sábado, 1 de agosto de 2015

México y el Clima Chicaguense (Chicago: Parte 4 de 6)

Sí, lo sé, soy un ser celestial
En este enlace podrán leer la tercera entrega de esta serie, en donde hable de mis tres lugares favoritos de Chicago.

Chicago tiene una fuerte presencia latina, especialmente de mexicanos, y aunque no era mi intención, casi a diario tenía recordatorios de mi cultura. Adicionalmente, en este ensayo también trato el tema del clima otoñal, el cual privó en la ciudad que, aunque no lo crean, en verdad te cambia la perspectiva del viaje. Voy a intercalar los temas.

La Chica del Café.

Después del partido que ganaron mis Dolphins, anduve rondado un rato por el Millenium Park, y después pase a echarme un chocolate caliente (porque sí, hacía mucho frío). De pronto, en la barra, se sentaron una señora y su hija que se pusieron a platicar en español. La mamá hablaba con claro acento mexicano, pero la chica lo hacía con un acento ibérico.
Museo de Ciencia e Industria visto desde el Osaka Garden

Pude haber dicho nada, y pasar como un gringo más con mi playera de los Delfines, pero decidí socializar un poco. Comentaron de algún lugar y les dije “Definitivamente deberían ir porque es muy bello”. A lo que la chica empezó a conversar conmigo del partido, ya que ella también había ido al estadio con su papá, aunque ella le iba a los Osos.

Charlamos un rato sobre el juego, la ciudad y la razón por la cual estaban ahí (un congreso del papá). También descubrí que vivíamos en la misma ciudad (Puebla), de hecho bastante cerca.

Y ahí es donde la vida resulta curiosa, viviendo a menos de 4 kilómetros de distancia, es necesario ir a una ciudad lejana de un país ajeno para tener contacto. La chica quería seguir platicando, pero la señora estaba en un plan muy mamón (además de que yo iba muy fachoso con mi playera de Miami), por lo que le dijo que ya se tenían que ir, así que nos despedimos amablemente y no nos volvimos a ver. Y no era necesario, fue un “Small Talk” lejos de casa entre dos mexicanos que, normalmente, en su país no lo tendrían pero que, al estar en el extranjero, resultó muy agradable.
Camino al Soldier Field

            Don Benito en Chicago
           
            Todos los días me la pasaba por la Avenida Michigan como todo un chicaguense, incluido un jardín con una estatua junto al edificio Wrigley. Aunque ya había caminado por ahí una decena de veces, en ese momento “tuve” que voltear porque algo de aquel lugar me llamaba, así que fui a ver quién era el personaje ahí enaltecido.

            No sé por qué razón o motivo, pero sentí una gran emoción al ver que el que ahí estaba era Don Benito Juárez, uno de los pocos gobernantes mexicanos que auténticamente ha hecho algo por el país (a pesar de toda la campaña de desprestigio encabezada por historiadores pagados por la Iglesia católica y el Gobierno mexicano).
Don Benito :'-)

            La estatua de Don Benito estaba grande, ubicada en una bella jardinera, rodeado de las banderas del continente americano, dándole su lugar como Benemérito de las Américas y eso, por alguna extraña razón, me conmovió por el profundo orgullo que sentí. No sé, creo que Don Benito es de lo pocos personajes en la historia de mi país que realmente vale la pena, y que estuviera reconocido en una tierra ajena fue de un gran valor en mi interior.

            El Otoño

            Tal vez porque nací en ella o tal vez por su carácter nostálgico, pero mi estación favorita del año es sin duda el Otoño.

Por primera vez, en mis 38 años de vida, contemple dicha estación en todo su esplendor y de manera muy definida, tanto en el clima como en la flora y en el ambiente. Desde el propio vuelo de llegada empezaba a ver los árboles naranjas y amarillos sólo me quedaba decir “¡Wow!”.
¡Miren el color de esos árboles!

Pero es más hermoso y especial verlo no sólo en los parques, sino en cada esquina o en cada casa, simplemente conmovedor. Es increíble cómo la naturaleza puede resultar espectacular con algo tan sutil como las hojas cayendo, cambiando de color y dando diferentes tonalidades.

