domingo, 26 de abril de 2015

Fernando Delgadillo, un concierto difícil (Parte 2)

            En verdad la vida te da sorpresas ¿Qué hago escribiendo otra vez sobre Fernando Delgadillo? Y no porque no lo merezca artista tan sublime, sino porque otra vez lo fui a ver con el corriente público poblano. Esto a pesar que ayer, en camino a la Sala Fórum, me decía “No voy a escribir nada sobre este concierto” en primera porque ya tengo mucho sobre qué escribir (y voy muy atrasado) y en segunda porque ya había tratado el tema en hace tres años ¿Qué más podría escribir al respeto?

Por desgracia, o fortuna, fueron demasiadas cosas las que percibí y no iba a estar tranquilo si no me expresaba. También sabemos que soy muy criticón, así que no podía dejar pasar la oportunidad de desahogarme ¬_¬U.

            La vez anterior que fui a ver a Fernando Delgadillo en Puebla juré que no iba a volver a ir a un concierto en esta ciudad, por el público tan apático y grosero. Sin embargo,  mi amiga Alma me pidió que fuéramos a verlo, y como me cae bien, le volví a dar otra oportunidad, no al maestro Delgadillo (cuya calidad y talento reconozco cada vez que lo escucho en vivo o en grabación), sino al público poblano que ha de ser de los más nefastos y maleducados que hay.

            Debo que admitir que la gente no fue TAN nefasta como la ocasión anterior, esto debido a que el lugar era más pequeño, lo que significa que los precios eran más caros, hecho que hace difícil la entrada a villamelones (mas no imposible). Calculo que éramos entre 300 y 400 espectadores en la Sala Fórum de San Andrés Cholula.

            Eso no quiere decir que el público se haya portado bien del todo, sólo fueron un poco menos corrientes y maleducados que la reseña anterior. Cuando sacaron todo el cobre fue a la hora de las complacencias, ya que el Foro se convirtió en una auténtica Romería: gran parte del público se puso a gritar las canciones que querían, sin educación ni clase alguna, lo cual era bastante molesto, ya que no se podía escuchar lo que Fernando nos intentaba decir antes de cada interpretación, así que mejor la tocaba con tal de que se callaran los imbéciles gritones que no respetaban ni al propio artista con su escándalo.

            Pero ¿Saben algo? Delgadillo es el culpable de esto. Entiendo y aplaudo que quiera poner un formato que lo satisfaga a él y al público (primera hora con las canciones de su gusto y la segunda para las populares). Tal vez, para evitar tanto griterío y desorden, podría adoptar el formato común de cualquier concierto estándar: intercalando canciones nuevas (o de su gusto) con sus éxitos y así evitaríamos tanto desmadre tan molesto (para él y para los que no gritamos).


            Y es que su formato puede resultar cansado para el que no es fan acérrimo, porque en la primera hora, casi no toca canciones populares por lo que la mayoría del público se cansa y pierde mucho interés. Y la segunda hora, con complacencias, el griterío intenso te estresa mucho (no sólo al artista, a mí también me ponía de malas).

            O podría adaptar otra idea, por ejemplo si su Staff preguntara, a la entrada del recinto, qué canción prefieren los asistentes, estos podrían resumir cuáles son las más solicitadas y pasarle el dato al artista al momento de iniciar la sesión. Con eso se acabaría tanto puto griterío y la mayoría se vería satisfecho.

            Por otro lado, la gente es pendeja, porque es obvio que va a cantar “Entre Pairos y Derivas”, “Julieta”, “Ten miedo de mí” o “No me pidas ser tu amigo”, así que resulta bastante estúpido estar gritándolas como si les estuvieran metiendo el dedo por el culo, porque de todas formas las va a cantar.

            Honestamente, con mi poca paciencia, yo los hubiera mandado a chingar a su madre y los hubiera amenazado con irme si no le bajaban a su escándalo, pero Delgadillo es diferente a mí (para fortuna de los imbéciles del público de ayer). Es obvio que con tanto acoso, el artista se torne evidentemente molesto pero, a pesar de ello, era lo suficientemente paciente y educado para mandarlos a la chingada de manera cómica.

