domingo, 26 de julio de 2015

La llegada y NFL (Chicago: Parte 1 de 6)

El hermoso Soldier Field
            Creo que nunca he oído una frase tan infalible como “La Vida no te da lo que quieres, sino lo que necesitas” de Fritz Perls. Por alguna razón, me encontré volando solitariamente a Chicago, viaje que planeé con unos meses de anticipación. Cuando llegó el momento del mismo, en verdad agradecí haber ido sin compañía ¿Por qué? Necesitaba tiempo para estar conmigo, a solas y, sobre todo, distraído.

            Como me dijo Hans, si una ciudad es ideal para conocer por ti mismo, ésa es Chicago, y vaya que no se equivocaba. Me la pase de lujo en dicha urbe, yendo a tantos lugares como me fue posible, sorprendiéndome, conmoviéndome y emocionándome con tantas posibilidades que te brinda un lugar tan generoso por todo lo que te ofrece esta hermosa población junto al lago Michigan.
La Torre Trump junto al Edificio Wrigley

            Pero no sólo por lo que me dejó Chicago es especial, sino por lo que yo dejé en él. Tenía dos semanas de haber terminado mi amago de relación, ahora sí definitivamente, y Chicago me acompaño durante siete días en los que me olvide de dolor, de incertidumbre y demás pesares. Esta maravillosa ciudad me recordó que el mundo es grande y que hay mucha vida por delante. Chicago me devolvió algo de vitalidad al permitirme olvidarme de mi existencia por una semana y pretender que era alguien más.

            La llegada

            En la preparación previa del viaje, vi que el transporte público llegaba directamente al aeropuerto, así que tomé una decisión audaz: por primera vez no iba a tomar transporte privado al hotel, ¡me iba a ir en metro! Así que iba con mis dos maletas, mientras veía que el vagón se llenaba cada vez más “¡En la madre!” pensé “¿Ahora cómo chingados voy a salir de este lugar?”.

            Decidí que me preocuparía cuando mi parada llegara, así que me dedique a ver el paisaje urbano desde el tren elevado. Sabía que la mayoría de mi estancia iba a desarrollarse en la zona del “Loop”, así que aproveche para ver otro Chicago, uno menos turístico y más real. Me alegró ver primero la parte menos bonita de la ciudad, la más callejera, más grafiteada, y más terrenal. Fue bueno saber que la urbe también tenía zonas así ¿Por qué? Porque le da un toque más “democrático” (aunque pueda sonar estúpido el término).
El Fundador de Chicago (un haitiano)

            Ir en transporte público hace la aventura más interesante. Cuando me tocó bajar, conforme a mis miedos, ¡me perdí! Todo porque, por obras, me tocó una parada distinta. Al inicio me asusté un poco, pero eventualmente me tranquilicé y me dije “Vas a encontrar el hotel”, esto producto de tantas veces que me he extraviado en distintos lugares, así que ya no entro en pánico si me pierdo una vez más. Así que disfruto el paisaje en lo que encuentro el camino.

            Al final, cuando llegué al hotel, de inmediato me surgió un sentimiento de orgullo por haber llegado sin ayuda y en transporte público, en lugar de la comodidad y seguridad de un Shuttle por lo que, antes de entrar al edificio, me dije a mí mismo con voz ronca y juguetona “¡Ya soy niño grande! JA JA JA” :-)

            Hotel

            Una excelente costumbre que he agarrado en los últimos viajes es la de escoger hospedaje en zonas céntricas, que no son nada Fancy, pero que es limpio y barato. ¿Para qué quiero un hotel en vacaciones? Para tener un lugar tranquilo y cómodo al cual llegar a dormir, por lo que no me sirve que esté súper lindo si voy a estar fuera todo el día.
 
En el Millenium Park
            He aprendido a buscar en distintas páginas y encuentras buenos precios en lugares bien ubicados, con lo mínimo indispensable que, para mí, es suficiente. Es lo bueno de no ser (tan) fresa: mejor gastarte eso en otras cuestiones del viaje que en un lugar “lindo” en el que no vas a estar durante gran parte del día.

Mi hotel fue el Red Roof Inn, justo a una cuadra del Magnificent Mile, en la zona del Loop, por lo que no podía pedir mejor relación calidad/precio debido a la localización del mismo. Y es que he comprobado lo importante es la ubicación en San Francisco, Miami, Berlín, Orlando o Nueva York (aunque en la gran Manzana sí fue hotel fresa, pero a precio muy barato). En Chicago, alrededor de mi hotel estaban las grandes cadenas, y ahí me di cuenta que había acertado en mi elección, ya que estaba excelentemente ubicado, limpio y la gente era decente (tanto los huéspedes como el personal del lugar).

