viernes, 17 de julio de 2015

El imperceptible fluir del tiempo (Semana 29)

            Podría parecer lo contrario, pero no lo hago a propósito.

            Hay semanas en que me llaman la atención muchos temas pequeños que, por sí solos no alcanzan para un ensayo completo pero que, en su conjunto, dan un texto que me encanta compartir, ya que son diversos aspectos que pasan alrededor mío y, al compilarlos en una sola entrega, siento que es un escrito más rico que un tema único.

            Seis temas me robaron los pensamientos la semana 29 del 2015, pero en este ensayo sólo escribiré de cinco, ya que el sexto creció tanto hasta merecer un escrito independiente (y que publicaré inmediatamente después de éste)

            Friday I’m in Love

            Ante la escasez de música buena en la actualidad, estoy rascando muchas opciones desconocidas del pasado que nunca me tomé el tiempo de conocer. Dentro de ellas estoy escuchando toda la discografía de “The Cure” y ¡qué bárbaros! ¡Son buenísimos! Ahora sé porque tanta gente les rinde culto.

            De las pocas canciones que sí conocía del grupo era una de las más populares: “Friday, I’m in Love”, misma que me tocó vivir en plena adolescencia, en mis años de Prepa.

            Después de tantas canciones buenas, pero desconocidas para mí, escuchar esta melodía fue algo especial, algo nostálgico, como reencontrarte con un viejo amigo, pero eso me llevó más lejos.

            Más que recordar aquellas épocas, recordé lo que soñaba y sentía aquel entonces, y me puse algo triste. ¿Por qué? Por los sueños e ilusiones que tenía en aquellos años, y es que tenía una esencia más limpia, sana e inclusive inocente. Así que mis proyectos eran más idealistas, románticos y nobles.

            Ahora tengo metas diferentes, mucho más concretas, menos idealizadas, más alcanzables y un poco más cínicas. Dichos objetivos van más acorde a mi esencia actual, resultado de todo lo que he vivido y evolucionado (¿o involucionado?).


            Pero ya no hay vuelta de hoja, sólo me queda aceptar que aquél era otro mundo, otra época y otro Hebert, y debería sentirme afortunado para tener la suficiente memoria emocional para recordar cómo me sentía entonces e integrarlo en mi camino actual.

“¿A ver cuándo comemos Hebert?”

            Con esa frase me invitó una chica con la que antes platicaba relativamente seguido y, no lo voy a negar, inclusive llegue a considerarla como potencial pareja, momento que duró como dos segundos ya que entendí que nuestras esencias no son compatibles pero, de todas formas, me caía bien.

            Y digo me “caía” porque en este tiempo que no la había visto se volvió más superficial de lo que ya era (que nunca fue precisamente profunda). De hecho la comida fue una sesión insufrible de “Small Talk”, ya que hablamos del clima, del trabajo, sus compras, sus chismes, de lo que había pasado con las amistades en común y en los eventos sociales en los que coincidimos o no coincidimos. Igual y para ella eso era una plática interesante, pero no para mí.

            El acabose fue cuando le compartí que quería pasar una semana en Praga y otra en Florencia el otro año, a lo que me contestó “¿Para qué tanto tiempo? Con dos días en Praga y tres en Florencia tienes” a lo que le rebatí “¿Y todas las obras de arte, construcciones, museos, calles y lugares históricos que hay que ver?” a lo que contestó “Por eso, con dos días tienes”.

            Para lo neurótico que soy, ya deben de suponer que no viajo a algún lugar a lo bruto, de hecho trato de informarme muy bien antes de visitarlo. Platicando con gente que comparte gustos parecidos a los míos en cuanto a turismo, sé que dichas ciudades son tan vastas que con una semana apenas ves lo esencial, y mis fuentes de información son distintas y variadas, mismas que han conocido dichas urbes en diferentes etapas de su vida.

            El comentario de mi “amiga” sólo sirvió para corroborar la impresión de vacío interno que ya sospechaba. Es increíble cómo mucha gente se puede considerar culta por tener mucho dinero y viajar a distintos lugares “Fancy” pero no por conocerlos, sino para presumir que ahí anduvieron.

            No me siento del todo culto por conocer muchos lugares, por eso intento ver y empaparme de todo lo que pueda estando en esos sitios, para incrementar un poquito mi conocimiento y ser un poco menos ignorante.


