martes, 27 de octubre de 2015

Regreso a Orlando (Primera Parte)

Castillo de Cenicienta y Estatua de Disney
            Una vez publicados, casi nunca vuelvo a leer algún escrito mío, así que recuerdo casi nada del primer ensayo que hice sobre Orlando, por lo que es factible que pueda redundar en algún tema de la vez pasada, pero no es adrede. Y bueno, en realidad, nunca redundo adrede ¬_¬U.

            Mi primera visita a Orlando fue en solitario, y la disfrute horrores. Ahora que fui acompañado, sabía que iba a ser diferente, con cosas mejores y peores a comparación de la vez anterior. No voy a llevar un orden en particular, sólo iré comentando las cuestiones que más me llamaron la atención.

Diferencias culturales fuera de los parques.

Con el dólar tan caro, las compras eran menos convenientes a comparación de las visitas anteriores, ya que no se disfruta igual hacer el  shopping cuando sientes que el ahorro es tan ínfimo; ahora más que nunca es cierto eso de que no es lo mismo gastar en dólares cuando ganas en dólares que hacerlo cuando ganas en mexican pesos.
En el Carrusel de Magic Kingdom

Mientras dejaba que las chicas compraran, recordé algo que tenía olvidado: los carismáticos vendedores hispanos. No cabe duda que la miel caza más moscas que la hiel, en las zonas con alta población latina, son a los que ponen en las “islitas” de los Outlets. Estos suelen manejar un carisma y encanto inigualable (sobre todo las chicas), literalmente te engatusan y es un logro no comprarles, porque te caen muy bien y saben hacer su chamba. En ambas visitas a Orlando acabé comprando cosas que, en realidad, no necesitaba. Lo malo es que me di cuenta mucho tiempo después, así que voy a tener que ser más cuidadoso para mi siguiente viaje con presencia latina, que va a ser a Miami.

Pero eso sólo me pasó con vendedores latinos, ya que al gabacho es más fácil decirle “no” y no tienen manera de cómo sacarte de tu decisión. Igual y ellos están diseñados más para el consumidor gringo pero, ciertamente, no tienen ese encanto que las personas latinas.
 
Con el buen Rafiki en Animal Kingdom
            Los primeros dos días rentamos coche para las Compras después de los parques. Al regresar el auto, el conductor hondureño que me llevo de la agencia al Aeropuerto me compartió que ya se iba a casar ¡y que planeaba regresar a Honduras! Me llamó la atención, ya que la vida en Orlando es, sin duda alguna, más segura, cómoda y benévola de lo que podría ser en el país centroamericano, además de que ya tenía la residencia y un trabajo fijo.

            “¿Por qué regresar a Honduras?” Le pregunté a lo que, con toda calma, me dijo: “Es muy bonito por acá, muy lindo y ordenado, pero no es mi país. Sé que en Honduras voy a ganar menos y mi vida será menos cómoda, pero es mi gente, mis amigos, mi familia y mi cultura. No quiero que mis hijos se críen aquí, quiero que lo hagan en un ambiente más real, auténtico y libre”. Con una respuesta así no había nada más que argumentar. Después de una plática tan interesante, viví lo contrario en el Shuttle que me llevó del Aeropuerto al Hotel. El conductor era 100% gabacho, muy eficiente pero nada de conversación, se limitaba a hacer su trabajo. Esa actitud apoya la postura del conductor hondureño.

Ciertamente la gente en Estados Unidos ha aprendido a ser civilizada y bien portada (generalmente lo son), pero no tienen ese calor que nos caracteriza a los latinos, tal vez sea la sangre, tal vez por ese extraño vínculo que sentimos entre latinoamericanos, pero ciertamente los Gringos carecen de la calidez que nosotros expresamos a cada momento (y que conste que no soy el más cálido de los latinos).
 
En Universal
Universal

            Esto sí recuerdo que lo puse en el escrito anterior: Siendo objetivos, los dos parques de Universal son superiores a los de Disney, incluso rivalizan con Magic Kingdom. Sin embargo, como recalcaré más adelante, la diferencia determinante es la magia Disney.

