domingo, 16 de noviembre de 2014

San Francisco: Un Estados Unidos elegante (Parte 1).

            Mi familia no viajaba mucho, de hecho mi mundo hasta los 25 años se componía del DF, Estado de México, Puebla y Veracruz, con alguna salida ocasional a Morelos o a Tlaxcala. Obviamente mi visión global era muy limitada, así que no tenía muchas esperanzas de conocer lugares lejanos dentro de mi país, ya no digamos el extranjero.
El Selfie obligado en el Golden Gate

            Sin embargo había una pequeña excepción.

            Como ya comente en este otro escrito, fui un niño extremadamente católico, por lo que uno de los modelos a seguir era el Santo que corresponde a mi fecha de nacimiento: San Francisco de Asís. De hecho, era tal mi identificación que hasta leí su biografía entera y aún tengo la intención de conocer la población de Asís en Italia (Eso de la programación católica sí que cala profundo ¬_¬U).

            Tal vez esta identificación viene de mi nombre no oficial: cuando me bautizaron y el cura preguntó “¿Cómo se va a llamar el engendro?” le dieron mi nombre, a lo que el Sacerdote dijo “¿Qué pinche nombre es ése? ¡Ni madres! ¿En qué fecha nació la criatura?” Al decirle que fue el cuatro de Octubre el gandaya del Padre dijo “Ok, entonces se llamará Hebert Francisco”. ó_O
Vista de San Francisco desde Alcatraz

            Para mi fortuna, eso aconteció después del registro civil, así que el padrecito se la peló y oficialmente sólo me llamo Hebert. Sin embargo, debido al férreo yugo católico con el que fui educado, siempre me identifique con el nombre Francisco y con el ya mencionado Santo de Asís.

            En fin, después de este choro mareador, hereje y biográfico, creo que les ha quedado claro de dónde viene ese profundo sentimiento de conocer la urbe californiana sobre la bahía. Aunque el querer conocerla fue por anhelos infantiles, fue hasta la semana 18 del año pasado en que se consolidó la intención y, al final, el adulto en mí quedo muy, pero en verdad muy, fascinado por la mejor ciudad que he conocido en mis 38 años de existencia.
La Calle Lombard

Majestuosa Ciudad junto al mar
           
            San Francisco es como un cuadro de Edward Hopper, en donde se nos muestra ese Estados Unidos antiguo, elegante, inocente y puro. Esa sensación de nostalgia que me da ver un cuadro de Hopper lo experimente en muchas ocasiones en este lugar tan hermoso y profundo, con una personalidad única. Ese toque clásico que, supongo, alguna vez tuvo el país de las barras y las estrellas pero que ahora es sólo recuerdo de un pasado glorioso.
     
El buen Augusto y el Golden Gate detrás
      
Tal vez porque nací en una pero, me he dado cuenta, que amo las poblaciones que están junto al mar, siento una especie de libertad al experimentar la brisa marina sobre mí. San Francisco es una ciudad increíblemente ventosa, el viento sopla de manera constante y potente, a toda hora del día por lo que envidie a Augusto y su look rapado ya que, invariablemente, valía gorro que me peinara a diario, porque siempre acababa despeinado.

La ventaja de estar en una urbe tan excéntricamente libre, es que en realidad no importaba mucho el estado de mi cabello porque, sin importar fuera una maraña, aun así estaba mejor peinado que muchos otros, por lo que fue un tema que dejó de preocuparme. Así que cuando llegaba a la bahía, simplemente disfrutaba el olor del mar con una sonrisa en el rostro.
 
Mural callejero encontrado entre China Town y Little Italy
La magnificencia de San Francisco te agobia, te llena, te rebasa. Es increíble cómo puedes ver tantas facetas en un mismo lugar, con barrios bien definidos y tan distintos el uno del otro pero que viven en armonía y en perfecto equilibrio. Es algo imperdible de ver, no imaginaba que una ciudad tan diversa pueda coexistir tan bien, hasta que lo constatas en carne propia, captas su esencia, caminas por sus calles, convives con su gente, comes en sus restaurantes y te mimetizas a su ritmo. San Francisco es tan generoso y radiante que es inevitable no sentirte feliz por estar ahí.

