martes, 27 de octubre de 2015

Regreso a Orlando (Segunda Parte)

           En este enlace pueden leer la primera parte de este viaje. Vamos a cerrar el relato de este viaje a las Tierras del Ratón Miguelito.
Con el buen Mickey Mouse

Observaciones menos “mágicas” de los Parques

Mi anterior visita fue en Noviembre del 2012 y, corroboré, que el penúltimo mes del año es una excelente opción para visitar Orlando: No hay tanta gente, no hay tanto calor ni tampoco lluvias. Al visitarlo en Agosto, me la pasé empapado todo el tiempo, ya sea por el calor extremo o por los chubascos que nos caían de improviso.

Algo que ves mucho en Orlando es a gente con carritos eléctricos que los llevan a todas partes. Como mexicano eso te llama mucho la atención ya que, supongo, en nuestro país no tenemos tanta infraestructura para sacar a nuestros minusválidos a pasear. A pesar de esta triste realidad, eran excesivas las sillas de ruedas eléctricas que había, ya que no todos los usuarios tenían algún impedimento físico que lo justificara, de hecho eran la minoría.
En el Árbol de la Vida de Animal Kingdom

Cualquiera podía rentar uno de esos artefactos, así que una cantidad impresionante de gordos y/o flojos (de todas las edades) se trasladaba en esos cochecitos. Gente huevona que no quiere caminar y prefiere rentar su carrito eléctrico para desplazarse. Ahí recordé la película de Wall-E ya que, tristemente, el humano se dirige a hacerla realidad (por lo menos en el aspecto de ser cerdos atrofiados que van en sus carritos eléctricos).

Otra cosa que me llamó la atención en los Parques, tanto de Disney como de Universal, es que nadie del Staff tenía tatuaje alguno o, por lo menos, no lo tenía a la vista. Pero, antes de cuestionarme sobre las posibles demandas por discriminación (clásicas en la sociedad gabacha), ves que estas empresas emplean a ancianos y a gente con capacidades diferentes. Seguramente argumentan que los tatuajes van en contra de la imagen que venden al consumidor, pero que compensa al contratar a otros grupos marginados. Y los entiendo ya que, por lo menos para mí, los tatuajes pueden resultar muy desagradables.
Mulan

El pequeño Hebert

Hay gente que duda que exista mi niño interno pero créanme, no sólo sigue vivo, sino muy vigente en mi corazón. Lo corroboré en la Isla de Tom Sawyer y Huckleberry Finn (ambos personajes del gran Mark Twain); misma que está llena de caminitos, túneles, casitas, pasajes secretos, fuertes, puentes, senderos, escaleras, muellecitos y tantos y tantos detalles tan bien montados que, mientras estuve en ella, me olvide de la edad, y me la pase recorriéndola de lo lindo, ilusionándome que era un personaje del maestro Twain mientras paseaba por una pequeña isla del Mississippi. Veía al resto de niños correr y me alegraba por ellos y, una parte de mí los envidió porque, aunque lo estaba disfrutando mucho, sin duda visitarlo de niño ha de ser una delicia indescriptible.

Esa misma ilusión y alegría me había invadido en la casa de la Familia Robinson tres años atrás y, cuando volví a entrar en ella, nuevamente sentí esa reconfortante felicidad por estar en un lugar que tantas veces quisiste visitar en tu niñez. Lo más remarcable de estos dos lugares es que no hay juegos de por medio, sólo son las recreaciones de dichas historias, y todo el disfrute depende de tu imaginación, tal vez por ello no sean las más visitadas pero, por lo menos para mí, son de las que sonrisas más profundas y auténticas generan.
En el Fondo la Isla de Mark Twain

La magia continuó con los Piratas del Caribe, ya que había una actividad en la que te ponían a buscar cinco tesoros alrededor de Adventureland, con mapas, pistas y (ésta sí) con efectos especiales llenos de producción que te hacían la búsqueda en verdad emocionante (se disparaban cañones, salían calaveras del río, hablaban estatuas, te salpicaban de “veneno” las víboras, te disparaban dardos, cráneos te parlaban y tantas y tantos detalles que invariablemente te maravillaban).

Un sueño infantil más que satisfago en la vida adulta, de chamaco me hubiera encantado esta actividad de buscar tesoros, pero eso no fue impedimento para que ahora lo disfrutara con el mismo gusto e ilusión de tres décadas atrás.

Uno de los puentes de la Isla
Mientras buscaba los tesoros, me cruzaba con otros “piratas” (de todas las edades) que iban buscándolos también por lo que, al ver nuestros mapas, nos sonreíamos mutuamente y con complicidad, ya que estábamos compartiendo una aventura en exceso divertida y llena de magia.

