lunes, 16 de noviembre de 2015

Cantona y el segundo intento de Barranca Grande

            En 2014 simplemente no logré cazar mis fechas con las expediciones, así que sólo fui a hacer Pescados y Antigua en Jalcomulco (a donde he prometido regresar cada año restante de mi vida). Este 2015 tenía el propósito de regresar a Barranca Grande sin importar qué tuviera que sacrificar (que fue un partido de mis Delfines que, al final, perdieron).
Los protagonistas de esta historia

            Algunas cosas fueron diferentes, otras fueron mejores y otras peores. Inicialmente no tenía la intención de escribir esto pero, con el paso de los días (conforme menos me dolía el muslo), me fui dando cuenta que valía la pena redactarlo, tal vez no será tan intenso como la primera entrega, pero hubo cosas que fueron muy enriquecedoras.

Lealtades familiares

            En todas mis vacaciones infantiles me llevaban a Veracruz, salíamos del DF en la madrugada y casi anocheciendo llegábamos al puerto ¿Por qué tantas horas? En primer lugar los caminos no son lo que ahora y, aunque así hubiese sido, siempre nos íbamos puebleando: comprábamos queso en La Joya, Pan en Perote, Carnitas en El Seco, Gusanos de maguey en el camino, miel en no sé qué pueblo, Gorditas en Rinconada y parábamos por unas cascadas muy bonitas que me parece estaban cerca de Cardel.
El clima del Sábado empezó con algunas nubes

Está comprobado que la educación de un niño se compone del 80 ó 90% de lo que ve y el restante de lo que dicen. Esa costumbre familiar de ir puebleando se me quedó tatuada, sobre todo cuando voy por esos caminos que recorría en mi infancia.

Así que efectivamente comimos tortas de carnes frías en Perote, compramos Café en Coatepec, Miel en Xico y algunos chunches en el propio Jalcomulco, y de regreso pasamos por unos ricos quesos en la Joya. Pero la primera parada del viaje fue un lugar totalmente desconocido para mí y que ya tenía algunos años que quería conocer.

Cantona
           
            Cantona es una zona arqueológica sin igual, totalmente distinta a lo que uno está acostumbrado a ver en México. ¿Hay pirámides? Sí, las hay, pero no son las únicas estrellas del lugar.
Han tratado de respetar los árboles por lo valiosos que son

            Era una población comercial muy importante entre los siglos VI y X, de hecho llego a ser la cuarta ciudad más poblada de su época con 100000 habitantes. Era el punto intermedio para el comercio de la zona, principalmente entre el Tajín y Teotihuacán.

            El terreno no era muy uniforme, así que tampoco se prestaba para obras más típicas de otras culturas, con impresionantes pirámides. Este lugar está estructurado como una especie de “pueblo en cascada”, en cuyas bases vivía la clase baja y, conforme iban subiendo, también se incrementaba la categoría de los habitantes. Pero las viviendas “pobres” eran bastante imponentes, teniendo amplios patios en donde vivían hasta 12 personas, pero no hacinados como hoy en día, sino con suficiente espacio y dignidad.

            Sus calles no son amplias y rectas como en otras zonas arqueológicas, sino pequeñas y sinuosas, más del estilo europeo, eso también le da un toque diferente a este lugar, porque es una especie de laberinto. De hecho muchas edificaciones son diferentes: como escalonadas. En el status quo del mexicano, tan acostumbrados a las ruinas prehispánicas, sabes que estás viendo algo mexicano pero, al mismo tiempo, es diferente.
La zona de Cantona es extensa

            Es muy poco lo que se ha descubierto de la zona (los apoyos gubernamentales son escasos), de hecho se calcula que es máximo un 10% de todo lo que es Cantona, así que aún  no ha sido relacionado con ninguna de las grandes culturas (Azteca, Maya, Olmeca, Tolteca, etc.) aunque curiosamente sí veneraban a Dioses similares (como Huehuetéotl,  Tláloc o Tonantzin).

Me dio mucha gracia ver que Cantona significa “Casa del Sol” ya que “Cantón” significa “Casa”, y fue curioso porque desde pequeño he escuchado la palabra “Cantón” como sinónimo de casa, pero siempre creí que era una adaptación más del caló mexicano.

