miércoles, 29 de julio de 2015

Mis Tres Favoritos (Chicago: Parte 3 de 6)

Para leer la segunda entrega de esta saga, pueden darle click a este enlace.
El Acuario Shedd

Chicago tiene una diversidad de lugares tan especiales que es difícil definir favoritismos, pero al final pude elegir mis tres favoritos, lo cual es decir ya que, durante toda la semana, visite sitios extraordinarios en cada oportunidad.

PERO antes con ir con mis sitios favoritos, empecemos con los tres que NO lo fueron

Acuario Shedd, Planetario Adler y Museo de Arte Moderno.

Normalmente acostumbro comprar pases con entradas múltiples a museos y atracciones, ya que me ahorro un 50% de su costo, además de que me saltó las filas y me permite planificar mejor mis actividades. Estos tres lugares estaban dentro de ese pase, tal vez por ello me anime a visitarlos.
Mi coqueta amiga Mantarraya

El Acuario Shedd (el más grande bajo techo del Mundo) y el Planetario Adler, son de gran nivel pero, honestamente, nada que no puedan encontrar en opciones similares que ofrece cada país. Tal vez soy injusto, pero cuando vuelva a Chicago, no planeo volverlos a visitar y darle prioridad a otros sitios.

Posiblemente soy subjetivo con el Acuario, ya que llegué algo desgastado después de echarme el Museo Field, porque sin duda debe ser más espectacular que lo que estoy mencionando aquí, pero digamos que ya iba cansado y con ese sentimiento de que “Dejen a los animalitos en la naturaleza en lugar de tenerlos confinados”. La Belugas y los Delfines de este lugar te enamoran, eso sí, si estuvieran en libertad serían más felices. Pero la que más me hizo reír fue una mantarraya sonriente y muy vanidosa, a la que le encantaba ser fotografiada.
 
El Planetario Adler
Al Museo de Arte Moderno entré sin grandes expectativas y sí, efectivamente, no había mucho que valiera la pena. La verdad fui porque la entrada ya estaba incluida en mi pase y porque estaba cerca de la Torre de Agua, así que fue una visita rápida para corroborar que hay muy poco de Arte real en estos lugares (ya expuse mi punto cuando analice el MoMA de NY).

Estas visitas para mí fueron relativamente rápidas, así que no hubo algo que me haga decirles que es un “must” en una vista a Chicago.

Creo que lo que me gustó más de la zona del Planetario Adler era una “playita” cercana, misma que estaba muy solitaria y a donde terminaba mi trayecto todos los días corriendo. Aunque a veces los gansos la invadían y era un espectáculo sencillo pero muy lindo de ver (creo que me emocioné más con estas aves en la playa que con lo que vi en el Planetario o en el Acuario)
La Playita atrás del Planetario

Y ya que mencioné dicho lugar, me sorprendió lo limpio y esplendoroso que está el lago Michigan, y es que es tan gigantesco, que colinda con demasiadas ciudades y estados para mantenerlo pulcro ¡y lo está! Todos los que están a su alrededor son tan conscientes, solidarios y civilizados que entienden que es una fuente vital para el funcionamiento de sus poblaciones, y el agua está impecable, lo cual resulta impresionante al ver lo monumental del lago.

Museum of Science and Industry

Mi museo favorito de este viaje, y uno de los favoritos de mi existencia, fue el Museo de Ciencia e Industria, ubicado en el Parque Jackson muy cerca de la Universidad de Chicago.

El edificio es ENORME, en verdad MONSTRUOSO. La construcción tiene una arquitectura vieja pero sólida, con muchos detalles clásicos que te dan la idea de encontrar un museo más tradicional. Una vez dentro, la realidad es totalmente distinta.
El Museo de Ciencia e Industria

Dentro está diseñado para que los niños se diviertan, pero no sólo me refiero a los jóvenes cronológicamente, TODOS se la pasan de lujo ahí dentro, porque es bien fácil regresar a ser niño.