Ahí corroboré algo de lo que mencionaba en el escrito anterior, me sentí tan agradecido con tanta alegría que me regaló esta actividad (y literalmente, te regalan los mapas), que te pones a gastar de manera desmedida, ya que en la Tienda de los Piratas del Caribe fue en dónde más compré y, siendo honestos, todo lo que adquirí estuvo muy bonito :’-)

Detalles mágicos

Hay un dicho alemán que dicta “El Diablo se esconde en los detalles”, y más que tener un sentido demoniaco, nos indica la importancia de esos pequeños toques que hacen que disfrutes más las cosas.

En el show de la Bella y la Bestia, es muy padre cómo la “Ropero” o el “Candelero” (perdón, no vi dicho filme, así que no me sé los nombres) se movían con una naturalidad que te daba la impresión que estaban vivos.
El Candelero parecía tener vida

Una de las pocas atracciones que repetí fue la de Peter Pan, cuyo juego estaba padre, pero el pasaje para accesar a él era una delicia, en especial el efecto mágico que hacen con tus sombras en cierta sección, o como cuando ves llegar a campanita a la cama de Wendy. Igualmente, en la fila de espera de Winnie the Pooh, había una pantalla de miel en la cual podías ir descubriendo distintas formas si pasabas tu mano por la miel.

También recuerdo que en las Alfombras mágicas de Aladino, si apretabas cierto botón, uno de los camellos te disparaba agua. O en Tomorrowland hay un trenecito (Peoplemover) que te va llevando por casi todas las atracciones de esa sección, lo cual suena muy sencillo y sin gracia pero tiene un encanto muy especial entrar al Space Montain y ver cómo gritan todos mientras tú estás bien tranquilo. Y así hay muchos detalles escondidos por todos los parques que vas descubriendo con mucha sorpresa.

Mis Momentos a solas

Tal vez porque estoy muy acostumbrado a mi espacio, así que no sé si sea una regla general: con viajes de una semana, alrededor del quinto día, uno resiente el constante contacto, se pone sensible y necesita algo de espacio, o por lo menos así me pasa.
Con Minnie en EPCOT

Por tal motivo los últimos dos días prácticamente estuvimos separados y recordé algo que es evidente cuando viajo solo: la gente te contacta más fácilmente. De hecho tuve más dialogo y contacto con extraños ese par de jornadas que las cinco anteriores. ¿Por qué será? No lo sé, tal vez al estar solo emites una energía diferente que invita a los demás a platicar contigo, posiblemente sea más fácil acercarse, y eso es algo que experimento cada vez que viajo por mi cuenta.

Cuando vine solo a Orlando vi muchas más cosas a costa de un mayor esfuerzo físico, pero también una mayor satisfacción y orgullo de ver todo lo que quise. Ahora que regresé acompañado, vi menos cosas pero también es bonito compartir tu emoción con alguien conocido. También es más estresante porque debes de estar al pendiente de tus acompañantes, aunque más enriquecedor por compartir las mismas experiencias con ojos diferentes.
 
En los Jardínes de Canadá en EPCOT
En esos días a solas me di cuenta cuánto he aprendido en estos tres años que han pasado entre las visitas a Orlando. Recordé con una sonrisa los errores que cometía al inicio (llevar ropa de más, pagar caro por autos, no leer letras chiquitas, no aprovechar las facilidades del hotel, no buscar promociones, pagar seguros de más entre otras).

Ciertamente sigo cometiendo errores, pero distintos, más pequeños y cada vez menos frecuentes, porque he ido aprendiendo. De hecho, siento que las chicas se beneficiaron de mis vivencias previas, ya que una semana antes que nosotros viajo otra amiga, a la cual le salió el doble de caro el mismo viaje, sin realizar todo lo que hicimos y sin Shopping.

Se me tachará de neurótico al momento de planificar los viajes (bueno, en realidad soy un neurótico para muchas cosas), pero toda esa investigación y neurosis dan frutos al maximizar los beneficios que recibes en tu estancia. Me siento orgulloso de mí mismo por todo lo que he ido aprendiendo.
 
Con Wolvie de fondo en Universal Island of Adventures
Las Princesas y personajes

Hubo un reclamo generalizado de mis amistades cuando veían las fotos de mi primera visita a Orlando “¿Y la Foto con Mickey?”. Ciertamente no estaba interesado en retratarme con los personajes, ya que ese tiempo lo ocupaba para visitar tantas atracciones como me fuera posible.

Sin embargo, para mis amigas, sí era importante sacarse fotos con cuanto personaje se nos cruzara y, aunque no me saque todas las que ellas se tomaron, definitivamente sí me saqué bastantes ¿y saben algo? Lo disfrute más de lo que se puedan imaginar.

¿Cómo explicarlo? Si somos fríos, uno puede decir que simplemente son personas disfrazadas pero, como explique el efecto de la “Magia Disney”, al estar en territorios del Ratón Miguelito, uno siente una emoción tan pura e infantil como si fueran de verdad, sin importar la edad que tengas, vuelves a ser niño junto a esas botargas
 
Con la Guapa Ariel
Por cuestiones logísticas perdí dos de mis favoritas: Pocahontas y Alicia en el País de las Maravillas (no se me escaparán en la tercera visita), sin embargo hubo otras dos fotos que me encantaron. La primera fue con la Sirenita.

