domingo, 31 de mayo de 2015

El ombligo del mundo (Nueva York, Parte II)

            Pueden leer la primera parte de estos escritos de NY, dedicada a Central Park, en esta liga.
Posando con Doña Libertad

           “La belleza europea siempre ha tenido un cariz intencional. Había un propósito estético y un plan a largo plazo según el cual la gente edificaba durante decenios una catedral gótica o una ciudad renacentista. La belleza de Nueva York tiene una base totalmente distinta. Es una belleza no intencional. Surgió sin una intención humana, algo así como una gruta con estalactitas. Formas, que en sí mismas son feas, se encuentran casualmente, sin planificación, en unas combinaciones tan increíbles que relucen con milagrosa poesía” – Milan Kundera (“La Insoportable Levedad del ser”)

El Origen del viaje

            ¿Quién no quiere ir a Nueva York? Supongo que es un anhelo presente en la mayoría del mundo occidentalizado. Aprovechando el Tiempo Compartido que tengo, reservé con diez meses de anticipación, por lo cual encontré precios increíbles tanto en el vuelo como en el hospedaje.

No recuerdo en qué momento decidí ir a Nueva York aunque era un sueño que tenía tatuado desde que tengo uso de razón, y es que uno no puede dejar de ver a la Gran Manzana en tantos medios impresos, musicales, visuales, electrónicos y demás, que se te forma un deseo inconsciente por conocer la ciudad más famosa del mundo y es que NY es sin duda el Ombligo del Mundo.
 
Una Megarosa encontrada en el MoMA
            Como el cuarto era para dos, tenía que elegir con cuidado a mi compañer@ de viaje, porque tenía que ser alguien con quien me entendiera bien, con gustos similares y, sobre todo, civilizado y con buena condición física, así que la elección fue fácil, y le dije a mi amigo Luis Fuentes, mismo que aceptó sin chistar.

La llegada

            Creo que nunca había pasado tan rápido migración como lo hice en Newark, por primera vez, ni preguntas me hicieron, sólo checaron mi pasaporte y me dejaron pasar, ni siquiera me sacaron la foto ni me tomaron las huellas digitales. Supongo que al haber hecho tantos viajes al Gabacho en tan poco tiempo les da una evidencia suficiente de que no me quiero quedar en su país ilegalmente. Lo irónico es que con Luis, que es güero y de ojo claro, sí se tomaron sus 15 ó 20 minutos en dejarlo pasar. Así que concluyo que si es tu primera vez se ponen muy perros y si ya llevas varías visitas, ya ni te pelan.

            En el trayecto del Aeropuerto al Hotel, sabía que me debía sentir emocionado por estar en NY, pero no lo estaba, en realidad estaba cansado de tanto viaje acumulado: A) cinco días antes recién había regresado de San Francisco B) Tres semanas antes de San Pancho había estado en Berlín y C) Tres semanas antes de la capital alemana había estado en Las Vegas. Estaba molesto conmigo mismo y me prometí ya no pegar tanto los viajes porque es cansado moralmente y le vas quitando gozo a cada nuevo lugar. Aunado a eso, había sido tan feliz en San Francisco que tenía miedo de llevarme una decepción grande con Nueva York algo que, llegando, efectivamente pasó.
 
Escaparate en una galería de la Quinta Avenida
            Hicimos el Check-in y nos hospedamos en el Piso 19, jamás había estado en un piso tan alto, ya no digamos hospedarme en uno. Además la habitación estaba MUY mamona con detalles lujosos por todos lados y un espejo enorme, de igual manera, jamás me había quedado en un cuarto tan bonito (honestamente me sentí como indito recién bajado del monte). Es de los pocos momentos en donde agradecí tener el tiempo compartido porque esa estancia en dicho hotel nunca los hubiera conseguido al precio que pagué por ellos. Hasta ahí todo iba bien, incluso creí que pronto podía experimentar la emoción de estar en NY.

            Este Hotel Hilton estaba en la avenida 57, justo a dos cuadras de Central Park, o sea que estábamos en pleno corazón de Manhattan. Veía la emoción en los ojos de Luis misma que, aún, no compartía. Empezamos a reconocer los alrededores ya que, normalmente, para el día de llegada y el de salida, no suelo programar visita o actividad alguna para darnos chance de relajarnos. El día estaba feo, algo nublado pero también contaminado, de hecho me sentía como en un DF grandote (por el tamaño de los edificios y los coches, no por el tamaño de la ciudad), ya que había mucho tráfico, un caos de gente en la calle que, si no tenías cuidado, te iban a atropellar, mucho ruido, gritos, cláxones y un desorden tal que me empecé a enojar.
 