            Al dejarla en su lugar, a modo de despedida y más por una convención social que por un sentimiento auténtico, me dice “¿A ver cuándo volvemos a comer Hebert?” A lo que contesté con una sonrisa mustia y una negativa interna, ya que no pretendo desperdiciar más tiempo en alguien que no tiene nada que aportarme o, por lo menos, nada que me interese.

Evolución de los fines de semana

El pasado Domingo venía manejando de ensayo de Jazz, era media tarde y, al pasar por mi antigua escuela de japonés, me nació orillarme a comer algo. A la vuelta de la escuela había un negocio en el cual íbamos a echarnos una torta o un paste. El sitio seguía idéntico, incluso el sabor del hojaldre era el mismo y, aunque la señora no me reconoció, yo sí me acordé de ella.

Qué lindo es visitar el pasado en ocasiones, recordar antiguos lugares, olores y sabores. Recordé los 8 años que estudie el idioma nipón, la mayor parte en Sábados, de hecho era “EL” día del japonés, porque era mi evento estrella de la semana. Era tal mi pasión que estaba convencido que pasaría el resto de mi vida yendo a clase, y es que era tan feliz que no tenía motivo para dejarlo.

Y llegó un día que lo dejé e inicié con la Salsa.

Ese mismo Domingo, por la mañana, regresaba de nadar. Mientras iba caminando a la casa, me sentía muy feliz por una buena sesión en la alberca (4100 metros) y, sin razón aparente, recordé cómo eran mis fines de semana hace pocos años. Cada Sábado y Domingo llegaba a Rumba Mía a las 9AM, y me la pasaba bailando Salsa durante cuatro horas y media, y era en extremo feliz.

En los momentos más altos de mi pasión por el baile, iba a clase toda la semana, asistía a cada baile, evento social, congreso, presentación y todo lo que tuviera que ver con tan rico ritmo. Mi vida era tan plena y feliz que no me cabía duda que iba a ir a Rumba Mía los años que me restaran, porque no había nada más maravilloso que la Salsa en mi mundo.

Y el año pasado dejé la Salsa. Ya sabía que se acercaba el día que la iba a dejar, pero el final vino algo abrupto para mí, por una cuestión de salud mental y emocional.

Hace un año justamente, mi visión del futuro era totalmente distinta, mis prioridades eran diferentes, ya que estaba idiotizado en la última etapa de mi enamoramiento de veinte meses y, aunque no lo sospechaba, estaba entrando a mi último trimestre de ilusión. Yo sólo sabía que nunca había sido tan feliz, que mi vida se veía perfecta a futuro, al grado que visualizaba hijos, familia y una hermosa esposa con la cual me complementaría de manera productiva. El Universo por fin me sonreía al conseguir lo que tanto había anhelado: la mujer de mis sueños correspondiéndome.


Poco a poco voy aprendiendo que es muy tonto e inocente creer que vas a hacer, sentir, pensar o actuar de una manera en particular para siempre. La vida cambia y nosotros con ella, y más te vale estar preparado porque, como decía el inmortal Héctor Lavoe “Todo tiene su final. Nada dura para siempre. Tenemos que recordar que no existe eternidad

Disfruta lo que tengas que gozar ahora, porque no sabes cuándo va a acabar.

            El significado de unos zapatos de baile

Alguien me dijo una vez que soy muy ideático, y tenía razón. De no ser así no le daría tanta importancia y simbolismo a unos zapatos de jazz.

Tengo unos zapatos de baile, mismos que compré hace unos siete años y que he cuidado bastante bien, aunque no se puede ocultar del todo su desgaste. Obviamente puedo comprarme otros, pero no lo he hecho por un simbolismo personal.

Mis últimos dos años en la Salsa, tenía claro que pronto la iba a dejar, de hecho tardé más de lo planeado en hacerlo. A pesar de esa certeza, y de que tardó más de lo que esperaba, cuando me fui, aún tenía una espinita clavada con el baile, y entré a Jazz.

Cuando inicio con este otro estilo, tengo claro que es algo temporal, como todo en la existencia, pero mi expectativa era corta, porque entré esperando cansarme en algunos meses y dejar el tema del baile por la paz.

Ya llevo 8 meses en el Jazz, y hasta saldré en una presentación dentro de un par de semanas. La verdad he durado más de lo esperado y, contrario a lo que pensaba, mi gusto por el baile está renaciendo. Me parece que si todo sale bien el próximo dos de Agosto, es factible que me compre calzado nuevo para bailar.

