domingo, 8 de febrero de 2015

Bodas, Súper Tazón y compromisos sociales (Semana 5: Parte 1)

Originalmente este escrito tenía que salir hace siete días pero pasaron tantas cosas y, por lo mismo, tuve que partirlo en dos, además no tuve mucha oportunidad para redactar hasta hoy. Les dejó la primera parte de una semana en la que experimente de todo, y podrán atestiguar mis partes más agrias como las más cursis (entre ambos ensayos, cabe aclarar, porque éste en particular empieza “algo” violento, pero después cierra bonito).

Estúpidos compromisos sociales

            Recientemente nació el hijo de uno de mis compañeros de Gerencia, aunque no del mismo departamento. Normalmente los de la sección correspondiente se ponen de acuerdo para hacerle un presente representativo de su área.

            En la semana pasaron dos de sus subordinados pidiendo una cooperación de $120, ya que le iban a comprar un cochecito de $3300 pero, como en su departamento son sólo 10 (y les iba a tocar de más de $300), pues decidieron “repartir” el compromiso a toda la gerencia.

            En primer lugar, este reclamo no es por el monto, porque $120 es nada. Lo que critico es la acción y la gandayez. Si en tu departamento quieren verse bien al darle un regalo caro, ¡perfecto! Coopérense y regálenle lo que les nazca. Si el presente es demasiado alto para sus posibilidades, ¡regálenle algo más barato! El detalle es lo que cuenta, no el monto del mismo.

            No te pongas a repartir responsabilidades en otros departamentos, y es que vienen en comité a cada lugar a preguntarnos si queríamos cooperar de manera “voluntaria”, pero cuando vez que te están comprometiendo y que con cada uno que coopera te están encandilando más, me parece una actitud muy aprovechada.

            Acepto mi parte de cooperar “porque los demás lo hicieron”, en lugar de ponerme al brinco, sobre todo porque A) No tengo hijos y B) Si los llegara a tener no quiero darles una molestia similar a mis compañeros. Me cae muy bien el colega que tuvo su hijo, y la bronca no es con él, sino con los pinches barberos que “muerden más de lo que pueden masticar” y como no pudieron con el paquete, se ponen a repartir para que les toque de a menos.

            Y que conste que tan asquerosos son ellos por pedir la cooperación como lo soy yo al darla, porque fue por compromiso social y por no ser “el ojete que le valió madre que naciera tu hijo”. Y para eso sirve este escrito, para evidenciar el asco de persona que soy por no haberlos dado de corazón, sino por la puta presión social. Y que conste que no soy el único porque, en corto, otro par de personas me compartieron la misma indignación pero también compartieron mi destino al dar la cooperación de manera “voluntaria” (o sea, a huevo).

            En fin, lección para mí, aprender a decir “NO” sin importar quien se ofenda. Mis compañeros creen que ya digo “NO” muy seguido pero este tipo de situaciones me demuestran que aún tengo mucho por trabajar.

            Odio a los Borrachos

            Como soy neurótico y tenía que manejar 200 kilómetros hasta Morelos, además de lavar la ropa entre Sábado y Domingo (de Súper Tazón, por cierto), no me quedó más remedio que levantarme a las 4AM del Sábado para salir a correr, llegar, lavar la primera carga de ropa y vestirme para llegar a tiempo a la Boda de Orvañanos.

            Al pasar detrás de la UDLA, aún me encontré con mucha de la fauna nocturna que acostumbra a tener vida social el Viernes por la noche. Algunos me gritaban, otros me insultaban, otros me aplaudían y hubo quien me mostró su “admiración” con cierto dejo de sarcasmo. No puedo negar que pensé “¿Qué pedo con esta gente?”

            Ya escribí un ensayo completo sobre las razones de mi odio al Alcoholismo, pero no es un tema que me deje de molestar, sobre todo porque estos sujetos necesitan estar borrachos para poder expresar lo que piensan, para sentirse libres y superar sus máscaras.

            Pero también sé que el que me notaran era una muestra de admiración vedada, como le decía una chica borracha a sus amigos, en un puesto de Hot dogs “Miren, nosotros deberíamos andar corriendo como él, en lugar de estar tragando a estas horas”. Tal vez muchos de ellos estuvieran muy felices a esa hora, pero yo también lo estaba, sobre todo por iniciar mi día corriendo, en lugar de terminarlo a esa hora y en ese estado. Ahí recordé por qué le agarre tirria a la vida nocturna: porque siempre lo relacioné con el alcohol.


            En fin, es parte de mis experiencias como corredor, de hecho recordé un poco aquella ocasión en la cual corrí (por accidente) a la 1 AM, hora que tampoco resultó muy humana pero, en dicha ocasión, nadie reparó en mí, a pesar de lo inverosímil de la situación.
            
Recuerdos en caminos morelenses

            Antes de iniciar con propiedad, sólo quiero decir que sólo en México pagas por una autopista de dos carriles (Tepoztlán) y al mismo tiempo se te ofrece la carretera federal a cuatro carriles (por Cuautla). Sólo en México ¬_¬U. Bien dicen que el sentido común es el menos común de los sentidos (hasta aquí la parte agria de esta entrega, ya viene pura miel).

            La semana pasada fui a una Boda a Cuernavaca, tema del cual voy a escribir en el siguiente apartado. Aunque no me gusta ir a eventos sociales, el hecho de manejar a Morelos me trajo un sentimiento especial. ¿Por qué? Por Rumba Mía.