Y no es que las exposiciones sean infantiles del todo, sólo que están inteligentemente montadas para fascinar a cada visitante, tanto que el tiempo se te va volando. Lo vi casi todo gracias a que llegué desde que abrieron y me fui cuando ya estaban cerrando, y no resentí las ocho horas, porque fácilmente me hubiera quedado otras tres o cuatro.

Ves tantos artefactos del pasado que es imposible no sentirte pirata, motociclista, cirquero, granjero, marinero y demás. Las exposiciones son simplemente excelsas, con muchos aparatos impecablemente cuidados.
¡Ah! ¡En verdad amaba estas maquetas desde niño :'-)

A pesar de vivir en una era tan avanzada tecnológicamente, hay muchas exposiciones que están hechas con técnicas de hace décadas, y ese toque vintage es profundamente delicioso y cautivador porque hasta los más jóvenes (acostumbrados a tabletas, smartphones y plataformas de juegos) están fascinados e hipnotizados por algo tan sencillo pero creativo.

Los artefactos en exposición como autos, botes, bicicletas, aviones y demás te dilatan la pupila, y conste que no soy admirador de estos cachivaches, ya me imagino la impresión que deben provocar en amantes de lo mecánico.

Algo inimaginable es que ahí dentro tienen un submarino real, que había participado en la segunda guerra mundial. Un artefacto tan grande que te hace preguntarte “¿Cómo chingados hicieron para meter esta madre tan monstruosa dentro del museo?” ó_O. Claro que, ya dentro, te explican cómo le hicieron :-)
 
El "pequeño" Submarino ó_O
La exposición del submarino me fascinó por tantos recuerdos de la época: propaganda, documentos, medallas, torpedos, fotos, vídeos, banderas, periódicos y demás. Obviamente es una disposición más “comercial” y agringada a comparación de un Topographie des Terrors en Berlín, pero también tuvo sus detalles interesantes, aunque me gustó más la exposición alemana al respecto.

En varias salas encontré muchas frases que me encantaron, ya fuera por profundas o por chuscas. En particular me encantaron las “Peter’s Laws” una genialidad que me puso aún más feliz de lo que estaba. Y eso hace tan valioso este museo, porque en un pasillo estás aprendiendo para luego soltar una carcajada en el siguiente. Es el museo ideal :’-)
 
Las infalibles Peter's Laws
Obviamente había otras partes en donde te mostraban los últimos avances de la tecnología, y también era un delicia conocer esas exposiciones, sobre todo al haber visto lo que en el pasado se creía o usaba, resulta sorprendente cómo la humanidad ha avanzado a pasos gigantescos en cuestiones tecnológicas.

Pero, con su perdón, los Dioramas no tenían madre. Los había chuscos, los había románticos, los había clásicos y, sobre todo, los había imponentes. Por ejemplo, había un Castillo tipo casa de muñecas gigante, el sueño de cualquier escuincla (sin importar que tuviera 8 u 80 años).

Pero, mis favoritos, eran los Dioramas de la Ciudad de Chicago, que la reproducían fielmente y el de los trenecitos: unas maquetas gigantescas en donde el tren recorría una gran vía a través de distintos paisajes de Estados Unidos. Eran montajes majestuosos, ensamblados con lujo de detalles ¡y los trenecitos! :’-) Me mataban los trenecitos recorriendo las vías, en verdad eso me hizo estúpidamente feliz :’-).

En esa misma sala podíamos ver aviones reales y una locomotora de vapor preciosa, y lo que era mejor, te podías subir a ellos verlos por dentro. Más adelante había otra sección en donde te demostraban científica (y divertidamente) los fenómenos físicos del mundo: como los huracanes, los terremotos, los tsunamis, etc. Con artefactos tan grandes como ingeniosos y atractivos (una pecera, un pequeño desierto, un globo aerostático, burbujas, turbinas, etc.)
El Diorama de Chicago

Otra exposición que me encantó fue con una esfera enorme (creo que todo en este museo es enorme) en donde te explicaban claramente la creación del planeta, sus cambios en el clima, sus mareas, las características de nuestro sistema solar y demás. Una exposición en verdad interesante e interactiva.