Y lucía con viento, cuando las hojas caían, con mucho sol en donde el color era más intenso y te conmovía su profundidad, o en días nublados, en los que me inundaba algo cálido en el pecho por sentir que ese clima fresco me invadía y sentirme feliz de ser parte de un paisaje tan hermoso.

A pesar de nunca haberla experimentado en todo su esplendor, ya era mi estación favorita, después de ver toda su belleza, el Otoño se reafirmó como la época de mis amores. Y es que en México, por lo menos en la zona centro y sur, esta estación no está muy definida, porque el clima es muy constante, sin esos cambios drásticos de temperatura, y es que nuestro Invierno dura como dos semanas y nuestro verano como cinco meses, por lo que el Otoño pasa relativamente desapercibido, sin una distinción muy notoria entre una estación y otra, algo que sí se notaba en Chicago.
Hermosura de árboles frente al Museo de Ciencia e Industria

No puedes negar la cruz de tu parroquia

Los primeros tres días fui a desayunar a un lugar muy clásico llamado “West Egg”, en donde te servían omelettes de todo tipo. Ahí se dio un pasaje que al inicio me desconcertó y que luego me hizo sentir orgulloso de mi origen.

Pedí el “Bandito” un Omelette con frijoles, chorizo, guacamole, salsa y una tortillota de harina (como para burrito). Después de pasar en par de ocasiones el mesero (gringo) se detiene y me pregunta “You are mexican, right?” le contesto afirmativamente un poco extrañado, porque casi siempre me dicen que soy brasileño, cubano, puertorriqueño o venezolano, pero nunca creen que haya alguien con mi apariencia en México.

El mesero me explica que al inicio le parecía extraña la elección de mi desayuno porque no parecía mexicano pero que, cuando me vio comer, le quedo clara mi nacionalidad. Al cuestionarle la razón me dijo que el 95% de los que piden el “Bandito” son mexicanos pero, adicionalmente, me explico que tendemos a cortar la tortilla en pedacitos, mismos que adaptamos como pequeñas cucharitas y que nos acabamos el desayuno en “minitacos”.
Jardines laterales del Art Institute

Nos reímos los dos pero, después de que se retiró, me quede un poco consternado, porque no sabía cómo sentirme: ¿Orgulloso por ser mexicano? U ¿Ofendido por llenar un estereotipo cultural de mi país? Por alguna razón me sentía como “Dora la Exploradora”, por ser una imagen prejuiciada latina (por lo menos para ese mesero).

Al final me volví a reír y opté por tomarlo como un aspecto de nuestra riqueza culinaria. Además me sentí extrañamente orgulloso porque, aunque soy mexicano, nunca me había sentido como un estandarte de mi país, aunque fuera por un desayuno.

            Clima

Era finales de Octubre, por lo que se me hacía natural llevar mis huaraches y bermudas al viaje, pero sólo los empaqué en balde, porque ni un solo día los utilicé ¡Ah! ¡Pero qué pinche frío hizo! No en vano se le conoce como la ciudad de los vientos. Ya en Berlín me vi obligado a utilizar suéter y guantes un par de días pero, en Chicago, los use TODA la semana, algo inaudito para mí.
La Tarde en el Skyline de esta hermosa ciudad

Ahí recordé a un compañero que había vivido en Alemania y que alguna vez me dijo: “Podrás estar a -5ºC, mientras no haya viento, te la pasas a todo dar, porque estando a 0 grados CON viento, el frío te cala hasta los huesos”.

Bien dicen que nadie experimenta en cabeza ajena. El comentario de mi amigo me parecía exagerado pero, cuando lo viví, lo comprendí y, a la distancia, le ofrecí una disculpa por dudar de él. En la semana, nominalmente, la temperatura fluctuaba entre los 6 y los 14 grados pero, gracias al viento, el frío calaba hondo y la sensación térmica estaba entre los 0 y los 7 grados. NUNCA había sentido tanto puto frío, por tantos días y a tan bajas temperaturas, es demasiado, incluso para alguien que se baña con agua fría.

