miércoles, 8 de julio de 2015

Creciendo de la mano de Erótica

            No podía conciliar el sueño fácilmente el pasado Sábado 4 de julio, justamente un año antes también me había costado conciliar el sueño, pero las razones eran distintas (¡Cómo cambia la vida en un simple año!). Estaba emocionado y, al mismo tiempo, asustado: a pesar de seis años de resistencia, nuevamente iba a saltar al escenario en una coreografía, y no sólo era enfrentar el miedo del baile, sino el pudor de mis traumas y educación.

            Pero vayamos por partes. En Agosto del 2009, salí en dos presentaciones de Rumba Mía en el 16º Festival de Danza “La Magia en Movimiento” en el Teatro Principal. En la primera función me presente en la Coreografía de “Los Muñecos”, que era de nivel intermedio y, honestamente, no me representaba ningún reto, así que la sacamos con relativa facilidad, por lo que no me sentí muy orgulloso que digamos.

            Para la función nocturna, sí estaba ansioso: La Coreo a presentar era “Vim Vim”, misma que me gustaba mucho y hasta renuncié a una tercera con tal de aplicar a ésa ¿Por qué? Todos los integrantes de esa coreografía me caían bien, desde mis maestros hasta mis compañeras y compañeros, además de que desde que la vi montada, me encantó toda la secuencia.

            Era una presentación importante para mí, por eso me esforcé bastante, al grado que era la “estrellita” de la Coreo, inclusive mis maestros me pidieron bajarle a la intensidad para que luciéramos parejos y no opacara al resto. La tenía tan bien dominada que no había ensayo en que no rescatara a mi “parejita” de baile, misma que estaba temerosa por lo que le decía “No te preocupes, si te equivocas, yo te salvo”.

            La vida en verdad tiene maneras muy extrañas de hacerte consciente, además de que maneja un sarcasmo de muy buen nivel.

            Durante la presentación me equivoque TRES veces (fueron casi nulas las que me equivoque en los ensayos), aunque el público en general (el “No-bailarín”) ni cuenta se dio ¿Por qué? Irónicamente mi parejita me salvó en cada ocasión, regresándome a la secuencia y al tiempo, cosa que le agradeceré el resto de mis días.

            Salí del escenario fúrico, nada me podía calmar, me aislé de inmediato mientras todos felicitaban a mis compañeros por el gran trabajo, y como no podía soportar la humillación, me retiré de inmediato, sin despedirme de nadie.

            No me podía perdonar, por un lado eché a perder el trabajo de equipo, toda por esa soberbia mía tan característica, por el otro, por mi propio ego, estaba flagelándome por no haber sido bueno en la única presentación que me importaba. Si me hubiera equivocado en “Los Muñecos”, sin duda lo hubiera superado rápido, pero no en “Vim Vim” que me significaba tanto.

            Tarde un año en ver la grabación, porque la humillación la tenía latente, cuando por fin la vi me sentí algo aliviado al ver que, con el apoyo de mi parejita, mis fallos se maquillaron muy bien (¡Gracias nuevamente Eliana!)

            A partir de entonces, cada vez que Rumba Mía me consideraba para una coreografía en público, rechazaba firmemente y a la primera oportunidad. Ellos sabían la razón y, por más que intentaban hacerme ver que no se acababa el mundo por un fallo, nunca pudieron convencer a este cabeza dura. Y así fue cada año que me resto en Rumba Mía hasta que la dejé el año pasado para empezar a bailar Jazz.

            Ya regresaremos a ese punto del tiempo, pero ahora vámonos un poco más atrás con otro trauma.

            Aunque fui obeso mis primeros 30 años de vida, nunca me sentí realmente feo hasta iniciar la secundaria, por el Bullying del cual fui víctima. Aunque sabía que no era guapo, me empecé a sentir como el ser más despreciable del mundo. Ya dediqué todo un escrito a las consecuencias de dicha época, pero hubo una herida que aún se mantenía relativamente vigente: el sentirme deseado, el sentirme sabroso, el sentirme sexy.

            Creo que esa falencia en mi amor propio ha sido una razón importante para mi nulo éxito en las relaciones de pareja: si no te la crees ¿Cómo quieres que los demás te la compren?

            A nivel intelectual, laboral, cultural, psicológico, deportivo y demás factores de mi ser tengo una alta autoestima (a veces demasiado inflada), pero en cuestión de atractivo físico, digamos que había aprendido a aceptarme como alguien “normal”; y esto fue un gran logro considerando lo bajo que me percibía en mi adolescencia.

Ya en Volkswagen, cuando tuve que vestir de traje, por lo menos empecé a sentirme elegante y formal, cosa que ayudó y aprendí a arreglarme pero, aunque siempre trato de verme lo mejor posible, de ahí a que me considerara “sexy” ya había cierta distancia de por medio.

            Volvamos al presente. Las clases de Jazz fueron diferentes a la Salsa, cosa que me hizo bien, ya que (literalmente) había huido de Rumba Mía y me hacía falta algo diferente. Seguí en el baile para cuidar mi coordinación corporal y la elegancia endémica de los bailarines, pero no por otro motivo. Ya no estaba interesado en fiestas, bailes, antros o presentaciones públicas. Sólo quería bailar en clase, nada fuera del salón.

            Juan, mi sensei jazzero, nos enseñó mucha técnica y nos montaba distintas coreografías para que practicáramos. Siempre me decía “Ya verás, vamos a montar una buena Coreo para el festival de Agosto”, algo que no me hacía mucha gracia así que le conté de mi trauma en ese mismo festival y, al igual que Rumba Mía, me dio sus ejemplos personales y trató de tranquilizarme y motivarme para intentarlo de nuevo “Pues esperarás sentado” fue mi respuesta interna, y es que en verdad no tenía intención alguna de bailar.