Arte en los túneles de Grand Central
            Luis lo atribuyó a que no habíamos comido y como uno de sus sueños era comerse un Hot-dog de cochecito en Manhattan, pues procedimos a cumplir uno de tantos sueños que traíamos en los pendientes. El mentado Hot-Dog nos salió en 10 dólares “¿Qué? ¡Diez dólares por un pinchurriento hotdog!” me parecía un robo, pero no dije nada porque mi amigo estaba comiéndoselo muy ilusionado. Por lo menos estaba bueno (pero no para diez dólares), seguramente lo de estos cochecitos sólo le venden a turistas ¬_¬.

            Pero también vi algo que, a excepción de Las Vegas, pensé que era inconcebible en Estados Unidos: basura en la calle. Eso era algo inaudito, el concepto que tengo de las ciudades gabachas es que pueden tener chiste o no, pueden resultar artificiales o no, incluso pueden ser amistosas o no pero una certeza que tengo es que son ciudades limpias, y Nueva York más que cualquier otra, debía cumplir con esa manda. Justo en ese momento extrañé a San Francisco, una ciudad tan bella y elegante en la que es inconcebible ver basura en la calle. “¿Acaso esto es Nueva York?” pregunté hacia mis adentros entre reclamo y decepción.
Encontrado en la esquina del Carnegie Hall

            Así que le pedí a Luis que fuéramos a Central Park, ahí me relajé un poco, aunque inclusive el hermoso parque (al cual ya le dediqué la primera parte de estos escritos), no estaba con esa aura que me enamoró los siguientes días. Por lo que acompañé a Luis a comprar unos tenis mientras decía a mis adentros “Esto no es todo Nueva York, sé que la humanidad es estúpida pero la manipulación mediática no puede ser tanta para que te vendan una farsa como una maravilla”, así que cenamos ligeramente antes de regresar al Hotel. “Mañana será otro día, empezamos con los recorridos, seguro será mejor” y con ese pensamiento me fui a dormir. Ciertamente, al día siguiente, la experiencia fue otra, gracias a la magia de Central Park, Domingo que ya describí en el escrito dedicado al Parque.

Museo Americano de Historia Natural

Nunca vi las películas de “Una noche en el Museo” (y ni pretendo verlas), pero es lo que en México más me mencionaban cuando les decía que iba a visitar el Museo de Historia Natural “¿Qué? ¿Se emocionan porque ahí se filmó una película?”

Entrada al Museo de Historia natural
Mi emoción era otra, de hecho venía desde pequeño. Cuando era niño, aunque vivía en el DF, todos los años íbamos a la Feria de Puebla (cosa que dejamos de hacer desde que nos mudamos a Puebla ?_?). Me gustaba la Feria pero, para mí, las actividades estrella eran ir al Planetario y al Museo de Historia Natural. En verdad esas visitas podían hacer mi año por lo mucho que las disfrutaba.

El Museo de Historia natural de Nueva York está a otro nivel por supuesto, es ENORME y las exposiciones son una maravilla. Tan sólo el vestíbulo es para quedarte con la boca abierta. La verdad lo recorrí como loco, posesionado, iba de una sala a otra con ese ímpetu infantil que tenía en los lugares antes mencionados, con la diferencia que ahora iba solo (Luis se había ido por su lado), así que podía ir al ritmo que quisiera y ver lo que quisiera (que lo vi TODO). Incluso entramos a una función de su planetario la cual estuvo muy chévere y complementó a la perfección la visita.


Por alguna razón que desconozco, a últimas fechas, los Tótems me llaman poderosamente la atención, por todo ese simbolismo e imponente presencia que te inspiran. La colección de fósiles es simplemente increíble, nunca había visto una tan completa. La recopilación de máscaras también es excepcional. Los Dioramas con las distintas culturas del mundo estaban genialmente montados. Y la sección de la evolución humana no tiene desperdicio, en verdad aprendí mucho en sus exposiciones.
 
Lobos que aún parecen estar vivos
Pero, para mí, lo principal era ver a los distintos animales disecados, en verdad reviví mi infancia, al sentir cómo recorría un Museo gigantesco, en el cual, sin importar cuánto caminara, me iba encontrando con muchos animales de alrededor del Orbe. Me alegró mucho de haber sentido eso una última vez ¿Por qué razón? Eso se los contaré cuando les comparta mi visita al Museo Field de Historia Natural en Chicago, por lo mientras quédense con que disfrute mucho esta visita al museo natural neoyorkino.

Dakota y Tianguis
           
            Después del Museo, visitamos el Edificio Dakota al cual, ilusamente, pensamos que nos iban a dejar pasar. No soy admirador de los Beatles, pero Luis sí, así que quería ver dónde había vivido John Lennon antes de morir aunque, por lo menos, sí vimos el lugar en donde lo asesinaron.
 