            Aun así, Universal es una parada obligada cuando estás en Orlando (y supongo que también en California). Sus atracciones son más chidas, la producción que le meten es sobresaliente y los detalles son casi una copia de los mundos a los que te están llevando.

            A diferencia de mi anterior visita, ahora había una opción muy útil en los parques de Universal: se llamaba “Single Rider” aunque mis amigas la bautizaron como “Forever Alone”. Es muy práctica, ya que las filas son significativamente más cortas y, con algo de suerte, te toca con tus amigos en el mismo carrito.

            Esta opción estaba prácticamente en todas las atracciones de Universal, y me pareció un excelente detalle de servicio al cliente, incluso llega a ser más rápido que su Fast Pass, te ayuda a optimizar recursos (no se van lugares vacíos en la atracción), avanzan las filas rápido y tienes más clientes satisfechos. En Disney esa opción es muy poco utilizada (sólo la vimos en dos atracciones en los cuatro parques), así que Universal les lleva ventaja en eso (aunque supongo que a Disney le vale un soberano pepino partido por la mitad).
En el Castillo de Harry Potter

            Nuevamente las atracciones de Harry Potter son las más populares y atractivas. A diferencia de la vez anterior, ahora estuve en ambos parques, así que nos subimos al Tren de Harry Potter, el cual me sorprendió por la creatividad con la que te venden la magia. Uno se imaginaría que hubieran adaptado todo el trayecto para que te emocionaras ¡pero no!, en lugar de hacer una inversión onerosa en lo que dura el tramo, le invirtieron en las “ventanas”, poniéndote pantalla 3D y el efecto mágico es mayor a que si hubieran modificado el paisaje (Otro punto para Universal).

            Aunque no conozco la historia de Harry Potter (ni por libro ni por película), todo el montaje te deja impresionado. Pero el momento que más me emocionó fue cuando llegamos a la versión de “Inglaterra” de dicho Universo, ya que la estación era “King’s Cross”, y recordé que ahí está mi hotel en Londres para el siguiente año (Creo que nadie más compartió mi sensación especial ¬_¬). Por cierto, en las alturas de “Londres”, el Dragón que dispara fuego no tiene abuela (y nos pegó un buen susto). En definitiva Universal merece la pena dedicarle dos días (uno por parque), ya que hay tantas cosas padres que ver que se te va el tiempo de volada.
Cierto, muy cierto

EPCOT

A pesar de toda la producción de Universal, Si sólo me dieran a elegir un parque, la tendría difícil entre EPCOT y Magic Kingdom. Para muchos EPCOT puede resultar aburrido, pero para mí significa muchas emociones relevantes, y no tiene nada que ver con juegos. En realidad mi zona favorita es el pabellón mundial, tal vez por este gusto que le he agarrado a viajar en los últimos años.

Desde pequeño, y sin ninguna razón en particular, le he tenido mucha simpatía, e incluso cariño, a Canadá, por lo mismo he sentido muy bonito las dos veces que he visitado su pabellón. Por ello era una de mis máximas prioridades al regresar a EPCOT, en especial para ver “O’ Canadá”, una breve filmación que hace que se te antoje no sólo visitar el país de la Hoja de Arce sino, incluso, mudarte a él.

Aunque la breve proyección es excelente y amena por sí misma, la canción de cierre: “Canada, you’re a Lifetime Journey” interpretada por Eva Ávila, es una belleza que te conmueve hasta las lágrimas y es que, las dos veces que la he escuchado contemplando imágenes de Canadá, me siento profundamente contactado, a tal grado que revivieron mis sueños de adolescencia de irme a vivir ahí, algo que podría considerar nuevamente. Ya veremos qué me pasa cuando vaya a conocer dicho país en un par de años.
O' Canadá :'-)

Por cierto, los jardines del pabellón canadiense son esplendorosos aunque, seguramente, no han de llegarle a los originales, algún día lo corroboraré. No al mismo nivel, pero los jardines en los pabellones inglés y francés también valen la pena. De igual forma, la belleza del jardín japonés es sobresaliente, aunque el otro año voy a ver los originales (y seguramente los encontraré majestuosos).

