

Cada vez que encuentro una calle empinada, surge en mí una sonrisa infantil y la necesidad de subirla hasta la cima. Ahora imaginen el gozo constante de estar en una ciudad repleta de ellas, es un auténtico sueño.
 
Al fondo se ve la Torre Coit, desde Lombard Street
Pero también resulta espectacular verlas desde la Isla del Ángel o desde Alcatraz: estás perfectamente alineadas, con una simetría que nunca había admirado en ningún otro lugar.

Creo que la calle más empinada que encontré fue la de Taylor, con una inclinación bastante pronunciada. Esta la recorrí tanto caminando como corriendo, y cada vez la disfrute con alegría en el alma. Como la mayoría de SanFran, las casas están lindas y las calles cuidadas, con muchos árboles y muy tranquilas.
La Calle Taylor

Obviamente visitamos la calle más famosa de San Panchisco: Lombard, misma que tiene una parte en donde la calle se quiebra de manera caprichosa, casi artística. Esta sección es irreal, de ensueño, las jardineras complementan a la perfección un paraíso urbano digno de la imaginación del más creativo de los niños. Lombard es mágica, sientes un gusto enorme por simplemente recorrerla por las laterales. Por los autos que la transitan, el paso por la calle está restringido a peatones y ciclistas pero, en las madrugadas que corría, me la eché tres veces, y cada una de ellas, fui feliz por dos razones: una por recorrer algo que a otras horas no se podía y la otra por recorrer algo tan mágico y especial.
Casa en la Cima de Russian Hill

California Street es otra calle icónica de San Francisco, una postal de las más conocidas es ver al Tranvía pasando por esta calle, que es enorme, muy comercial y con una personalidad muy propia.

Fueron muchas las calles por las que pasábamos y cada una ya la tomábamos de manera familiar cuando anunciaba la parada el transporte público: Sutter, Polk, Vallejo, Stockton, Market, Sacramento y demás. Esa es otra característica de San Francisco: te hace sentir como en casa con ese ambiente tan natural y despreocupado que hasta de las calles te enamoras.

Barrios
 
China Town
Así como su gente, los barrios de San Pancho son tan diversos como definidos, y cada uno de ellos te regala una sensación distinta, como si visitaras distintas culturas dentro de una misma ciudad.
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Uno de los barrios más conocidos es China Town, el cual está bonito, interesante y lleno de negocios chinos. Conocerlo me quitó un pendiente de encima: ¡Por fin conocía un auténtico China Town! Porque los que me tocó ver en Cuba y Costa Rica, sólo se limitaban a la entrada, un par de negocios y nada más. El de San Francisco sí está bastante amplio, concurrido y vistoso.

Aunque no estaba tan limpio y reluciente como el resto de la ciudad, todavía  me daba la impresión que estaba muy limpio para ser como China, lugar en el que nunca he estado (ni me interesa conocer) pero que tengo muy claro que es tan sucio (o más) como mi país.
Catedral en el centro de Little Italy

Ese presentimiento se cumplió cuando pasamos por la sección más “auténtica” de China Town: la calle Stockton. Ahí sí te sientes como en China, con la mugre, personas gritonas, los olores “incómodos”, la gente caminando debajo de la acera, un caos muy habitual en el DF pero que resulta chocante para una ciudad tan civilizada como San Pancho pero, irónicamente, eso contribuye al ambiente tan único y especial del lugar.

La otra cara de la moneda la tenemos en Japantown, mismo que estaba limpio, cuidado, todo ordenado y en armonía. Tal vez no sea tan grande ni tan llamativo como su contraparte china pero, sin duda, Japantown también tiene su encanto.
Japan Town

Otro de los barrios endémicos de este lugar es Little Italy, el cual colinda palmo a palmo con Chinatown. Por el estilo de las casas en San Pancho, la arquitectura de la pequeña Italia no resalta mucho, no quiere decir que no fuera bella, sólo que la diferencia era poca contra el estilo general de las casas en SanFran. Aun así, gracias a los negocios (sobre todo de pizzerías y pastas), uno podía ver claramente cuando estaba en esta sección de la ciudad. Muy agradable Little Italy, los restaurancitos despedían olores que te hacían salivar y, en general, un parte bella y tranquila.

El último de los barrios “temáticos” de San Pancho (los que visitamos, porque había muchos más) fue Misión Dolores, el barrio latino (predominantemente mexicano) de la ciudad. Era como estar en una zona bonita de alguna urbe mexicana, al igual que el resto de SanFran, limpia y con el toque mexicano en las casas, negocios y vestimentas.
Puerta de entrada a China Town

Pero también había barrios menos “foráneos” y más “clásicos” de la ciudad, por llamarlos de alguna manera.

Russian Hill fue otra belleza que combina lo urbano y lo verde de manera excepcional. Las casas hermosas, los jardines muy cuidados, las escaleras entre las jardineras te hacen sentir un gozo infantil de recorrer como un laberinto, y la vista desde la cima era un regalo maravilloso.
Cathedral Grace en Nob Hill

El simple hecho de estar en Nob Hill ya es un regalo en sí. Obviamente lo que más resalta es la Cathedral Grace, que mucha gente dice que les recuerda a Notre Dame en París pero como no he estado en la ciudad Luz, pues no me atrevo a confirmar dicha percepción, aunque sí está muy bonita la construcción. Pero no sólo es la Iglesia, enfrente tiene un parquecito nada especial, de hecho está pequeño, pero es de esos lugares en donde te sientes muy a gusto sin tener que hacer nada propiamente, simplemente por estar ahí, dando gracias por estar en un lugar tan agradable y lleno de vida, con niños jugando y parejas platicando y disfrutando el momento.

Y hasta aquí esta segunda entrega del viaje a SanFran, en la tercera y última entrega comento los puntos faltantes, como los famosos Golden Gate y Alcatraz, además de las conclusiones del viaje. Esta tercera entrega la pueden leer en este enlace.


Hebert Gutiérrez Morales

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