viernes, 5 de junio de 2015

La Capital Mundial (Nueva York, Parte IV)

           “Decía: Soy una hija de la Chingada. Pero luego me consolaba: Las hijas de la Chingada no lloran Violetta. Me ponía la mano entre la boca y el oído, y me decía cosas sin dejar de llorar. No tenía ni dos semanas en New York y la puta ciudad me estaba dando de patadas” – Xavier Velasco (“Diablo Guardián”)
Luis y su servidor en el High Line Park

Concluimos el relato de la semana que pasé en Nueva York, para leer la tercera parte de esta saga pueden pinchar este enlace.

Tecnología al servicio del viaje

Recuerdo perfectamente que cuando “tuve que” comprar el Smartphone, menté madres por entregarme a esta etapa de avance tecnológico pero, en los últimos viajes, me he dado cuenta de su gran utilidad.

Cuando llegábamos al hotel me ponía a checar el itinerario del siguiente día, viendo cómo iba a estar el clima por si nos convenían lugares abiertos o cerrados; también verificaba las rutas de transporte que debíamos de tomar, así como el orden de las visitas de acuerdo a la distancia entre sí.
Una de las fotos creativas (y ciertas) del MoMA

Previamente me informaba de la historia de los lugares a conocer, así como los horarios de visita y las mejores opciones para comer alrededor (sobre todo en su relación calidad-precio).

Así, aunque no tuviéramos Wi-Fi durante el día, ya teníamos toda la información desde la noche anterior, y así le sacábamos todo el provecho posible a la jornada. Es más, hasta el mentado Whatssapp nos ayudó a la distancia, ya que mi vecina nos avisó de que la ventana del coche de Luis, que lo dejó estacionado en mi casa, estaba abierta, así que nos apoyaron para cerrarla.

Por esta ocasión, me trago mis palabras al reconocer la valía de esta tecnología que cada vez nos hace menos humanos pero que, a veces, puede facilitarte mucho la vida y optimizarte tiempo.
Hermosa frase en el Hudson River Park

Parques

            Central Park es tan grande que mereció su propio escrito, pero no fue el único que visitamos. Junto a la librería pública estaba el Bryant Park, mismo que estaba pequeñito pero muy bonito, con muchos detalles que lo hacían resaltar como las lámparas, los accesos, algunas esculturas, las bancas y los jardines excelsamente cuidados. Y es que, al albergar un lugar tan bello como la librería pública, Bryant Park no se podía quedar atrás en cuanto a belleza.

            El Hudson River Park está sencillo pero sus detalles lo hacen un lugar muy acogedor: una frase por allá, una escultura por acá, las bancas, los gansos, un dibujo de NY con gises y de fondo las ruinas de los antiguos muelles. El lugar es ideal para correr o andar en bici ya que, a pesar de estar al lado del tráfico neoyorkino, en este parque alargado y delgado, se siente una tranquilidad muy agradable.
The High Line Park

            Pero mi favorito, después de Central Park obviamente, fue The High Line Park. Una zona verde muy ingeniosa que fue montada sobre el camino de un tren elevado en desuso. Como las vías estaban abandonadas, hicieron un parque en las alturas, el cual te otorga una diversión muy infantil al estar caminando encima de los coches.

            Además de la peculiaridad de su ubicación, el High Line Park es MUY bonito, está diseñado de manera muy creativa, ofreciéndote muchas obras de arte alternativo (y no eran puntitos ni bolitas como en el MoMA) muy bien ubicadas, dándote la sensación de que había mucho pero sin sentir agobio alguno.

Expresándome en el High Line Park

            No sólo eran las obras de arte en el parque, sino los murales en los edificios aledaños al mismo y es que, con o sin pinturas, el hecho de pasar junto a edificaciones viejas, te da un toque más clásico de NY. La verdad, quien haya diseñado este lugar, tuvo una visión sensacionalmente creativa para convertir una estructura abandonada en un parque bonito, diferente, artístico y bastante entrañable :’-)

Dentro del diseño, no quitaron los durmientes, al contrario, las plantas crecen en medio de las vías, brindándote una sensación de naturaleza que invade la rudimentaria civilización (sí, ya sé, estoy pachequeando).

