sábado, 11 de abril de 2015

Después de la tormenta

            Viernes 15 de Febrero del 2013. Llego a la oficina y lo primero que hago es ver a Lesly, mi mejor amiga, para contarle de la noche anterior “Me divertí mucho en clase de baile, la maestra es excelente, te enseña maravilloso, baila precioso, tiene una voz prodigiosa además de bonita sonrisa . . . bla bla bla . . . Nadia esto . . . bla bla bla . . . Nadia lo otro . . . bla bla bla”

            Mi intención en ese momento era contarle a Lesly que me la había pasado bien en clase de Salsa pero, sin querer, le conté más de la instructora que del evento en sí. Con lo obvio que fui, lo observadora que es mi amiga, y con la confianza que nos tenemos, me soltó a rajatabla: “Hebert, ¿es mi imaginación? o ¿Estás enamorado?”

            Su pregunta me tomó por sorpresa, obvio sabía que estaba enamorado, lo estuve desde el primer momento que vi a tan maravillosa mujer, sólo que todavía no lo hacía consciente (o por pudor no podía responder con honestidad) así que en ese momento le contesté a Les con un “No lo sé”, pero mi amiga y yo sabíamos de antemano la respuesta, misma que admití días después.

            Este episodio lo tenía bloqueado por alguna causa pero, el Martes pasado, Lesly me lo recordó porque ahora he estado socializando con más mujeres, con algunas sólo como, platico y echó el café, a otras las acompaño a eventos sociales o a conciertos, pero hay una niña (lo es para mí porque tiene casi 25 años) que es con la que más convivo.

            “Es que ahora las ves más reales, desde un sitio más terrenal” me dice Lesly “no es una Diosa inalcanzable, como lo fue Nadia desde un inicio” me complementa para aclararme por qué puedo actuar tan natural con estas féminas, sin perder la cabeza.

            Es verdad, desde un inicio estuve en desventaja con Nadia, desde que entró en mi vida, la puse en un pedestal inalcanzable, y es que la percibí tan perfecta, tan hermosa, tan inigualable que ¿Cómo demonios podía yo siquiera imaginar que tan hermosa Diva pudiera hacerle caso a un simple mortal? Era algo ilógico y, a pesar de ello, me atreví a invadir el Olimpo con la esperanza de raptar el corazón de tan idílica Diosa: mi Musa.

            Haciendo memoria de todo lo que pasó estoy muy enojado, furioso de hecho, conmigo mismo (con ella jamás podría estar enojado). He echado a perder todas mis potenciales relaciones con mujeres muy valiosas, y podía perdonármelas todas (inclusive Harumi), si se hubiera dado con Nadia, nada de aquello hubiera importado y sólo habrían sido anécdotas en el camino hacia mi verdadero amor.

            “¿Por qué te odias tanto Hebert? ¿Por qué nunca quisiste estar realmente con ella? ¿Por qué siempre te metiste el pie? En verdad no entiendo y me preocupa tu actitud” Es lo que me digo y es que, siendo objetivos, siempre me estuve boicoteando para que la relación no se diera.

            Actualmente hago mi rutina diaria de manera normal, de hecho he retomado el gusto por vivir nuevamente, llegando a ser feliz de manera constante. Pero, algunas veces durante el día, me acuerdo de ella, y mis reacciones son diversas: puede que me deprima un momento y saque algunas lágrimas por algún recuerdo, puede que me ponga reflexivo y entienda más razones del por qué no se dio la relación o a veces hasta me rio por los regalos que me dejó sin querer.

¿Qué regalos me dejo para el resto de mis días? De entrada las manos en las bolsas, nunca me explico la razón, pero odiaba cuando me las embolsaba así que, cuando lo llego a hacer de manera inconsciente, de inmediato escucho su voz en mi cabeza “¡Hebert! ¡Esas manos!” y las saco cual niño regañado, pero feliz de poderle dar algo. Además de ello también me regaló algunas miradas, algunos gestos, algunos movimientos e incluso algunas expresiones que no estaban en mí pero que adopte de ella, en una especie de homenaje, como una manera de llevarla conmigo aunque no quiera.

            Aunque en realidad ella ya no está conmigo desde hace medio año, la que me acompaña es su fantasma, su esencia que se expresa a través de los recuerdos, de las experiencias, de las expectativas no cumplidas y los sueños rotos.

            Otra cosa que me cambió la exSchatzie fue la manera de escribir, ya no es cómo antes, no sé si mejoré o empeoré, pero es diferente, ya me cuesta más trabajo, ya no fluye con naturalidad y, de no ser porque el escribir se ha vuelto algo vital para desahogarme, creo que ya hubiera dejado de hacerlo desde hace tiempo.

