viernes, 12 de diciembre de 2014

Involucionando

            Ayer estaba en la tercera y, espero, última fiesta decembrina del trabajo. Mientras me tomaba un descanso de la pista, veía cómo la gente bailaba “La Tortura”. ¿Saben? Cuando ya llevas tantos años tomando clases, lo analizas con distintos ojos, y me gusta ver a la gente bailar, es una experiencia antropológica muy interesante: ves quién en verdad se divierte, identificas quién está sufriendo, a quién le importa que lo vean, quién está nervioso, quién quiere algo con su pareja, quién está bailando a la fuerza y demás. Es un tema interesante y, tal vez, algún día me aviente a escribir un ensayo sobre ello, pero no hoy. Mientras observaba a la gente bailar, vino una pregunta a mi mente “¿Por qué?”

A veces me pregunto “¿Por qué?” Y no es que ignore la razón (ella fue muy clara al respecto). Entiendo a nivel cognitivo pero no a nivel emocional, y no es que sea el súper partidazo que toda mujer quisiera tener (aunque me defiendo). Mi corazón no acaba de entender cómo no estamos al lado de la mujer más maravillosa que hemos conocido aunque, ciertamente, no significaba lo mismo para ella.

¿Por qué no vivimos en un mundo en el cual, cuando encuentras al amor de tu vida, seas tú en automático el amor de su vida? “¿Por qué?” Es la pregunta constante dentro de mi ser, cuya razón conozco, pero no acabo de entender. “¿Por qué?”

Todavía recuerdo cómo era mi existencia hace un par de años aunque haya dejado de ser dicho individuo. Algunos dirán que soy mejor, otros que soy peor, pero ciertamente ya no el mismo de antes, ni siquiera sé si extraño lo que era antes de conocerla. Lo que sí anhelo es la tranquilidad que respiraba antes de que todo esto pasara; no me arrepiento de nada porque en verdad fui muy feliz pero, me doy cuenta que no sabía la rutina tranquila que tenía, es factible que fuera aburrida y sin sentido pero, sin saberlo, era feliz en mi ignorancia.

Ahora sé más cosas y mi situación es diferente así que, cuando me tranquilice y esté sereno, tal vez esa tranquilidad sea un poco más madura y un poco más triste, incluso más consciente o amargada. Lo único cierto es que desde aquel 14 de Febrero del 2013 (día en que irrumpió en mi mundo con toda su perfección), mi existencia como la conocía se acabó por completo y ya nada volvió a ser igual.

Leo mis escritos antes de conocerla y es curioso, sé que soy yo el que escribía pero me parece que era alguien más quien se expresaba, por eso digo que he cambiado. No entiendo como antes podía leer un par de libros por mes y escribir un par de ensayos a la semana, aunado a todas las actividades que normalmente hago. Ahora me siento vacío, con esfuerzo saco un escrito cada quince días o cada mes, sin contar que tengo abandonado el blog clandestino y de los libros ya ni hablemos: nunca había pasado tanto tiempo sin leer desde que aprendí a hacerlo.


Es increíble cómo el conocer a alguien te cambia todo de un solo golpe, incluida tu esencia. Cuando la ví por primera vez murió un Hebert que vivió hasta los 36 años y poco más de cuatro meses y renací como alguien distinto, el problema es que la razón de ese renacimiento ya no está a mi lado aunque, a decir verdad, nunca lo estuvo. Ella tenía otros planes y no le era tan vital como ella lo era para mí, lo cual podría parecer injusto, pero no lo es. Ella es libre y no tiene por qué atender mis anhelos románticos.

No necesito decir que ya no pretendo enamorarme, eso es un hecho, por más ridículo que suene (los que me conocen saben lo cabeza dura que puedo resultar). Y lo voy a intentar como la vez anterior: cerrarme, blindarme y bloquear cualquier puerta a mi corazón porque ya no quiero enamorarme, ya no quiero perder las consciencia y el control de mis sentimientos y pensamientos.