En Cantona se han descubierto 27 canchas del Juego del pelota (Se especulan que podrían ser hasta 50); en ningún otro sitio arqueológico de América se han encontrado tantas canchas, por lo que también se le ha catalogado como una especie de Ciudad Olímpica de la época. Además están distribuidas de manera muy curiosa, ya que cada Señor importante tenía una cancha frente a su pirámide.
Una de las canchas del Juego de pelota

Me gustó mucho que te puedes subir a varias pirámides (porque ya se está agarrando la costumbre de prohibirlo), y la vista desde las mismas es impresionante. Aunque el paisaje es árido tirándole a desértico, la verdad es que las postales son preciosas.

Si no hay el apoyo necesario para la investigación, menos lo hay para la señalización, lo bueno es que con Google Maps uno llega bien. También por la falta de recursos es triste que esta zona no sea tan promocionada cuando está muy bella, muy bien cuidada y con una distribución impresionante e interesante. Al final eso fue fortuna nuestra ya que, al no haber gente, teníamos todo el lugar para nosotros solitosJ.
Cantona es imponente

No será tan espectacular como un Teotihuacán, Palenque o Chichen Itzá, pero vale la pena visitar Cantona, porque es algo diferente en Ruinas. Se encuentra a 90 minutos de Puebla (por Auto), la entrada es de $52 pesos (Estudiantes e Insen Gratis) y cuando no hay guías, los empleados del Inah te acompañan y te explican. Los domingos la entrada es libre.

Iniciando y cayendo
           
            Llegamos a Jalcomulco la noche del Viernes. El sábado nos llevaron tempranito al punto de inicio. Iba algo nervioso porque estaba estrenando mi cámara contra agua y no sabía cómo usarla, por fortuna alguien del grupo tenía una igual y me orientó.

            Platica de seguridad, equipo, remada, indicaciones, todo corría con normalidad, como buen ñoño siempre pongo atención por si se me olvida algo (aunque he escuchado lo mismo como una decena de veces). Y es que no importa si sólo eres remero o guía, si llevan 100 descensos en río o es tu primera vez, uno no está exento de caerse al río y, para corroborarlo, me caí en el primer rápido fuerte -_-u.

            Casi empezando la expedición, nos quedamos atorados en una roca y mientras cambiábamos de lado, no alcance a agarrar la cuerda ¡Y caí por debajo de la balsa! Aunque había mucha corriente, tuve la fortuna que había una zona calma más adelante, pero eso no impidió que tragara una buena cantidad de agua (lo bueno que el río está limpio). Adicionalmente me di un buen fregadazo en el muslo con una piedra, que me dolió una semana pero nada que pasara a mayores.

Por fortuna José es un Kayakista muy hábil (no cabe duda que es hermano del buen Gaby que fue nuestro kayakista hace dos años) y estaba atento, así que me salvó en unos cinco segundos (aunque se me hizo una eternidad).

Me alegro de haber sido el único que se cayó en la expedición, y lo digo porque puede ser impactante si es tu primera vez, te asustas mucho, al grado de querer abandonar (como le pasó a uno de mis acompañantes en Jalcomulco hace unos años). Con el paso de las caídas he aprendido a mantenerme en calma (tanto como se puede), porque mientras sigas las indicaciones de los guías, el Río es noble y te dejará salir.

Uno de los Rápidos que tuvimos que caminar
Me sentía bien pero conforme íbamos avanzando me asusté un poco: y es que el río tenía MUCHA agua. Tal vez sea la impresión de la caída que me nubló la razón, pero no recordaba que hubiera tanta al inicio. Me fui tranquilizando conforme avanzábamos en los Rápidos y poco a poco retome la confianza, pero eso sí ¡Nunca deje de remar!

De hecho Paco y yo teníamos complejo de remeros vikingos por lo que Nico, nuestro guía, nos decía “No le remen tan fuerte, que se van a cansar”, pero nuestro lado salvaje podía más y seguíamos remando como si la vida se nos fuera en ello (hell yeah!)