Japanese Tea Garde

Es un lugar tan bonito que hasta parece que lo pusieron así para las visitantes. En México, cuando hay una visita importante, te esmeras en tener todo limpio y arreglado (y hablo a todos los niveles, desde casas hasta gobiernos, pasando por empresas, negocios, escuelas, locales, etc.). San Panchisco está tan bello que parece que lo acaban de limpiar, pintar, podar, retocar y embellecer sólo para que tú, como turista, te lleves una buena impresión.

¡Pero no! La ciudad es bella per se. Ves el amor propio de los San Franciscanos de tener su hogar en un estado impecable, porque lo quieren y ellos se quieren, por eso merecen vivir en “The City” como la llaman ellos (y vaya que lo afirman con razón).
Napa Valley

Clima

            Esta ciudad es tan cambiante como su clima, y es que puedes experimentar tantas versiones de San Francisco como diversas temperaturas a lo largo del mismo día. En la misma jornada podía amanecer fresco, luego se tornaba caluroso, pero había niebla, luego llovía para después brillar el sol de manera radiante, provocando un calor intenso y cerrar el día con un frío que te calaba hasta los huesos.
 
Atardecer con el Golden Gate de Marco
            Sea el clima que fuese, el tiempo que durase, lo hacía con intensidad, con actitud, muy ad hoc a la personalidad del lugar. Lo chistoso del asunto es que un clima tan intenso me daba una sensación de confort, me sentí bien cuando hacía frío (nostálgicamente bien sería lo correcto) y me sentía muy feliz cuando hacía calor. De igual forma, cuando soplaba el viento o nos empapaba la lluvia, me sentía muy a gusto con los elementos. Ese clima cambiante es parte del estilo de un lugar tan cautivador.

Choferes

He decidido que, en la medida de lo posible, ya no voy a rentar Auto en Estados Unidos, ya que los sistemas de transporte son muy eficientes, por lo menos en las grandes urbes. Como contratamos algunos tours, pues todo el tiempo andábamos bajo el cuidado de algún chofer, y vaya que no tocaron algunos muy pintorescos, de los cuales voy a resaltar a tres.
 
Viñedo en el Valle de Napa
Igor, un ruso muy ocurrente, que nos llevó a los bosques Muir y a Sausalito, además de regalarnos las mejores vistas del Golden Gate en un par de miradores. No he coincidido con muchos rusos en mi vida, pero éste es el primero que conozco con un humor muy prendido, muy latino, la verdad nos la pasamos de lujo, nos dio muchos tips de los lugares a donde íbamos, nos trató con respeto y nos hizo el día MUY divertido, nos puso canciones, nos hacía bromas en buena lid y siempre procuró que nos la pasáramos muy bien. Sin duda, Sausalito y los bosques Muir los disfrutas por ser lugares muy bellos, pero el que nos haya llevado Igor nos hizo la experiencia aún más placentera.
Haight-Ashbury

El que nos llevó a la Ruta del Vino, me parece que se llamaba George, lo recuerdo por ser el primer negro que me habla con una dicción perfecta: ¡le entendí todo! Era un señor grande (creo que ya rondaba los 70), pero estaba muy bien informado de los lugares a los que nos llevó. Lo que no me gustó es que, a diferencia de Igor, éste nos puso tarifa para la propina, algo que me pareció de mal gusto, independientemente del buen servicio que nos haya dado. Eso se da voluntariamente, el pedirlo demerita la buena voluntad o generosidad al darlo.

Finalmente, un chofer muy peculiar fue que nos llevó al Golden Gate, de éste no sabía el nombre porque era del transporte público. Al inicio parecía molesto, ya que hablaba muy fuerte y golpeado pero, con el paso de las paradas, nos dimos cuenta que ése era su estilo y que hacia su trabajo con alegría. En cada parada te iba diciendo las conexiones y lo que había de interesante en la misma. Tal vez a los SanPanchisqueños les resultara molesto pero, como visitante, agradeces toda esa información gratuita que te dan, un buen servicio al cliente.
Haight-Ashbury con Ben & Jerry's: Combinación perfecta

Haight Ashbury

            La intersección entre las calles Haight y Ashbury sirve de punto céntrico para uno de los barrios más mágicos, cautivadores, irreales e increíbles que haya visitado en mi vida: Haight-Ashbury.