Entrada al edificio Dakota (a donde no nos dejaron entrar -_-)

            Un par de calles detrás del Museo y del Edificio Dakota nos encontramos, inesperadamente, con un Tianguis callejero que abarcaba unas tres cuadras. Se veía parecido a los que tenemos en México pero, ya estando ahí, te das cuenta que en realidad era muy distinto, como que era más nice, más chic, incluso más cool (esteee . . . creo que ya me está haciendo efecto el estar viajando tanto a Estados Unidos -_-u).

Compramos algunas cosas en el Tianguis, y hasta comimos ahí. Aunque no era una visita planeada, de hecho no sabíamos de su existencia, fue una parada que en verdad disfrutamos, porque eso también es Nueva York, aunque no muy turístico, pero no por ello menos interesante.

Las Eras del Rock en Broadway

            Esa misma noche fuimos a Broadway a ver “Rock Ages” (Las Eras del Rock) en el Teatro Helen Hayes. Una obra muy espectacular, muy entretenida, con un público puntual y educado. Una experiencia muy padre.
 
Teatro Helen Hayes en donde disfrutamos "Rock Ages"
            Pero en esta visita Luis y yo nos dimos cuenta que somos muy incultos en esto del teatro (por no decir nacos): Estábamos muy entretenidos con la obra y vimos que “acabó” de manera muy espectacular, aplaudimos como locos y procedimos a retirarnos, pero había algo extraño: había gente saliendo pero la mitad de la audiencia estaba cómodamente sentada “¡Qué raro!” pensé. Al ir saliendo del recinto, nos dijeron amablemente “Si van a regresar, mantengan los boletos con ustedes”, Luis y yo nos echamos una mirada que expresaba lo mismo “¿Para qué vamos a regresar al teatro?”, así que nos detuvimos y vimos que los que salían del recinto estaban fumando tranquilamente, mientras que el resto de gente estaba haciendo cola para el baño o comprando algunas bebidas.
Skyline neoyorkino visto desde Ellis Island

            Resulta que lo que consideramos el final, sólo era el intermedio, así que no dijimos nada y tranquilamente regresamos a nuestros lugares para disfrutar de la segunda parte que estuvo aún más espectacular. Sí, lo sé, somos unos nacos ignorantes :’-(

            La Estatua de la Libertad

            Hay iconos que son inmediatamente reconocidos por cualquier persona del mundo occidentalizado: La Torre Eiffel en París, El Big Ben en Londres, el Coliseo en Roma, el Taj Mahal en India y el Golden Gate en San Francisco me vienen a la mente. Pero, posiblemente, la más famosa y promocionada de todas esas maravillas sea la Estatua de la Libertad, y es que dudo que alguna de las otras haya recibido la mitad de exposiciones que ésta ha cosechado mediáticamente a lo largo de la historia.
 
Bienvenidos a Ellis Island
            Fuimos en Lunes a visitarla, con la esperanza que hubiera poca gente y efectivamente había pocos visitantes . . . . para los estándares acostumbrados para este lugar porque, honestamente, había mucha gente, pero aun así pudimos caminar y disfrutar algo de la isla porque, según nos contaron, en temporada alta, es imposible siquiera caminar por la cantidad tan grande de personas que hay.

            Por fortuna ya iba preparado mentalmente sobre lo que iba a encontrar porque, ya me habían advertido, la Estatua no es tan grande como a uno se la plantean en las películas, y es verdad, de no haber ido avisado, me hubiera llevado una gran decepción al ver que, aunque es grande, es una fracción de la imagen que uno tiene clavado en el inconsciente.

Ellis Island

Parte de las exposiciones en Ellis Island
            Aunque la visita a la Estatus de la Libertas es un “must” y me gustó, la visita a Ellis Island me resultó mucho más interesante. Primero hay más que ver: exposiciones, documentos, historia y demás.

            Ellis Island es el equivalente a la Isla del Ángel en la bahía de San Francisco, ya que era la puerta de entrada a todos los migrantes que venían por el océano atlántico a la “Tierra Prometida”, o sea Estados Unidos. Si querías entrar a Gabacholandia, tenías que pasar antes por esta aduana.

            Las exposiciones eran realmente interesantes, mencionando los motivos que llevaban a tanta gente a dejar sus lugares de origen y arriesgarse en una tierra nueva llena de promesas, aunque muchos de ellos no lograron lo que se proponían.

            También se hablaba de la historia de Estados Unidos, del racismo, la esclavitud y la anexión de territorios. Obviamente me resultó especialmente interesante la historia de cómo se apañaron la mitad del territorio mexicano.