Días después, cuando le compartí esta vivencia a Juan, mi maestro de Jazz, me dijo “Es que me parece curioso que te guste hacer eso, ya que no te me haces del estilo para esas actividades (Rafting, Rappel, salto de cascadas, etc.)”. Viendo el miedo que sentí en ese breve momento es factible que tuviera razón.

Empecé en esto por mera coincidencia, después le agarraré el gusto y llegó el punto en que tomé estas actividades para superar miedos o tal vez lo hago para sentirme vivo. Hace años era cierta la afirmación de mi maestro de baile pero ahora la expresión correcta sería “Yo no ERA del estilo de estas actividades”, tal vez aún no lo sea, pero cada vez estoy más cerca de serlo.
Momento ameno a la hora de la comida

Comida a medio río

            Durante todo el viaje hubo una constante: la comida rica. Seguramente el resto de nuestros alimentos fueron más abundantes, diversos y elaborados pero, sin duda, lo que más disfrute fueron las tortas de jamón a la orilla del río el día Sábado.

            No cabe duda que el mejor condimento es el hambre, porque las tortas eran relativamente sencillas de preparar pero, con la voracidad que teníamos tras algunas horas remando, nos supieron a gloria.

            Además fue un momento muy agradable, después de tanta adrenalina: platicar y comer en un lugar tan calmado, y alejado de la ciudad, es toda una delicia.
Buenos Rápidos, indos paisajes

La noche triste en Las Juntas :’-(

Llegamos temprano al campamento de Las Juntas (4pm), y es que el Río tenía tanta agua que llevamos buen ritmo. Hace dos años, en ese mismo lugar, llegué con Tío Memo y el grupo de triatletas; al subir al campamento, recordé aquel grupo y me dije “Ahora sí vamos a terminarlo”. Así que silentemente les dedique este logro que iba a alcanzar. Sin embargo, la naturaleza tampoco quería que este año lo terminara conforme a lo planeado.

Al igual que en el 2013, empezó a llover en la noche, y el nivel del río empezó a subir. Estábamos cenando y fue increíble lo que el cauce subió en cuestión de minutos.

Tenía el recuerdo presente y sabía lo que aquello significaba, pero no decía nada, como si mi silencio fuera a cambiar en algo las cosas, como si fuese el único que supiera lo que había que hacer y al callármelo nadie se iba a enterar. Pero Chevy y el grupo de Aventuras Sin Límite tienen muy claras las prioridades: la seguridad antes que la diversión.
Bastante agua en un lindo Río

No hicimos el tramo de Pescados en Domingo :’-(

Regresando a Jalcomulco

            Me la pase frustrado en el camino de vuelta a Jalco. Aunque nos iban a reponer con la sección “Antigua” el trayecto faltante de “Pescados”, estaba enojado, triste y, ¿por qué no admitirlo? Chípil. Internamente ya no quería remar, ya sólo quería que nos llevaran al campamento, bañarnos e irme a casa “No puede ser, ¡otra vez lo mismo!” Mi enojo retroactivo fue mayor ya que los siguientes seis días el Sol estuvo rebosante “¡Pinche Tláloc! ¿No te pudiste esperar un día? (¡Puto! ¬_¬U)”

Era tal mi molestia que no me hice consciente del esfuerzo que estaban haciendo los de Aventuras Sin Límites para complacernos, sustituyendo el trayecto faltante con un Río Antigua que, con la cantidad de agua que había, se puso en verdad divertido.
Barranca Grande ofrece paisajes lindos con rápidos intensos

            Pero mi enojo era mayor porque hace dos años por lo menos lo intentamos.

            Creo que aquella vez Tío Memo se aventó a llevarnos con el río crecido porque éramos un grupo muy atlético y valía la pena intentarlo porque remábamos muy bien y al parejo; aun así el río nos dio una lección la cual ya detalle el escrito pasado sobre Barranca Grande. Ciertamente Paco y yo estábamos remando muy bien, pero al ver a las otras dos balsas, entendí por qué Chevy no lo intentó, ya que no la hubiéramos librado con esa forma de remar tan suave.