            Medicina

            Siempre me ha quedado claro que los gringos son tan, o incuso más, paranoicos que yo, y eso se refleja en su manía por consumir medicinas. Ha de llegar el punto de que son tan inmunes a los medicamentos normales, por lo hipocondríacos que resultan, que requieren de compuestos más potentes. También cabe la posibilidad que para esos cuerpesotes, requieran dosis más fuertes para que les haga efecto.
Chicago desde la Torre Willis (antes Sears)

            Debido al clima y al intenso trajín diario, a media semana me enfermé, lo cual no me iba a tumbar, pero tampoco podía darme el lujo de seguir en ese estado el resto del viaje. Así que, contrario a mi costumbre, tuve que tomar medicina en lugar de dejar que mi cuerpo sanara solo.

            ¡Vaya que son poderosas las medicinas gringas! Me tome una cosa llamada “Aleve” y ¡Pum! Me levantó en un santiamén y mis malestares sólo duraron un día, porque al otro estaba totalmente recuperado. Eso nunca me había pasado en México porque, en las contadas ocasiones en las que llego a tomar medicamento, el efecto no es tan potente ni tan inmediato.
           
            Franquicias y Compras

De entrada, en este viaje no visité a las grandes cadenas, así que no le di ni un dólar a Subway, Starbucks o Burger King. Igualmente sí le consumí a cadenas más pequeñas como Pot Belly o Panera Bread, pero siento que su comida no resultaba tan procesada, además de que eran cadenas desconocidas para mí. Pero también comía en negocios más locales como “West Egg” o “Peter O’toole”. Al final todos son eslabones del capitalismo, pero es bueno que puedas sobrevivir con opciones menos comerciales como las que te brindan las grandes marcas.
Lo que degustaba en Panera Bread :-P

Panera Bread fue mi favorito ¿Por qué? Por el clima. ¿Saben la delicia que es llegar y tomarte una sopa calientita que acompaña tu sándwich? O, de postre, no se imaginan la delicia de comerte un pastelillo con tu chocolate caliente. AME Panera Bread, sobre todo por ese toque cálido que tiene en su estilo, la decoración tan casera así como los utensilios y el sabor. Creo que es el restaurante perfecto para disfrutar un lugar como Chicago.

También me dio mucho gusto que no gaste tanto y el shopping fue casi nulo, porque no tenía que complacer a nadie que me dijera: “Es que es mi único viaje a Estados Unidos y quiero comprar”.

            Eso me frustraba bastante porque, cada viaje al Gabacho, acababa comprando madre y media que no necesitaba. Primera vez que visito Estados Unidos y prácticamente no compré nada, ya que no tenía que visitar tienda alguna. Obvio adquirí los clásicos recuerdos para mí y mis amistades, o sea lo de un viaje normal, pero ya no fue comprar juguetes, ropa o mercancías curiosas que llenaban mi maleta.
El distrito teatral

            Sólo hasta mi última noche, ya de camino al Hotel, me encontré con un Ross y, al notar que tenía mis últimos 80USD, me dije “¿Por qué no?” y entre a comprarme unos jeans y ropa interior, pero no más, sólo lo que me alcanzara con mi remanente, y porque ya no tenía más lugares por ver, de lo contrario hubiera omitido esta visita.

            Este viaje me regresó un poco de tranquilidad porque en cada una de las visitas anteriores del 2014 (Las Vegas, San Francisco, Nueva York y Buffalo), siempre regresaba preocupado por ser un pinche consumista de mierda. Y me di cuenta de que no era así, sino que fui víctima de las circunstancias.

            Todavía tenía unos 15 dólares en el aeropuerto, con lo que comí y compré chocolates hasta que, orgullosamente, termine con sólo 14 centavos. Pero mi orgullo fue breve porque, en la sala de espera, un chamaco le dijo a su mamá: “¡Lo logré! Sólo me quedaron tres centavos”. Ahí comprobé que es natural querer quemarte tus últimos dólares antes de emprender el vuelo de regreso.

            Miami Dolphins versus Chicago Bears
Game Day in Soldier Field

            Algo que he complementado a la perfección es mi amor por la NFL con mi gusto por viajar. Así que cumplo mi promesa de ver a mis Delfines en vivo, por lo menos una vez, cada temporada y aprovecho para conocer nuevos lugares. Llegue el Sábado para aclimatarme y estar listo para el juego del Domingo 19 de Octubre del 2014, entre el equipo local y mis amados Miami Dolphins.

Creo que nunca he estado un estadio tan bello como el Soldier Field, cuya arquitectura es bellísima e imponente, una construcción muy ad hoc a una urbe que resalta por sus construcciones tan llamativas y elegantes. Por fuera hay muchos detalles clásicos como columnas, estatuas, escudos, placas, una fuente en conmemoración a los soldados y demás.

El interior es igualmente muy bonito. Ahora me tocó la fortuna de estar en zona VIP (y vaya que la pague como tal), dentro había unos murales muy bellos sobre el antiguo Fútbol Americano, escenas que te conmueven aunque no le vayas a los Osos. La verdad es que este lugar rebosa categoría y, por lo mismo, la gente se comporta con mucha clase. Seguramente conozco muy pocos estadios pero, entre los que he estado, ninguno me ha encantado tanto en su estética como la casa de los Osos.
Uno de los bellos murales dentro del Estadio

Además su ubicación le ayuda mucho, ya que está en la zona de los Museos, una parte MUY bella de Chicago, así que el Estadio se complementa a la perfección con los Museos que tiene alrededor, rodeado por extensas y hermosas zonas verdes. Una delicia tan grande que hasta se te hace extraño ir a un evento deportivo en un ambiente tan natural y cultural.

