jueves, 12 de febrero de 2015

Buffalo y Niagara

            (Si les interesa visitar la maravilla natural que son Las Cataratas del Niágara, pueden encontrar diversos paquetes de actividades en www.visitarniagara.com que una guía 100% en español de este lugar tan bello)

            En Septiembre pasado fuimos a ver, en el estadio Ralph Wilson, el partido entre los Miami Dolphins (mi amado equipo) y los Buffalo Bills (el amado equipo de mi amigo Poncho), además de visitar las mundialmente famosas cataratas del Niágara.

Cronológicamente me tocaría escribir sobre el viaje a Manhattan, que fue antes que el de Buffalo, pero como Nueva York da para una trilogía larga, preferí saltármelo.

De hecho, no iba a escribir sobre esta visita de tres días a esta pequeña ciudad fronteriza y a las famosas cataratas del Niágara. Aunque fue un viaje interesante, iba con incertidumbre y preocupación sobre aspectos sentimentales, que me impidieron enfocarme al máximo y no hice ninguna grabación y/o anotación que me diera luz para hacer un ensayo.

Pero viendo las fotos y recordando cuándo las tomé, me di cuenta que había muchos aspectos rescatables, tal vez no para hacer una trilogía como lo hice en San Francisco o Berlín, pero sí para sacar un ensayo, así que empecemos.

Uniformidad en los Suburbios

Íbamos caminando en busca de un lugar donde comer, y de pronto tuve una sensación de Deja Vú “Ya he estado aquí” fue lo que pensé, hecho que era imposible, porque era mi primera vez en dicho lugar. ¿De dónde venía dicha impresión? De lo similares que son los suburbios en Estados Unidos

Esas grandes calles, grandes estacionamientos, plazas enormes, pequeñas islas de negocios, rodeado de árboles, y justo dando la vuelta empiezan las zonas habitadas. El mismo diseño, la misma distribución, los mismos negocios, todo, absolutamente TODO, es igual en los suburbios de Miami, Orlando, Las Vegas y Buffalo. No puedo decir los mismos de San Francisco, Chicago o Nueva York, en primera porque son urbes enormes con una personalidad muy propia en las que, además, nunca visite las zonas conurbadas, aunque no dudo que sean muy parecidas.

Ahora que lo pienso, el mismo efecto me pasó en Alemania, sobre todo en el primer viaje, en donde iba a poblaciones distintas pero en las zonas más tranquilas, menos comerciales o turísticas, el paisaje era muy parecido. Ya ni menciono México, como lo comente en los escritos de Chiapas, fuera de las zonas turísticas, comerciales o céntricas, las poblaciones presentan una estética muy similar al resto del país.
A bordo del Maid of the Mist

Es interesante constatar cómo la cultura permea hasta en la forma en que están estructuradas las poblaciones.

            Transporte público en ciudad pequeña

            Como mencioné en los casos de Berlín y San Francisco, así como lo haré en los de Nueva York y Chicago cuando los publique, el transporte público en las grandes urbes del primer mundo es simplemente genial, con una puntualidad inmejorable a un costo barato y de manera segura y eficiente.

            Teniendo eso en mente, me rehusaba a rentar coche, Poncho me preguntaba si teníamos que rentarlo y, neciamente, le contestaba “No es necesario Ponchorris, créeme que podemos llegar a cualquier lado en el transporte público”. Sin embargo, mis investigaciones previas en la red no me indicaban eso, en cualquier lado que consultaba me recomendaban rentar coche “No es posible” pensó el dogmático de mí “El transporte público en el primer mundo es una maravilla” me seguía repitiendo.
Bañado por las cataratas

            Efectivamente, el transporte público del primer mundo es una maravilla . . . en las ciudades grandes. Buffalo es pequeño, con pocas rutas de camión que pasan muy espaciadas, por lo que nos vimos obligados a rentar un auto para movernos (mi necedad no costó una renta más cara de la que hubiéramos conseguido en Internet – Perdón Ponchorris -_-U)

            Buffalo: Ciudad Austera

            Este fue mi primer viaje al Gabacho en el que no visite una ciudad popular, al contrario, la gente me decía cuando se enteraba “¿A qué demonios vas a Buffalo?” es más, muchos ni sabían que estaba en el Estado de Nueva York.

            Me gustó ver un Estados Unidos diferente, no tan “fancy”, más terrenal, más verdadero. Obvio me gustan las grandes ciudades con mucha producción, pero el ver una austera también tiene su encanto cultural, sobre todo cuando estaba acostumbrado a ver la parte atractiva de los gabachos.

No conocí toda la ciudad que, seguramente, tiene sus atractivos turísticos pero, de lo poco que pude ver, Buffalo me pareció una ciudad sencilla (tirándole a pobre). Las casas, los autos y hasta los centros comerciales no mostraban esa estética que he visto en otros lugares en nuestro vecino norteño. Lo poco que vi se veía austero, limpio, pero no con mucha producción, mantenimiento o embellecimiento.

