miércoles, 3 de junio de 2015

La Gran Manzana (Nueva York, Parte III)

            “Me la vivía a galope, como si nunca hubiera dejado de correr. Que, si lo ves con calma, es verdad: siempre estoy escapándome de algo. Miro una cara conocida y mi primer impulso es correr a esconderme. De repente la vida es como un videojuego que no puedes apagar, y tienes que correr antes que él te apague a ti. Así que yo corría, diario y a toda hora. Ésa era la idea que tenía de New York: un maratón que nunca se detiene, igual que el videojuego de mi vida ¿ajá? Pero todo eso se me iba a acabar, era de lo más obvio” – Xavier Velasco (“Diablo Guardián”)
En el Puente de Brooklyn

            Continuamos con el relato de esta semana en Nueva York, para leer la segunda parte de esta saga, pueden dar click en este enlace.

            Capilla de St. Paul (Zona del 11 de Septiembre)

            Dentro del itinerario estaba visitar el museo y/o memorial del 11 de Septiembre. Lo chistoso es que, justo antes de comprar los boletos, nos dimos cuenta que a ninguno de los dos nos interesaba dicho lugar ¿Cómo demonios se coló este lugar en nuestro Tour? Honestamente no lo sé.

            Pero sí entramos a la capilla de St. Paul, en donde había muchos recuerdos, fotos y objetos de aquel día en que fueron atacadas las torres gemelas. Lo admito no soy simpatizante de toda la indignación, desde mi perspectiva, sobredimensionada de lo que pasó aquel día. A pesar de ello, queda muy patente lo traumático que resultó para los gringos, y lo veo por la cantidad de dolor y dramatismo que se reflejaban en dichas imágenes. Aunque no debería extrañarme, porque en los templos religiosos usualmente se explota el dolor y el dramatismo.
En Wall Street

            En fin, quitando todo lo del 11 de Septiembre, la capilla está muy bonita por fuera.

            Trato de gente

            En esta visita volví a comprobar como la miel caza más moscas que la hiel, y fueron dos ejemplos muy claros.

            Al pasar por Chinatown, muchos nos invitaban a pasar a sus negocios, uno de ellos me retaba a encontrar precios más baratos que los suyos, me decía que “tenía” que entrar a su tienda, todo esto con un tono bastante imperativo e incluso violento. Ni siquiera me paré por su local ya que, así regalara la mercancía, obviamente no me nacía comprarle nada a un sujeto así.

            Más adelante entramos a un negocio con una pareja de viejitos MUY amables, en verdad me sentí muy cómodo, ya que me ofrecían sólo lo que quería ver, no me agobiaban y me hacían la plática de manera natural, tanto que me sentías más como una visita que como un cliente. Fue barato lo que adquirimos ahí pero el precio pasó a segundo término por el trato tan cálido que recibimos.
"Serena Pultizer" de Klimt (en el Met)

            Es factible que a muchos les guste el trato rudo, regatear y retarse mutuamente pero, por lo menos para mí, ese trato no es nada atractivo como consumidor. Y eso lo volví a comprobar con un par de artistas que me abordaron en el viaje.

            Fuera del Met, había unos hiphoperos que te ofrecían su CD por $5 USD, uno me abordó argumentando su maravillosa música y que “tenía” que comprárselo. Al rechazarlo de manera educada, se puso pesado, incluso insultándome “Malditos extranjeros, sólo vienen a robarnos y uno intenta hacer su lucha y bla bla bla”. La verdad ni lo pelé, sabía que de palabras no iba a pasar porque alrededor había mucha gente y la policía estaba cerca.

            Un par de días después, frente al Edificio Flatiron, otro Nito se nos acercó, también ofreciéndonos su compacto, pero su táctica fue diferente “Hey Bro! Where are you from?” me preguntó, cuando le dije que era mexicano, empezó a alabar a mi país, que le daba mucho gusto que visitáramos su ciudad, siempre con un tono simpático, natural y hasta encantador, en ningún momento lo sentí fingido o agobiante.
Mural visto desde el High Line Park

            Así continuó por unos minutos y no tuve oportunidad de mandarlo a la goma, ni siquiera le puso precio al CD cuando me lo dio, de hecho ¡me lo regaló! Diciéndome “I want you to hear my music, because someday I’m gonna be famous. Here, take it as a gift”. Obviamente no iba a dejar que esto se quedará así, y le di $10USD por el mentado CD.