            La ventaja de visitar estos parques en días laborales y con clima nublado, es que había poca gente, así que los pudimos disfrutar a plenitud sin una multitud que nos engullera porque, según me dijeron, normalmente están a reventar en días soleados y/o en fines de semana. Ahí recordé por qué no viajo en temporada alta: para evitar las aglomeraciones de gente o, en el caso de Nueva York, para evitar aglomeraciones de gente más grandes (porque en NY siempre hay mucha gente).

            Debido al exceso de lugares y a que sólo teníamos una semana, tendré que dejar para mi siguiente visita el Corona Park, el Brooklyn Bridge Park y el Prospect Park
"Gas" de Edward Hopper (MoMA, NY)

            Museum of Modern Art (MoMA)

            A diferencia de lo que comenté (en el escrito pasado) sobre el Guggenheim, con el MoMA sí me había hecho grandes expectativas, mismas que crecieron cuando no pude visitar su homónimo en San Francisco (que estaba en remodelación). Tal vez porque no es mi tipo de arte pero, tristemente, el MoMA me decepcionó profundamente, sobre todo después de haber visitado algo tan maravilloso como el Met.

            Sé que el arte está en los ojos de quien lo ve pero, para mi idiosincrasia, el ver cuadritos, puntitos, manchitas, palitos y demás NO es arte, sin embargo, veía al público embobado con obras que perfectamente pudo haber hecho un chamaco de kínder en su ratos de ocio. Seguramente no tengo una visión artística tan refinada o revolucionada pero, en verdad, no encontré algo espectacular en estas supuestas genialidades “¿En serio esta mamada es arte?” me preguntaba con extrañeza.
"The Empire of Light II" de René Magritte (MoMA, NY)

            Para mí, el arte debe decir algo, expresar un sentimiento, una idea o un concepto. Tal vez eso se pueda lograr a través de puntitos y manchitas, pero con algo de idea y no colocarlos al azar, al vil chilazo, en una expresión de ocio o aburrimiento más que en una actitud creativa. Obviamente la interpretación varía dependiendo el espectador, y espero que en realidad que esas personas capten algo en esas manchas sin sentido que están expuestas en una pared y no que expresen admiración por algo que en realidad no entienden.

            Tal vez estoy mal y tenga una percepción muy simple de las cosas porque, como decía Oscar Wilde: “El artista no debe esforzarse por ser entendido, es el público el que debe esforzarse por entender al artista” y, supongo, que si están en un museo tan prestigioso, es porque alguien ya los entendió pero, por desgracia, yo no.
"Christina's World" de Andrew Wyeth (MoMA, NY)

            Por más que me digan que un pizarrón todo pintarrajeado de gis, una definición de diccionario en un lienzo, unos desechos de tela, una hamaca multicolor, un montón de vidrios o piezas de fundición inconexas son arte, para mí sólo es basura de alguien muy brillante que logró venderlo como expresión de genialidad.

            Se puede ser diferente sin tener que tomarle el pelo a la gente, ahí tienen la visión creativa de Dalí, Picasso, Miró, Chagall, Munch o Magritte (de los cuales había obras en exposición), cuyo arte está muy lejano de la convencionalidad, que fue original, reluciente y, sobre todo, expresaban algo realmente.

            No fue la regla, sino la excepción, pero sí logré contemplar algunas obras muy buenas, las cuales resaltaban más entre tanta banalidad pseudoartística, pero lo más valioso que encontré fueron tres pinturas de uno de mis pintores favoritos: Edward Hopper. Pero sus cuadros, mucho más bellos y artísticos que el 90% de lo expuesto en todo el museo, estaban arrinconados frente a los elevadores, ni siquiera estaban en una sala central, y ahí acabé de comprender lo que el mundo actual encuentra atractivo.
Su servidor a las afueras del MoMA

            Hoy en día se le da importancia a lo más popular, no a lo de mejor calidad. Esto es evidente cuando uno ve toda la atención que recibe el “arte” de Andy Warhol (con sus latas de sopa o sus fotos coloreadas de Marylin) que no se compara con el arte profundo e íntimo de Hopper, pero que la gente no repara en ello. Lo triste es que Warhol siempre va a ser más recordado, reconocido y popular que Hopper, todo porque lo comercial siempre resalta, sin que tenga que ser lo mejor.