Sé que puedo durar mucho con esta postura hermética, reducir en lo posible el contacto humano para aislarme como solía hacerlo hace años. ¿Cuánto puedo durar en mi berrinche? Posiblemente hasta mi muerte (ojalá) o tal vez hasta que (tontamente) vuelva a creer en el amor, porque uno puede decir “Ya no me voy a enamorar” o “Enamorarse es una decisión” o “Pinche Mundo, muéranse todos” pero algo que he aprendido es que el enamorarse NO es una decisión, eso simplemente te pasa, lo quieras o no. Y a pesar de que sé que es inútil tratar de resistirme, lo voy a intentar con la esperanza de lograr mi cruzada.


            Hace un par de semanas viaje a Jalcomulco y, en un Rápido de los más difíciles (La Bruja Blanca), caí al Río. Cuando me rescataron, me sentí diferente, además de agradecido de que me hayan salvado, me sentí más ligero, como que parte de mi dolor se quedó en el Río, se quemó en el temascal o lo abandone en el cañón. El caso es que en Jalcomulco fui feliz un par de días y estuve tranquilo, porque me ayudó a sanar un poco.

En Jalco llegué a la conclusión que debía empezar a cambiar cosas, dejar lastres atrás que hicieran más ligero el avanzar, por eso decidí cerrar amistades que ya estaban desahuciadas, pero faltaba el cierre necesario, porque ya no quería cargar con pendientes. De por sí ya tengo las manos llenas lidiando con mi dolor sentimental como para andar cargando pequeñas piedritas que ya no voy a rescatar.

Cerré tres amistades: una que murió en mi viaje a Cancún del año pasado, otra con la que alguna vez fue mi mejor amiga por muchos años y la tercera con una con la cual me identifiqué mucho en el último par de años pero que, al ser tan parecidos en lo explosivo, era cuestión de tiempo para que nuestros orgullos terminarán alejándonos.


Así como mi Schatzie, uno no puede amarrar personas para que estén todo el tiempo a tu lado, así que lo mejor es dejar fluir, dejar que avancen en su camino y agradecer el tiempo que compartimos, sin tratar de aferrarnos ni obligarles a que se queden.

Se podría decir que me estoy quedando sin amigas, cosa que no me preocupa, porque aún tengo algunas otras y de calibre grueso, representadas por Lesly, a la cual quiero y admiro porque, a pesar de todas mis tonterías, ideas radicales, decisiones estúpidas y demás, nunca me da por mi lado, me da su opinión honesta y, lo más importante de todo, me respeta en lo que hago, así me monte en mis berrinches, me apoya en todo momento aunque no esté de acuerdo (algo que aprecio cómo no tienen idea).

Cerrando el tema de Jalcomulco (del cual escribiré un ensayo completo pronto), cuando pasé al pueblo a comprar pulseritas a mis amigas restantes, fue inevitable recordar la pulsera que no llegué a entregar. Ya debería estar habituado a tantas situaciones que me van a traer de vuelta los recuerdos de mi Musa, y ése es el precio por tener recuerdos felices que no se concretaron en nada: bonitas memorias que te lastiman de manera profunda, es irónico porque entre más grande la alegría que viviste, mayor la tristeza que te genera.


Estoy sufriendo una especie de regresión, y no me importa, de hecho creo que estoy anhelando el regreso de esos tiempos en los que me aislé bastante, en donde no me importaba relacionarme, y está bien, porque cada vez me importa menos la gente, por eso cerré esas tres amistades, para ya no cargar con esos pendientes en mi espalda y ser más libre.

Sé que uno no puede ser un hongo, que necesitas convivir con otros pero ¡no me importa! Si pude renunciar a la persona que significaba mi vida, ¿creen que me afecta renunciar a tres amigas que en su momento fueron muy importantes? ¡Para nada! Con que tenga un puñado de amistades reales y leales (que las tengo) me es más que suficiente.

Siguen los ataques de llanto pero, para mi fortuna, se presentan más espaciados y cada vez duran menos, porque los puedo controlar más rápido. Por momentos siento que me derrumbo pero me obligo a reponerme de inmediato ¿Para qué? No lo sé, tal vez tengo miedo que se suelte toda mi tristeza, por lo mientras es el patrón que estoy siguiendo y que siento que me sirve, por eso no dejo que mi depresión se desborde.


No me ayudan las fiestas de fin de año del trabajo ya que, las tres, se realizaron en un lugar muy cerca de donde vive mi Musa, así que seguí esa ruta que tantas veces maneje con alegría, porque me dirigía a su casa, ya sea para dejarla o pasar por ella, para ser inmensamente feliz así fueran por cinco minutos que la pudiera ver.