            La estrategia de los dos chavos (el del Met y el del Flatiron) me facilitó mucho la decisión, ya que el primero no me dejó más alternativa que rechazarlo, mientras que el segundo no me dejó otra alternativa que comprárselo. Aunque sea en las calles, uno puede recibir muchas lecciones gerenciales en estos viajes.

            Un año ha pasado desde entonces, y ni siquiera he escuchado el mentado CD (ni recuerdo dónde lo dejé), pero sigo teniendo muy presente la lección que me dio el muchacho del Flatiron, en donde me “obligo” a comprar su CD de manera tan convincente que hasta gusto me dio adquirirlo: No sé si en el mundo musical pero, seguramente, ese muchacho va a lograr cosas grandes (y espero que así sea).
En Times Square

            Noche + Times Square = Locura Total

            Si una noche cualquiera este lugar es impactante, no me quiero imaginar lo que es en la del 31 de Diciembre. Times Square era una locura, estaba a reventar de gente, de negocios, de tantos anuncios resplandecientes que no sabes a dónde voltear, lo mismo pasa con la gente, la ves tan elegante como estrafalaria, tan intimidante como amigable, tan fea como atractiva, en resumen, hay de todo que tampoco sabes a dónde ver.

Es una bendición que conozcas este lugar de forma anticipada a través de los medios porque, de lo contrario, venir aquí sin ninguna advertencia previa puede ser bastante perjudicial para una psique cualquiera. Y, a pesar de conocerlo con anticipación por vídeo, el golpe sensorial es impresionante.

Wall Street

La zona de Wall Street es muy concurrida, incluso para los niveles que maneja NY, y es un poco extraño estar ahí. Irremediablemente te sientes fachoso con tanta persona tan impecablemente vestida, que lo complementan con una actitud segura al momento de desplazarse. Lo chistoso es que esa misma gente, sin dejar la elegancia del todo, una vez en al metro se muestra muy relajada y hasta amigable; las chicas se quitan las zapatillas y se calzan unas sandalias para viajar cómodas y los hombres se aflojan las corbatas mientras se desparraman en los asientos.


Y es que al estar en esas calles se percibe un gran poder, es extraño pero así lo sentí. Tal vez sea ese carisma infundado que a uno se le anida en la cabeza de escuchar Wall Street y percibirlo como el lugar en donde se deciden los futuros de muchas corporaciones y hasta de países.

Museo Guggenheim

            Me alegro de no haberme hecho ninguna expectativa del Museo Guggenheim porque, de lo contrario, mi desilusión hubiera sido inclusive mayor. A excepción de la construcción, que es muy original, y de un par de exposiciones (una fotógrafa gringa alternativa y un pintor italiano con toques futuristas), el resto de este museo no vale la pena. Pero la gota que derramó el vaso fue el que no te dejaran sacar fotos gratis, lo cual me indignó “Pinche museo pedorro ¿y encima te cobran para sacar fotos? ¡Váyanse a la fregada!” fue lo que pensé.
 
"Office in small City" de Edward Hopper (The Met)
            Desde mi perspectiva, se pueden ahorrar el dinero y el tiempo de esta visita, y mejor dedicarse a uno de los mejores museos del mundo, que a continuación les comparto.

            The Metropolitan Museum of Art (The Met)

            Lo siento, es obligatorio el uso de groserías: El Met es un Museo de ¡No Putas Mames! Sé que suelo ser muy exagerado, absolutista y extremo en mis afirmaciones (y me vale, porque es mi blog), así que voy a tratar de mesurarme en esta otra declaración: El Met es, sin duda alguna, el museo más chingón, impresionante, imponente e irreal que he disfrutado hasta el momento. Para los amantes del arte, es un lugar que hay que visitar, al menos, una vez en la vida. Es más, el viaje a Nueva York se justifica con recorrer este Museo para lo cual necesitas unos tres días (si vas en chinga, aun así necesitas dos), y es que el Met es como cinco o seis museos en uno solo.
 
Autoretrato de Leonora Carrington (The Met)
            El edificio es hermoso, es ENORME, tiene una cantidad irreal de exposiciones, además de ser generoso en la cantidad y calidad de las obras, ya que hay para todos los gustos. Mi frustración con este lugar es que es el primer museo que no acabo, porque es imposible verlo en un día, así que tuve que priorizar e ir exclusivamente a las secciones que más me llamaban, y en las no me tardaba ni un santiamén, aunque me hubiera gustado quedarme a degustar cada sala pero tenía mucho por ver.