            Grand Central

            ¿Qué puede tener de especial visitar una terminal? Cualquier terminal seguramente no, pero cuando hablamos de Grand Central, las cosas cambian.

            Esta monstruosa construcción es una pequeña ciudad enclavada en Manhattan. Resulta notable cómo en NY hay lugares turísticos que también son funcionales y que sirven para su propósito inicial (como la Librería Pública, Wall Street, el Ferry a Staten Island y, obviamente, Grand Central), en donde la gente va a lo suyo (trabajar, transportarse, leer y demás), no a ser atracción turística y, sin embargo, no pueden evitarlo.
Grand Central

            Sin ser un centro comercial o museo, encuentras diversas tiendas, restaurantes y una que otra obra de arte muy bien acomodada en el ámbito de estación de trenes que sigue siendo este lugar. Como en todo NY, hay demasiada gente aquí, pero siempre en movimiento, muchos corriendo para no perder su tren. Y así es fácil distinguirnos a los turistas, mismos que estamos en un tono más relajado, tomando fotos y disfrutando de una hamburguesa sin que el tiempo nos corra.

            Los Rascacielos
           
Obviamente a uno le deben llamar la atención la gran cantidad de edificios tan altos que hay en Nueva York pero, por lo mismo de su abundancia, uno ya los empieza a tomar como parte del paisaje y hasta dejas de reparar en ellos.
Las nubes cubriendo los edificios

Nuestros últimos tres días en Manhattan resultaron nublados y ahí recordamos la altura de los rascacielos, ya que la neblina los tapaba por completo, era como si las nubes hubieran bajado dando un espectáculo muy novedoso para mí.

Además del nuevo World Trade Center (que está altísimo como la chingada), también visitamos el Edificio Chrysler con su estilo Art Deco que resulta extrañamente elegante y su estética te produce una inexplicable sensación de nostalgia.

Otro edificio que no considero un Rascacielos, pero que en su época lo fue, es el Flatiron Building: construcción vieja pero bonita, muy diferente a los edificios más populares de Manhattan y por ello resalta más. Aunque, a pesar de ser diferente, Luis y yo no lo encontrábamos, y eso que lo teníamos frente a nuestras narices ¬_¬U.

Debido al clima, estuvimos posponiendo la visita al mirador del Empire State lo más posible, hasta que hubiera un día claro para disfrutar de la vista, cosa que ya no pasó así que, como ya teníamos pagado el boleto, pues de todas formas subimos a medio ver y darnos una idea del panorama tan maravilloso que hubiéramos disfrutado. Así que otro pendiente cuando vuelva a NY: Subir al Empire State en día soleado :’-(.
Entrada al Empire State

            Consumismo

Intento ser empático, a veces no me sale, pero entiendo que para Luis era su único viaje a Estados Unidos ese año, mientras que yo hice cinco en total. El hacer shopping me era algo totalmente irrelevante, porque prefería visitar tantos lugares como me fuera posible y, además, ya había hecho muchas compras en Las Vegas (de manera planeada) y en San Francisco (De manera no planeada).

De todas formas, hacíamos pequeños huecos en el itinerario para que mi amigo hiciera sus compras aunque, desde mi perspectiva, Manhattan es muy caro para el shopping, pero no teníamos tiempo para salir a algún Outlet en los Suburbios.

A pesar de sólo ir en calidad de acompañante a las tiendas, siempre se me pegaba algo que no podía dejar de llevar y al final, igual que en San Pancho, acabé comprando muchas cosas que no tenía consideradas (pero que fueron excelentes adquisiciones).
Desde la cima del (nublado) Empire State

Sé que soy redundante con escritos pasados, pero hay cosas que son tan curiosas, originales o baratas que sería casi un pecado no comprarlas, lo cual me recuerda que la economía de este país está sustentada en el consumo.

Personalmente ya me empezaba a preocupar “¿Otra vez comprando Hebert?”, incluso me entristecía que el modus vivendi gringo ya hubiera permeado de manera profunda en mi inconsciente pero, felizmente, en Chicago me di cuenta que el problema no era yo: son los acompañantes que me inducen al pecado del consumismo (¡Uff!). Pero ya trataré ese tema en el escrito de la ciudad de los vientos.