            Este barrio es la zona Hipster/Hippie de San Pancho o, mejor dicho, es la zona más Hipster/Hippie de San Francisco, porque en sí la ciudad es muy diversa, a pesar de ser tan Occidental. Tal vez no al grado de Berlín pero, para ser Estados Unidos, SanFran es bastante alternativa.
Psicodelia en Haight-Ashbury

            En la primera tienda que entramos el incienso olía delicioso (me gusta pensar que era incienso esa fragancia tan embriagante), había tiendas psicodélicas, Vintage, cafecitos bohemios y una serie de personajes tan inverosímiles que nadie reparó en un tipo que iba caminando completamente desnudo por la calle, escuchando tranquilamente su música.

            Dentro de una ciudad con tanta personalidad, encontrar un lugar que resalta más como Haight-Ashbury es bastante remarcable. Tiene un toque fresa, hippioso, espiritual, hipsteriano, pacheco, rockero, punketo y demás. Definitivamente mucho de lo que ahí vendían no era de mi estilo, lo cual era una verdadera lástima porque encontré prendas maravillosas pero que, sabía, no iba a usar nunca así que, con todo el dolor de mi corazón, las devolví al gancho. Pero, precisamente por ser tan distinto, Haight-Ashbury me enamoró, siendo el único lugar al que regresamos una vez más de manera voluntaria por toda esa personalidad y originalidad que encuentras en cada paso.
Alcatraz visto desde el Pier 40

            Sin duda alguna, cuando vuelva a San Panchisco, Haight-Ashbury será uno de los sitios a los que no sólo regresaré, sino que me daré el mayor tiempo posible para recorrerlo a consciencia. No importa que no compres nada, el simple hecho de pasearte por sus distintos locales ya es una experiencia que vale la pena per se.

Indigentes

            Ya traté el tema del Socialismo y Capitalismo ampliamente en mi segundo ensayo sobre Cuba pero, algo innegable y a la vista, es que en dicha Isla NUNCA vi a un solo indigente. Cierto, TODOS están jodidos, pero un indigente ¡jamás!, tal vez el cubano era demasiado orgulloso para dar lástima o vergüenza como mendigar en la calle. Es cierto que te piden dinero, pero siempre buscan ganárselo de alguna forma.
Nuestra casa durante una semana

            En San Francisco vi más hindúes, chinos e indigentes que mexicanos, gays o hippies que, en teoría, iban a dominar el espectro de la ciudad. De los lugares que he visitado, tanto fuera como dentro de mi país, nunca había visitado un lugar con tanta gente mendigando en la calle, ni siquiera en Las Vegas. Eso sí es algo triste de San Panchisco, no conozco el motivo, pero es imposible que pases por una calle, algún parque, parada de autobús, cruce, puente y lugar que me mencionen sin que te encuentres a alguien pidiéndote dinero.

            Lo triste del asunto es que son tantos que fácilmente los empiezas a ignorar y a tomarlos como parte del paisaje (una actitud muy común dentro de estas sociedades capitalistas en la cuales vivimos). Pero hubo dos casos que no pude dejar pasar e ignorar como al resto.
La Isla del Ángel, una auténtica belleza

            Iba caminando a solas por los muelles, y noté que se aproximaban dos indigentes, pero uno de ellos vestía la playera del Boca Juniors, lo cual me llamó poderosamente la atención así que, cuando nos cruzamos, me enfoqué en su plática y ¡estaban hablando en español! Y con acento nativo, no con ése característico con el que hablan los que viven en Estados Unidos, no pude identificar el tono pero ciertamente eran de Sudamérica.