Si me nace comprarme zapatos de baile en mis próximos viajes a Estados Unidos, querrá decir que he aceptado que el Jazz va a estar conmigo más tiempo de lo que planee en un inicio.

Y ojalá así sea.

Infidelidades laborales

En mis 15 años trabajando en planta lo he visto algunas veces, y ya no me sorprende, de hecho encuentro curiosas las constantes coincidencias en situaciones similares con diferentes protagonistas.

El pasado Martes salí alrededor de las 6pm, hora aún concurrida pero con mucho menos gente como para captar el fenómeno en cuestión.

De una oficina cercana a la mía, sale una chica y empieza a caminar de manera normal. Momentos después sale un amigo de ella del departamento de al lado. Ella va por una puerta y él por otra. “Casualmente” se encuentran a cierta altura del camino y empiezan a caminar juntos.

Hasta ahí nada extraño, muchas veces he salido caminando con amigas mías y no hay nada entre nosotros. Pero el lenguaje corporal los delata: no van de forma natural, ambos van juntos pero quieren hacer evidente que “no” van juntos (Sé que suena tonto, pero si lo vieran me comprenderían). Ya he visto caminar juntos a estos “amigos” antes, pero ahora su paso es claramente diferente: Ella camina con algo de pena y él se nota algo nervioso.

Al salir se “separan” pero no se despiden, ya que fingen que cada cual se va por su lado. Pasan un par de minutos y, más adelante, él la recoge con su auto, mismo al cual ella se sube de manera apresurada y se van.

Si las personas mencionadas en este apartado tienen un affair o no, el tiempo lo dirá aunque, viendo las evidencias históricas, sé que se terminará por salir a la luz. A lo largo de los años veía estas situaciones y no sospechaba nada de los involucrados hasta que, tiempo después, se hacía conocida la relación (no digo pública porque normalmente hay infidelidad de por medio). Y entonces me caía el veinte de esas señales que había notado.

Después de ver el pasaje arriba mencionado seguí caminando a mi coche, un poco atrás de mí, venia una amiga que había presenciado la misma escena, a lo que le dije “Creo que ya tengo la mente muy cochambrosa” pero, el tema era tan evidente que ella de inmediato me corrigió “No, no eres malpensado, porque tú y yo vimos lo mismo”.

Tal vez no sea una situación bonita, pero es padre encontrar a alguien con tu mismo nivel de “cochambre mental” que no necesita que le expliques las cosas que has visto porque ella las presenció con la misma óptica que tú.

            ¿Y por qué digo esto? Hace unos años un amigo, que ya no labora en la empresa, le cayó el veinte de las infidelidades de una chica de la oficina, al ver muchas señales que de inmediato relacionó (ya que es muy observador e inteligente).

            Incrédulo vino a platicar conmigo, y le confirmé sus sospechas, ya que el resto del departamento estaba enterado de la situación, a excepción de él que era el nuevo. Cómo recuerdo su reacción: “¡Pero es que no puede ser! ¡Ella tiene novio y se van a casar! ¿Por qué hace eso? Y, si lo hace ¿Por qué se va a casar si le  pone el cuerno?”

            Aunque no tenía nada que ver con él, la situación lo deprimió, y estuvo así una semana. Creo que fue demasiado el “Reality Check” que recibió, sobre todo al darse cuenta que el mundo no es como “debería ser” y que hay muchas cosas que no tienen explicación.

            Creo que ésa es una de las cosas de la que sentí nostalgia en el apartado de “Friday, I’m in Love”: la inocencia de creer que el mundo es en esencia bueno y esas cosas “malas” solo pasan en otros lados, no en la gente que tú conoces.

Esa inocencia que te impide aceptar la posibilidad de que hay cosas “Incorrectas” en el mundo porque, en teoría, a todos se nos educa con valores para llevar un camino productivo y ser honestos.

Ahora, me he vuelto un poco más cínico, y estoy aprendiendo a aceptar al mundo tal cual y tratar de adaptarme sin perder mis valores o principios. Ya he dejado de señalar y/o criticar a los infieles, en realidad me ha dejado de importar lo que hagan con sus vidas.  He aceptado que no puedo cambiar a la humanidad, y que sólo puedo influir en mi pequeño círculo.


Hebert Gutiérrez Morales.

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