            Y es que, siendo objetivos, hay que reconocer que Delgadillo hace un gran esfuerzo para darte un concierto diferente y más íntimo con muchos detalles que, personalmente, agradecí mucho por lo perfectos que resultaban para cada situación.

Uno de esos episodios fue cuando nos compartió un poema al Sol de la niñez, una auténtica belleza, que sirvió como perfecta antesala para “Julieta”, por el sentimiento tan ad hoc a la esencia de la canción, por lo que hay que reconocerle a Delgadillo el cuidado y buen gusto para juntarlos.

Otro momento muy revelador fue cuando compartió la situación que le inspiró “Ten miedo de mí”, que resultó tanto graciosa como triste, una cualidad que resalta mucho en el cantautor. Otra parte que me resultó ampliamente interesante fue cuando nos platicó sobre los orígenes de la Trova y su evolución. O cuando cantó “Carita de Arroz” nos compartió un diálogo muy bonito con su abuelita, mismo que te ayuda a poner en perspectiva el paso del tiempo, además del amor de aquella señora por el joven Fernando.

Por desgracia la mayoría del público era muy burdo, impaciente y muy maleducado, por lo que no ponían atención, se ponían a jugar con su teléfono o a echar desmadre con los cuates lo cual, naturalmente, molestaba al artista.

Ya me imagino sus pensamientos “Estos hijos de la chingada, yo queriendo compartirles algo mío y lo único que hacen es gritar ‘¡Julieta!’ como si se los estuvieran violando”. Resulta muy frustrante que haya cuidado tantos detalles al estructurar el concierto y que una bola de mandriles no le brinde respeto y/o atención a sus detalles.

            Mi momento favorito de toda la velada, por ser el que más me conmovió, fue cuando interpretó “Tiempo Ventanas”, misma que le escribió a su padre y en la que nos compartió las razones paternas al hacerles ver el álbum familiar infinidad de veces. ¡Qué bárbaro! ¡Cómo lloré! Es sublimemente hermosa, con una intimidad profunda e impresionante.

Debo de admitir que sin la introducción, dicha canción no me hubiera significado mucho, pero con el bagaje que nos compartió, hasta me hizo llorar por mis propios padres (tanto el biológico como el putativo). Pero lloré más por Fernando y su papá, mismo que había muerto seis meses atrás. Sin duda fue la que interpretó con más sentimiento. Me alegro mucho que la haya escrito tres años antes de que su padre muriera, así le alcanzó el tiempo para disfrutarla en vida, en vez de haber sido póstuma.

            El problema es que esta bola de nacos, hijos de la chingada, se mostraron indolentes e indiferentes a lo que compartía Delgadillo en el preámbulo, sin importar o respetar el sentimiento de la pérdida de su padre, lo cual demuestra su nulo respeto e interés por el humano detrás del artista. Ahí sí se enojó de verdad y amenazó con terminar la velada, a lo que esta bola de simios egoístas grito con fervor “¡No!”, sin darse cuenta que ellos mismos habían propiciado dicha situación.

En verdad me indignó el egoísmo del público con su postura “Vengo a que me entretengas, a que interpretes las canciones que me hacen cortarme las venas, no a que me cuentes tus desgracias familiares”. Me encabronó esa falta de respeto tan vil hacia él, porque sólo lo ven como un bufón, alguien que está ahí para entretenerlos, que está para complacerlos, por eso lo ignoraban, se carcajeaban o exigían sus canciones sin importarles lo que decía.

            Si fuera un artista más ojete (que los hay), se hubiera puesto a cantar a su ritmo, sin interacción con el público e interpretar lo que su chingada gana se le pegue, sin importar que sea o no tu predilecta. Además, en su hora del autor, sacó canciones que no conocía y que me parecieron excelentes. Pero el público es flojo, ellos no quieren conocer nuevas obras, sólo quieren lo que fueron a escuchar, obviando que esas letras que ahora son sus favoritas, en algún momento, eran obras nuevas que nadie conocía y a las que se les tuvo que dar una oportunidad.