Y hablando justamente de la tierra del sol naciente, el otro pabellón que me emocionó bastante fue el de mi amado Nihon. Primero tuve una sesión de Taiko (tambor japonés) impresionante, los interpretes eran excepcionales, muy habilidosos y simplemente me sentí hipnotizado por su actuación. A excepción de mi piecito y mi corazón, que se movían al ritmo de los tambores, el resto de mí estaba congelado, no me podía (ni quería) mover, estaba disfrutando tanto el show que temía que algún movimiento innecesario de mi parte me hiciera perderme algún detalle. Disfrute tanto la interpretación del trío nipón, que regrese a verlos nuevamente, y otra vez volví a quedar fascinado con tan tremenda muestra de talento.
El hermoso pabellón japonés de EPCOT

Sé que con Japón soy totalmente subjetivo (si es que alguna vez logro ser objetivo en algo), y es que amo esa tierra y esa cultura desde el primer contacto con ella y aunque (aún) no piso el suelo japonés, es un lugar que me significa mucho en lo más profundo de mi esencia.

Entrando a la tienda del pabellón japonés, me costó trabajo contener la emoción al ver tantas cosas niponas, tantas imágenes de Manganime que, de inmediato, me trajeron recuerdos, sueños, ilusiones y sentimientos de largos años de afición a dicho arte. Pero no sólo la historieta y animación japonesa, creo que cada cosa que veía me ponía feliz de manera estúpida e ilógica.
 
Saliendo de EPCOT
Al igual que en mi visita pasada, me puse a platicar con las japonesas que atienden el enorme local y, aunque mis habilidades en el idioma ya no son lo que llegaron a ser, me enorgullece que aún tengo la capacidad de comunicarme de manera comprensible y fluida. También había una pequeña exposición de Demonios japoneses y cómo se relacionaban en la cultura “pop” nipona. Breve muestra pero que me encantó. Esta visita reforzó mi decisión de regresar a mis clases de japonés.

Creo que cuando llegue a Japón, lo primero que voy a hacer va a ser soltar unas lágrimas por tantos anhelos contenidos a lo largo de los años, la felicidad que va a significar el ver uno de tus más grandes sueños cumplidos. En lo que llega ese día (que ya no tarda), fui inmensamente feliz en el pabellón japonés de EPCOT. :’-)

El pabellón noruego está semicerrado porque me quitaron “Maelstrom” para adaptar una atracción de Frozen, lo cual me entristeció porque recuerdo que la película de Noruega también me había gustado bastante.
 
Simplemente ¡EPCOT!
Como en la ocasión anterior, también fui a practicar mi Deutsch, al pabellón alemán, pero ahora me entristeció que estuviera cerrada una maqueta enorme con unos trenecitos de vapor que había al lado.

Obviamente visitamos el pabellón de México, muy fancy y bien montado si eres extranjero pero, como mexicanos, sabemos que nuestro país es mucho más (y más auténtico) que de lo que ahí te muestran, pero le echan ganas y se les reconoce que nos dan la misma importancia que al resto de países.

Justamente en México me comí unos ricos nachos (aunque no son mexicanos, pero qué se le va a hacer), y platique con una chica de Monterrey que atendía ahí. Es muy agradable platicar con alguien de tu tierra fuera de ella, pero para la regia no era tan especial “Si vieras la cantidad de mexicanos que atendemos a diario” me decía “Es increíble cuánta gente viene para un país que tiene tanta pobreza como el nuestro” y tenía razón, pero me complementó “aunque también hay que tomar en cuenta la cantidad de paisanos que viven en Estados Unidos y que vienen a Disney. Si les preguntas de dónde son, nunca te van a contestar que Nueva York, Chicago o Los Ángeles, siempre te van a decir su ciudad de origen o la de sus padres en México, nunca el lugar gabacho en el cual viven”. Así que la chica, además de guapa, era muy observadora.
Goofy es muy alivianado

Pero aclaro, no todos los pabellones me gustaron, de hecho vi vídeos muy bien producidos de Francia o de China pero, por el momento, no tengo intención alguna de visitarlos, es más, hasta me cabeceaba durante dichas proyecciones. Por más producción que le metan a la presentación, hay lugares que simplemente no me nace visitarlos.

