lunes, 4 de mayo de 2015

Regresando al Amacuzac

            Hace unos siete años hice Rafting por primera vez. En aquella ocasión lo hice con mis amigos Lesly, Alex, Dani (con toda su familia) y Ponchorris con su hermana Michelle. Recuerdo que me la pase muy bien y, aunque no adopté el gusto por los Rápidos hasta tres años después, fue un parteaguas para mi existencia.

            Originalmente iba a irme a Zacatecas en este puente de Mayo pero las circunstancias no se dieron. Al mismo tiempo, de manera inesperada, se acomodaron las cosas para regresar al lugar en el que empecé a hacer Rápidos: un viaje muy especial, sobre todo por lo que he recorrido en esto del Ecoturismo.

            Originalmente iba a ser una estadía de tres días, pero el grupo del Espeleismo no se juntó y sólo se quedó en un par de jornadas en las que hice Rafting, Rappel y Cañónismo (Salto de Cascadas). Y me pasaron cosas que me llamaron mucho la atención.
           
¿Por qué siempre debo salir tarde hacia Raft México?

No sé por qué, supongo que es alguna especie de Karma que, en realidad, me frustra mucho, ya que suelo ser muy puntual. La realidad es que la mayoría de las ocasiones en que tengo actividad con Raft México, algo pasa que me hace salir atrasado, lo cual me hace correr como loco.

En esta ocasión, sin querer, desactivé la alarma, así que me levanté una hora más tarde de lo programado, y tuve que salir mentando madres y apresurándome para llegar a tiempo a la cita.

Por fortuna era temprano para que el tráfico se juntara, por lo cual pude avanzar bastante, además ya conocía perfectamente el camino debido a que, en esos rumbos, había asistido a la boda de Beto unos meses atrás.

Felizmente llegue a la hora indicada, lo cual no quiere decir que me hiciera feliz, porque no me gustan los contratiempos, sé que no puedo evitar todos, pero sí los que están en mi zona de influencia así que, cuando vuelva a tener actividad con Raft México, pondré triple despertador (ya no me va a volver a pasar).

            Nostalgia
            Aunque sabía que el Amacuzac no estaba en su mejor nivel, mi expectativa era mucha porque, como mencioné al inicio, ahí había hecho mis primeros rápidos. Y sí, conforme fui avanzando en el trayecto, reconocí el lugar en el que nos reunimos la primera vez, las zonas de explicación y hasta los Rápidos que hicimos.

            ¿Saben? El trayecto que hice en esta ocasión ha sido de los más fáciles (lo cual no quiere decir que el Amacuzac lo sea, porque en temporada de lluvias se pone muy bueno), pero no por ello dejo de ser especial.

            De hecho, hubo una parte del trayecto en la que sentí mucha nostalgia y extrañé a Lesly, Dani, Poncho, Michelle y Alex, inclusive me extrañé a mí mismo, pero no hablo de las versiones 2015, hablo de los de aquella ocasión: las versiones 2008. Es extraño, sentí un anhelo por aquella época, no es que algo especial pasara, sólo me eché de menos un poco y a las personas que iban conmigo en aquel entonces.
            Y no es que me pesara ir solo, de hecho, la mayoría de las veces que voy a estas actividades nadie me acompaña. Creo que sólo extrañé aquel momento en que empezó todo, un viaje que era para salir de la rutina y que marcó una tendencia muy fuerte en mi manera de hacer turismo y vivir la vida.

            Tenía una fuerte necesidad de escribirle esto a mis amigos en la noche, pero me contuve, aunque sí lo platicaré con Lesly cuando la vea en la oficina. Normalmente uno se pone melancólico por los buenos tiempos que se fueron; yo me puse nostálgico al recordar el momento en que empezaron los mismos y que, felizmente, sigo viviendo.

            Uno crece

            Como ya mencioné arriba, el nivel del río no era el óptimo, de hecho estaba bastante sencillito, con rápidos clase dos y tres. Y ahí recuerdo la emoción que sentí la primera vez que fui, la adrenalina de novato, la emoción de experimentar algo nuevo.

            Disfrute el río, no lo voy a negar, pero no es el éxtasis que puedo alcanzar en Pescados o en Barranca Grande. Creo que el sentimiento que experimente es algo parecido como cuando regresas a los lugares de la infancia y te das cuenta que las cosas que recuerdas no son tan grandes o peligrosas como nos dicta la memoria.

            Recalco, no le estoy faltando al respeto al Amacuzac, porque en época de lluvias tiene Rápidos de excelente nivel. Sólo estoy diciendo que no es la misma experiencia cuando es la primera vez que cuando ya llevas 10 ocasiones distintas bajando diversos ríos.

            En lugar de sentirme triste o decepcionado, me sentí feliz, porque soy diferente y más experimentado a aquel Hebert siete años menor que vino a hacer rápidos por primera vez.

            Además, en esta ocasión me dieron un detallito sólo posible con el nivel bajo del rio: ya que me permitieron hacer un salto de uno tres metros y medio de una roca al final del trayecto, lo cual fue un pilón que no esperaba.

            Mister Uncongeniality

            A veces, cuando me nace y me lo propongo, puedo ser el tipo más mamador y antipático del mundo y, sin saber la razón, en ocasiones me surge serlo. ¿Por qué? Si lo supiera haría algo al respecto, créanme, pero a veces es un instinto más fuerte que yo.

            En la balsa hice muy buenas migas con todos pero resulta que unos se fueron a un hotel, y las otras dos parejas se fueron por su lado. Esto me dejaba a los de la otra balsa para convivir, que eran otras dos parejas y un grupo de cuatro españolas muy agradables.