No soy amante de las bicicletas, vamos, ni siquiera sé montar una, pero la exposición de estos artefactos de todo el mundo y de distintas épocas es algo que vale la pena en exceso. Nunca me hubiera imaginado tal diversidad de diseños  y accesorios (hasta se me antojo aprender, pero luego se me paso).

Este museo no tiene pierde, y vale cada dólar que paguen por ingresar a él, tienen mucha diversión, conocimiento y, sobre todo, recuerdan muchas de las ilusiones de lainfancia.

Museo de Historia de Chicago
El Gran Incendio de Chicago de 1871

Después del de Ciencia e Industria, el museo que más disfrute fue el de Historia de Chicago. Al inicio no me latía mucho visitarlo, por eso lo dejé para el último día, pero el ir ahí fue una gran decisión.

En realidad no sólo es la historia de Chicago, sino la del Mundo y de Estados Unidos a través de la vida del lugar. Obvio había hechos muy específicos como el Gran Incendio que sufrió la ciudad en 1871 (cuya exposición no tiene abuela) o el origen de la misma (por cierto, el nombre de Chicago venía de una planta de Cebolla que crecía cerca del Río homónimo, bautizado así por los indígenas)

Me resultó interesante ver cómo el racismo se expresaba en panfletos para diferenciar a un chino de un japonés en la segunda guerra mundial, lo cual fue curioso porque, en épocas de la ley “antichinos”, en San Francisco vi un documento similar pero para atrapar a los chinos (cómo cambian los “villanos” según las épocas).
El vídeo de MLK fue simplemente conmovedor :'-(

La parte de la inmigración es en extremo interesante, dándote los orígenes de cada grupo racial que llego a Estados Unidos, el rechazo que enfrentaban y cómo lograron establecerse dentro de la cultura gabacha. Esto fue válido para asiáticos, latinos, negros o europeos.

Pero no fueron los únicos grupos marginados, también se analizó el avance de los derechos de la mujer, así como el de los trabajadores. “Casualmente” el apartado de los mártires de Chicago no lo vi, tal vez fuera demasiado breve o inexistente, lo cual me recordó que en casi todo el mundo se celebra el 1º de Mayo como día del Trabajo, menos en Estados Unidos y Reino Unido ¿Por qué será? (pregunta retórica con tintes sarcásticos, por si no se habían dado cuenta).
 
El Saludos del Black Power en México 68
Los temas son variados y extensos: La guerra civil gringa, el movimiento de los Black Panther, el legado de Lincoln, la liberación sexual, artefactos de varias épocas relevantes para la ciudad, sus triunfos deportivos (con ese equipazo de los Osos del 85 y el gran Walter Payton), tranvías y trenes de épocas pasadas, así como una sección de vitrales muy bella.

Muchas de las exposiciones son interactivas, en donde puedes escuchar grabaciones o videos originales. Las pinturas, las fotos, las maquetas, la propaganda y demás evidencias históricas hacen de esta visita una muy nutritiva a nivel cultural.

La sección de los 60’s me cautivó al instante. Por ejemplo, el pequeño vídeo de Martín Luther King me conmovió hasta las lágrimas, la lucha de los inmigrantes mexicanos y su líder (César Chávez) por lograr mejores condiciones laborales me inspiró y me enorgulleció de alguna manera. La sección hippie estaba muy completa y comprendí mejor su movimiento (y uno que pensaba que sólo eran drogas y sexo libre (¡Qué lástima que no fue sólo eso! -_-)).