Este fenómeno también lo vi en el estadio, sobre todo en los jerseys viejos de los aficionados a los Bills, y muchos no eran por Vintage, porque ya se veían desgastados por tantos años de uso. Además no eran de jugadores leyendas, este detalle me indicó que tenían el jersey por necesidad, no por fanatismo a un jugador que pasó con más pena que gloria por su equipo.

Otro detalle fue que mis guantes llamaban mucho la atención (aunque eran de los Delfines), de hecho e preguntaban en dónde me los había comprado. Esto me resultó bastante curioso: la NFL es la liga gringa por excelencia y me pareció increíble que no hubieran unos guantes así de los Bills en su ciudad (y de hecho no los vi). Tal vez por ser una ciudad lejana, pero me parecía inconcebible haber comprado mis guantes en México y que en una ciudad NFL no hubiera dicha mercancía.
En el Hurricane del Cave of the Winds

Gente decente y amable

            Tal vez la mayor sorpresa que me lleve en Buffalo fue la amabilidad de su gente, en verdad remarcable. Ésa es la contraparte contra las ciudades grandes: al ser un pueblo chiquito, la gente tiende a ser más cálida y receptiva.

Seguramente porque no hay mucho turismo (los que van a las Cataratas se van directo a Niagara o al lado Canadiense). Por lo mismo no hay muchos latinos, y es que nos trataron excepcionalmente bien, cada vez que se enteraban que éramos mexicanos, se volvían aún más amigables. Ciertamente, no vimos más latinos en la ciudad, sólo en las Cataratas.

De hecho fue aún más remarcable el fenómeno con mi persona (moreno y con pelo chino) que con Ponchorris (que parece gringo), porque la gente interactuaba más conmigo (a pesar de llevar el jersey de los Dolphins) que con mi amigo (a pesar que vestía el de los Bills). Supongo que para ellos era una novedad ver a alguien como yo. El caso es que estas personas estaban más dispuestos a hablar, al ser pequeño Buffalo, no están tan “apurados” o “estresados” como en ciudades grandes.
En el Estadio Ralph Wilson

Afición leal

A diferencia de Miami o Chicago, en donde la afición es muy “villamelona” y sólo apoyan al equipo cuando va bien y le da la espalda cuando va mal, la afición de Buffalo es leal como pocas. Obvio también tiene que ver que sea un mercado chico y que no tengan exceso de equipos como en otros lados (sólo tienen equipos de NHL y NFL), pero la gente en verdad quiere a sus Bills.

Aunque eran mis rivales, en verdad sentí toda la pasión que ponían en cada grito, en cada aplauso, en cada expresión. La sensación en el estadio fue algo que pocas veces he vivido en un evento deportivo, porque la gente apoya a su equipo siempre.

Al final del encuentro, mismo que ganó el local, estábamos sacándonos unas fotos, cuando se me acercó alguien del Staff del estadio y amablemente me pregunto por mi experiencia en el mismo. Obviamente no estaba feliz con el resultado pero, con este tipo de detalles, gente interesada en cómo te la habías pasado, hicieron que mi opinión de la gente de Buffalo fuera valorándose aún más.
 
En el Cave of the Winds
Las Cataratas

Aunque fui por el partido de americano, sin duda alguna, lo que más valió la pena del viaje fue la visita a las mundialmente famosas cataratas del Niagara. Un lugar con una belleza natural impresionante.

Se dice que la mejor vista está del lado canadiense, pero nos dolió el codo pagar una visa para sólo pasar unas cuantas horas. Sin embargo, eso no afectó nuestra visita, porque del lado gabacho también te diviertes bastante y las vistas también son muy bonitas.

Nos subimos al “Maid of the Mist”, un barco que te lleva frente a las cataratas. Aunque fuimos en Lunes, había una cantidad grande de turistas, sobre todo asiáticos. Así que el aperre para las fotos estuvo bueno, más considerando lo poco educados que se mostraban tanto chinos como hindúes al comportarse muy egoístas, poco conscientes de su alrededor y con nulo sentido común para comportarse con civilidad.
Junto a las Cataratas Americanas

Se critican muchas actitudes racistas del primer mundo contra algunos extranjeros, pero al ver que, tanto chinos como hindúes, eran muy maleducados o imprudentes, se metían en las colas, no te decían “perdón” ni “con permiso”, te pedían cosas sin decir “por favor”, y demás actitudes descorteses, uno puede entender por qué no son tan populares, no sólo a nivel Gabacholandia, sino a nivel mundial.

Bajando del Barco, fuimos junto a las “Cataratas Americanas”, lo cual resultó muy divertido, porque había un mirador al lado y sentías todo el rocío empapándote, además de que se veían unos arcoíris locales que adornaban chido las fotos.