            Normalmente, cuando encontrábamos un lugar con Wi-Fi gratis, lo activábamos para estar en contacto con nuestros amigos, pero yo estaba tan anonadado, que preferí no hacerlo, no fuera que me interrumpieran en esta travesía de arte tan increíble. Y es que hay pinturas, esculturas, lienzos, muebles, vitrales, artesanías, fotografías y demás expresiones artísticas de distintos, lugares, épocas y personas alrededor del mundo. Es un laberinto interminable de tres pisos para el cual necesitas el mapa que te dan a la entrada para no extraviarte (y a pesar de ello me perdí en un par de ocasiones).
Interior del Met

            Me ilusione y entristecí con este museo, y es que es tan enorme que te emocionas de encontrar un lugar con tanto por descubrir, para después sentirte agobiado por no poder acabarlo todo, por lo que debes de renunciar a quién sabe qué tantas maravillas para poder ver otras.

            De hecho hay un punto en el cual te insensibilizas, porque ves tantas hermosas obras de arte que sólo ves de reojo en tu trayecto a otra sala. Y, aun así, me lleve varias sorpresas de lienzos que me atraparon, me hicieron detenerme y, al interrumpir mi frenesí, Sólo me quedaba decir: “¡Wow! ¡Qué maravilla!”

            Es tan impresionante este lugar que tan sólo la tienda de Souvenirs es muy vasta e interesante, de hecho te puedes pasar dos horas ahí, sin la necesidad de comprar, porque hay tantas cosas tan chidas que te da para pasártela chévere un muy buen rato.

            Nueva York callejero
 
En el Madison Square Garden
            El metro en NY es muy práctico, además de necesario para las visitas, pero parte del gusto de conocer esta metrópoli es recorrerla a pie. Sin comparar nada (porque la mayoría está muy caro) caminar por la Quinta avenida es muy divertido; sin irle a los Knicks o a los Rangers visitar el Madison Square Garden es especial; en el Carnegie Hall sientes toda esa solemnidad y elegancia por los eventos que ahí se realizan; o, a pesar de que estaba en remodelación, uno no puede dejar de apreciar lo imponente de la Catedral de San Patricio.

Luis se emocionó de sobremanera cuando visitamos el Rockefeller Center, aunque su catarsis hubiese sido mayor si hubiera estado nevando y gente patinando sobre el hielo. Por mi parte, me emocioné por el Radio City Music Hall, lugar en el que se había hecho el draft de la NFL 2014 unos días antes a nuestra llegada.

Desde el Ferry de Staten Island
Pero no sólo son los lugares famosos, ya que no era extraño que nos encontráramos con diversas esculturas, murales, exposiciones en el metro, fachadas, escaparates genialmente montados e incluso un fragmento del muro de Berlín durante nuestras caminatas por las calles de Manhattan. Ya pasear por las aceras neoyorkinas es un placer per se, aunque no visites algún lugar en específico.

Todos esos lugares son muy bonitos por sí mismos, aunque el carisma de NY (al haberlos visto a través de distintas pantallas) te hace más especial la visita, de una manera tonta te sientes importante por estar en lugares que, a lo largo de los años, sólo habías visto en grabaciones pero nunca te pasaba por la cabeza visitarlos en persona.

El Ferry a Staten Island y el Puente de Brooklyn.
           
            “Esto es primer mundo” fue lo que pensé cuando llegamos a la salida del Ferry hacia Staten Island (una de las cinco partes que componen la ciudad de NY junto con Manhattan, Brooklyn, Queens y el Bronx).

            Pensé eso porque la estación estaba limpísima, muy moderna y bien cuidada, inclusive tenían Wi-Fi de excelente calidad ¡y gratis! Además estamos hablando de un servicio de transporte público y gratuito. Algo tan bueno y que no cueste sólo se ve en el primer mundo.
 
Skyline desde el Puente de Brooklyn
            El Ferry de Staten Island es una opción maravillosa y gratuita de conocer la bahía de Nueva York, en donde puedes ver el Skyline de la ciudad, además de la Estatua de la Libertad y Ellis Island a la distancia. El trayecto te brinda la oportunidad de relajarte un rato, viendo hacia el mar y tomándote un chocolatito (la embarcación tiene cafetería) que te caliente de las frescas brisas marinas.

            Fue curioso pero, para ser día laborable, el 80% de los pasajeros éramos turistas porque, en cuanto nos bajaron del Ferry, de inmediato nos volvimos a subir para que nos llevara de regreso a Manhattan, y es que es una opción que todo turista debe aprovechar.

            Bajándonos del Ferry, ya de regreso, nos quedaba cerca el puente de Brooklyn, una construcción antigua de concreto, acero y madera que te da una sensación muy padre recorrerlo. Al igual que la estatua de la Libertad, en las películas se ve más grande que en la realidad, y no me refiero a lo largo, sino a lo alto, o tal vez es que tenía muy fresco el recuerdo del Golden Gate.
 
Fotos de Marylin Monroe en el Metro
            El puente está bien cuidado y mantiene ese toque clásico que te brinda la sensación de estar cruzando hacia el pasado. El camino de la sección peatonal es una delicia con los pisos de madera, las bancas y las farolas antiguas que lo resguardan.

            China Town, Little Italy y SoHo

            Me gustan los lugares que te muestran distintas facetas de un barrio a otro, así en nuestras jornadas parecía que visitábamos distintas ciudades sin salir de Manhattan. En China Town, me acordé de la Ciudad de México con todo su caos, ruido, smog y basura, pero no se comparaba al China Town de San Francisco en donde uno sí se sentía más en un ambiente oriental. No me sorprendió que los Souvenirs eran más baratos en dicho lugar porque (obviamente) estaban hechos en China.
 
Librería Pública de Nueva York
            Cerca de ahí fuimos al barrio Italiano neoyorkino, un lugar muy bonito, con casas bien cuidadas y con restaurantes que expedían olores que nos invitaban a pasar. Comimos una pizza muy rica pero nada que no hubiéramos probado en México (incluso mejores y a un menor precio).

            SoHo (South of the Houston Street) es un barrio delicioso. Por desgracia no pudimos ir en fin de semana para ver todas las opciones culturales, musicales, artísticas y hippiosas que ahí se montan. A pesar de ello, entre semana también se puede sentir ese ambiente alternativo y diferente, muy ad hoc a lo que viví días antes en suelo californiano.

            Producto de ese ambiente tan hippioso y alternativo, los negocios en SoHo son más coloridos, relajados y baratos que en otras zonas de Nueva York. No le llega en lo alternativo a un Haight-Ashbury, pero es una zona en la cual me encantó estar, además encontré un par de tiendas en donde vendían prendas con una personalidad muy irreverente (corbatas con calaveras, playeras con mensajes políticamente incorrectos o camisas con un toque vintage). Cuando vuelva a Manhattan visitaré SoHo en fin de semana para disfrutar la personalidad de este lugar en todo su esplendor.

Librería Pública
 
Techo de la Librería Pública
            Sé que sonará chistoso pero, entre tantas películas y programas en las que la he visto, la librería pública de Nueva York sólo la alcanzó a relacionar con “El día después de mañana”, filme que me encantó, aunque sé que no es una gran historia.

            La librería publica es un lugar maravilloso e impresionante, quede fascinado por su majestuosidad, tanto en la construcción como en su interior y es que todo, absolutamente todo, emana una elegancia y solemnidad bastante evidentes, es como si tuvieras que limpiarte los zapatos antes de entrar, porque es un lugar que se siente muy especial.
 
Literalmente estaba anonadado :'-)
            Al ver tantos libros, la seriedad y cuidado con los que los mantenían, el mobiliario en el que estaban, las obras de arte en el techo, los cuartos tan exquisitamente adornados, los lienzos, las lámparas, las escaleras, las alfombras, los relojes y cada detalle tanto mínimo como portentoso, sólo me hicieron quedar profundamente conmovido por estar en un sitio mágico, en verdad quede fascinado con dicho lugar. De hecho, de no tener el tiempo justo para conocer tantos lugares, con gusto me hubiese quedado a leer un libro en esas mesas tan grandes y bellas en las que la gente se sienta a disfrutar de sus lecturas.

          “New York es como yo: tiene prisa por ser. ¿Ser qué? Lo que tú quieras. O lo que tú no quieras, pero no va a haber términos medios” – Xavier Velasco (“Diablo Guardián”)

            Hasta aquí esta entrega, en esta liga pueden leer la cuarta y última parte de este viaje.


            Hebert Gutiérrez Morales.

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