miércoles, 28 de enero de 2015

Festín de Cuervos (Canción de Fuego y Hielo Parte IV)

           “Nunca quise ver la mitad de las cosas que he visto, y nunca he visto la mitad de las cosas que quería ver”

            Sin duda el 2014 fue mi peor año en cuanto a lectura se refiere, por una razón sobre la cual ya escribí demasiado, mi nivel cayó a niveles paupérrimos. Por primera vez, desde que aprendí a leer, no he de haber llegado ni siquiera a la decena de libros en un año, cosa que me apena bastante. Uno de los que logre terminar, aunque no con la voracidad de los tres anteriores, fue la cuarta entrega de la Saga “Canción de Fuego y Hielo” llamada “Festín de Cuervos”.

            Un gran libro, de hecho, de no haber leído los tres anteriores, sin duda lo calificaría como magnífico pero, por desgracia, al conocer la excelencia que el Sr. Martín imprimió a los primeros tres, pues la competencia para este cuarto fue bestial e insuperable.

            “No sirve de nada hablar de los caminos que no tomamos”

            Y no es que el autor haya bajado su calidad literaria, siendo objetivo tal vez hasta la haya refinado más, el problema es que prescindió de sus tres caracteres más importantes, con sus respectivas historias: Daenerys, Tyrion y Jon Nieve.


             A pesar del hándicap tan grande que significa hacer a un lado a los pilares de tu argumento, hay que reconocerle al autor que sacó una obra sólida, misma que nos va preparando la escena para “atascarnos” de los omitidos en el quinto tomo (por lo menos eso espero, si no me voy a llevar un muy buen coraje).

            Tal vez no voy a escribir con la profundidad y longitud de las entregas anteriores, pero en esta cuarta hubo momentos que me cimbraron y que quiero compartirles, no sin antes advertirles que se vienen algunos Spoilers así que, si no lo han leído todavía, ya no continúe con ensayo. Bajo advertencia no hay engaño.

            “Siempre ha habido hombres con más facilidad para pronunciar juramentos que para mantenerlos”

            Al leer los primeros tres capítulos me dije: “¡Oh no! ¡Más personajes! ¿Qué acaso este hombre no tiene piedad de sus lectores?” Y es que a veces me llega a confundir de tantos que va agregando con cada oportunidad, aunque hay que reconocerle la magnífica imaginación con la que los define. Ahora entiendo por qué se va “despachando” a varios en cada libro, de lo contrario sería una locura, además de que resultaría imposible seguir tantos hilos en el argumento.

            De esos tres primeros capítulos me quede con la impresión de que el tío de Theon es un hombre de honor, a pesar de su fanatismo religioso y sus dogmas machistas. Que al hermano de Oberyn le faltan muchos huevos, los cuales le sobran a sus sobrinas, mismas quieren vengar la muerte de la Víbora, y del encuentro de aprendices de maestres no sé si esperar algo o si sólo fue un pretexto para ingresar personajes nuevos.

            “Nobles palabras, pero las palabras eran baratas. Los hechos ya eran más caros”

            Fue al terminar esos primeros tres capítulos que sentí que algo me faltaba “No ha salido Dany, Jon ni Tyrion” me dije;  así que hojee el resto del tomo para corroborar, con indignación, que no había ningún capítulo de ellos “¿Cómo? ¿Acaso está loco? ¿Por qué los sacó de la historia?” fue lo que pensé, pero conocí la razón de esta omisión al final del texto.

            Ahora, independientemente del mal sabor de boca anterior, reconozco el genio desmedido del autor, además de su flexibilidad. Esto me quedó muy claro al seguir narrando la historia a través de dos féminas que no había tocado de manera directa, como lo son Cersei y Brienne.

Por ejemplo, al leer el primer capítulo de la gemela Lannister, no voy a negar el gran gusto que sentí al ver cómo Tyrion habita en su cabeza, cómo la tiene aterrorizada y sometida a nivel psicológico, todo por una profecía que le hicieron a Cersei en donde le dijeron que el enano iba a ser el causante de su muerte y, honestamente, espero que así sea. Adicionalmente, en dicho capítulo, me sentí muy feliz por el enano al encontrar parte de su venganza con los asesinatos de su padre y Shae (aunque esta última, para mí, fue víctima de las circunstancias)

            “Demasiado idiota para aprender y demasiado idiota para rendirme”

            Cuando Brienne se encuentra con que Poddrick Payne, el otrora escudero de Tyrion, la anda siguiendo, no pude evitar conmoverme con la lealtad y fe ciega que el muchachito tiene con su ex-patrón al decirle, sollozando, a la Princesa de Tarth “Yo soy su escudero y, sin embargo, se fue sin mí”. No pude contener las lágrimas al sentir una empatía total por el Sr. Payne, mismo que ha sido el más fiel de todos los que han trabajado para el enano, llegando a profesarle una auténtico sentimiento de respeto, admiración y, ¿por qué no decirlo? Amor de hijo. Tal vez esta escena no sea vital para el argumento pero son estos momentos de intima sinceridad que hacen que una obra me sea valiosa como lector y humano.