            Pero también influyó de manera positiva porque, gracias al empujón que me dio mi amigo Humberto, llegue a escribir un cuento y me quedó muy padre (Espero algún día publicarlo pero antes voy a meterlo a concursos). Y aunque el cuento es una historia que poco tiene que ver con ella, sé que sin haberla conocido jamás lo hubiera podido escribir o, por lo menos, no con la profundidad y belleza con que lo redacté.

            Volviendo a la plática con mi amiga Les, “¿Sabes?” le decía “Lo más chistoso de todo es que si ahora nos encontráramos y me dijera que está dispuesta a casarse conmigo, yo no cuestionaría nada y sólo diría ‘Por supuesto’ sin ‘pero’ alguno y con la felicidad más grande del mundo y eso es injusto”.

Es injusto que alguien ame a otra persona de manera tan incondicional; en donde un pequeño detalle de la amada le puede saber a gloria al que ama, mientras que para la otra persona no le es tan vital la relación, y eso es injusto.

Digo, nunca hay una relación perfectamente equilibrada al 50-50, pero creo que las hay saludables que rondan entre un 55-45 hasta un 65-35, ya un 70-30 es algo que es injusto para el que da un 70 y sólo recibe un 30, ya no digamos un 80-20 o un 90-10 (no existe el 100-0, porque eso significa la muerte de alguien y se acaba la relación). ¿Cómo andábamos Nadia y yo? Creo que un 70-30 o (en realidad) un 75-25 ¿Fue su culpa? De alguna manera sí, pero no fue intencional ¿Por qué? Fue culpa de su mirada fulminante que me derretía en un santiamén, de su voz tan dulce (jamás había escuchado algo así de perfecto) o su sonrisa con la cual no podía negarle nada. Así que sí, efectivamente fue su culpa, pero no fue adrede.

En realidad es injusto amar tanto a alguien sin que haga algo para merecerlo, pero tampoco es algo que uno pueda evitar. Ojalá hubiera una válvula que pudiera regular el amor y eso sería muy útil para tipos como yo que se desbordan y dan todo de sí.

Es muy fácil tomar algo de un menú tan vasto y que te lo dan de manera gratuita, es muy cómodo. Claro, al inicio te da curiosidad y pruebas, no puede ser que algo tan vasto sea gratis, después que ya probaste mucho del menú, te deja de parecer atractivo ¿Por qué? Precisamente porque es gratis. Hace años una conocida de Salsa, tan guapa como inteligente, me compartió la siguiente reflexión:

“Imagina que vas a tomarte un café, y te dan el más maravilloso que jamás hayas probado, es tan exquisito que fácilmente te podrían cobrar $500 pesos por la taza y no refutarías, porque los vale. Te traen la cuenta y sólo te cobran $30 pesos. Ahora dime ¿pagarías los $500 que crees que valía? ¡Claro que no! Pagas los $30 y ni dejas propina ¿Por qué? Porque te vas con molestia de que valoren tan poco el producto que ofrecen”

Algo así pasa con las personas: podrás valer mucho pero si todo lo que tienes y eres lo ofreces de manera tan fácil, tan barata, por no decir gratuita, es difícil que te tomen en serio, ya no digamos que te correspondan, aunque los demás sepan de tu valía, si tú no te la das, no sirve de nada.

¿Por qué no me aceptó Nadia? Entre otras razones, porque no le resultaba interesante, no había reto para ella, ya me tenía seguro ¿Por qué habría de esforzarse? Y recalco, no la culpo porque yo tampoco lo haría en una situación similar.

            “Para que las mujeres te amen, es necesario que duden y teman acerca del alcance y la duración de su poder” – Napoleón Bonaparte

Durante mis trayectos veo a muchos otros corredores, algunos por ocasiones únicas y a otros de manera más frecuente, dentro del segundo grupo noto que hay muchos que corren de manera seria y con todo el esfuerzo posible, sin embargo, aún están obesos. ¿Por qué? Bueno, el factor principal es que para estar en forma el ejercicio sólo es un 30% de la ecuación y la alimentación es un 70%; adicionalmente, uno podrá ejercitarse mucho pero no es lo mismo hacer una cantidad ingente de trabajo corporal y otra muy distinta hacerlo bien. Y yo sé de ello porque, para todo el tiempo que ejercito, debería estar en mucho mejor forma física de la que estoy, pero ahí ya entra la cuestión alimentación (¡Ups!).