            No sé por qué, pero eso me puso triste. En mi inconsciente he aceptado que los gabachos se tiran al suelo y se rinden a la vida, por lo que prefieren ser indigentes y vivir de caridad en lugar de luchar. Y no sólo los gringos, en cualquier parte del mundo debe haber gente así. Pero, que un latino vaya a Estados Unidos a dar pena ajena, me deprimió y decepcionó bastante, me pareció triste en exceso. Ok, vas a pedir limosna, de acuerdo, ¿pero es necesario que vayas a otro país? ¿Duele tanto humillarte en tu tierra que prefieres hacerlo en un lugar en donde no te conocen? Si es tanta tu vergüenza ¿Por qué no te quedas y luchas? En fin, pedos míos y que el Señor ése con la camiseta del fútbol argentino sea feliz con sus decisiones.
El puente de la bahía que conecta con Oakland

            El otro caso se dio en Union Square. Íbamos caminando hacia el Hotel cuando vimos en la esquina a un Nito (para que no digan que abuso del término Negro) grande, fuerte, saludable y con la vestimenta aún en perfecto estado ¡mendigando! Esto me resultó chocante, después de ignorar tanto indigente andrajoso, mugroso y desamparado por tantos días, ver a alguien que aún muestra algo de limpieza y salud rebosante, resulta deprimente. “Creo que es un novato” le comenté a Augusto, atestiguamos el nacimiento de un indigente, alguien que ya se había rendido y que iniciaba su camino en esto de la mendigada. Eso también me entristeció un poco, no lo conocía ni nada, pero se veía bastante pleno como para encontrar trabajo en lugar de recurrir a la caridad.
 
Casa en la cima de Russian Hill
            Cada cual tiene sus límites y nos quebramos a distintas intensidades de problemas.

Estilo

            Si algo tiene esta ciudad es estilo. Y que conste que no está considerada dentro de las grandes capitales de la Moda, pero a los “San Francisqueños” parece no importarles demasiado. Pareciera que todos los habitantes de este lugar recibieron un adiestramiento tipo “vístete como quieras pero hazlo bien”.
Arte imponente en los muelles

            Para un lugar tan diverso hay algo que todos comparten, y es esa idea de estilo que todos respetan, tal vez no compartan el mismo género, pero sí se las compras, porque se ven exactamente como lo que quieren aparentar. Como que todos comprenden que hay una imagen que mantener de la ciudad y no desentonan con ella.

Creo que (otra vez) estoy pachequeando, voy a tratar de resumir: En San Francisco no vi a alguien mediocre en su atuendo, podrán ser pandrosos, elegantes, deportivos, relajados, cuadrados e incluso indigentes, pero todos se casan con su estilo y son fieles a él.
Sonoma

            Aunque sí había algo que el 80% de los que estábamos en San Francisco compartíamos: los lentes oscuros, a pesar de los breves momentos de lluvia o del viento que te calaba, el sol era algo casi omnipresente en la ciudad y, como van muy ad hoc a la misma, el usar lentes contra el sol es casi una obligación, lo cual te hace sentir más nice, muy chic, como más cool (¡y me encantó!)

            Pero va más allá de los atuendos, la urbe en sí tiene una esencia única pero, al mismo tiempo, muy variada. Ves un SanFran diferente en los muelles al que vez en el distrito financiero, el que ves en Misión Dolores o en el Golden Gate Park, parecieran ciudades distintas, pero son una sola. Además lo que percibes es tan real que no cuestionas, sólo disfrutas.
Las banderas que ha tenido California en su existencia

California y México

            En la Ruta del vino por el valle de Napa, nos detuvimos a comer en el pueblecito de Sonoma. Y ahí recibí un shock cultural contra una de las creencias más arcaicas que había arrastrado conmigo desde épocas escolares.

            No lo voy a negar, desde niño aprendí a odiar a Estados Unidos por habernos robado la mitad del territorio nacional (Texas, Arizona, Colorado, Nuevo México, California, Nevada y hasta Utah), y los detesté con pasión a lo largo de mi vida.
 
Símbolo de la República de California
            Durante nuestros tours por San Francisco y sus alrededores, tuve la oportunidad de leer algo de la “otra versión” de los hechos, algo que me resultó muy doloroso, pero que tenía que hacer.

            Aunque ahondaré más sobre este tópico en mi escrito de Nueva York, fue interesante leer la versión que los Gringos cuentan de cómo se anexaron la mitad de nuestro territorio.