De hecho entre las menos populares (y que me hubiera gustado que cantara) hay joyas como “Nimbus” o “Primera Estrella de la Tarde” que son excepcionales y que no oí que nadie solicitara, seguramente porque pocos las conocen y sólo se orgasmean con alaridos que exigen “Julieta”, “No me pidas ser tu amigo” y demás.

            Pobre Delgadillo, aunque nunca ha sido su intención, al final la parte popular de su obra acabó siendo comercial, aunque mantengan su esencia original, el que sean tan dominadas por el público, les quita parte de su mística, de su exclusividad. Casi podría asegurar que ya no interpreta con la misma intensidad o gusto sus éxitos, y por eso intenta darnos a conocer otras propuestas que para él significan algo y quiere compartírnoslo porque es importante.

            Creo que en ese aspecto envidia a sus teloneros, que tuvo tres (cantidad exagerada en mi opinión). En su interior Delgadillo debe extrañar los días en los que tenía que luchar para ser escuchado, en que sus canciones no eran conocidas y que tenía la libertad (y el reto) de escoger las mejores para intentar conquistar al público, ése mismo que ahora lo encasilla con ciertas obras y que se las exige sin tregua.

            Algo que noté con tristeza es que el tiempo nos alcanza a todos, y el maestro Delgadillo no es la excepción. Ya se nota cansado, ya no es lo mismo escucharlo en sus discos originales que en vivo (cuando antes eran una calca el uno del otro). Ahora, ya se le va alguna nota, omite algunas líneas y se va perdiendo potencia y sentimiento en algunas interpretaciones. Aunque, siendo justos, es natural que ante tanto acoso, no sienta tanta motivación por complacer a un público tan ignorante, irrespetuoso y egoísta.

            Otro aspecto es que se distrae muy fácil y puede ser un poco disperso, aunque eso es de siempre, sólo que se le ha acentuado con la edad. Es obvio, no es lo mismo Los Tres Mosqueteros que 20 años después, y aun así fue un buen concierto, con una muestra de talento muy completa de su parte, lástima que el público no estuvo a la altura y no le reconoció el esfuerzo.

A pesar de ello, en lo que no decae Delgadillo es en su generosidad: Cantó “En tu Cumpleaños” porque era el onomástico de alguien en el Foro, un detalle que me pareció bonito porque, tengo la impresión, no tenía contemplada la misma en el reportorio de la noche.

            Personalmente, además de las populares, me encantó que cantara “Noche sin Luciérnagas”, que es tan linda como cúlera, una obra de arte. Si hubiera cantado “Primera Estrella de la Tarde” me hubiera dado por bien servido, tristemente no lo hizo, pero no por ello no me puse a gritar como energúmeno para exigirla.

Aun así fui feliz en el concierto, pero de manera distinta, a excepción de un par de canciones, ahora no me nació corear ninguna, me dedique a escuchar y a observar al maestro, su lenguaje corporal, su interacción con el público, me fije más en las letras y el sentimiento con el que las interpreta, por si había algo que se me haya pasado.

No salí eufórico, pero creo que aproveche mucho esta velada además, aunque tuve muchos recuerdos tristes, me doy cuenta que estoy fuerte porque las lágrimas fueron escasas a diferencia de lo que hubiera sido en otras épocas.

Aunque no entienda el afán de regresar a tocar a Puebla, en donde el público es terrible, en verdad le agradezco a Fernando Delgadillo su profesionalismo, su generosidad, su genio y su honestidad de sentimientos, expresados en su arte, en sus presentaciones y en su persona. Sin duda un artista que no será el más conocido, pero es de los más talentosos y profundos que he disfrutado en mi existencia.


Hebert Gutiérrez Morales.

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