Un momento que siempre me ha impactado es el saludo del “Black Power” en los Juegos Olímpicos del 68. Es increíble como un simple detalle hecho en el instante correcto puede trascender la historia y resultar un icono de todo un movimiento por igualdad en una época “difícil”. Esa imagen me resulta tan poderosa y trascendente que me compré el poster para tenerlo en casa.
Vean la sonrisa tan hermosa del chamaco de en medio :-)

Por cierto, hay una sección dedicada a Playboy ya que, justamente en Chicago, inicio esta empresa tan relevante en la actualidad, pero la exposición no tiene morbo, está muy bien montada para que cualquiera se pueda cultivar sin tener que ver pornografía (¡Qué mal! -_-)

La Universidad de Chicago

Cuando visité el campus de la Universidad de Chicago quede embelesado. Ver los edificios tan bellos, la naturaleza, el ambiente tan jovial, las estudiantes (sí, LAS estudiantes estaban guapérrimas) y demás sentí mucha envidia. De niño soñaba con asistir a una universidad así.

Y era natural, ya que es la imagen que nos venden de vida universitaria a través de tantos programas y películas gringas, como que se te clava en el inconsciente que las escuelas deben ser así. Así se moldean nuestras expectativas: a través de la visión gabacha de las cosas.
Estudiar y vivir a diario en este sitio ha de ser especial

Por lo que uno crece con la idea de que las escuelas tienen lockers, que hay pasillos enormes y edificios históricos en los cuales tomas clases, con instalaciones del primer mundo, con gimnasio, estadios, actividades organizadas y todos son güeros. Con el paso de los años, aprendes a aceptar que tu país tiene otras condiciones. Pero, aunque hayas aceptado que tu realidad es otra, cuando finalmente ves en vivo esos modelos con los cuales te fuiste criando, no deja de ser especial.

La Universidad es como otra ciudad dentro del propio Chicago, ya que tiene una personalidad muy particular, y los edificios son más antiguos pero más hermosos, por lo que te sientes transportado a otra época e incluso a otro país (algo así como Inglaterra o Alemania). Y es que las lámparas, los jardines, las calles, las rejas, las fachadas, las banquetas y cada detalle de este lugar te hacen anhelar la época universitaria (pero en ÉSE lugar). Sé que soy redundante ¡pero qué lugar tan hermoso!
 
El Campus es una belleza inigualable
El Campus de la Universidad de Chicago es tan sublime que tuve que volver al día siguiente, porque había muchos pendientes y esa sensación de ambiente universitario valía 100% la pena vivirla toda una jornada.

Cuando fui el Jueves estaba nublado y quede fascinado por el lugar, pero el Viernes que regresé, había un sol radiante que me hizo enamorarme perdidamente del Campus. Todo estaba tan hermoso e irreal que parecía el montaje para alguna película. Aunque fui a visitas en específico, el simple hecho de caminar por esas calles me hizo inmensamente feliz.
La Capilla Rockefeller

El museo Smart está corto pero entretenido. The Oriental Institute Museum también es breve pero tiene cosas más impactantes (y ambos son gratis). La Casa Robie de Frank Lloyd Wright me gustó pero demasiado cara la entrada para lo que es. Y la Rockefeller Chappel es enorme y bonita, pero llama más la atención su exterior que su sobrio interior.

Cuando vas saliendo del Campus y vuelves a ver los rascacielos un “ahh” de decepción se te sale, porque estás dejando un universo paralelo en extremo hermoso, y recuerdas que el mundo ya ha dejado de ser así de colorido e inocente desde hace mucho tiempo.

            Hasta aquí esta tercera entrega, en la siguiente analizaré la delicias que resultan de hacer turismo en un clima frío y, aunque está muy al norte, las constantes y diversas evidencias de identidad mexicana en esta hermosa urbe junto al Lago Michigan (mismas que yo no busqué). 

En este enlace pueden leer la cuarta entrega de esta saga.


            Hebert Gutiérrez Morales

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