Pasé por el negocio de su papá, y recordé lo que me compartía sobre él, todos esos pasajes de su infancia que atesoraré por siempre y, por más que me quise hacer fuerte, fue inútil, y los recuerdos se derramaron a través de los lagrimales. Ya ni siquiera tiene caso preguntarle a la vida por qué es injusta, porque no lo es, ya que me regaló esa oportunidad de estar con ella y ser feliz de manera breve, pero somos ambiciosos, queremos prolongar esa perfección el resto de nuestros días, mantener aquello que nos hace dichosos hasta la muerte, ignorando que la otra persona tiene sus propios planes.

Y ya que mencioné los convivios prenavideños, admito que el maldito Diciembre me pone de malas, e impulsa al Grinch que soy todo el año pero, especialmente en este mes, me pongo insoportable. Producto de ello es mi irritabilidad, mi orgullo y esa necesidad de cambiar algo en mi vida ¿para bien? No lo sé, pero estoy tratando de “limpiarme” de lo que, considero, ya no es funcional en mí.


Tal vez los demás no lo entiendan, pero mi manera de defenderlos del Grinch amargado que soy es aislarme, y así reducir el contacto a lo meramente indispensable. Para muchos esta postura mía no es muy productiva, pero así funciono: necesito espacio a solas, lidiar con mi amargura, tratar de sanar mis heridas, enfocar mi dolor sin dañar a terceros y tratar de encontrar algún motivo que me haga seguir adelante.

En el escrito pasado comenté lo que va a significar ir a ver “El Sinsajo” sin mi Musa, dolor que aumenta cada vez que alguien me la recomienda. En una de ésas, Lesly me preguntó “¿Cuándo fue la última vez que fuiste al cine?”, adivinó la respuesta al ver la tristeza que se reflejaba en mi mirada al recordar esa última ocasión.

Efectivamente, la última vez que fui al cine fue con mi Schatzie, en mi cumpleaños (hace más de dos meses), vimos “Maze Runner” versión doblada (la única persona por la cual soporto ver una película doblada era mi amada Musa). Este recuerdo me deprimió bastante  porque, inesperadamente, me dio mucho miedo ir, siento que si voy sin ella es como traición (muy tonto de mi parte ¿no creen?) además me da pánico encontrármela y, peor aún, acompañada de otro hombre (eso destrozaría mi alma). Es una auténtica pena que me haya dado cuenta de esto, porque ahora debo vencer este otro miedo.


Como dice mi terapeuta, es algo que disfruto mucho y que hago bastante seguido (por lo menos una vez cada dos semanas), así que nada se gana si dejo de ir. Eventualmente tengo que volver al cine, y me debo apurar porque ya se me junto “El Hobbit” en cartelera, pero va a ser un momento muy triste volver ahí sin ella.

Y ya que mencioné la terapia, Ana (mi terapeuta) y yo bromeábamos en consulta sobre mi estilo de vida, y me dijo “Ya verás que algún día vas a encontrar a una mujer con tu perfil” y deje de reír. No me sentía ofendido, en realidad me entristeció, porque no es la primera que me dice algo así “Vas a encontrar a alguien como tú”. Sé que la gente intenta animarme, aún sin saber que estoy de duelo, pero en realidad me acaban hiriendo con su buena voluntad.

Tal vez en algún momento del pasado me hubiera encantado estar con alguien como yo pero, desde que encontré a mi Musa, eso cambió. Era la persona perfecta para mí, sin importar las diferencias, por ello no me hubiera importado ir a ceremonias católicas (religión que detesto con todo mi ser), o ir a reuniones familiares (por eso tengo una sana distancia con mi propia familia), festejar navidad (que ya saben mi opinión al respecto) y lo haría feliz porque sé que a ella le hacía feliz, y su felicidad era la mía. Así como me desvelaba con gusto (como tantas veces lo hice a su lado) a pesar de ser alguien diurno que acostumbra irse a dormir temprano.


No quiero a alguien como yo, porque ya había encontrado a quien me hacía hacer cosas por gusto, por ella y por mí, porque estar a su lado  era mi máxima alegría ¿Cómo chingados no iba a hacer todo aquello por la mujer que amo? Con tal de compartir momentos de su existencia.