Sin embargo, a pesar de tanto viento, me resulto curioso que me mantenía peinado casi todo el tiempo, a diferencia de San Francisco en donde siempre me la pasaba despeinado, lo que me indica que las ráfagas de la bahía eran mucho más fuertes que las del lago Michigan, pero el frío de Chicago era bastante considerable porque el viento sopla de manera constante.
El frío no disminuía la belleza de la ciudad

Raíces mexicanas

En mi visita al museo de Historia de Chicago, me encontré con un señor de Guadalajara, pero que vive en Chicago desde su niñez. Aunque no tardamos ni diez minutos platicando, resultó agradable la conversación. Por alguna extraña razón sentí nostalgia por mi amiga Tamara que, aunque nació en Chihuahua, ya lleva muchos años viviendo en Estados Unidos con su familia, misma que ya es gabacha (mexicanos todos pero con nacionalidad gringa).

Me acordé de ella porque al platicar con este señor, de pronto, me inundo un anhelo por regresar a mi país. No fue un Homesick ni el Síndrome del Jamaicón Villegas, porque tampoco me quería regresar en ese preciso momento. ¿Cómo explicarlo? Resoné con la nostalgia de este señor, él estaba feliz viviendo en Chicago (yo lo estaría), pero de alguna manera extrañaba México, aunque sólo había vivido ahí su infancia.

Creo que nunca había experimentado esa necesidad de estar cerca de las raíces. Si tengo la oportunidad, sin duda me iría a vivir al extranjero (al primer mundo, de preferencia). Pero, nuevamente, he aprendido a valorar a mi tierra al estar fuera de ella, sin que la idealice y omita todas las cosas malas que tiene. Pero hay tantas cosas tan ricas  en México que, aunque encuentres versiones más llamativas en el extranjero, jamás las podrás sustituir, sobre todo cuando aprendes lo que en realidad valen.
Hermosos caminitos junto al canal

Turismo con clima frío

Hacer turismo con frío tiene su encanto, porque te incrementa la sensación de aventura, te tapas y sientes cómo el viento mece tus cabellos mientras avanzas en tu cruzada por conocer más lugares. Además le da un sabor nostálgico y especial a tu visita ya que, cuando la recuerdas, el mismo clima le da un toque más carismático.

La ventaja del turismo con clima frío es que pones más atención en los detalles. Me explico, con el calor uno está naturalmente feliz, baboseando de manera estúpida y sin precaución, porque todo está muy luminoso y lindo. El frío te mantiene más alerta, porque te mantienes enfocado en algo para distraerte de la temperatura.

Gracias a ello reparé en muchos detalles, edificios, algunas calles, monumentos, embarcaciones, puentes y demás que, de haber hecho calor, sin duda se me hubieran escapado.
Amé esta frase que refleja a la perfección el clima de Chicago

Pero, sobre todo, observaba a la gente con la que me cruzaba, cómo caminaban, hacia dónde iban, sus expresiones, su lenguaje corporal y cada detalle que me llamara la atención. A pesar de ser culturas diferentes, todos expresaban corporalmente actitudes muy similares a las de acá. Gente que caminaba más rápido, los que veían hacia abajo, los que no podían ocultar su felicidad o su tristeza. Los gestos son los mismos, sólo en una tez más güera de la que estoy acostumbrada.

Ahí comprendí que somos los mismos. Soy mucho de chistes racistas, pero ahí comprendí lo estúpidos que son, porque seguimos siendo humanos, con diferencias físicas, culturales, socioeconómicas, religiosas y demás pero, al final somos los mismos ridículos humanos que ilusamente creen que su existencia es vital para el universo, y no nos damos cuenta de lo irrelevantes que son nuestros problemas.

Cerrando el tema del clima, una cosa es estar de vacaciones en este frío y otra muy distinta vivir en él, porque soportarlo durante meses está muy cabrón. E independientemente del clima, vivir aquí también resulta muy pinche caro pero, siendo honestos, no es lo mismo ganar y gastar en dólares que ganar en mexican pesos y gastar en dólares $_$.
El Museo Field a la distancia

Naquez y mamonería mexicana.

Sin importar el dinero o status social que tenga, la gente sin educación es naca, sobre todo la que piensa que por tener dinero, en automático tiene clase, pero se equivocan. De igual forma no es obligatorio que el ser pobre te haga naco. Normalmente la educación y la cultura te dan cierta clase sin importar el dinero que tengas.

¿A qué viene todo esto?