            En mis primeros años en la Academia mi inmersión fue total, así que los acompañé a dos congresos internacionales de Salsa en Acapulco (y hubieran sido tres, pero en mi primer año no me sentía listo).

            Normalmente sólo hubiera manejado por Cuautla, para ahorrarme la “autopista” de Tepoztlán, pero cuando íbamos a Acapulco de ida nos íbamos por Tepoztlán y de regreso por Cuautla, así que respete el itinerario original para revivir más recuerdos.

            Manejar por Cuautla, Tepoztlán o Cuernavaca irremediablemente me trajo esas imágenes de los viajes, de las experiencias, de las risas, de la camaradería y de tanta alegría que tuve en esos dos viajes a Acapulco. Muchos de los que hicimos esas travesías ya no estamos en la Academia pero esas memorias que tenemos en común siempre nos mantendrán vinculados sentimentalmente a una escuela que nos dio mucho a cada uno, sin importar que ya no baile Salsa.


            Por eso mismo ahora estoy muy enfocado en invertir en viajes, al final de todo lo único que se va con nosotros son los recuerdos, cada una de las experiencias que en su oportunidad nos hizo dar gracias de estar ahí en ese preciso momento. Lo único que vale la pena recolectar en nuestro camino son las experiencias que nos hicieron felices o más sabios.

            De entre tantas cosas que le debo de agradecer a mi exhogar Salsero, son tantas felicidades que me dio, mismas que me acompañaran hasta el final de mis días. Por eso mismo recorrí esos caminos con una sonrisa todo el trayecto, es más, hasta breves se me hicieron porque iba recordando tantas cosas buenas que viví a su lado. Seguramente también hubo cosas malas pero ¿les digo algo? Honestamente no me acuerdo de ellas.
           
No me gustan las Bodas pero…

“No me gustan las Bodas”, le dije a Orvañanos en repetidas ocasiones con la esperanza que de “desinvitara” y me ahorrara un evento social, mismos a los que no soy muy afecto, pero mis esfuerzos fueron vanos y Beto logró que fuera a su casamiento, y me alegro que así haya sido.
Con mis colegas de Compras

No sólo no me gustan las Bodas, no me agradan los eventos sociales de cualquier tipo. Por eso mismo programe mi visita para llegar ese mismo día a Cuernavaca y regresarme unas horas después para no llegar muy tarde a casa.

Esta es la segunda Boda en la cual me la paso bien, la otra fue la de mis maestros de Salsa. Supongo que tuvo que ver que no fuera en Puebla, porque el ambiente era muy relajado, muy festivo, muy ameno. Obviamente había mucha gente mamona pero, por el mismo ambiente vacacional de Cuernavaca, siento que las poses no estaban tan marcadas y casi todos estaban auténticamente felices.

La Boda del Sr. Orvañanos con Andrea fue de muy buen gusto en cada detalle, y me hicieron sentir muy confortable, por eso me la pase platicando muy bien con los de mi mesa, en donde las risas abundaron. A pesar de ser una boda muy “nice” no me sentí fuera de lugar en ningún momento.
Pero por supuesto que era Nicholas Cage en la fiesta

No sólo no me sentí asqueado ni ansioso por irme, hasta me quede una hora más a lo planeado, y todo porque encontramos a alguien igualito a Nicholas Cage y con esa tontería nos entretuvimos un muy buen rato.

Supongo que ya no soy un chico tan sencillo y empiezo a encontrarle gusto a cosas refinadas porque, honestamente, no sé si en verdad la boda estuvo tan agradable o, de plano, ya me estoy volviendo más mamón. Aunque ya sé la respuesta, ése es un tema tan amplio que lo abordaré en otro ensayo.

Conviviendo en el Súper Tazón

La gran mayoría de partidos que he visto de la NFL han sido en solitario, así me gusta y me acomoda para expresarme con tranquilidad, y eso incluye a los Súper Tazones. De hecho los acostumbraba a ver a solas por lo nervioso que me pongo, sin importar que mi equipo no ha llegado a dicho partido en tres décadas.

Creo que si vuelven a llegar los Delfines, sin duda lo volveré a ver a solas porque, si en temporada regular me apasiono demasiado, en un partido de campeonato, sin duda alguna, corro el riesgo de morirme de un paro cardiaco.

 Sin embargo, desde hace un lustro, he adquirido la costumbre de verlo acompañado y también es divertido. Sobre todo porque cada año lo veo con gente distinta, a la que admiro y quiero.

Eso sí, como buen mamón que soy, evito a los Neófitos para verlo, porque una cosa es que explique la esencia de dicho deporte en un partido de temporada regular y otra que me interrumpan en el más importante del año.

Este año me la pase en casa de Beto López y su familia, en una tarde que resultó deliciosa en todos los aspectos. Comimos mucho y muy rico, platicamos a gusto y disfrutamos el partido (y más porque ganó la AFC). Por otro lado, también estaba tonteando con mis grupos de Whatssapp a la distancia, así que se me fue volando el tiempo. Me gusta mucho mi espacio personal pero, debo admitir, también hace bien salir a que me dé el sol de vez en cuando, y no sólo a mi piel, sino a mi alma.

Sin duda alguna, el Domingo del Súper Tazón siempre será muy especial para mí.

En esta liga pueden leer la segunda parte de estas vivencias correspondientes a la semana 5. Creo que hay partes más bonitas, por si se animan a leerlo.


Hebert Gutiérrez Morales.

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