            Hubo un día en que nos montó una coreografía muy sensual (y un tanto “porno”) con la canción “Erótica” de Madonna, misma que me costó trabajo no por lo técnico, sino por la interpretación, pero no me preocupé en demasía porque seguramente, la iba a volver a cambiar. Además, como pasaban los meses y no montaba algo definitivo, ya me empezaba a tranquilizar de que no iba a bailar en el mentado festival.

            Pero, nuevamente, el destino tiene maneras muy propias de expresarse y, estoy seguro que, como soy sarcástico y manejo mucho humor negro, así es cómo me llegan los mensajes: Juan nos dijo que “Erótica” era la Coreo que íbamos a bailar en el festival.

            Entré en pánico, había tres poderosas razones para que no quisiera bailar: #1 El trauma que me quedó de la presentación de hace seis años #2 El no sentirme “sexy” #3 Era factible que me encontrara el día del evento a una mujer que no quería ver, misma por la cual deje la Salsa.

            Cualquiera de esas tres razones en solitario hubiera sido suficiente para que abortara la misión, pero con las tres juntas me quedaba claro que debía cantársela directo a Juan: “No quiero bailar” fue lo que le dije, pero como si le hubiera dicho “Qué bonito día ¿No crees?” porque ni me peló y se hizo el sordo.

            Seguí yendo a clase, un par de semanas después me enteré que a quien no quiero ver no iba a estar en Puebla en esas fechas “Vaya, un motivo menos del cual preocuparme”, pero aun así no tenía la intención de bailar en público. Continuaban los ensayos y cada vez dominaba más la coreografía, inclusive ya me salían más naturales los movimientos sexys, ya no sentía tanto pudor por hacerlos, ya no me sentía tan fingido, como que poco a poco empezaba a sentirme con derecho de ser deseable.

            Pero cada semana que pasaba me empezaba a estresar, Juan se comportaba como si en verdad fuera a salir en la Coreo y eso me preocupaba, ya no por mis miedos, sino por dejarlo colgado con su presentación. Cuando nos dijo el vestuario, me volví a sentir incómodo, pero ya para entonces estaba acostumbrado: cada vez que avanzábamos en la Coreografía, salían nuevos movimientos que me retorcían el estómago, incluida una vuelta de campana, ésa misma que nunca he podido realizar en mi vida y con la cual me he dado unos muy buenos madrazos.
 
            A cuatro semanas de la presentación, me dio los boletos y ya estaba en el grupo final en el cual, al ser pocos hombres, mi participación era importante. Eso fue el mentado cuatro de Julio.

            ¿Por qué no podía dormir esa noche? Por el debate interno, de alguna forma mi parte miedosa se había debilitado, esa misma esencia que me había impedido presentarme en coreografías desde mi lamentable experiencia en “Vim Vim”, ese miedo presente cada vez que me acercaba a una mujer y que me boicoteaba por no sentirme atractivo ni merecedor de atención.

            A pesar de la merma en esa parte timorata, seguía dando pelea pero, conforme fui recordando tantos miedos que he enfrentado en los últimos años: brincos de 10 metros, viajar solo, dejar lugares que quise mucho, superar barreras físicas y demás, me fui quedando sin argumentos para negarme.
 
Tenía que hacerlo ¿Por qué? Para quitarme esos dos pesos de encima: el miedo a bailar en una presentación y aceptar que también puedo ser sexy (ya el tercer miedo lo enfrentaré a su debido tiempo). Cuando por fin acepté el reto, pude conciliar el sueño y dormí profundamente.

A la mañana siguiente fui a nadar y fue maravilloso: Parecía que el mundo había cambiado, nadé con una soltura y vitalidad impresionantes e incluso superé un miedo que pensé que iba a ser perpetuo.

En la alberca en donde nado la parte más profunda tiene 1.5mts, pero la más baja tiene 90cms. En la parte honda me doy vueltas de campana con mucha facilidad y holgura, pero en la baja no me atrevía a hacerlo, por miedo a darme un buen madrazo en la tatema ¬_¬U.

Pero ese día estaba tan radiante que, sin pensarlo siquiera, di la vuelta de campana en la zona baja ¡Y no me pegué! :-) Estaba tan feliz y orgulloso de mí que nade 4000 metros, una distancia que desde la Prepa no recorría y salí tan pleno de la alberca, que no sentí cansancio alguno, es más, creo que pronto voy a regresar a mi distancia más larga: 5000 metros.

Algo pasó con esta decisión que tomé de participar en la coreografía de “Erótica”, algo se destapó en mi interior, como cuando tienes el fregadero tapado y alguien saca la bola de pelos y mugre que está obstruyendo el drenaje, y así todo fluye. Así me siento, de pronto siento que la energía en mi ser fluye de manera tan rica que ni siquiera puedo explicar cómo.

Durante estas cuatro semanas voy a dar lo mejor de mí, me voy a esforzar al máximo e intentar que todo salga perfecto. Sé que una desgracia como la de “Vim Vim” puede volver a pasar, pero ahora ya no tengo miedo, al contrario, siento mucha emoción para reencontrarme con mis demonios del pasado y hacer las paces con ellos.

Ya mandé las invitaciones a la gente que quiero que comparta este momento conmigo, sé que no irán todas, pero quien pueda asistir estará bien. Además voy a ver a mis amigos de Rumba Mía, lo cual es otro aliciente para que salga bien todo, porque quiero que estén tan orgullosos de mí como lo estoy de ellos.

Ya veremos qué pasa ese día, por lo mientras, me voy a seguir preparando y ver a dónde me lleva esta nueva libertad interna que se ha desatado en mi interior.


Hebert Gutiérrez Morales.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Very nice