No quiero a nadie como yo, porque ya había encontrado con quién compartir el resto de mis días, diferente a mí y, por eso mismo, simplemente perfecta. No me importaban sus diferencias pero, al parecer, a ella sí le importaban las mías y así, por más que duela, no más no hay hacía dónde hacerse.

Por más que la quiera, por más que la idolatre y por más que sufra por su amor algo que he aprendido, y de la manera difícil, por más ganas que uno le eche a una relación (o amago de ella), si el compromiso no es parejo, está destinada al fracaso. Y por eso me aleje, porque no podía embarcarnos a los dos en una relación en la cual ella no creía y, al final, sólo podía terminar en algo negativo o destructivo.

¿Por qué sigo escribiendo sobre ella? Porque tengo la ligera esperanza de que lea lo que escribo, nunca fue muy afecta a leer el blog, aunque siempre leía lo que le mandaba y me respondía pero, debido a sus ocupaciones, no tenía mucho tiempo para hacerlo. Sé que me estoy engañando porque aunque escriba mucho sobre ella, no va a leer nada de ello y aun así sigo haciéndolo.

Justamente por esa esperanza es que me debo obligar a dejar de escribirle, ya no debo dañarme y aceptar que ya no hay vuelta atrás, debo seguir adelante aunque sea triste y ya no perder mi tiempo y mi energía, porque ya no va a volver. Hace unas semanas, justo después de publicar “Limpiando la casa”, me preparé para ver a mis amados Delfines, cuando de pronto vino un pensamiento desde lo más hondo: “Ya no va a volver”.

Fue tan limpio, tan directo, tan profundo, tan honesto, tan tranquilo y tan auténtico que ni tiempo tuve de resistirme, no pude siquiera cuestionarlo. Lo más que logré hacer fue contenerme, no me quedaba de otra que aceptarlo como un hecho innegable, por eso no me resistí pero tampoco me deje desbordar.

Sin duda uno de mis momentos más tristes, y que lo tengo guardado esperando que, con el paso de los meses, pueda sacarlo de forma paulatina. Antes, cada vez que nos separábamos, siempre quedaba ese resquicio de que podíamos vernos de nuevo, ahora es diferente. Ahora, en donde antes había esperanza, hay un vacío.

Y está bien ¿Saben? Ahora soy libre. No quiere decir que vaya a perseguir a muchas mujeres, de hecho por el momento es lo que menos me interesa, pero ese vacío existencial también es una oportunidad de llenarlo con algo

Lo he aceptado y es triste pero, al mismo tiempo, liberador. El saber que ya no va a regresar me destroza el alma, pero también me da la tranquilidad de ya no vivir con la incertidumbre del “y si nos volvemos a ver”

El no esperar nada te da una libertad tranquilizadora que reduce la angustia al saber que ya no hay solución. Obvio que sigue el dolor, sólo que lo estoy postergando para después, para cuando esté fuerte y poder lidiar con él.

Ya sólo queda mantenerme ocupado y enfocado, ¿en qué? No lo sé. De entrada en el trabajo y en el siguiente viaje (al parecer a la Huasteca Potosina). Le comentaba a una amiga, que también está viviendo su duelo sentimental, que tengo miedo a los días libres decembrinos porque voy a tener mucho tiempo para pensar, porque me he estado haciendo menso con el dolor, no he querido procesarlo del todo, así que sólo me mantengo distraído, pero tal vez sea necesario dejarlo salir porque el pensar demasiado en la situación, trae demasiado sufrimiento.

Corriendo llegué a una conclusión: debo releer todos y cada uno de los casi 80 escritos que le he dedicado, tanto publicados, como privados e inclusive un par de mails entre nosotros. ¿Para qué? Para revivir todo, para exorcizarlo, para llorarlo, para entender que ya pasó, que fueron otros tiempos y yo era otra persona, para entender que ya no hay más que hacer.


¿Y saben qué? Tengo pavor ¿Por qué? Porque va a ser muy doloroso, leer toda esta odisea, todos los sueños, anhelos, miedos, incertidumbres, ilusiones, alegrías y tantas cosas que pasaron, que fielmente trate de reflejar en cada escrito, además los privados fueron exclusivos para ella, en un lenguaje más íntimo, más directo e inclusive más romántico ¿Cómo demonios voy a soportar eso sin desmoronarme? En verdad no puedo.

