sábado, 17 de enero de 2015

Semana 03

            Como ya se ha hecho una tradición, a veces me pongo más observador con todas las cosas que me pasan en una semana y noto que mi rutina está llena de situaciones relevantes pero no siempre les doy su importancia en el momento, sino cuando las recuerdo con el cristal de la añoranza conocido como “los buenos tiempos”.

            Les comparto algunas de estas reflexiones o momentos que experimente en la tercera semana del año.
           
Mi viejita

            Visito a mi madre, en promedio, cada tres meses. Como ya explique en otros escritos, ella se quedó con las que alguna vez fueron mis perras: La Osita (fallecida recientemente) y Dori.

            Recuerdo que, un par de años después de mi divorcio, Andrea (mi ex-hijastra) quería ver cómo estaban “sus” perras, así que las lleve para que se vieran. La reacción de las peludas fue amigable pero no lo efusiva que Andrea esperaba, “Ya se olvidaron de mí” me dijo, lo cual era cierto, pero le mentí un poco diciéndole que estaban un poco cansadas por la caminata y por eso no eran tan cariñosas.

            Me acordé de eso cuando, al ver la reacción de Dori, mi madre me dice “Es que ha estado enferma”, pero no necesito que me mientan: “Mi” Dori ha dejado de necesitarme.

            Y lo veo porque siempre sigue a mi madre a dónde quiera que va, estando muy atenta a lo que hace o dice. Obviamente aún me hace algo de fiesta, se deja apapachar y me da muestras de cariño, pero su prioridad ahora es doña Marina. Y, aunque eso es triste, me siento aliviado de ver que ya no me necesita.

            Cuando se murió la Osita, estaba convencido que Dori no me iba a durar mucho pero, por fortuna, me equivoque. Aunque ya no tiene el mismo porte ni musculatura de sus años mozos, Dori se ve muy sólida y resistente, de alguna forma tomó un segundo aire tras la muerte de su compañera. Supongo que se sintió libre al ya no tener a quien cuidar.

Es curioso, cuando la veo en su estado de vejez (ya tiene 11 años) sólo puedo recordarla de cachorra y su primer día en casa: aunque era más pequeña que la Osa (en edad y medida), ya demostraba personalidad y firmeza, mismas que no ha perdido después de tantos años. Ésa es una oportunidad maravillosa que nos dan los perros: podemos ver todo un ciclo de vida en menos de quince años, podemos experimentar lo que es ser padres y verlos desde cachorros hasta que son adultos e inclusive presenciar su vejez y sufrir su muerte.

Me entristece que ya no sea “mi” Dori, pero eso no quiere decir que la quiera menos, al contrario, siempre amaré y admiraré a Dori por mantenerse fiel a su esencia sin importar el lugar en que habite, los seres que la rodeen, las circunstancias de vida o su edad: Siempre será la perra perfecta y, aunque no lo fuera, siempre será mi hija peluda perfecta, misma que vivirá en mi corazón y en mis recuerdos hasta el final de mis días.

“Saca los churritos ¿no Pokemón?”

            Desde mediados del año pasado dejamos de tener practicantes germanos, por lo que el Pokemón se mudó a nuestra Islita de puros hombres y así fue como nació el fraccionamiento “Palo Alto” (emulando a la ciudad californiana y en honor al enorme Palo de Brasil que Iván tiene en su lugar).

            No voy a decir que Iván, Hans y yo éramos muy refinados en nuestro proceder pero, al mudarse el Pokemón se potenció el equipo y nos complementamos a la perfección, por lo cual nos pasamos todo el día riendo, sin descuidar nuestro trabajo.

            No cabe duda que la adolescencia masculina dura toda la vida, lo cual tiene sus desventajas, pero también resulta muy divertido. Para mí convivir con este trío a diario me remonta a los días escolares, en donde nos podemos entretener en pláticas tan bobas como si el Sr. Cara de Papa se convirtió en el Licenciando Cara de Papa y sus diferencias con el Señor Cara de Haba; pero también sostenemos pláticas profundas sobre las diferencias culturales de vivir en México, Alemania o Estados Unidos.

            Como buenos chamacos, todo el día nos la pasamos albureándonos a la primera oportunidad, y así como nos atacamos de manera interna, luego hacemos frente común contra las chicas que nos atacan del fraccionamiento vecino. Y, hablando de mujeres, la evaluación del atractivo femenino que pasa junto a nuestro pasillo también es una prioridad.
La visión de un hombre

            De igual forma hacemos mofa de la gula endémica de nuestra área, a la cual llamamos “Obesidad social”, ya que utilizamos cualquier pretexto para comer, pero lo tomamos con humor al burlarnos de nosotros mismos. La otra vez lleve unos churritos que me sobraron y, aunque tardamos dos semanas en acabárnoslos (por lo que ya estaban un poco rancios) la frase “Para festejar ¡Saca los churritos! ¿no Pokemón?” se volvió típica y, aunque ya no tenemos churritos, la seguimos usando para jugar con nuestra gula laboral.