De igual forma pasa con las relaciones sentimentales, uno podrá amar mucho, dar todo lo que tenga, pero eso no es garantía de que estés amando bien. Y ése efectivamente es mi caso porque, cuando me enamoro, doy de manera desmedida y sin precaución alguna, me brindo de manera generosa, me desvivo, busco maneras de complacer a mi amada para gustarle. Y sí, me esfuerzo mucho, con todo lo que sé y tengo, pero eso no quiere decir que estén dando resultado mis acciones, ni que sean atractivas ni que esté avanzando en mi meta.

Resulta muy claro cuando lo ves en otros, te parecen tan obvios los errores que están cometiendo que hasta crees que es broma, pero una cosa es ver los toros desde la barrera y otra cosa tenerlos de frente.


gladiator in arena consilium capit.
El gladiador toma su decisión en la arena
(O sea, uno no sabe cómo reaccionar ante cierta situación hasta que le toca experimentarla)

Por más ridículo que se oiga, odio enamorarme, esa sensación de perder el control, que tus emociones tomen el mando y de que cualquier cosa que diga o haga (o que no diga o no haga) la amada, te afecta gravemente. Es un auténtico dolor de huevos. Por más que uno estudie, observe, tome cursos y demás, el poder del enamoramiento es como una droga, la cual te deja indefenso ante una situación que no debería ser tan compleja y, sin embargo, lo acaba siendo. Espero, si algún día me vuelvo a prendar de alguna fémina, logre ser lo suficientemente inteligente para que, en lugar de quererla tanto, aprenda a quererla mejor.

Otro ingrediente que ha contribuido a mis fracasos sentimentales es la impaciencia. Es curioso pero es algo que siempre ha estado conmigo y, aunque los años me han hecho un poco más prudente, creo que sigo resultando impaciente para los estándares humanos, sobre todo para las relaciones.

A lo largo de los años, he salido con muchas chicas, pero a la gran mayoría las descalifico después de la primera cita ¿Por qué? Siempre hay un detallito que denota falta de interés o que pretenden que les acabe rogando cuando apenas vamos saliendo “¡Qué hueva!” es lo que digo y termino por descartarlas.

Cuando en realidad me gusta una chica o, como en el caso de Nadia, me enloquece por completo y dejo de ser yo, obviamente mi resistencia, interés y paciencia se van a límites que ni yo conocía, me sorprendo de todo lo que puedo aguantar sin desesperarme.

Sin embargo, como no sé jugar ese estúpido juego del Gato y el ratón, algo que parece que todos tienen en el inconsciente menos yo, el estira y afloja constante, la interpretación de indirectas y acciones, pues acababa desesperándome y me despedía de mi exMusa.

Pero como Nadia es tan irresistible (sin contar que estaba prendado de ella como sólo en otra única ocasión lo estuve), pues terminaba regresando y retomando mi labor para conquistarla. Con tantos amagos, aprendí a jugar un poco el juego, y logre avances. Esta última vez que nos despedimos, fue diferente a las anteriores, ya que no fue por desesperación, si no por dignidad. Fue duro dejarla, pero nunca me he arrepentido de la decisión que tomé y no porque no la amara (daría mi vida por ella), sino porque no me amaba de vuelta, y eso no era justo para ninguno de los dos.

En general no soy muy paciente en esto de las relaciones, lo cual explica mi eterna soltería (que no me quejo de ella), sé que nadie va a cambiar las reglas culturales para que yo esté feliz: así es el juego y lo aprendes a jugar o aprende a estar solo (que es lo que he hecho desde hace tiempo).

Tal vez debería mudarme al norte: cuando fui a Chihuahua, me di cuenta que las norteñas tienen una forma de ser más abierta y más directa, algo así como las féminas de Veracruz (pero más altotas). Lo cual me hace pensar que si quiero conseguir pareja tendrá que ser fuera del centro de México, el problema es que me gusta mi trabajo, por lo que me acabó diciendo “Pues ni modo, si así tiene que ser, que así sea. Seguiré viajando y se extinguirá mi linaje”

A últimas fechas he empezado a renunciar de manera interna a la idea de tener hijos y a ver como un modus vivendi el viajar cuatro o cinco veces por año. Ya no me da miedo quedarme solo ¿por qué? Porque sobreviví a perder a una mujer que significaba todo para mí, y sigo aquí. Además, si ella no puede ser la mamá de mis hijos, tampoco me hace mucha ilusión tenerlos.