            Tenía presente lo que 10 días antes había leído en Sonoma, la versión Gringa de cómo fue que se anexaron gran parte de México. Según lo que dicen los gabachos, esas eran tierras abandonadas, maltratadas y de segunda categoría para el gobierno mexicano que fueron “rescatadas” por los buenos samaritanos y desinteresados gringos (¡Ajá!).
En esas embarcaciones llegamos a las Islas

            Al igual que en San Francisco, me dolió e indignó leer su versión de los hechos, sin embargo, al conocer ambas me da la impresión de tener una teoría más acorde a la realidad, producto de espejear ambas versiones.

            Y en algo sí tienen razón los Gabachos, al igual que todos los migrantes a los que siguen recibiendo (tanto legal como ilegalmente), al final son un refugio para todos los que dejaron sus hogares con sueños de mejorar pero, al mismo tiempo, huyendo de la triste realidad que sufrían en su país.

            Podrán agradarnos o no los Estados Unidos pero hay que reconocerles que han sabido aprovechar los “desechos” del resto de naciones, encauzando todo el capital humano que reciben y sacándole provecho. Es por ello que hay tanta gente de diversas culturas tan agradecidas con este país: el más importante del planeta (aunque me duela admitirlo y me sienta sucio por escribir algo así), aunque eso no quiere decir que sea el mejor (supongo que ese título le podría pertenecer a un sitio tipo Finlandia, Canadá, Suiza o Japón).
Anuncio para comprar esclavos

            Esta visita me resonó durante el resto del viaje, sacando las reflexiones del siguiente apartado.

Ni de aquí ni de allá

            Encontramos gran cantidad de Latinos en nuestra visita, mismos que nos trataban muy bien, nos daban descuentos, consejos o, simplemente, nos hacían la plática. Mientras charlábamos con ellos me daba cuenta el gusto que sentían, tal vez por esa nostalgia de las tierras que habían dejado atrás hace tiempo.

            Nosotros éramos un recordatorio de casa, por eso recibíamos un trato especial de ellos, sobre todo cálido, algo poco común del neoyorkino estándar. Y es que, por lo menos en la ciudad en la que vivimos, ese trato cálido suele ser la excepción y no la regla.

            Pero, aunque se sentían felices de que les comentáramos algo de la cultura latina, era obvio que ya había dejado de ser su casa, porque ya estaban adaptados al estilo de vida de Estados Unidos.
Paletas de hielo mexicanas en el High Line Park

            En México siempre nos hacemos chaquetas mentales con los millones de mexicanos y chicanos que hay viviendo en territorio gabacho, y fantaseamos con frases como “Los estamos invadiendo de vuelta”,  “Estamos recuperando nuestro territorio” y demás ilusiones infantiles, pero no hay falacia más grande.

            Ciertamente, una gran parte de los latinos mantienen vivas sus costumbres, entre ellas el idioma, las celebraciones, la comida, las indumentarias e inclusive siguen apoyando a sus equipos deportivos de antaño. Pero, a pesar de ello, ya dejaron por completo las tierras que hace tiempo dejaron de ser suyas.

Expresiones artísticas en el Metro
            Mucho se critica a Estados Unidos que no tiene una cultura propia, que tiene una cultura muy artificial y/o superficial. Yo mismo digo que no tienen una cultura fuerte o profunda pero, por eso mismo, es un territorio ideal para que cada minoría haga florecer sus costumbres de manera segura y sin una fuerte influencia local que se los impida, de hecho, se fomenta para que enriquezca al país.

            Ciertamente los gringos, franceses, alemanes, japoneses y demás tierras que atraen millones de inmigrantes, manifiestas su preocupación por perder su identidad nacional pero, al final, no hay mucho que hacer, además de que el riesgo no es 100% real ¿Por qué? Porque los que dejan su país para instalarse ahí, normalmente, tienen la disposición de adaptarse a la nueva tierra a la que llegan.

            Para las primeras generaciones puede llegar a ser un poco traumatizante pero, conforme echan raíces y tienen hijos, la adaptación suele permear de manera profunda. Tal vez suene rudo e injusto, pero ya dejaron de ser 100% mexicanos (si es que alguien puede presumir de ello en este mundo globalizado) porque cada vez se integran más a un país que inmigrantes que les da tanto como lo que ellos aportan, dando una simbiosis bastante interesante.
 
Gutiérrez que emigraron a USA
            Por algo llegaron a Estados Unidos, por la misma razón que dejaron sus raíces en sus lugares de origen, por algo no regresan a ellos: Gratitud. Se sienten a gusto con lo que reciben en ese país y pagan agradecidos a través de su esfuerzo para mantenerlo grande. A fin de cuentas, resultó ser un lugar mejor del que dejaron (por lo menos para ellos).

            Y por eso han crecido las civilizaciones a lo largo de la historia: por los inmigrantes que han ido a fortalecerlas y enriquecerlas.

            Hasta aquí esta segunda entrega, si le dan click a este enlace accederán a la tercera parte de esta serie de escritos.

            Hebert Gutiérrez Morales.

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