Después fuimos a la Isla de la Cabra en donde me interesaba mucho tomarme una foto en el monumento a Nikola Tesla que, para mi decepción, era prácticamente ignorado por los visitantes. Esperaba tener que aperrarme para sacar la foto pero no fue necesario ya que a nadie más le interesaba la estatua del inventor serbio. Es una pena que una mente tan brillante y adelantado a su época tenga tan poco reconocimiento popular, tanto que hasta murió en la miseria y endeudado, mientras que todos los aplausos se los llevaba Edison, pero en fin, ya me desvié del tema.
Junto al buen Nikola Tesla

De ahí bajamos al “Cave of the Winds”, un trayecto debajo de la cascada “Velo de Novia”. Uno podrá decir “¿Qué de maravilloso puede tener pasar frente a una cascada?” Y es verdad, de entrada suena como nada del otro mundo pero, estando ahí abajo, la diversión es enorme para una actividad tan “simple”. Mi teoría es que el contacto con la naturaleza de inmediato nos pone de buen humor, sobre todo cuando es una expresión tan potente y revitalizante como que te caiga el agua de una catarata a tus espaldas.

Bendito Whatssapp

En San Francisco Augusto me odio por utilizarlo, en Nueva York vi que Luis dependía más que yo de él. En Buffalo, el Whatssapp ayudó a la convivencia sana entre Poncho y yo. A veces yo puedo sacarlo de quicio, a veces él me saca a mí. Por eso, en las noches, era una bendición el Wi-Fi del Hotel, porque nos desconectábamos y podíamos reportar lo vivido a nuestros seres queridos en México.

Decía Mark Twain que un viaje de una semana era la prueba determinante para saber si quieres u odias a alguien. Por fortuna ahora existe el Whatssapp y nos da el chance de darnos un break mutuo y mantener sana la relación. Sé que esto que escribí debería darme pena por la idiotización a las que nos sometemos con estos artificios tecnológicos pero, en ocasiones, son necesarios para no matarnos mutuamente.
Demasiada comida

Gringadas

Con el paso de las visitas a Estados Unidos, en total ya llevó 8 en cuatro años, no puedo negar que cada vez le voy encontrando más agrado al visitarlos (de lo contrario no lo haría tan seguido), sin embargo, sigue habiendo aspectos que me siguen resaltando, sin importar las veces que los visite (y me alegro de aún no acostumbrarme a u manera de ver la vida).

Miren que se los dice un tragón de abolengo, pero la comida en Gabacholandia es abundante con ganas. De hecho en nuestro primer día, no pude acabarme mi plato, algo inusitado en mi existencia, porque era enorme, una auténtica obscenidad. Me alegra ver que aún hay culturas en las que mi manera de comer sería considerada “mesurada” aunque, pensándolo bien, creo que no me debería alegrar eso ¬_¬U.

El lugar en donde nos sirvieron dichos platillos fue un bar de alitas clásico de por allá. Establecimientos que ves en las películas y, cuando finalmente entras a uno real, el sentimiento es especial, sin tener que ser un lugar famoso pero, como ese estereotipo te lo están enjarete y enjarete en películas, programas, vídeos y demás, entrar a un lugar de esos no deja de ser significativo.

Otro Restaurante muy gringo, pero de otro estilo, fue “Friendly’s”. Un lugarcito cercano a nuestro hotel, del estilo que podías ver en la tiras de “Archie” o en “Back to the Future I”. Tanto la comida, el trato, el ambiente y hasta el precio del lugar me encantaron, fue una lástima que sólo comiéramos ahí en una sola ocasión.
 
En el Liberty Park
Finalmente, la gringada máxima la vimos en el “Parque de la libertad” o “Liberty Park”. Un pequeño Parque hecho para reconocer los triunfos bélicos y morales de los gabachos, como sus victorias en las guerras mundiales, en el medio oriente o como se sobrepusieron al golpe del 11 de Septiembre (algún día escribiré de este último tema en particular). Algo que corroboro en cada visita a un estadio de la NFL, y que también vi en este parquecito, es que los gabachos idolatran a sus fuerzas armadas con una devoción impresionante.

Conclusión

Las Cataratas del Niágara es un lugar que sin duda vale la pena conocer, y para ello no deben conocer Buffalo. Sin embargo, aunque fueron pocos días de estancia, vale la pena experimentar la amabilidad y calidez de esta gente.


Hebert Gutiérrez Morales.

1 comentario:

Tamara G Rubio dijo...

Me encanto el ensayo… creo que te platique que vivimos en Detroit algún tiempo. No visitamos Buffalo porque entramos por el lado canadiense y fuimos a visitar Toronto primero.

Me hiciste recordar todos esos viajes que hicimos, gracias!

Un abrazo Hebert!

Tamara G Rubio