            Algo que empecé a reflexionar en Las Vegas y terminé de aterrizar en San Panchisco es que, a pesar de la injusticia y mi enojo, lo mejor para esos territorios fue que Estados Unidos los tomara.
 
Vecinos del Pier 39 tomando el sol plácidamente
            Me purga escribir esto, pero no por ello deja de ser verdad: Sin el empuje y visión de los Estados Unidos, los lugares arriba mencionados, no estarían tan desarrollados, cuidados ni serían tan productivos si se hubieran quedado en el territorio mexicano.

            Más que estar enojado con los gabachos, mi furia ahora es contra mi cultura por tres razones:

1)      Por no ser los suficientemente osados para defender el territorio con todo lo que teníamos, hubiese sido preferible perder o ganar todo que sufrir la humillación de ser sobajados cediendo la mitad.
El Golden Gat visto desde Marin County
2)      Por valorar de manera retroactiva dichos territorios cuando, en dicha época, ni los pelábamos, en realidad eran tierras que a nadie le importaban.
3)      Porque seguimos con la misma actitud. Tenemos tanto por desarrollar y cuidar y seguimos siendo irresponsables con lo mucho que aún tenemos, y que no cuidamos ni apreciamos, pero seguimos anhelando lo que perdimos. Por ser una cultura conformista y segundona. Me enoja tener que alabar a los gringos, sobre todo con sus manías, ideologías y manipulaciones. Sin embargo, al final, demuestran que han logrado más que nosotros, y eso sí me da mucho coraje, porque nosotros tenemos todo para dar más y simplemente no nos ha importado.
(Hasta aquí mi berrinche ¬_¬, sigo con el escrito)

Sausalito y los bosques Muir

            Pasando el Golden Gate, nos encontramos con el Condado de Marín, el cual visitamos y tuvimos experiencias muy padres. Como ya comenté arriba, Igor nos llevó el mismo día a los bosques Muir y a Sausalito, dos de mis lugares favoritos de este viaje.
 
Los Secoyas del bosque Muir
            Los bosques Muir se componen de los Secoyas, aunque no los más gigantes, pero estos también eran imponentes, porque nunca había visto árboles tan grandes como los del bosque Muir. Un parque nacional muy bien cuidado, en el cual entras (casi) en automático en un estado de relajación y comunión con la naturaleza. Aunque es enorme, en teoría, con un par de horas tendrían suficiente para disfrutar de lo básico de esta belleza natural.

Después pasamos a Sausalito, un pueblito mágico y pequeño pero nada pobre, de hecho tiene una población muy pudiente. Si vivir en San Francisco es caro, comprar una propiedad en este pueblito es inclusive más oneroso.

            Pero hay una deliciosa dicotomía en este lugar, a pesar de estar conformado por gente rica, el ambiente que se respira en el mismo es en extremo relajado y natural, podrías pensar que estás en un buen barrio de clase media, de no ser por todos los botes en el muelle y coches de lujo que ves estacionados.
Sausalito

            Es más, para ser un lugar de gente adinerada, los precios en Sausalito eran muy baratos a comparación del resto de lugares en SanFran: los helados, souvenirs y la comida más barata los encontramos en Sausalito, algo que resultó en una agradable sorpresa.

            Sin duda un lugar utópico, en donde la gente puede estar podrida en dinero, pero no por ello son pedantes o maleducados, se notaba en el ambiente y era imposible no ponerte de buenas. Es más, una semana después, en Nueva York, me puse mi playera de Sausalito y, para mi sorpresa, cuatro personas en distintos lugares me la chulearon y me preguntaron si había estado ahí, porque ellos vivían ahí o lo visitaban frecuentemente. No me esperaba que un pueblito tan chiquito y, relativamente, desconocido causara tantas reacciones en una urbe como NY.
Coloridas Casas en Haight-Ashbury

Sausalito es, sin duda alguna, otro lugar obligado a visitar en los alrededores de San Pancho.

Y bueno, ya no voy a alargar más esta primera parte porque aún queda más por compartir. Pueden leer la siguiente entrega dándole click a este enlace.


Hebert Gutiérrez Morales

No hay comentarios: