viernes, 27 de febrero de 2015

Rocky

            (Si quieren leer sobre el Soundtrack de esta película, pinche aquí)

            1976 fue un año memorable para la historia de la humanidad, no sólo por los juegos olímpicos de Montreal, la creación de la banda Irlandesa U2 o porque nací yo, también salió una de las mejores películas (en mi opinión) de la historia: Rocky.

            Es increíble cómo el inconsciente colectivo nos hace ver algunos hechos como improbables, a pesar de que los registros históricos los corroboren con evidencias. Cuando expreso que “Rocky” es una de las mejores filmaciones que he visto, las miradas de extrañeza son casi automáticas y, de alguna manera, no las culpo.

            Para la mayoría de personas, al escuchar “Rocky” les viene a la mente escenas de la tercera y cuarta entrega, peleando contra Mister T o Iván Drago. Además, al ser Stallone, también les viene a la mente Rambo, Cobra, Halcón o, más reciente, Los Indestructibles o demás personajes rudos de filmes con abundancia de violencia.

De hecho la gente cree que miento cuando les digo que “Rocky” ganó el Óscar a la mejor película de 1976: “¿Cómo un filme de Stallone va a ganar el Óscar?”, y ya ni les comentó que también estuvo nominado a mejor actor, aunque no ganó. A veces me pregunto ¿Cómo habría sido su carrera si hubiera ganado ese premio a mejor actor? :-O Seguramente no estaría grabando comerciales para Tecate ¬_¬.

            Tampoco puedo culpar a esas personas porque, de niño, me encantaban ese tipo de filmes y, en el caso de Rocky, la tercera y cuarta entrega eran mis favoritas, porque tenían más acción, más golpes, más peleas y eran más emocionantes. Cuando llegue a ver “Rocky II” me pareció aburrida. Lo increíble es que “Rocky I”, me resultaba, en definitiva, “la película más aburrida de la historia si le quitabas la pelea final” (obviamente desde la perspectiva de un chamaco ignorante que aún no tenía una profundidad desarrollada al momento de degustarlas obras). Y sin embargo, había algo en ella que me hacía seguir viéndola.

            Como escribí en “La edad a través de la música”, el tiempo me ha hecho un poquito menos ignorante, a percibir las cosas desde otra perspectiva, darles otras lecturas y otorgarle valor a aspectos más profundos. Así que me fui dando cuenta que “Rocky III” y “Rocky IV” eran las auténticas porquerías, “Rocky II” fue el inicio de la prostitución, pero aún se salvaba y “Rocky V” fue un intento vano por devolverle algo de dignidad y credibilidad a la saga, cosa que no se logró hasta la última entrega.

            En uno de mis primeros ensayos (el sexto, para ser exactos) escribí brevemente sobre “Rocky Balboa” (sexta entrega de la serie), alabándola por ser un excelente cierre para dicho personaje y por devolverle algo de dignidad tras ser prostituido en las partes anteriores.

            En ese mismo ensayo mencionaba que algún día iba a escribir sobre la cinta original. Pasaban los escritos y, aunque era un ensayo que siempre tuve en mente, sobre todo cuando salgo a correr de madrugada, simplemente no se daba el momento. Así que Cinemex me dio una ayudadita, ya que está pasando películas clásicas ganadoras del Óscar. Me brillaron los ojitos “¡Rocky en pantalla grande!” es un sueño que jamás creí ver cumplido.

Ahora, cuatro años y unos cientos de ensayos después, cumplo ese compromiso al rendirle homenaje a uno de mis grandes héroes cinematográficos, el Semental Italiano, también conocido como Rocky Balboa.


Al ver la pelea inicial con Spider Rico, vemos a un Rocky marrullero y que, lo suyo lo suyo, no es el box. Se ve que es un buscapleitos, pero no se le ve madera de pugilista.

Siendo claros, Rocky era un perdedor con P mayúscula. Sin futuro ni talento, el tipo que es querido por el barrio pero por el que nadie haría algo relevante, porque no lo respetan. La misma Adrian, lo percibía, por eso no le hacía caso.

El buen Rocky intenta ser un buen tipo, pero no tiene gracia, ni carisma pero hay que reconocerle algo: lo intenta. Se sabe lento, que no tiene la más agradable de las personalidades, pero no se rinde. No tiene las mejores cartas, pero no por ello lo deja de intentar. No estoy diciendo que estuviera jugando bien con lo que le tocó, sólo digo que intentó hacer lo mejor que pudo, lo que le alcanzaba con su cabeza no tan brillante.

Pero esa misma cabeza “poco” brillante fue la que le abrió las puertas al darle un apodo llamativo “El semental italiano”, mote que le valió un boleto hacia el destino, el nombre que conquistó a Apollo Creed.

Uno de los grandes aciertos del argumento es que no tratan de darte gato por liebre, y te dicen las cosas como son: Cuando se le ofrece la oportunidad a “Rocky” de inmediato surge el famoso “American Dream” y lo dicen de manera tan desfachatada que ni molesto te sientes.

Esa misma honestidad se vería en dos detalles más adelante en la pelea estelar: con el error en los calzoncillos de Rocky en el poster promocional, o en la bata demasiado grande de Balboa. Ambos errores en verdad pasaron a la hora de realizar el filme, pero Stallone tuvo la suficiente creatividad para incorporarlos al argumento y hacer la travesía de Rocky aún más creíble con esas vicisitudes.

Muchos dicen que la actuación de Stallone no es tal, porque simplemente la estuvo haciendo de él mismo, sin embargo, ser tú mismo al momento de rodar una historia, también tiene su mérito, en especial cuando no eres el mejor actor, tus tablas frente a la cámara son pocas y estás ante tu primera, y tal vez única, oportunidad de sobresalir.

Paulie es un personaje que siempre le ha dado credibilidad a esta saga ¿por qué? Precisamente por el pelmazo que es, por lo imbécil que resulta, por el sujeto tan patético y despreciable que no puede evitar ser. Siempre hay (por lo menos) uno en cada familia y precisamente por ello, por molesto y ordinario, es que no se les ve incluidos en los argumentos de manera cotidiana, ya que siempre incomodará su presencia al público, sin duda recordándoles a su propio “Paulie” en casa.

Adrian es otra que no deja de ser ordinaria, es linda pero no una belleza despampanante, lo que la hace perfecta como la pareja de un boxeador fracasado. Como dijo Rocky en su primera cita “Una tímida saliendo con un bobo”. Dentro de sus imperfecciones son la pareja ideal. Y no por lo que es en ese momento Adrian, sino por lo que Balboa sintió que iba a ser. Dentro de su “estupidez” y simpleza, vio más allá y percibió todo el potencial de Adrian, y no se dejó desanimar por esa máscara de seriedad e indiferencia, por eso siguió insistiendo. Además también sabía, a un nivel inconsciente, que ambos se complementaban en sus carencias y, al relacionarse, iba a dar esa unión en donde 1+1 iba a dar mucho más de dos.

Paulie será un idiota de primera pero, sin él, la relación de Balboa y su hermana jamás hubiera fructificado. De no ser un verdadero zoquete en el día de Acción de Gracias, Adrian no se hubiera animado a salir con Rocky, aunque haya sido con el afán de huir de su hermano. Sin esa primera cita forzada, la relación nunca hubiera existido. Así que Rocky tiene mucho que agradecerle a su cuñado, por más imbécil que sea.

La escena en que Rocky la invita a pasar a su departamento es muy bonita y tierna, sobre todo con el toque de la música de fondo, que refleja muy bien lo que sentía Adrian por dentro. Balboa demuestra su lado juguetón y bonachón, no dándole muchos chances a su amada para negarse. Al final accede porque percibe que, por más rudo que se vea, Rocky tiene un alma leal, con un buen corazón y esencia de caballero, aunque tenga la apariencia de un vago y mal viviente.

Desde que empieza la historia, Mickey no es precisamente el más entrañable, y me cayó peor cuando fue a buscar a Rocky. En su momento no lo había apoyado en su carrera pugilística pero, en cuanto se entera que tiene un chance contra el campeón mundial, va convenencieramente a ofrecer su ayuda. Por lo que tiene bien merecido el rechazo que recibió con tanta ira.

Pero también se puede leer de otra manera. El viejo sabía su pecado, que no lo fue del todo, porque Balboa tampoco había hecho mucho por sí mismo al desperdiciar su talento y no enfocarse. Aun así, Mickey conocía su culpa y, a pesar de ser un tipo duro, se tragó su orgullo y fue, con el rabo entre las patas, a ver a Rocky. ¿Por qué? A un nivel, claro que fue por él mismo, por un chance de lograr fama y que el mundo conociera su trabajo pero, al mismo tiempo, para también darle una oportunidad más digna a su pupilo, para que no hiciera el ridículo y fuera competitivo.

Me conmovió cuando le dice “Ya tengo 76 años” para justificarse de por qué nunca le había ayudado al joven Balboa, como diciendo “He tenido una vida dura, no sé cómo ser bondadoso, pero aquí estoy de manera humilde, no me pidas que actúe como alguien que no soy”.

Rocky, sin duda alguna, tenía derecho a gritarle todo lo que le echó en cara, en reprocharle la falta de apoyo, las humillaciones y el maltrato. Pero, aunque Balboa sea lento, no es estúpido, y también entiende que necesita alguien que lo guie y le dé una mejor oportunidad.

A pesar de haber sacado todo su dolor y furia, con justa razón, sobre el anciano, al final hace a un lado a su ego y sale corriendo tras de él, en una escena muy tierna. El joven impetuoso alcanzando al viejo cansado, uno que con cada paso que daba iba viendo como su última oportunidad de trascender, aunque sea como coach, se va perdiendo. Rocky llega y, dentro de su estilo tosco, hace las paces con Mickey para acordar que sea su manager.

Esta escena en la calle es maravillosa porque, a pesar de que carece de diálogos, es muy elocuente con el lenguaje corporal y toda la intención que cada cual le imprime al momento. Y eso es delicioso, porque te dan la oportunidad de delinear el diálogo a tu estilo, al final ya sabes el resultado que obtienes de un instante tan tierno sin palabra de por medio.

Algo que me fascina del argumento es que, propiamente, no hay personajes “malos”, a lo más los hay reales. Alguien secundario del  que me encantan sus intervenciones es Tony Gazzo, jefe de Rocky mismo que, aunque es un prestamista y un semigangster, siempre anda cuidando y procurando a Balboa porque, hasta cuando lo regaña, es condescendiente con él. Aunque “sólo” sea dinero, el detalle de darle $50 dólares para su primera cita con Adrián o darle $500 para su entrenamiento, son muestras de cariño, tal vez no muy idílicas, pero muy útiles, incluso cuando le quita el cigarro “porque está en entrenamiento” es algo no muy llamativo, pero también demuestra que le preocupa. Es la manera en que Gazzo demuestra su amor y, algo que me queda claro, es el cariño que siempre expresó por Rocky, mismo que se ve cuando está en ringside gritándole en la pelea “¡Vamos Rock!”

La crudeza, la soledad, la intimidad mostradas cuando Balboa se levanta a las 4AM a iniciar su entrenamiento, mientras escucha el radio al mismo tiempo que se traga varios huevos crudos. Ese momento siempre me ha impactado desde la primera vez que lo vi. Sientes su soledad, desde que se levanta hasta que inicia su trayecto. Es una escena tan triste como motivadora que nos muestra a un boxeador mediocre que está solo pero, al mismo tiempo, con la esperanza de alcanzar la grandeza.

Por cierto, el detalle de Butkus es muy bello, #1 porque Adrian se lo regala para que corra con él; #2 en la realidad, era el perro de Stallone, mismo que tuvo que vender para financiar parte de la película, y después volvió por él; #3 Butkus no tuvo que actuar, siempre mostraba el amor y cariño por su dueño en cada escena que compartían (y hasta su canción en el Soundtrack tuvo el buen can).

El entrenamiento de Rocky es simplemente inspirador, y te deja detalles que te demuestran la dificultad del mismo. Porque se ve muy bonito andar corriendo por la calle con Butkus y que la gente te muestre su apoyo (escenas muy padres que te sacan una sonrisa). Pero no es fácil levantarte en una madrugada fría, aún con sueño y echarte huevos crudos en ayunas para iniciar el trayecto corriendo.

Me gustó mucho que se demuestra la dificultad en los primeros días, subiendo con trabajosamente las escaleras del Museo de Arte de Filadelfia, incluso con mal del caballo. Esa escena es más valiosa que la mítica en donde sube el mismo tramo con toda la vitalidad y optimismo ¿por qué? Te muestran una realidad: te va a costar trabajo, que no todo es miel sobre hojuelas solo porque te has decidido a cambiar. El primer paso de un largo proceso es tan importante, o a veces más, que el que culmina el mismo.

Sin embargo, y como también comenté en el ensayo dedicado a la banda sonora, esa escena de un Rocky motivado subiendo los escalones del Museo de Arte, es mítica y la traigo en el inconsciente desde la primera vez que la vi. Aunque empecé a correr en edad adulta, creo que Rocky fue mi primera motivación para correr (junto con mi papá Antonio), porque quería ser como mi héroe y, cada vez que subo corriendo los escalones de la pirámide de Cholula, sólo por esos segundos, soy como él, y me siento igual de fuerte e impetuoso, y eso nadie me lo puede quitar.

La evolución de la pareja protagonista es palpable conforme va avanzando la historia. Una se hace más confiada y fuerte, mientras el otro se hace más humano y sensible, menos necesidad de mascara ruda, encontrando más delicadeza en su ser. Prueba de ello es la humildad que demuestra Rocky después de haberla lastimado cuando rechazo sus cariños. Ese momento cuando va a la cocina a ofrecerle disculpas también es muy conmovedor.

Cuando Rocky visita el Spectrum una noche antes del combate es significativo. El diálogo que tiene con Jergens es vil “Small Talk” pero esconde mucho detrás, y es que el retador sigue sin creérsela, sigue siendo el vago que cobra deudas de Tony Gazzo, pero está ahí, es su momento y, aunque no sea parte de su esencia tranquila, sabe que debe aprovecharlo con sangre y fuego porque tal vez sea la oportunidad más relevante de su existencia.

Las dudas de Rocky son muy honestas. ¿Qué ha hecho él, un pobre perdedor, para merecer tan grandioso chance? Aunque no lo diga de manera abierta, tiene miedo, pero su necesidad de trascender es mayor. No pretende ganar, sólo quiere ser un contendiente digno y durar los 15 asaltos, algo que nunca nadie había logrado contra Apollo. No quiere ser campeón, sólo quiere demostrar que no es un vago inútil, porque en él hay algo valioso.

La pelea es una coreografía boxística tremendamente épica, imposible no sentirte emocionado con ella. Stallone la diseñó tan emotiva, tan real, tan espectacular, tan fresca y tan legendaria que sólo te queda gritar “¡Vamos Rocky!” Además está llena de momentos memorables, como cuando tumba a Creed en el primer asalto y nadie se la cree, mientras en el bar que frecuenta Rocky todos enloquecen.


En el episodio 14, Balboa está siendo cocido a golpes “No sé cómo demonios se mantiene de pie” dice el narrador y, finalmente, es tumbado por Apollo, ante la mirada dolorosa de una angustiada Adrian. Con más corazón que otra cosa, se levanta a pesar de que Mickey le pide que se quede abajo, pero el guerrero se levanta, ante la incredulidad de los narradores y del propio Creed, mientras los gritos de “¡Rocky! ¡Rocky! ¡Rocky!” se dejan escuchar en todo el Spectrum (lo cual te enchina la piel). Balboa ni si quiera puede ponerse en guardia, pero eso no es impedimento para que le rompa las costillas a Apollo con unos poderosos golpes.

En la esquina retadora también se viven momentos emotivos, como cuando le rompen la nariz a Rocky, que era su orgullo por permanecer intacta y le pregunta a Mickey “¿Cómo se ve?” a lo que el anciano responde “Es una mejora”. También cuando le pide a Mike que le corte el párpado, porque ya no puede ver (recuerdo que esa escena desde niño siempre me impactó). O, al iniciar el período final, la confianza que le da el propio Mike, el utilero, al desgañitarse con tal de infundirle valor a Rocky: “Al cuerpo ¡pégale al cuerpo! ¿Me oyes?”

El Round 15 es un batalla única por sí misma, el pináculo de una guerra entre dos gladiadores que lo han dado todo y que, aunque ya no pueden ni con su alma, siguen brindándose en cada jab, en cada gancho, en cada saeta que sale disparada mediante sus guantes ¡Y suena la campana! Y aprovechan para indicar que no va a haber revancha alguna, en una muestra de respeto mutuo por el combate histórico que acaban de brindar.

Todo termina con un Rocky buscando a su amada, uno al que no le interesa el resultado del combate (derrota por decisión divida), ni la atención de la prensa, de los aficionados o de nadie más, él sólo quiere ver a Adrian, y lo grita cual niño pequeño buscando a su madre: “¡ADRIAN!” grita sin cesar. Mientras ella se abre paso a través de la muchedumbre.

Al final Paulie sirve de algo y le permite a su hermana reunirse con su amado y fundirse en un abrazo de lo más lindo mientras se dicen mutuamente “¡Te amo!”, no sin antes Rocky preguntar de manera ingenua, juguetona e inoportuna “¿Dónde está tu bonito sombrero?”