            George R.R. Martín demuestra un realismo sobresaliente en la interacción que sostienen Arys Oakheart y Arianne Martell porque, podrán vivir en un mundo machista pero las decisiones finales son de las mujeres, porque los hombres tendemos a ser débiles ante la presencia femenina, en especial, frente de la que uno está enamorado. Este hecho me hace extrañarme de tantos siglos de dominio machista, ya que la predisposición antropológica del hombre es complacer a la mujer.

            “Sólo un imbécil formula amenazas que no está dispuesto a cumplir”
 
En Memoria de Sandor Clegane
            Me entristeció profundamente toda la narración de la muerte de Sandor Clegane, sobre todo cuando el Hermano mayor narró sus últimas horas, y de cómo encontraba la motivación en su existencia que, ciertamente, resultó descorazonador; pero tuvo la suficiente nobleza y congruencia para no buscar el perdón porque estaba consciente de la naturaleza de sus acciones y se manejaba de acuerdo a sus propios ideales. Descansa en Paz mi querido Sandor, admito que te odie muchas veces pero, con el paso de los capítulos, aprendí a respetarte y, por qué no admitirlo, hasta a quererte y comprenderte en tu manera tan única de ver el mundo.

            Me gustó mucho el capítulo en el que se nos muestra la vida de Arya como “Gata”. La verdad esta cuarta entrega de la serie es interesante, el problema es que no les llega en calidad a las  tres primeras; a pesar de ello, el argumento y la forma de presentar la historia es remarcable. Volviendo con Arya, es muy vívido cómo te cuentan, y cómo acepta, que mató a Dareon. Pero lo que más impacta del capítulo es cuando se levanta ciega, lo que provoca incertidumbre sobre lo que va a pasar. Tal vez no es la misma emoción que sientes con los tres personajes faltantes mencionados, que le dan magia y fuerza, pero este texto tiene sus momentos memorables.

            Una muerte que no sé si sea cierta, conociendo al autor seguro sí, y que me llegó mucho es la de Davos Seaworth, el Caballero de la Cebolla. Me resulta curioso cómo el autor es generoso al dotar a seres poco agraciados físicamente (Tyrion, Davos o Brienne) con un alma virtuosa, honorable y leal como pocas, tanto en la Saga como en el mundo real, tal vez para compensarles por sus deficiencias físicas y hacerlos más entrañables para el lector. El problema es que te enganchas con ellos, Davos en este caso, y luego te los asesina :’-(

            “Una cosa era matar al enemigo y otra, muy distinta, deshonrarlo”

            Y continuando con asesinatos de personajes con gran nobleza, tampoco sé si es cierto que ahorcaron a Brienne, sin duda lo voy a averiguar más adelante (con lo sádico que es George R.R.Martin, no me sorprendería). Cierto o no, me pareció loable su lealtad hacia Jaime y la reciprocidad con la que le pagó por haberla protegido en su oportunidad. La Doncella de Tarth es sin duda uno de los caracteres más nobles y, si su muerte es cierta, será una pérdida que resentiré en lo profundo de mi corazón.

Pero me dolería aún más la muerte de Poddrick Payne, muchachito leal, valiente, auténtico y muy decente; en especial la conexión que tuvo con dos “monstruos” como Tyrion y Brienne pero Pod, con su pureza de alma, sabía ver la belleza en desdichados seres. Esa virtud es difícil de encontrar, no solo en el libro, sino en la humanidad misma.

            El momento en que encierran a Cersei resultaba tan patéticamente divertido que con mucho gusto lo hubiera releído con tal de volverlo a disfrutar pero, respetando su miseria, no lo hice. El hecho que la traten con tanto desprecio, así como ella hizo en cada oportunidad que tuvo, resulta tan poéticamente justo, que es imposible que no sonrías, a pesar de su desgracia. Aunque me caga la gente fanática, debo reconocer que este Gorrión Supremo se comporta de manera justa, sin privilegio alguno, como ya lo corroboró Cersei y los Kettlebak (además de los que faltan).

            “Cuando un hombre daba la espalda a la batalla y huía, dejaba de ser un hombre”

            Cuando leí el adelanto del quinto tomo, en el cual reaparece Tyrion, sentí mucha alegría de volver a saber del enano, fue casi como ver a un amigo después de muchos años. Y en ese único capítulo me encandile más que en el libro en general, lo cual demuestra que los tres personajes que faltaron son los que dan vida a la Saga entera.

Me emocioné tanto de saber que se proyecta una reunión entre Tyrion y Daenerys, que de inmediato quería empezar la quinta entrega, pero decidí esperar, y darme mi tiempo. “Danza de Dragones” es el último publicado hasta el momento y nadie sabe cuándo saldría la sexta entrega (ya no digamos la séptima), así que lo voy a empezar dentro de un par de semanas y trataré de disfrutarlo despacio, sin esa voracidad que te despiertan las historias de personajes tan carismáticos. Sin duda no lo lograré y me acabaré comiendo el libro de golpe pero, por lo menos, debo intentarlo.

            Sin contar el argumento, sin duda lo ideal hubiera sido que este tomo hubiera sido generado antes de las tres primeras entregas, así nos daría un acomodo óptimo de la historia, empezando de menor a mayor. Porque, no les voy a mentir, ésta es la parte menos emocionante de la saga, pero su lectura es necesaria para poder disfrutar lo que viene más adelante.

            Por lo menos eso espero.


            Hebert Gutiérrez Morales

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