Por otro lado, como ya estamos muy gordos, hemos llegado a la práctica de tomar un tecito en la tarde en lugar de ingerir carbohidratos (que son la moneda de cambio más valiosa en el área), y que hemos calificado como el “El tecito mustio” o “El tecito hipócrita”, porque nos lo tomamos por la culpabilidad de haber engordado, no por algo relajante (y es que nos caga tomar el famoso tecito).

Como somos personalidades tan distintas, la plática siempre se enriquece: Iván es el único obstáculo para que el área no se vaya a la perdición total, ya que hace yoga, medita, es vegetariano, ecologista y pacifista, por lo cual se lleva muchas frustraciones con nosotros pero, al mismo tiempo, es el que más se divierte (y aprende) con nuestras bajezas. Hans es el más pervertido del fraccionamiento, que ya es decir, pero también puede ser el más noble y generoso. El Pokemón es un mustio de primera, un Grinch de closet, porque coincide en muchos de mis puntos de vista, pero teme expresarlo abiertamente, aunque eso no le quita que es de los seres más ocurrentes que conozco. Y yo, el Grinch mayor, el que le da el toque de maldad e impertinencia al área (que también ya es decir).

Creo que soy alguien muy afortunado, porque siempre me han tocado equipos de trabajo muy divertidos, por lo que nunca me ha pesado ir a la oficina (y además me pagan $_$)

Amo la NFL . . . ¡pero qué bueno que ya se acaba!

            Amo la NFL, en verdad la amo. Cada vez que llega una nueva temporada, la espero con mucha expectación pero, tampoco puedo negar que, justo en mi temporada completa 30 como aficionado, soy feliz de que se termine.

            No me malentiendan, creo que ha a ser el hobby que más he disfrutado a lo largo de mi existencia, de lo contrario no me echaría la mayoría de los partidos: todos los de mis Delfines (y esta temporada los vi dos veces en vivo en calidad de visitantes), todos los nocturnos, todos los estelares vespertinos completos y, el resto, de manera parcial (porque la mayoría se juega de manera simultánea), o sea que vi la gran mayoría de los 256 partidos de temporada regular (total o parcialmente), además de echarme todos y cada uno de los partidos de Playoffs.

            Cuando algo me gusta, me entrego totalmente, voy en serio y le entro con pasión, porque no sólo es ver los juegos, sino checar estadísticas, tendencias, opiniones, noticias, jugando liga de Fantasía y llevando la administración de nuestra Quiniela durante los últimos seis años.
Junto a Ponchorris en el Estadio Ralph Wilson en Buffalo

            Sólo de leer estos párrafos se darán cuenta que es muy intenso y cansado, obviamente lo encuentro divertido (de lo contrario no lo haría), pero por lo mismo estoy feliz que termine, para tener más tiempo para otras actividades que también me gustan, como leer y escribir a mi ritmo normal.

            Es como la visita de un familiar que quieres mucho: lo atiendes, te brindas, lo procuras, lo cuidas y ves que nada le falte, te la pasas muy bien en su presencia y quisieras que jamás se fuera pero, por fortuna, se va y puedes volver a tu rutina normal.

            Como ya exprese en otro escrito, por eso amo la NFL porque, a diferencia del Soccer, nos da tiempo para que la extrañemos, para que la anhelemos y la valoremos, algo que se perdió con el Soccer, mismo que tiene competiciones todo el año y te acaba asqueando, o por lo menos fue lo que hizo conmigo.

            Sé que en siete meses la volveré a recibir con todas las ganas y entusiasmo de cada año pero, por lo menos ahora, estoy feliz de que ya se va acabar

“Te estás juntando mucho con Hebert”


Regresando a la oficina, a últimas fechas, hay una tendencia que me halaga pero, al mismo tiempo, me ofende: Cuando alguien expresa algo “malvado”,  honesto, cruel o políticamente incorrecto, hay quien dice “Creo que te estás juntando mucho con Hebert” o, si es una plática conmigo “Creo que estoy pasando mucho tiempo contigo”.

Por un lado me siento halagado de servir de inspiración para que le gente se exprese libremente pero, por el otro, me indigna que me pongan como mal ejemplo sólo por decir lo que pienso.

Cada cual tiene su dosis de maldad, TODOS sin excepción la tenemos. Si alguien opta por expresar lo que en realidad piensa, lo aplaudo y lo promuevo, aunque eso no quiere decir que yo sea quien puso esas ideas ahí.

En fin, seguiré intentando ser lo más honesto, amoral y políticamente incorrecto que se pueda, porque prefiero eso a ser mustio, hipócrita o mojigato sólo por quedar bien y cuidar una falsa reputación.