En el aeropuerto escuche la conversación de un par de mexicanas que vivían en Chicago y que iban de visita a su tierra natal. Se veía que eran decentes pero su incultura era bastante notoria. Ahí entendí por qué no somos tan queridos en Estados Unidos porque, viendo el nivel cultural de estas mujeres, es fácil ver por qué creen que todos somos iguales. Digo, los gringos también son nacos por mucha de su ignorancia al creer que son los únicos en el planeta pero nuestro nivel de subdesarrollo personal tampoco se queda tan atrás.
Un Templo Protestante Frente a la Water Tower

Por otro lado, en la misma sala de espera, escuche personas MUY mamonas, que se creían hechas a mano por tener la posibilidad de viajar a Estados Unidos, pero despreciando abiertamente a quienes no pueden viajar allá.

Extremos marcados, por un lado personas honestas y decentes pero ignorantes, por el otro, gente con posibilidades pero con falta de humildad y sentido común. ¿Acaso no se puede ser auténtico sin tener que ser burdo? ¿Acaso no se puede ser culto sin tener que ser pedante?

No sólo los mexicanos son maleducados.

Soy de los que se quejan abiertamente de la ignorancia de mi país, y la señalo en cada oportunidad así como intento remediarla con mi propio ejemplo. También le tiro a los gringos cuando veo algo que no me parece. Pero es triste cuando encuentras gente peor.
Árboles que resaltan entre tanto edificio

Lo viví tanto en Buffalo como en San Francisco, y lo volví a vivir en Chicago: tanto los Chinos como los Hindúes son turistas nefastos, gente muy maleducada y nada considerada con el resto, son muy molestos, ya que piensan que tienen la atracción para ellos solos, que se pueden tomar todo el tiempo del mundo y que estás para servirles a los muy imbéciles ¬_¬U.

Más que sentirme aliviado de ver que hay gente peor que mis compatriotas, me indigna presenciar dichas muestras de ignorancia cuando voy al extranjero. Los chicaguenses son tan educados que no me dieron motivo para criticar a los gringos (y que conste que aprovecho cada oportunidad que tengo para hacerlo). Obvio también presencie actitudes irrespetuosas con italianos, españoles y argentinos, pero eran contadas contra la inmensa mayoría de hindúes y chinos.

¿Por qué menciono esto? Por los anuncios en partes específicas en donde se te indicaba que no debías sacar fotos con Flash (ya fuera a peces en el Acuario Shedd o a Pinturas en el Art Institute), y ¿Qué hacían? ¡Sacar foto con flash! Lo mismo con otro tipo de anuncios de “No toque el cristal” (y lo tocaban) “No pase de esta zona” (y se pasaban).
El Reflejo de un edificio sobre otro a la orilla del canal

Es increíble cómo gente que tiene los suficientes recursos para salir de su país, carezca del más mínimo sentido común para comportarse con educación en una tierra ajena porque, en teoría, deberían tener cierto nivel socioeconómico y cierto nivel educativo, “en teoría”. Sin embargo, para la estupidez y falta de respeto humana no hay límites.

El DF

Al aterrizar a la capital mexicana, el panorama es diferente a cuando uno llega a una ciudad gabacha. Y es que llegar al DF es ver muy poco verde, misma naturaleza que intenta hacerse presente, pero que cada vez sucumbe más al gris del concreto y del asfalto.

Aun así el verde lo intenta, a pesar de nosotros. Y es que nuestro país es tan rico que, a pesar de nuestra irresponsabilidad y egoísmo, aún nos da la oportunidad de reivindicarnos y se brinda generoso ante sus verdugos. Lo malo es que no sé cuánto tiempo más pueda soportarnos al mismo ritmo.
Uno de tantos paisajes de la Universidad de Chicago

Ahora tuve la oportunidad de regresar a México de día, y es imponente ver a este monstruo urbano con luz diurna. Cada vez es más grande, cada vez devora más espacio e invade las tierras aledañas. Avanza sin límites, sin pudor alguno, sin nadie que pueda detener su paso. No supe si sentirme asqueado o impresionado por su incansable ritmo de crecimiento.

En este enlace pueden leer la quinta entrega en donde abordaré más aspectos citadinos de esta hermosa urbe, incluyendo algunos de sus lugares icónicos.


Hebert Gutiérrez Morales.

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