¡Ah! Y por cierto, creo que el Pabellón menos visitado de todos es, justamente, el de Estados Unidos. Es más, reparé en él porque vi una tienda con mucha mercancía gabacha pero, ni la primera ni la segunda vez, me apeteció siquiera entrar a ver qué te podían ofertar.

Los Sueños en Magic Kingdom

En Magic Kingdom, como a las chicas se les había acabado la pila me dijeron “Graba el desfile, el show de luces y los fuegos artificiales” a lo que respondí “La vez pasada que vine grabé todo eso y ¿saben cuándo lo he vuelto a ver? ¡Nunca! Así que me voy a enfocar en disfrutar el espectáculo y guardarlo en mi corazón antes que en una cámara”.
Con una princesa así ¡Sí me caso!

Ahí recordé a un sueco con el que coincidí en las Barrancas del Cobre, mismo que no sacaba foto alguna de los hermosos lugares a los que íbamos, cuando Augusto le preguntó la razón, él contestó que las fotografías no le hacían justicia a tan maravillosos paisajes y que prefería llevárselos en el alma en lugar de en una cámara (y por fin entendí a ese señor que simplemente era feliz con lo que contemplaba con sus propios ojos).

Los parques tanto de Disney como de Universal son muy caros o, desde otro punto de vista, vivir en México es demasiado barato. Sin embargo, aún para el Gabacho promedio, venir a los Parques en Orlando resulta una inversión bastante onerosa. Sin embargo, al terminar el show nocturno de Magic Kingdom, en el cual salió una grabación del fundador hablando de los sueños, que me sacó unas lagrimillas, recordé que lucran con los sueños y la felicidad y, aunque lo hacen en nuestras narices, ¡no es relevante! ¿Por qué? Porque nos encanta sentirnos ilusionados, regresar a nuestra infancia, olvidar lo que nos hemos vendido, lo que nos hemos corrompido, lo que hemos crecido ¡Y Disney lo sabe!
Big Thunder Mountain Railroad

Decía Gabriela cada vez que nos encontrábamos con alguien del Staff que nos sonreía y saludaba “¡Qué bonito trabajo! Saludar y sonreír”, pero en realidad, TODO el personal de Disney está aleccionado, entrenado, domado, amaestrado o el término que más les acomode para saludar, sonreír y ser amable contigo, sobre todo en Magic Kingdom. Es tanto a lo que estás expuesto de esta actitud, que te encuentras sonriendo a saludando a perfectos desconocidos y ellos te responden de la misma manera. Eso es parte de la magia, la inocencia y bondad que se respira en el ambiente de este lugar, en algo intangible que agradeces, por lo que el alto precio que pagaste es irrelevante.

Ese efecto lo vi muy claro con mis acompañantes, cuyo nivel de consumo subía después de alguna atracción, espectáculo, personaje o algo que las hiciera sentir felices. Cuando eres feliz te vuelves más generoso, e ignoras precios altos que, en tus cinco sentidos, sabes que son demasiados elevados pero, en el estado alterado de ilusión que te infunden, pasan a segundo término y compras de manera despreocupada. El revivir sueños infantiles no tiene precio o, bueno, en Disney sí lo tiene, y lo pagas con gusto.
Expedition Everest en Animal Kingdom

Y por ello a Disney no le importa que Universal o Six Flags tengan mejores juegos, opciones más accesibles o baratas, con excelente producción, la compañía del Ratón Miguelito seguirá en la cima de los parques temáticos, porque su alcance en el inconsciente colectivo es mayor y más profundo, y esa lealtad es difícil de igualar. Por más que se te ofrezca algún producto más cuidado, nada le gana a las ilusiones infantiles que todos cargamos hasta el final de nuestros días.

            Hasta aquí esta primera entrega. En la segunda parte voy a hablar de aspectos menos mágicos, mi niño interno, sobre las princesas y continúo analizando el efecto psicológico que tiene Disney en nuestras vidas. En este enlace pueden leer la conclusión de este viaje tan interesante y nutritivo para mí.


            Hebert Gutiérrez Morales.

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