Otro factor que debió pesar, aunque no sé cuánto, fue la edad. A Nadia le llevo 11 años y tres meses por lo que, en ocasiones, jugaba con ello y a veces bromeaba con que era un asalta cunas y que me estaba aprovechando de ella, siempre en juego, nunca de manera seria (aunque bien dicen que entre broma y broma, la verdad se asoma).

Justo antes de mi exMusa, pretendía a otra chica del mismo rango de edad, que me reclamaba “Es que es tu culpa Hebert, por nacer demasiado pronto”. Y al parecer tenía razón, nací años antes de lo que me tocaba porque con las chicas de mi generación nunca tuve éxito, ya con las de la generación siguiente por lo menos salgo en citas.

Cuando alguien se entera que estoy saliendo con una mujer a la que le llevo 10 o más años de inmediato me aconsejan “No le vayas a decir tu edad, para que no se asuste”. Por fortuna, no aparento los 38 que ya me cargo, gracias al ejercicio, al dormir suficiente y al bañarme con agua fría, me veo más joven de lo que soy; tal vez por ello chicas menores que yo acceden a salir para conocernos.

Pero no importa cuánto me cultive, procuré y cuide como persona, al parecer la edad es un factor que siempre pesa, lo cual es tonto: ¿para qué quieren a alguien de la misma edad si, fisiológicamente, es un asco gracias a los excesos en borracheras, desvelos, cigarros, infidelidades y demás? Tomando en cuenta los estilos de vida ¿Quién va a tener mejor estado físico (y mental) dentro de 10 años? Ya no digamos dentro de 20 o 30, pero ese un tema del cual es inútil discutir en este momento.

En fin, aunque me vea más joven, no voy a andar ocultando mi edad para conquistar a chicas con engaños, es mejor que sepan cuánto tengo y se arriesguen a salir con un “anciano”, en lugar de mentirles y echar todo en saco roto basándose en una mentira.

Lo irónico es que gracias a mi apariencia cuidada, ahora sí, las de mi edad ya se están fijando en mí, y me buscan. Pero esas mismas personas que hace una década me rechazaban, ahora no me interesan.

Es todo un rollo, la combinación de edad, apariencia, educación, cultura, afinidad, bagaje, historia, experiencias y demás (sin contar mi impaciencia y mamonería), pues no resulta ilógica mi endémica soledad.

Como mencione antes, ya tengo una vida normal. Los episodios con recuerdos de Nadia, no me hago ilusión de extirparlos por completo, porque sé que me van a acompañar por siempre, así que mejor los aceptó, los digiero y los dejo pasar.

Ahora salgo al cine o a tomar un café con alguna amiga sin remordimiento pero tampoco con ilusión alguna. Las chicas con las que salgo me gustan mucho y me parecen muy atractivas, en especial la chiquilla, sólo que no hay esa fuerza vital que me hacía estar en contacto con mi exMusa todo el tiempo que fuese posible. ¿Cómo decirlo? Creo que salgo en espera que de alguien me encuentre y, por lo mientras, salgo con mis amigas para platicar y sentirnos un poco menos solos.

Con la que más salgo (la de 25 años) es una gran chica con la cual tengo diferencias sustanciales pero, como ella está en el inicio del duelo sentimental por romper con su novio de años, creo que ninguno busca pareja, sólo nos hacemos compañía.

Pareciera que por primera vez puedo salir con alguien que me gusta sin buscar de antemano una relación, sin fingir que somos amigos, porque ahora sí siento esto como una amistad verdadera; y es que ella sale también con otras personas, mismo que yo hago y nadie se encela de nadie. Algo así era lo que pretendía Nadia conmigo, el problema es que yo sí me encelaba cuando me decía que salía con otros amigos y la angustia de perderla me carcomía por dentro, aunque no fuese mía en realidad.

Esta semana se cumplieron seis meses desde que nos despedimos por última vez lo cual, técnicamente, significa el fin del duelo, por lo menos de manera teórica. Dejé de sufrir desde el tercer mes (justo regresando de la Huasteca Potosina), pero su recuerdo me acompañará el resto de los días, seguiré derramando algunas lágrimas por ella y siempre tendrá un lugar en mi corazón.

Por fortuna, o desgracia (según el punto de vista), he comprobado que la vida sigue a pesar de haber perdido a la persona que creías que justificaba tu nacimiento, ciertamente nada vuelve a ser lo mismo, pero el mundo avanza. Aunque no sé qué es lo que venga, estoy seguro que seguiré aprendiendo de todo lo que me acontezca.


Hebert Gutiérrez Morales.

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