             “Porque en New York ni tu dinero es tuyo. Lo andas cargando, sí, pero es de la ciudad. Cualquier cosa que cae sobre la superficie de New York es automáticamente newyorkina. O sea, propiedad privada de New York. La ciudad no te adopta, te soborna. Te compra y te tira, por eso la quieres. Y querer así envicia” – Xavier Velasco (“Diablo Guardián”)

Juguetes para niños y para adultos.
Rueda de la fortuna dentro de juguetería O_ó

Nunca hubiera considerado en el itinerario entrar a jugueterías pero Camelia me recomendó entrar a dos de ellas: una que se encuentra en contraesquina a Central Park y otra que está en el corazón de Times Square.

Cuando entre a ellas, en verdad lamenté no ser niño: Jamás imaginé que hubiera jugueterías así de grandes. Era tan imponente lo que contemplas que, aun siendo adulto, la ilusión te invade por adentrarte en un mundo mágico. Eran tan extensas que, la de Times Square, tenía una rueda de la Fortuna DENTRO de ella. Ahí es cuando recuerdas que los gringos son capaces de muchas cosas que no creías posibles (el poder de la mercadotecnia y el consumismo).

Otro lugar en el que vimos juguetes y exposiciones igual de divertidas pero menos “familiares” fue el Museo del Sexo que también estaba en la zona de Times Square. Un museo pequeño, el cual te atrae más por el morbo pero que, al final del recorrido, resulta divertido y entretenido. Obvio no es una visita que les recomiende ampliamente, de hecho ya no volvería a entrar, pero fue una experiencia diferente ver las perversiones humanas de manera tan abierta e inclusive comercial.
Anuncio en el Museo del Sexo

El Regreso/Conclusión

Al regresar a la Ciudad de México tanto Augusto (San Francisco) como Luis (Nueva York) se sintieron deprimidos por haber dejado el primer mundo atrás y tener que regresar al tercero, efecto que se agudiza cuando una zona tan fea como Zaragoza te da la bienvenida. Sé cabalmente lo que sintieron porque lo experimenté la primera vez que regresé de Alemania pero, con el paso de los viajes, sólo he aprendido a aceptarlo: “Este es mi hogar”.

            Nunca valoré ni quise tanto a México hasta que empecé a viajar al extranjero, es más, cada vez que regreso, inevitablemente pienso “¡Qué bonito es mi país!” sin que sea perfecto ni el mejor, pero sí tenemos muchas cosas buenas, lo cual tampoco quiere decir que me resigne y acepte todos sus defectos sin oponer resistencia.

            Lo disfruto y lo quiero, pero también hay mucho que mejorar, que me resulta evidente al ver situaciones óptimas en el primer mundo, y también entiendo que el cambio empieza por uno.
Playera de un Restuarante frente al Flatiron

            Regresando con mis amigos, mismos que tenían más de una década sin haber pisado suelo gabacho, en donde recibieron un baño de primer mundo, resintieron regresar a nuestra realidad.

            Después de visitar ciudades importantes a nivel mundial (SF, Berlín, Las Vegas, Múnich, NY, etc.) es cuando más agradezco lo que mis padres me pudieron dar, sobre todo el baño de humildad que recibí con la educación austera y sencilla que me tocó, porque comer en mercados, ir a fiestas de pueblo, asistir a escuelas públicas, visitar las casas de personas menos afortunadas, que los que nos daban servicio se sentaran a la mesa con nosotros a comer te van haciendo más consciente de que no eres ningún ser divino.

            Gracias a toda esa valiosa educación que recibí en aspectos de humildad, decencia y consciencia, es que puedo disfrutar y valorar más estas experiencias tan inalcanzables e inimaginables en mi niñez y juventud. Ahora podré tener viajes internacionales a destinos chic y volverme un poco más cosmopolita, pero no voy a sentirme hecho a mano porque sé perfectamente de dónde vengo.
The Met

            En mi familia no éramos pobres, pero tampoco éramos ricos. Por ello disfruto cada uno de estos viajes, porque me hacen crecer gracias al otro espectro más local que experimenté en casa.


            Hebert Gutiérrez Morales.

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