            Sin embargo, por una extraña razón que desconozco, no me nació platicar con ninguno de ellos y los evite de manera evidente ¿Por qué? No lo sé, de hecho me decía a mí mismo “Ve e intégrate Hebert”, pero mi resistencia interna fue mayor, así que me la pasé tonteando por el campamento (los guías estaban ocupados y no podían ponerse a platicar conmigo) y maldiciéndome por no haberme traído un libro (si hubiera salido a tiempo, seguro se me hubiera ocurrido).

            Esta antipatía endémica y ocasional mía la explique con algunos ejemplos en el escrito de “Monstruos”, así que ya no ahondaré más en el tema. Sólo diré que al otro día ya conviví más con el resto de personas y me la pasé muy bien.

            Rappel y Cañónismo

            Esta es la tercera vez que hago Rappel y, aunque voy mejorando con cada oportunidad, creo que aún me cuesta, porque me sigo dando costalazos contra la pared y pierdo la postura a cada rato. Aun así lo disfruto y seguiré haciéndolo hasta que pueda dominarlo con mayor soltura.

            Lo que también hice por tercera vez fue el cañónismo y/o Salto de Cascadas, y éste se me da cada vez con mayor facilidad. De hecho, ahora salte con mayor decisión y facilidad hacia las pozas, en especial me sorprendí lo rápido que me aventé de 6 y 9 metros: una belleza. Digo, aún tengo que mejorar mi técnica de aterrizaje (Sigo con esa mentada manía de abrir los brazos), pero no cabe duda que esta actividad la disfruto bastante.

            De hecho ya quiero que sea Diciembre para volver a la Huasteca Potosina (Escrito que tengo pendiente :’-( y que me atormenta no avanzarlo -_-), para volver a saltar de todos aquellos lugares que me hicieron superar mis miedos a saltar de tan alto.

            La gente
            Todas las personas con las que conviví tenían esa vibra tan especial de los que se animan a hacer ecoturismo, pero mi esencia vibraba mejor con algunas que con otras. Por el lado positivo, hubo un trío de hermanos chilangos que estuvieron conmigo los dos días, mismos que me preguntaban mucho sobre las actividades y, ya encarrerados, sobre mis viajes.

            Estos chicos me cayeron muy bien y, para ser novatos, hicieron todas las actividades de manera valiente y decidida, lo cual me hizo admirarlos y felicitarlos por la actitud mostrada.

            Por otro lado, también se me acercaron un papá con su hijo que no me resultaron del todo agradables, y no es que fueran malas personas, al contrario, se mostraban muy amables y platicadores conmigo pero ahí está el problema: me agobiaban.

            Como les voy a compartir en el escrito de la Ruta Huasteca (Síp, ese que tengo pendiente ¬_¬). No sé qué tiene mi esencia que acabo atrayendo a gente teta, encimosa y agobiante, misma que se me pega,  no me deja respirar y debo escabullirme para platicar con alguien más. Algo me querrá comunicar el Universo para que me siga enviando gente así. Espero descubrirlo pronto antes de cometer un asesinato.

            “Se me olvido que tú también eres cliente”

            Creo que esta frase fue la más bonita que recibí en todo el viaje y casi me saca una lágrima, pero vayamos por partes.

            De tantos experiencias de Ecoturismo que he tenido, vas conociendo a bastante gente del ambiente así que, al igual que en la Huasteca Potosina, en esta ocasión platique con lo guías de anécdotas de otros de sus colegas. De hecho creo que conviví más con ellos que con los clientes, inclusive había confianza para ayudarlos en pequeñas cosas, lo cual hacía con gusto.

Y no sólo con los guías, con el Staff, porque le serví de copiloto al buen Benja, mismo que me platicó muchas de sus aventuras y así el camino a Mil Cascadas se me hizo súper breve. Qué bien me cayó Benja, un ser muy noble y generoso.

Al final de la comida del Salto de Cascadas, deje la mesa de clientes y me puse a platicar y convivir con los guías mientras comían. Nos pusimos al corriente de los conocidos en común, tanto en Jalcomulco como en Ciudad Valles, incluso intercambiando chismes de ellos.

En momentos así me siento muy integrado a su ambiente, y también siento que ellos me aceptan de buena gana. De hecho Julio, el guía en jefe, estaba apresurando a Eder (que nos acompañaba en la camioneta) y me explicó “Es que él debe irse con los clientes de regreso” a lo que se quedó pensativo un segundo y me dijo con una sonrisa “¡Perdón! ¡Se me olvidó que tú también eres un cliente!” Sin quererlo me hizo un gran regalo porque, por un breve momento, me considero alguien de su mundo.
Antes de partir, todavía me quedé platicando un poco más con todos ellos y nos despedimos con un abrazo fraterno, prometiéndonos que nos íbamos a ver en Chisco, Jalcomulco o en la Huasteca Potosina, en donde íbamos a compartir alguna Balsa Suicida.

Y así acabaron estos dos días llenos de aprendizajes, experiencias, sentimientos y momentos que me llenaron el alma, así como también hubo situaciones que me recuerdan que aún hay muchos aspectos míos que debo de trabajar.

Me fui con la promesa interna de regresar en época de lluvias, para disfrutar el río en su máximo nivel y disfrutar Mil Cascadas con su impresionante belleza natural. Y también, durante el camino de regreso, agradecí una y mil veces aquel viaje de hace siete años, mismo que me iba a cambiar la existencia a una que disfruto mucho el día de hoy.


Hebert Gutiérrez Morales.

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