Felizmente ganaron mis Delfines 27-14.

La ventaja de ver a tu equipo ganar de visitante es que, al ser tan poquitos, al final nos quedamos a aplaudirles y echarles porras a los jugadores en la entrada a los vestidores, mismos que se quedaron un ratito a interactuar con nosotros, lo cual fue MUY chido. Inclusive Louis Delmas nos bailó un poco antes de entrar al vestidor mientras coreábamos su nombre.

            Según mis cálculos, no llegábamos ni al 5% de la afición de Miami en el estadio, pero después del juego me encontré a bastantes por el Loop y todos nos saludábamos como grandes cuates “Hey Man! Big Game!”, mientras hacíamos un “High Five” o chocábamos los puños en señal de camaradería.
 
Una hora antes del Kick-Off
            Es padre cuando gana tu equipo de visita y estás ahí para vivirlo con el resto de la minoría, es como si fuésemos integrantes de un pequeño clan. Es chido que tu afición te conecte con un completo extraño, en una ciudad extraña y que ambos compartan una felicidad, como si fuesen conocidos de siempre.

La afición chicaguense.

            Como aún no ubicaba bien el Estadio, opté por tomar el autobús, lo cual fue un problema porque el tráfico era imposible por el partido, ya que se llenó el Soldier Field, pero mi viaje en el camión no fue del todo inútil.

Por un lado empecé a experimentar la civilidad gabacha en cuanto a deportes porque, a pesar de ir rodeado de muchos “Osos”, nadie se metió conmigo por mi atuendo “Delfín”. Adicionalmente, una parada antes del Estadio, hubo unos muchachitos que se bajaron del camión y uno de ellos me dijo con todo Fervor “Go Fins!”, algo que no cayó muy bien al resto de pasajeros, pero que le agradecí al jovenzuelo, además de reconocerle su valentía y personalidad al decirlo en donde lo dijo y como lo dijo.
Terminando el encuentro

            Los Chicaguenses (o Chicagoans, como se hacen llamar) son en extremo civilizados. Durante el partido me la pase rodeado de aficionados a los Osos, y sin problema alguno pude gritar, emocionarme, saltar, aplaudir, enojarme y demás expresiones sin que NADIE se metiera conmigo. Claro, también respeté y no hice nada inconveniente como señas obscenas o malas palabras. Así es un deleite asistir a un evento deportivo, con toda tranquilidad de enfocarte en la cancha sin preocuparte de ofender a alguien o que se te agreda por expresarte.

            Un mes después de haber conocido a la afición en Buffalo, me quedó claro que la afición de los Osos se parece más a la de los Delfines, ¿por qué? Porque en las ciudades grandes los aficionados no suelen ser leales, son bastante villamelones, porque si el equipo va bien, lo apoyan con toda pasión y, si va mal, lo abuchean o lo abandonan a media batalla. El abandono resulta lo más impactante, porque se van cuando consideran que el partido está decidido, cuando está lejos de estarlo.
 
Placas conmemorativas en una fuente en el Estadio
En Buffalo la gente apoya todo el tiempo, sin importar si van perdiendo, ganando o apaleando; lo cual me deja de conclusión que las aficiones de ciudades pequeñas valoran más a sus equipos al tener tan pocas opciones de franquicias profesionales (como en Buffalo o en Green Bay).

Pero, leales o desleales, algo que me sorprendió gratamente de la afición de Chicago es su extrema educación porque una cosa es que te respeten durante el partido y se traguen su enojo de ver perder a su equipo en casa; pero nada los obligaba a felicitarme después del encuentro ¡Y lo hicieron!

La verdad hasta en shock me quedé “¿Me están felicitando? ¡Wow! ¡Qué clase!” y no fueron uno o dos: prácticamente todos los que estaban sentados alrededor mío me felicitaron por la victoria de mi equipo. Eso sí no me lo esperaba, nunca lo había visto en ningún evento deportivo y, la verdad, es algo muy bonito experimentarlo en vivo. Casi me hacen llorar :’-)
El Estadio ya sin el barullo de tanta gente

            Los Chicaguenses son muy amables, lo cual te complementa esa sensación de disfrutar de una hermosa ciudad, creo que por ello encontré Chicago más bello que NY: por la gente.

            Hasta aquí esta primera entrega del viaje a Chicago pero aún faltan otras cinco que publicaré en los próximos días. Creo que nunca había escrito tanto de un solo viaje y en que en verdad fue muy vasto en experiencias.

           La siguiente entrega de esta saga la pueden leer en este enlace.


            Hebert Gutiérrez Morales

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