Tenía un Fast Pass para “Ariel’s Grotto” en Magic Kingdom, así que les “whatssappee” a las chicas por si estaban interesadas en entrar, pero como estaban en la fila de otra atracción, decidí entrar en lugar de que se desperdiciara. Honestamente fue un acto muy audaz de mi parte, ya que todas las que estaban en la fila eran mujeres, de todas las edades, los únicos hombres eran padres o acompañantes, pero el único varón solo era yo.

A pesar de ello, Ariel se comportó de una manera profesional, en ningún momento vi una expresión de extrañeza de su parte (ni del Staff), ninguna postura a la defensiva ni nada que me incomodara. Me recibió como a cualquiera, platicó conmigo, me sacaron fotos y hasta una Selfie nos tomé. La verdad me sorprende el compromiso con que se manejan en los parques, cómo los aleccionan para cuidar cada detalle y no dejarse llevar por prejuicios de un sujeto peludo en bermudas que viene a tomarse fotos con la Sirenita ¬_¬.
 
Platicando amenamente
El otro que me fascinó fue el mismísimo Mickey Mouse. Aunque me saqué fotos con él en Animal Kingdom y en Epcot, el de Magic Kingdom fue sin duda el más especial. Otra vez era el único hombre solo, pero era menos notorio que con Ariel. Cuando pasé me encontré con la sorpresa que hablaba ¡y con voz de Mickey! :’-) Sentí tanta emoción que seguramente puse cara de estúpido. Me agradeció visitarlo desde México y charlamos un poco de mi infancia Disney. Después de las respectivas fotos y Selfie, salí con mi ancha sonrisa porque, aunque no era mi sueño, me sentí profundamente complacido de haberlo conocido “en persona”.

Justamente ése es el efecto mágico de este lugar: se te olvida que son botargas y actores, y te llevas el recuerdo de haber conocido a tu amado personaje (aunque si soy honesto Mickey nunca fue mi favorito, aunque ahora ya me gusta más).

Los ojos de un bailarín

Mi "cuate" Mickey
            Recuerdo que cuando fui a Disneyland (California), Camelia a fuerza quería ver los desfiles, algo que me parecía irrelevante, pero lo vi para complacerla. Ahora en Magic Kingdom me nació verlos y, entre otras cosas, me resultó notorio que a las princesas más bellas las dejan para las sesiones de fotos y a las menos bonitas para los desfiles (obvio), pero no fue en lo único en que me fije. Además de los carros alegóricos, me enfoqué en la coordinación, los pasos y la coreografía de todos los que bailaban, sobre todo me sorprendía la gente en botargas y/o disfraces, porque lo hacían muy bien a pesar de la dificultad de su atuendo.

            En Animal Kingdom vimos un show musical del Rey León y otro de Buscando a Nemo, ambos muy padres, muy bien realizados, muy bien producidos y bastante dinámicos. Sin embargo no los pude disfrutar tan tranquilamente, más que ver el show, me fijaba en las líneas, los pasos, la sincronización, las coreografías y demás detalles técnicos del espectáculo.

Por tal motivo esa misma noche, vía Facebook, le reclamé a mi maestro de Jazz ya que, por desgracia o fortuna, ya no puedo disfrutar un show que implique baile de manera tranquila, ahora que me han fregado con tanta técnica, ya estoy programado para observar dichos detalles y eso es, a un nivel, frustrante. Ahí me di cuenta que, a un año de haber dejado Rumba Mía, cada vez me estoy volviendo más afín al Jazz y la Salsa va quedando en el olvido.

Pequeñas conclusiones
Con Mickey y Minnie en Animal Kingdom

Ya en el DF, decía Grace “Extraño a Mickey”, a lo que le respondí “No te preocupes Grace, seguramente Mickey no te extraña a ti, es más ni siquiera sabe que existes” (Sí, se me acabó la magia llegando a México y retomé mi faceta mordaz). ¿Qué quiero decir con este pasaje? Además de demostrar que a veces puedo ser muy cúlero, es ese anhelo que te siembran: se te olvida lo caro que es ir allá, y sólo quieres regresar tan pronto como te sea posible, porque te queda ese remanente de felicidad infantil, casi casi como regresar al hogar de tu niñez.

Mentiría si dijera que no voy a volver a Orlando porque lo más seguro es que así sea; pero ahora sí me voy a esperar hasta que abran el mentado parque de Súper Héroes.  También tengo claro que Animal Kingdom y Hollywood Studios son sacrificables para la siguiente ocasión, y no es que sean malos, simplemente que con dos visitas son suficientes. En su lugar me gustaría visitar el parque de ESPN o tal vez alguno de los Acuáticos.


Hebert Gutiérrez Morales.

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