            Con el paso de los ríos me he dado cuenta que el Guía podría llevar la balsa sin problemas el 90% del tiempo, pero cuando el cauce está tan crecido, sí necesita que la gente reme con fuerza para librar las olas tan brutales.
Ante todo hay que sonreír a la cámara

            El camino nos tomó un par de horas, así que mi enojo empezó a bajar y me distraje al ver los pueblitos por los que pasábamos. Es curioso cómo, a un nivel, los pueblos de México se parecen pero, al mismo tiempo, tienen la personalidad de cada entidad a la que pertenecen.

            Tal vez por el humor que llevaba, tal vez por el clima nublado o por algún otro motivo, pero de pronto vi la esencia de mi país en esa gente y en esas casas, negocios y calles. Y es que vi un México tan mágico como corriente, tan excepcional como absurdo, tan generoso como tan gandaya, tan malicioso como inocente. Por alguna razón pude ver todo lo bueno y malo de mi país en ese trayecto, concluyendo que seguramente hay muchos lugares mejores para vivir, pero casi ninguno ha de ser tan entretenido como nuestro país tan sui géneris.
Estaban buenos los Rápidos

            Esa conclusión me calmó y, de alguna manera, me puso de mejor humor, así que ya hice el tramo de Antigua con mejor ánimo y lo disfrute horrores.


            Siempre le fui fiel a Raft México cada vez que fui a Jalcomulco y al Amacuzac, ni siquiera checaba otras opciones porque sabía que con ellos siempre iba a tener lo mejor de lo mejor en servicio, atención, comida, seguridad, información, etc.

            A mediados de Septiembre me enteré, con mucha tristeza, que Raft México cerraba operaciones. Aunque ya era algo que se veía venir (por mis platicas con el Staff de Veracruz y Morelos), no dejó de ser un golpe duro.
Hell Yeah! En el Río Antigua

            Así que me puse a investigar con quién podría hacer Barranca Grande este año. La ventaja es que todos se conocen en este mundo del Ecoturismo, así que averigüe con algunos de mis contactos y me dieron un par de opciones, hable a ambas y opté por Aventuras Sin Límites, una empresa 100% de Jalcomulco. La verdad fue muy buena elección, ya que fueron diversas ocasiones en las que me dieron muestras de su compromiso con nuestra diversión, satisfacción y seguridad.

            Por ejemplo, para el Rafting me dieron un casco que ya tenía una base adaptada para mi GoPro, incluso Chevy me dio una de sus agujetas para “máxima seguridad” y, aunque suene a chiste, ¡la agujeta salvó mi cámara! (¡Gracias Chevy!)

            En el campamento de Las Juntas me dieron una pomada para el golpe en mi pierna, incluso me ofrecieron una venda (ambas nuevas) y, si lo requería, asistencia.
            
Uno niños saludándonos
            A la hora de la comida, nunca nos limitaron, siempre nos daban más, sin importar que ya hubiésemos comido como cerdos. Además de que, como ya mencioné, cada alimento que degustamos resultó tan delicioso como abundante.

            Pero el detalle estrella, y que me di cuenta en cuanto se me bajó la frustración, fue que nos dieran el Río Antigua en lugar del malogrado Pescados. ¿Por qué? El trayecto ya no se pudo hacer por el clima, lo cual no es responsabilidad de la empresa y fácilmente pudieron haber dicho “Muchachos, hasta aquí llegamos, gracias por venir, se suspende el resto de la excursión”.

            ¡Pero no! Incurrieron en un gasto mayor al ir por nosotros, llevarnos a Jalcomulco de regreso, hacer el Río Antigua y llevarnos nuevamente al Hostal. Ésa es voluntad de querer satisfacer al cliente. Esa logística adicional les mermó las ganancias pero, a pesar de ello, querían complacernos aunque no era su obligación. Con ese detalle me acabaron de conquistar :’-)
Una divertida aventura

¡Gracias por todo equipo de Aventuras Sin Límite! El otro año nos volveremos a ver.

Breve Epílogo

            Ya tengo algunas ideas para el otro año porque, aunque me frustré en su momento, voy a regresar a Barranca Grande una tercera vez ¡Y lo voy a acabar! Aunque tal vez tenga que hacer una parada antes en Cantona y pedirle a Tláloc que me eche la mano. ;-)
           

            Hebert Gutiérrez Morales.

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