Pero además hay otra razón. Aunque sé que ya no va a volver, no la quiero dejar ir, suena estúpido ¿verdad? Y suena así porque lo es. ¿Por qué no la quiero dejar ir? No lo sé, tal vez me siento acompañado por su esencia, tal vez estoy enamorado de esa imposibilidad de relacionarnos, tal vez estoy siéndole fiel a una relación que nunca existió, ¡y eso en verdad es idiota! ¿Cómo se le puede ser fiel o infiel a algo que nunca existió? ¿Cómo puedo ser tan iluso? ¿Cómo puedo ser tan imbécil? Y, sin embargo, lo soy, y tengo bien merecido todo esto que está pasando.

Sé que algún día voy a leer todos esos escritos de golpe, estoy consciente de todo lo que voy a sufrir y las lágrimas que justamente voy a derramar, pero no hoy. No los quiero leer hoy, ni mañana, ni la siguiente semana ¿Cuándo lo haré? No lo sé, no creo que sea pronto, ni quiero que lo sea. Tal vez, algún día, sin darme cuenta, empiece a leerlos sin tanto miedo, tal vez.


Algún día cerraré por completo el tema de mi amada Musa y podré seguir adelante. Sé que eventualmente voy a llorar con algún recuerdo o ponerme triste con alguna canción, pero es algo a lo que debo acostumbrarme, ya que será parte de mí el resto de mis días, porque un amor así no se olvida, sólo aprendes a vivir sin esa maravillosa sonrisa que te hacía ver que este mundo es una oportunidad inigualable para ser feliz (aunque sea por breves momentos).

Puede que inclusive siga escribiendo estos ensayos sin sentido que sirven para focalizar mi duelo pero, en la medida de lo posible, intentaré que este sea de los últimos al respecto, necesito cerrar la saga “Na.Ni.” que me ha acompañado durante casi dos años.

¿Qué viene adelante? Honestamente no lo sé ni me importa, sólo sé que debo limpiar mi interior para hacer espacio a lo nuevo y, mientras llega, me voy a dedicar a viajar tanto como pueda y a experimentar a pesar de mi miedo patológico a vivir. Sé que este mundo no tiene sentido, pero mientras estoy en él, algo debo de hacer con mi existencia, y si es productivo, mejor.

Tal vez no me vuelva a enamorar, tal vez sí; o incluso, es muy probable, que muera enamorado de ella.


Hebert Gutiérrez Morales.

2 comentarios:

Arnold Traviezo dijo...

Leí tu entrada "de cabo a rabo". Me enganché inmediatamente en la lectura al leer "Reflexiones de un Corredor Solitario" toda vez que soy corredor viejo y, a la vez, un viejo corredor. Aún a mi edad, estoy pasando, en el plano sentimental, como si etuviera subiendo una cuesta de 15% de inclinación, en el kilómetro 41. Me alienta el saber que solo me faltan escasos metros para culminar mi agonía y cruzar eufórico la meta. Leo tu escrito y es como si lo hubiese escrito yo, ya que también soy dado a escribir mis ensayos sentimentales o deportivos, de cuando en vez. Debido a que ya soy una persona retirada (trabajar bajo relación de dependencia), trabajo en mi casa en en algo que me ha gustado toda la vida: el diseño 3D. En fin, alquien dijo que el amor es algo tan enigmático que si llegara alquien a descrifrarlo, entonces tendrían que darle otro nombre.
Chao, y recuerda que la meta está cerca. Llegar a ser, no lo que éramos antes y que fue el origen de esto momentos, sino convocar una nueva manera de enfocar esto que llamamos vida. Saludos desde Venezuela

Hebert Gutiérrez Morales dijo...

Muchas Gracias Arnold. No puedo recibir mejor elogio que el leer que los sentimientos que imprimo en mis escrito son empáticos con los de alguien más. Correr es una actividad que te complemente la vida y te la hace más disfrutable. El Amor es un "dolor hermoso" aunque cada cual le dará su definición. Muchas gracias por tomarte el tiempo para leerme. No tengo ninguna ganancia económica por escribir, lo cual no importa porque cuando toco la esencia de alguna persona que desconozco, siento que de algo sirve el tiempo que le dedico a esto. Un abrazote hasta Venezuela.