El año pasado, en Nueva York, de todo lo que compré, nada resultó más valioso que dos objetos: una playera de Rocky mostrándose triunfante, con una estética muy ad hoc a la época y al ambiente de la película. La otra compra fabulosa fue mi afiche original del filme, mismo que quiero remarcar y ponerlo en mi sala. Lo único malo es que no pude ir a ver la obra de Teatro de Rocky en Broadway :’-(

Rocky es una leyenda de nuestros tiempos, un héroe mítico surgido de la inspiración de un actor mediocre pero que tuvo suficiente imaginación y perseverancia para promover su sueño y no ceder a la exigencia que tenía que llevar el rol principal ¿Se imaginan a Rocky interpretado por Burt Reynolds? Yo tampoco, pero ésa era la idea de los estudios ¿Cómo iban a poner a un Don Nadie interpretando a un Don Nadie? Pero Stallone era el tipo indicado, porque sabía el sentimiento exacto de ser Rocky, porque el guion lo escribió pensando en él mismo.

El final era el ideal, no era creíble una victoria de Balboa, eso hubiera abaratado mucho la historia, se hubiera acorrientado. Además Rocky ya había ganado con la demostración de fortaleza, valor, grandeza y personalidad que dejó en el ring.

Siendo honestos es una película sencilla, sin gran complicación. Pones a un héroe improbable con una oportunidad inmejorable para lograr el mentado “American Dream”. Si la hubiera visto a mi edad actual, sin duda alguna, la hubiera calificado como “gringada”, me hubiera gustado pero no la tendría en el pedestal de película épica, porque hubiera sido más crítico.

Cuando la vi por primera vez, a una edad más ingenua, no sabía qué chingados era el mentado “American Dream” y no sabía darle otras lecturas. Con los años capté esa personalidad muy propia, con esa estética clásica de los 70, con el toque exacto en la fotografía que te transmite todo el tiempo la sensación de nostalgia, en donde puedes ver la miseria de las calles y sus personajes pero, al mismo tiempo, también captas la limpieza de sus almas y esa esperanza que aún no han perdido.

Rocky es la esencia de los 70’s. Desde la estética, el sentimiento, la vibra y cada aspecto que se refleja en la pantalla son totalmente del estilo setentero. Para mí, los 70’s fueron una década deprimida, en una especie de cruda por todo el “amor y paz” de los 60’s, vino esa resaca de realidad, en donde la gente se dio cuenta que no todo era “peace and love” pero, muy en su interior, aún querían creer en algo.

Muchos tirarán mi teoría de década deprimida con la música disco pero, al contrario, esta misma música tan superficial y animada es reflejo de esa depresión a la cual hago referencia, en donde no querían letras profundas que los hicieran pensar más, sólo querían animarse un poco “porque sí” y olvidarse de la realidad gris.

Estamos hablando que, aunque los personajes fuman, toman y dicen groserías, no captas algo malicioso en el filme, es como un cuento de hadas para adultos con un final que, aunque no es el clásico de los cuentos infantiles, no deja de ser feliz y esperanzador.

Si “Rocky” fuera estrenada hoy en día (casi cuatro décadas después), no creo que tuviera el mismo éxito, y no por la película en sí, sino porque el mundo se ha vuelto más cínico, así como más maleado y, al mismo tiempo, también se ha vuelto más hueco.

Este filme, a primera vista, no tendrá nada de excepcional, sin embargo, te acaba conquistando por esa magia heroica que tiene, o por lo menos nos conquistó a los de generaciones anteriores. Es una filmación con pocos momentos espectaculares, poco llamativa y hasta aburrida para el ritmo frenético de la actualidad, pero eso me encanta de “Rocky”: que tiene muy presente la esencia de los 70’s y resulta tanto refrescante como nostálgica por ese toque tan propio de la época.

Tal vez Stallone no haya tenido una carrera ejemplar y respetable, podrá hacer películas olvidables, sacar “Rocky IX” o hacer comerciales de cerveza en los que no se le entiende nada. Para mi fortuna, la primera entrega de “Rocky” es inmortal y, sin importar lo que su creador haga, es una historia que mantendrá su carisma y relevancia.

Los héroes míticos no sólo son los griegos o romanos, tampoco es necesario salvar a la humanidad para recibir dicho reconocimiento. Es aquel que vence sus miedos y limitaciones para mostrar parte de su brillo, para darle a la gente algo con qué motivarse y que aprendan a creer en ellos mismos.

Es alguien que motiva a un chiquillo regordete a correr, a ser mejor individuo, a no rendirse y a sentirse emocionado por poseer una edición de lujo de una película, una playera o un poster con su héroe; mismo chico que creció, pero que no lo olvidó y que le rinde un homenaje intentando pagar un poco todo la inspiración que le ha dado a lo largo de su vida.

¡Gracias Rocky! :’-)


Hebert Gutiérrez Morales.

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