No me nace ser de Puebla

            El Jueves y el Viernes comí con Lesly, lo cual disfruto mucho porque nuestras pláticas van tocando diversos temas y siempre acabo aprendiendo algo. Por ejemplo, ella me comentaba que las personas más orgullosas de sus estados son los de Veracruz y los de Sonora (de las que ella ha conocido, obvio).

            Justo ahí recordé a doña Marina, mi madre, misma que desde que tengo uso de razón siempre me ha inculcado un amor grande a nuestro estado de origen: Veracruz. Y no sólo es ella, creo que no conozco alguien de mis familiares (paternos o maternos) que no se sientan profundamente orgulloso de tener sus raíces jarochas.

            Tristemente, no pude habitar en mi estado natal, a pesar de que por muchos años me pase ahí cada período vacacional sin excepción. Así que toda mi niñez la pase en el DeFectuoso y desde la pubertad me he desenvuelto en Puebla.

            Así que mi trabajo, mis actividades, mis títulos, mis enseñanzas, mis casas y todo lo que he logrado ha sido gracias a que vivo en este estado. Es más, las dos veces que en verdad me enamore, fue de mujeres poblanas (de las cuales hablaré en el último apartado).

Siempre me he llamado Jarocho, y lo he dicho con mucho orgullo, tengo el derecho por nacimiento, pero lo he perdido por ausencia. También sé que tengo el derecho a llamarme poblano por adopción pero, simplemente, no me nace ni me siento poblano (aunque seguramente ya he de actuar como ellos).

Así que como ya no tengo derecho a  la etiqueta que quiero y me nace, y no me nace aceptar la que me he ganado, ahora voy a decir que soy de ningún lado. Porque siempre le estaré agradecido a Puebla por todo lo que me ha dado, pero mi lealtad siempre estará con mi lugar de nacimiento y, si no puedo ser de Veracruz, no me nace ser de ningún otro lado.

El 14 de Febrero se debería anular en nombre de la humanidad

Cada vez hay menos decencia y paciencia en esta sociedad, apenas pasaron Reyes y ya empezaron a chingar con lo de San Valentín. Alguna vez leí que Navidad y San Valentín son las fechas en las que mayor cantidad de gente se deprime.

A pesar de ser un Grinch, yo era inmune a esta tendencia, no me deprimía, sólo me dedicaba a atacar el excesivo consumismo y las actitudes mustias que se expresan para que compres como loco para justificar un sentimiento, al grado que sin regalo ya se ponía en duda lo real de lo expresado.

Sin embargo, desde hace dos años ya no puedo atacar tan abierta ni fieramente a tan despreciable celebración, y no por lo que significa para el mundo, sino por lo que significa para mí.

Por ejemplo, recuerdo que cuando conocí a Harumi, mi primer amor, fue un día especial, pero con todo lo que vivimos después, ya no recordé el día exacto que reingresó a mi vida. La única fecha que aún recuerdo es su cumpleaños, que es una semana exacta antes que el mío. Aunque, con el paso del tiempo, ha habido años que ni me doy cuenta de la fecha pero, cuando lo llego a hacer, en silencio y hacía mis adentros le deseo felicidades a la distancia.

Pero el destino fue más tajante la segunda vez que me enamore de verdad.

Cuando conocí a Nadia, era 14 de Febrero, y ahí no había posibilidad alguna de no darme cuenta, porque la mentada fecha te la están enjarete y enjarete desde un mes antes y todo el mundo enloquece para que llegue o para que no llegue.

Así que, aunque quiera, ya no puedo odiar el 14 de Febrero como fecha, obvio voy a seguir atacando la mercadotecnia consumista y demás vicios que promueve, pero la fecha como tal, ya no puedo censurarla del todo. Y es que una cosa es que haya cerrado mi duelo y otra cosa es que no sienta nada en cada aniversario de haber conocida a tan maravillosa mujer.

El caso con Nadia es que serán dos fechas las que recuerde: su cumpleaños, que es mañana Domingo, y el 14 de Febrero. Supongo que algún día llegarán a ser como el cumpleaños de Harumi que, con el paso de los años, me acordaré menos de él. Por lo mientras, mañana temprano, le desearé feliz cumpleaños a mi exMusa hacia mis adentros, en silencio y a la distancia.

Obviamente el mundo no va anular uno de sus festejos más esperados y llamativos, como es San Valentín, para complacer a un Grinch como yo, así que tendré que aprender a vivir con los recuerdos y tener presente que alguna vez pude atacar con toda furia San Valentín (por lo menos me queda la Navidad para desahogar mis críticas al sistema).


Hebert Gutiérrez Morales.

2 comentarios:

Adrian Caballero dijo...

Y también hay que compartir que en semana 3 se acuño la frase "La obesidad social es como la mediocridad, no son egoistas, siempre buscan compañía"

Hebert Gutiérrez Morales dijo...

Es verdad Sr. Pokemón, se me olvido incluir esa frase con tanta sabiduría ¬_¬U